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La visita del jefe del Estado español a la tumba de su amigo Hasan II y la cena con su heredero, pueden parecer algo de lo más normal después de casi una miniguerra y tantas “broncas” durante el gobierno de Aznar, Trillo y compañía. La visita del jefe del Estado español a la tumba de su amigo Hasan II y la cena con su heredero, pueden parecer algo de lo más normal después de casi una miniguerra y tantas “broncas” durante el gobierno de Aznar, Trillo y compañía. Nadie, o casi nadie, se escandaliza del buen entendimiento entre dos monarquías y dos Estados vecinos. Pero esta visita ha estado precedida por la condecoración de dos generales marroquíes acusados de torturas, secuestros, desapariciones y asesinatos políticos; lo que le da un carácter mucho más que diplomático a la visita. Se trata de un gesto que significa el apoyo total y sin reservas al régimen marroquí a la vez que un insulto a las miles de victimas, a sus familiares y al pueblo de Marruecos que lucha en contra de la impunidad y por una verdadera democracia.

El Consejo de Ministros del 14 de enero de 2005, condecoró a los generales Hamidu Laanigri y Hosni Bensliman, como “prueba de su real aprecio” a dos hombres que daban y dan mucho miedo en Marruecos. Dos hombres del fallecido Hasan II que siguen en activo con el actual monarca, ocupando sus puestos en los aparatos de seguridad del reino. Dos nombres que encabezan la lista elaborada por la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, donde figuran los responsables de la represión salvaje que conoció Marruecos durante décadas. El gobierno español no puede ignorar la hoja de servicio de estos personajes. Amnistía Internacional publicó en junio de 2004 un informe detallado sobre la tortura en el marco de la campaña antiterrorista en Marruecos y concretamente el caso del centro de detención secreto de Temara, cerca de Rabat, donde decenas de personas han permanecido un largo tiempo incomunicadas y han sido torturadas. Este centro depende de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST), una policía extrajudicial cuyo jefe era el general condecorado Hamidu Laanigri, actualmente director general de la Policía Nacional. En cuanto al general Hosni Bensliman, es desde hace décadas el jefe de la Gendarmería Real, ha sido señalado por sus victimas como responsable de muchos casos de secuestros, desapariciones y asesinatos de opositores civiles y militares que lucharon contra el poder absoluto de Hasan II.

El Estado español que pretendía juzgar a Pinochet y está juzgando a Scilingo condecoró, en el BOE, con alevosía y nocturnidad, a dos generales de un país vecino con el mismo currículum escrito con sangre, dolor y los cadáveres de muchísimos ciudadanos y ciudadanas de Marruecos. Nada sorprendente de una “joven democracia” que condecoró a Melitón Manzanas, recicló a sus compañeros, a sus ex jefes y que trata con mucho cariño al general Galindo. Y esto es sorprendente porque el actual gobierno del PSOE tiene el apoyo de toda la izquierda parlamentaria: Izquierda Unida, ERC, BNG y otros que deben asumir su responsabilidad conforme a sus principios, por respeto a la memoria y la dignidad de las victimas, en apoyo a los y las que luchan por la justicia, en contra de la impunidad en Marruecos y por una verdadera amistad democrática entre los pueblos vecinos.