Corriente Marxista Internacional

Organízate para luchar por una sociedad socialista

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Las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo en las que las peculiaridades políticas de cada municipio o comunidad tendrán un peso importante estarán en esta ocasión determinadas, en gran medida, por la situación política general. Un aspecto de primer orden a denunciar desde estas páginas es la antidemocrática y escandalosa situación que se podría repetir en el País Vasco en caso de que finalmente el Estado prohibiese las candidaturas de la izquierda abertzale. El mantenimiento de la reaccionaria Ley de Partidos es un ataque a los derechos democráticos y una amenaza para el conjunto del movimiento obrero organizado.
Para los trabajadores y jóvenes más conscientes el objetivo central de estas elecciones es evidente: derrotar a la derecha. Por si no fueran suficientes los ocho años de gobierno de Aznar, los cuatro años de oposición del PP de Rajoy han supuesto un complemento muy ilustrativo del auténtico carácter de la burguesía española, su visceralidad contra los oprimidos, su conexión con las tradiciones más reaccionarias y lo finísimo que es su disfraz democrático.
Durante estos últimos años el PP ha insuflado una tremenda cantidad de odio hacia la izquierda, la clase obrera, los jóvenes y las nacionalidades oprimidas, sumiendo a su base social en un estado de tremenda excitación. En la derecha se respira sed de venganza; han preparado el terreno político para justificar todo tipo de acciones y maniobras con tal de mantenerse en los ayuntamientos y comunidades en los que gobiernan y recuperar el gobierno central que le fue "robado" por una "supuesta" confabulación de izquierdistas y terroristas. Han deslegitimado una y otra vez el vuelco electoral que se produjo el 14-M de 2004, así que ahora podría valer todo "para que las cosas vuelvan a la normalidad". Hay que recordar que hace cuatro años el PP compró a dos diputados del PSOE de la Asamblea de Madrid, usurpando a la izquierda el gobierno de dicha comunidad. La falsificación de papeletas electorales para el voto por correo en Melilla es otra advertencia. ¿Después de lo visto, quién puede creer que los dirigentes del PP van a comportarse como resignados y tolerantes demócratas si son derrotados en plazas importantes como por ejemplo Madrid o Valencia y se les presenta la más mínima oportunidad de desatar alguna crisis institucional u otra maniobra de cualquier índole? Hemos podido ver en los últimos años el escasísimo apego a las formalidades democráticas por parte de la derecha.
Aunque más atenuado que en unas elecciones generales, el comportamiento del PP durante los últimos años será un factor movilizador para el electorado de la izquierda en los comicios de este mes. Hay dos aspectos, sin embargo, que debemos señalar. En primer lugar, no está claro que este impulso sea en sí mismo suficiente para que la izquierda recupere municipios y comunidades importantes ahora en manos de la derecha; en segundo lugar, que la izquierda gane las elecciones no es un objetivo en sí mismo, sino un medio complementario para resolver los graves problemas que afectan a la gran mayoría de la sociedad: precariedad, cierres patronales, deterioro de los servicios públicos, bajos salarios, falta de infraestructuras deportivas y culturales en los barrios, etc. Y los dos aspectos están relacionados: si los dirigentes del PSOE y de IU tuviesen un programa verdaderamente socialista, claramente diferenciado de la política de la derecha y rompiendo con sus propias políticas actuales se podría garantizar una victoria electoral contundente contra la reacción y al mismo tiempo sería un acicate para la lucha y la movilización en la calle, generando la fuerza necesaria para hacer frente a la resistencia que los capitalistas y su aparato estatal ofrecerían a una política que significase un verdadero cambio en el terreno social y de los derechos democráticos.

Por una política auténticamente socialista

El principal obstáculo para batir con contundencia a la derecha, no sólo el PP, sino a la derecha nacionalista de CiU y el PNV, son las propias limitaciones del programa socialdemócrata. ¿Cómo se puede movilizar plenamente a todas las reservas sociales de la izquierda prometiendo de palabra un programa de cambio cuando en la práctica y en lo esencial, se está haciendo la misma política social y económica que la derecha? Los dirigentes de la izquierda deberían haber tomado nota de las recientes elecciones catalanas, en noviembre del año pasado, que arrojaron cifras récord de abstención, y la abstención es el peor enemigo de la izquierda. El problema no es la falta de fuerza de la clase obrera, sino la incapacidad de movilización de los dirigentes de sus partidos. Miguel Sebastián, el candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, llegó a afirmar sin sonrojarse que "el PSOE representa el liberalismo económico" y que "el papel del Estado es mantener la libre competencia". No se le ve muy pertrechado de argumentos para movilizar a la izquierda contra Gallardón; pero lo peor es que lo que dice es el programa real que ahora tiene el gobierno y la dirección del PSOE. Han sido otros factores, y no la gestión municipal, ni la política social del gobierno, lo que está ayudando a comprender la importancia de derrotar a la derecha. Es este contexto, es normal que no haya una equivalencia exacta entre la gran capacidad de lucha desplegada por la juventud y los trabajadores en el Estado español y en toda Europa, a lo largo de los últimos años, y los resultados electorales de la izquierda.
Existe un tremendo alejamiento entre la política oficial y el sentir y las necesidades de las masas. Últimamente Zapatero está enfatizando lo bien que va la economía, como si el problema fuese que la gente vive en un paraíso pero no se da cuenta y tiene que venir el gobierno a explicárselo. Es significativo que sean los estrategas más perspicaces del capital, antes que los dirigentes de la izquierda, los que se dan cuenta de las bases del malestar de fondo que existe entre millones de trabajadores y de su profundidad. "El gigante económico que es Europa no pueda permanecer indiferente ante unos procesos, que en último término, están contribuyendo a reproducir las condiciones del capitalismo en el siglo XIX, con los trabajadores extranjeros convertidos en un ejército de mano de obra de reserva. No es sólo un modelo de prosperidad lo que está en juego, sino la fibra moral de unas sociedades que se recrean en su opulencia y que cierran los ojos ante una explotación humana en su propio suelo" (editorial de El País 17-9-2006).
¿Estamos escuchando a Zapatero, a Llamazares, a Cándido Méndez o a Fidalgo decir algo que conecte con los sentimientos profundos de las masas, algo que siquiera apunte a una solución de los problemas e inquietudes de millones de trabajadores y jóvenes? No. Eso es lo que dilapida el potencial de voto de la izquierda. Eso es lo que da alas a la reacción. Esa es la contradicción que los sectores más conscientes de los trabajadores tenemos que resolver: la incapacidad del reformismo de hacer frente a un capitalismo decadente y en crisis y el gigantesco potencial de nuestra clase para construir una sociedad sobre otras bases, en el que la riqueza y la cultura acumulada por la historia de la humanidad esté al servicio de la inmensa mayoría de la sociedad. Votar no basta, es necesario organizarse y luchar por una auténtica alternativa socialista


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