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La derecha ha buscado desde siempre fortalezas emblemáticas, sus cuartelazos, desde donde sentirse fuerte y segura. Pero incluso en estos feudos de la reacción existe la clase obrera, acosada, doblemente insultada, pero con la misma esencia revolucio La derecha ha buscado desde siempre fortalezas emblemáticas, sus cuartelazos, desde donde sentirse fuerte y segura. Pero incluso en estos feudos de la reacción existe la clase obrera, acosada, doblemente insultada, pero con la misma esencia revolucionaria. Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz, es uno de estos lugares.

Ha sido históricamente tierra de grandes cortijos, viñedos, bodegas y señoritos. Personajes como Alfonso XIII, el general Primo de Rivera (1929), Francisco Franco (1943) y Manuel Fraga (1971) fueron en su día nombrados por la oligarquía caciquista jerezana como alcaldes honorarios y perpetuos de la ciudad. Inclusive anualmente se celebra una misa a José Antonio Primo de Rivera y a los “caídos por la patria”. La Iglesia católica ha mantenido y mantiene una influencia prácticamente integrista sobre la política. Actualmente el suelo público se regala desde el Ayuntamiento a esta institución para que levanten nuevos monumentos religiosos. Ejemplo de esto es el monumento a las Cofradías, ya colocado, y los que vendrán en breve en homenaje a Juan Pablo II y a la Inmaculada Concepción. Y por si fuera poco tanto esperpento reaccionario, en la céntrica Plaza del Arenal tenemos que soportar una estatua ecuestre del dictador Miguel Primo de Rivera, aquel genocida que roció con armas químicas los mercados del Rif en hora punta.

Durante los más de veinte años de alcaldía del PSA, presidido por Pedro Pacheco, esta situación se ha mantenido y agravado: ha defendido ese amasijo de hierro reaccionario que supone la estatua del dictador, entrega la ciudad a la Iglesia católica sin titubeos, ha cargado el Ayuntamiento de importantes deudas, Aguas de Jerez está al borde de la privatización... Ahora, desde la coalcaldía con el PSOE (como teniente de alcalde y consejero de Urbanismo) sigue ejerciendo su “paternalista” compromiso con las constructoras e inmobiliarias. Después de destaparse el escándalo marbellí, la frase más sonada en nuestras calles fue: “pues que se pasen por Jerez”.

Contra la manipulación

de la oligarquía local

Son muchos los intentos por parte de la derecha y la burguesía local de hacer creer que en Jerez todos somos derechistas, “capillitas” sin remedio. Para ello cuentan con los medios locales de “información” a su servicio. Y si bien es cierto que una parte de la población está muy influenciada por la religión y la desidia política, la realidad está bastante lejos de la imagen que pretenden dar. Podríamos citar muchos ejemplos de la verdadera postura de los trabajadores y trabajadoras jerezanas: en apenas dos horas, y sin ser día de grandes aglomeraciones, los compañeros del Sindicato de Estudiantes recogimos en las calles un centenar de firmas contra los fascistas y sus agresiones. A pesar de los muchos ataques a la clase trabajadora que puedan quedar sin respuesta, ésta demuestra día tras día su postura combativa (huelgas y movilizaciones de los trabajadores del Ayuntamiento, de Ebro Puleva, azucareras, etc., contra los despidos y la precariedad). Existen señoritos y grandes bodegas porque existe un campesinado trabajador, una cosa va unida a la otra. Por mucho que lo deteste la oligarquía y la burguesía, su existencia depende de su principal enemigo y sepulturero. Antaño los trabajadores protagonizaron asaltos a la ciudad, formaron verdaderas organizaciones revolucionarias, fueron azotados y castigados pero volvieron siempre a la carga. Hoy siguen luchando contra los robos y los abusos y lo continuarán haciendo hasta darles solución. Ni la Iglesia, ni los caciques locales van a conseguir el patrimonio de una ciudad que sólo corresponde a aquellos que la han labrado y construido con sus propias manos.