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“En un contexto marcado por un exasperado pansexualismo, el auténtico significado de la sexualidad humana queda muchas veces desfigurado, controvertido y contestado cuando no pervertido”. Esto es lo que se dice en al última Instrucción Pastoral de la “En un contexto marcado por un exasperado pansexualismo, el auténtico significado de la sexualidad humana queda muchas veces desfigurado, controvertido y contestado cuando no pervertido”. Esto es lo que se dice en al última Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal titulada Teología y secularización en España.

¡Válgame Dios hermoso! Después de currar como un animal doce horas al día y soportar la brutalidad de mi jefe; después de quebrarme la cabeza para ver como llego a final de mes, con los 700 euros que cobro de salario y los 600 de mi precarizada compañera; después de lamentarme todo el día por vivir en la estrechez de mi piso de 50 metros cuadrados por el que pago la friolera de 500 euros... ahora también me acusan de ser un desgraciado marcado por el pecado. ¡¡Pero que os he hecho yo, curas y monjas de la Conferencia Episcopal!!

Sí, soy un pecador. Peco todos los días, por dejarme la piel en el tajo; por enriquecer a un puñado de ricachones piadosamente cristianos que amasan sus fortunas bendecidos por la Santa Madre Iglesia. Sí, soy un pecador, por que hago el amor todo lo que puedo, siempre los fines de semana porque entre diario estoy tan machacado del trabajo que mi libido me abandona como el desodorante, a media tarde. Hago el amor con mi compañera, en lugar de justificar el maltrato como se afirmaba no hace mucho en una hoja parroquial de Valencia escrita por uno de los vuestros.

Vosotros, los representantes de lo más atrasado que ha parido esta sociedad de clase, ¡no os contentáis con explotarnos, también queréis controlar lo más íntimo de nuestras relaciones y sentimientos! Vosotros, la Santa Madre Iglesia, sí que sois una plaga. Y cuando leo estas auténticas barbaridades no puedo dejar de pensar en las generaciones de obreros que me precedieron; aquellos obreros de Barcelona y Madrid en julio de 1936, que os juzgaron por vuestros crímenes de siglos. Y no puedo dejar de simpatizar, en lo más profundo de mi corazón, con ellos. Sí, los pecadores del mundo, los que aspiramos a barrer toda la inmundicia de este sistema inmoral, tarde o temprano libraremos a la humanidad de vuestra condena. Estoy seguro de ello.