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El lunes 17 de julio se produjo una concentración en protesta por el accidente de metro de Valencia. Nos reunimos unas 300 personas convocadas por la Plataforma pel Ferrocarril, donde participan CGT, el Sindicato Ferroviario, etc. Los concentrados no El lunes 17 de julio se produjo una concentración en protesta por el accidente de metro de Valencia. Nos reunimos unas 300 personas convocadas por la Plataforma pel Ferrocarril, donde participan CGT, el Sindicato Ferroviario, etc. Los concentrados nos encontramos con la sorpresa de que vinieron elementos del GAV (Grup d’Acció Valencianista). Se trata de un grupo blavero (anticatalán) terrorista, increíblemente legal; desde que se fundó en 1977 ha estado implicado en infinidad de actos violentos, incluyendo bombas en las casas de los intelectuales nacionalistas Manuel Sanchis Guarner y Joan Fuster; en enero tres de sus militantes fueron condenados por el asalto al Casal Jaume I (local nacionalista) del barrio de Russafa. Actualmente está vinculado al partido fascista España 2000.

Estos fascistas vinieron con enormes banderas blaveras (la oficial, que tiene connotaciones reaccionarias para un sector de la población), aunque no pudieron integrarse en la concentración ante la hostilidad que demostramos los asistentes. Sin embargo, desde los organizadores no se realizó ningún tipo de denuncia de estos elementos, que desde el principio han intentado manipular la rabia por el accidente de metro (dos días antes habían convocado una concentración haciéndola pasar por espontánea, y se presentaron con sus lemas de “Nunca seremos catalanes”).

Tres días después, la Xarxa d’Enllaç amb Palestina (Red de Enlace con Palestina), con el apoyo de los sindicatos de clase, IU y PSOE, convocó una concentración contra los bombardeos en Gaza y Líbano. Unos cuantos nos quedamos atónitos cuando un grupo de fascistas, con camisetas de lema “Skin-heads” y toda la estética neonazi, se presentó en el acto blandiendo pancartas de “Israel, Estado criminal”. Un buen número de asistentes, de los que se enteraron de qué pasaba (la mayoría sólo oyó jaleo sin saber a qué venía), gritamos “nazis fuera” e intentamos rodear físicamente y con nuestras consignas a este pequeño grupo, incomodarlos para que se marcharan, explicando a los manifestantes la situación. Pero lo más impresionante, quizás, es que hubo gente, y con toda la apariencia de ser algunos de los organizadores, que nos recriminaron, con el increíble argumento de que “aquí todos estamos a favor de Palestina” y de que “tengamos la concentración en paz”. Desde la megafonía, en ningún momento se explicó lo que pasaba, más bien al contrario, se soslayó totalmente. Al final, estos fachas, cansados de su aislamiento dentro de la concentración, se fueron discretamente.

Impunidad de los fascistas valencianos

Es conocida la impunidad de los diferentes grupos fascistas valencianos para cometer agresiones de todo tipo. Todavía está fresca en la memoria de cualquier universitario la que sufrió un compañero en el Campus de Tarongers, en marzo. Son frecuentes las palizas a inmigrantes, o a jóvenes con pintas, en especial en El Carme, el barrio de marcha. Y recordemos también el asalto de elementos fascistas y blaveros al campus antes citado, a final de curso; el propio decano de Derecho fue zarandeado y amenazado y los universitarios que asistían a clase amedrentados y en algunos casos amenazados (entre ellos dos compañeros del Sindicato de Estudiantes) y perseguidos. Incluso intentaron una concentración frente a la sede del PSOE, que hubiera podido acabar en asalto, y que fue prohibida por los jueces; España 2000 dice en su web que tras la tregua de ETA los votantes del PSOE también son el enemigo.

Esta aparente fortaleza no se basa en que sean muchos más que antes, siguen siendo una extrema minoría, sin embargo la política demagógica, ultracatólica, anticatalana, y anti-inmigrantes, del PP, les da alas. Pero también les anima ver cómo las organizaciones de izquierda no dicen apenas esta boca es mía ante actos tan graves.

El fascismo no es una ideología que no compartamos casi nadie pero que haya que respetar. Los fascistas son en su mayoría unos descerebrados, violentos, gente con dificultad de integrarse, que son utilizados por sectores del aparato del Estado y de la clase dominante para amedrentar, para persuadir de la lucha y la organización, especialmente a los jóvenes que empiezan a concienciarse. Algunos de ellos se creen su propia basura ideológica, eso es lo de menos. Los ataques fascistas van a ir a más, aunque su problema, con respecto a los años 30 (el periodo del fascismo clásico), es que no tienen ni pueden tener una base social de masas que les apoye y ampare; dicho de otra forma, la fuerza del movimiento obrero es infinitamente mayor que entonces.

Pero esto no debe llevarnos a quitar importancia a estos grupúsculos nazis. Son enemigos de cualquier causa justa, de cualquier explotado, de cualquier pueblo oprimido. Hay fascistas blancos, árabes e hindúes; fascistas pro la Gran Alemania, la Gran Francia y la Gran América; pero no nos equivoquemos, nosotros no somos racistas: estamos en contra de los sectores violentamente más putrefactos de este sistema en crisis, da igual en qué prejuicios se escuden o el color de su piel. Por cierto, ¿ayuda en algo al pueblo palestino o al libanés ser conciliadores con los defensores del Holocausto? Tampoco ayuda a la masividad de la lucha, ni a elevar la conciencia, permitir sin más coincidir con los que nos agreden regularmente.

¡Es necesario denunciar a estos elementos, aislarlos socialmente, responder a cada una de sus agresiones! Los dirigentes de las organizaciones de izquierda tienen una responsabilidad en hacerlo. ¡Ni una concesión más!