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Estas palabras gritaba el arzobispo de Toledo, frente a la representación de una obra de Leo Bassi en un Festival de teatro realizado recientemente en la capital de Castilla - La Mancha, obra que por cierto reconoce no haber visto. Estas palabras gritaba el arzobispo de Toledo, frente a la representación de una obra de Leo Bassi en un Festival de teatro realizado recientemente en la capital de Castilla - La Mancha, obra que por cierto reconoce no haber visto. El arzobispo tiene algo más de caridad cristiana y sólo le lanza palabras, en cambio los nazis pusieron una bomba en el teatro de Madrid donde también se representaba, es un avance considerable.

El Ayuntamiento de Toledo, gobernado por el PP, pone el grito en el cielo, revoluciona a las beatas, moviliza a los sacerdotes y no se atreve a convocar un auto de fe porque en su partido son de centro de toda la vida. El grupo municipal del PSOE primero dice que no es para tanto, que si libertad de expresión, que si somos de izquierdas, que si somos tolerantes, que si... que llama Barreda, presidente de Castilla - La Mancha y se acaba el debate, la obra es: blasfemia. Justifica su calificativo con lo que dijo Llamazares respecto de las caricaturas de Alá: no hacer nada que moleste a nadie, ser buenos, llevarnos bien, y si encima coincidimos con lo que dice el arzobispo para qué queremos más. Da orden a su “ministra” de Cultura regional, Blanca Calvo (concejal tránsfuga de IU a Nueva Izquierda en el Ayuntamiento de Guadalajara) para que la subvención otorgada a ese festival de teatro no sirva para pagar a Leo Bassi, nuestra “ministra” se persigna y cumple fielmente el objetivo que su jefe le encomienda, la sombra de sacristán frustrado de Bono sigue llegando a los despachos de Toledo.

Algunos católicos, bastantes agnósticos y unos cuantos que no se pronuncian, se preguntan si hay el mismo celo con las empresas a las que se subvenciona cuando estas no cumplen con la legislación actual y en temas más terrenales como puede ser no cumplir los pliegos de condiciones que la misma Junta de Comunidades exige, como es el caso de la empresa Clece subcontrata del personal no sanitario en las residencias de ancianos de la misma Junta y de persecución sindical a delegadas de personal en la residencia de Fontanar (Guadalajara) o el despido de un trabajador de una Fundación del Opus llamada O’Belen, en Azuqueca de Henares, que se dedica a casas de acogida para menores con problemas, por querer presentarse a delegado sindical. Esta Fundación esta generosamente subvencionada. Estos casos son los que conocemos en profundidad pero son cientos las empresas que reciben subvenciones y luego acosan, persiguen, despiden y discriminan a los trabajadores, pero el arzobispo no se acuerda de ellos, ni la “ministra” de Cultura, ni el presidente Barreda. Damos la bienvenida a Leo Bassi, a nuestro club que cada vez es el de más gente, el club de: hay que tirar abajo este sistema hipócrita, explotador y corrupto.