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Se cumple un año de los brutales atentados del 11-M, en los que fueron asesinadas 192 personas y heridas otras 1.500, jóvenes y trabajadores que se dirigían a sus puestos de trabajo o a sus clases desde las ciudades y pueblos del Corredor del Henares Se cumple un año de los brutales atentados del 11-M, en los que fueron asesinadas 192 personas y heridas otras 1.500, jóvenes y trabajadores que se dirigían a sus puestos de trabajo o a sus clases desde las ciudades y pueblos del Corredor del Henares y los barrios del Pozo del Tío Raimundo y Santa Eugenia, zonas obreras de grandes tradiciones de lucha y organización.

Se cumplirá también un año de las elecciones del 14-M, en las que el gobierno del PP, un gobierno en apariencia fuerte, con una mayoría absoluta que aspiraba a renovar, fue barrido por la izquierda. Recordar y aprender las lecciones de lo que ocurrió en esos cuatro días es una responsabilidad de los trabajadores y jóvenes conscientes.

El 11 de marzo de 2004, tres días antes de las elecciones generales, diez explosiones se suceden en cuatro trenes abarrotados en plena hora punta. Mientras miles de personas tratan de saber el paradero y la suerte de familiares y amigos, el gobierno valora las consecuencias políticas de los atentados y decide utilizarlas en provecho propio, sin el menor escrúpulo. Este atentado, sin avisar, y de una envergadura sin precedentes, no parece obra de ETA. Sin embargo, para el gobierno no hay duda, el atentado es obra de ETA y apela a toda la sociedad y a “todos los demócratas” a estar detrás del PP. Mientras, crecen las dudas sobre la autoría, no hay una sola pista que señale a ETA. Además, se producen repetidas condenas desde todas las organizaciones de la izquierda abertzale y desde la propia ETA. Acebes pasa las 48 horas siguientes machacando: “ha sido ETA y el que diga lo contrario es un miserable”. Una vez más, como en los últimos cuatro años, el gobierno vuelve a la utilización de la mentira y la manipulación. En la calle, parece que en todas las cabezas estén en ebullición la siguiente duda: “si no ha sido ETA, ¿nos está engañando el PP? ¿Es posible que esté haciendo eso con casi 200 muertos y 1.500 heridos?”. Poco a poco, esas dudas se van a ir resolviendo.

Cuatro años concentrados en cuatro días

El viernes 12, decenas de miles de jóvenes participan en las concentraciones convocadas por el Sindicato de Estudiantes donde se denuncia el atentado, se solidariza con las víctimas y se explica que los trabajadores y los jóvenes estamos en contra del terrorismo por razones e intereses totalmente diferenciados de la derecha. Por la tarde, once millones de personas salen a la calle en solidaridad con las víctimas y en repulsa del atentado. El PP trata de utilizar la convocatoria manteniendo el discurso de que ha sido ETA, pero ya se ven indicios claros de que el discurso del gobierno no cuela: en Madrid, el grito probablemente más coreado es “¿quién ha sido?”, dirigido expresamente al gobierno; en Barcelona, Piqué y Rato son expulsados de la manifestación, sin que nadie haga nada para evitarlo.

En unas pocas horas el ambiente social que se alcanzó en las movilizaciones contra la guerra se recupera. Un ambiente social que explotó en la huelga general del 20-J y que se profundizó con el desastre del Prestige. Toda la experiencia acumulada por el movimiento en base a esos acontecimientos se expresó en las horas siguientes. Como dijimos en su momento, cuatro años se concentraron en cuatro días.

El PP, en su huída hacia adelante, siguió con el desprecio, las mentiras y las provocaciones, y no hizo sino exasperar los ánimos al máximo. En Pamplona es asesinado un simpatizante de la izquierda abertzale por un policía nacional, por negarse a poner en su panadería una pegatina condenando el atentado que supuestamente había hecho ETA.

Esa noche decenas de miles de personas se manifiestan en todo el Estado frente a las sedes del PP. Fue una prueba práctica de lo que sucede cuando el movimiento se pone en marcha de forma decidida: todo se pone en cuestión, las leyes, la policía, el Estado mismo. La consigna “vuestra guerra, nuestros muertos” resumía la percepción del movimiento: la guerra es por vuestros intereses pero la pagamos nosotros, los trabajadores, y hasta aquí hemos llegado. A la mañana siguiente, la clase obrera y la juventud acuden masivamente a votar para echar al PP.

No hay consenso que valga

Un año después, parece que no avanzamos seriamente. Las víctimas siguen pidiendo justicia. La famosa comisión de investigación ha sido utilizada fundamentalmente por el PP en su beneficio, para desviar la atención de lo fundamental: su sometimiento al imperialismo norteamericano, su participación en la guerra de Iraq, fue lo que nos puso en el punto de mira de estos fanáticos reaccionarios; el atentado se preparó de principio a fin delante de la policía y la guardia civil, con la participación de numerosos chivatos y delincuentes conocidos y durante cuatro días el gobierno del PP mintió y manipuló hasta límites insospechados para mantenerse en el poder.

Los partidos de la izquierda han sido incapaces de enfrentarse abiertamente al PP, de señalar a los que hayan tenido responsabilidades políticas o policiales en lo sucedido — es increíble que dejaran irse con la cabeza bien alta a Aznar y a Acebes—, todo ello en aras del consenso en las conclusiones finales de la comisión de investigación parlamentaria. En la medida en que es imposible ese consenso con el PP, no en vano sus máximos dirigentes actuales —Rajoy, Acebes y Zaplana— estuvieron directamente implicados en aquellas jornadas, los restantes partidos de la comisión están suavizando el tono de las conclusiones, hasta el punto de posponerlas y sustituirlas por unas recomendaciones consensuadas, que tampoco acepta el PP, coincidiendo con el aniversario. Pilar Manón, presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, expresó su oposición a que “ese texto no sea un paripé”.

Esta situación debe terminar, los partidos de izquierda tienen mayoría en el Parlamento, en la comisión y, lo que es más importante, en la calle. Deben romper ya con la política del “consenso en asuntos de Estado”. Deben enfrentarse al PP de manera decidida, sino la derecha continuará con su actitud envalentonada. ¡Ellos fueron los que perdieron! ¡Les echamos! No les debemos nada. Se puede romper con ellos, como demostró la manifestación del 5 de abril en Leganés, después de que siete terroristas se inmolaran en un piso de esta población del cinturón rojo madrileño. Fue la primera manifestación contra el terrorismo organizada por la izquierda, rompiendo el consenso con el PP.

El gobierno del PSOE tiene una deuda, su compromiso con las víctimas, deben acelerar los trámites, las ayudas económicas, médicas y psicológicas. Tiene los medios de llegar hasta el final en la investigación, de que se juzgue a los responsables políticos y policiales de lo sucedido antes y después de los atentados. Tiene esa responsabilidad ante las víctimas del 11-M, ante los millones que les pusieron en el gobierno para que cambiaran el estado de cosas que nos dejaba el PP. Y tiene la fuerza para hacerlo.