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El próximo 20 de febrero de 2005 se realizará el “referéndum” sobre la Constitución Europea. Y ya se ha abierto el abanico de respuestas. Desde el sí, el sí crítico, el que no vota, el que vota en blanco, el que vota el no crítico o el que vota simpl El próximo 20 de febrero de 2005 se realizará el “referéndum” sobre la Constitución Europea. Y ya se ha abierto el abanico de respuestas. Desde el sí, el sí crítico, el que no vota, el que vota en blanco, el que vota el no crítico o el que vota simplemente NO. La línea que separa a un reformista o socialdemócrata de un centrista o la que separa a éste de un marxista es muy delgada y está en la mente de las personas y delimitada por sus actos.

Estamos inmersos en una crisis mundial donde todos luchan por su parcela de poder económico, adoptando una política agresiva como la de los EEUU. Están intentando ganar mercados para sus productos. Todos necesitan ganar nuevos mercados y sólo pueden conseguirlo a expensas de las otras potencias. Lo cual es muy malo para Europa donde la economía está estancada y necesita urgentemente exportar para salir de la crisis actual. Y dentro de la UE cada uno de los países intenta conseguir una mayor tajada del pastel.

Algunos miembros del PSOE, eurodiputados, senadores, diputados y diputados autonómicos atraviesan la delgada línea “roja” de ser socialistas de izquierdas a socialistas de derechas; como lo hicieron los anteriores gobiernos de PSOE con Felipe González, al defender a los ricos en vez de a los pobres; cuando defendieron el SÍ a la OTAN, introdujeron el despido libre y aumentaron la jornada laboral con menos salario, o cuando arremetieron contra las pensiones contributivas, o redujeron los servicios públicos..., hasta el propugnar el SÍ a la Constitución Europea.

Ciertamente, hay muchos aspectos que antes de votar todos los ciudadanos europeos asalariados deberíamos analizar, como son los siguientes puntos:

· No se modifican las funciones estatutarias del Banco Central Europeo para hacerlas coherentes con los objetivos macroeconómicos del empleo y el bienestar social de los 25 países.

· Esta Constitución no es más que una serie de medidas de orden económico en contra de las pocas medidas sociales que nos quedaban, haciendo peligrar nuestras pensiones a cargo del Estado. Con dichas medidas la Constitución Europea supone un paso más en el camino hacia la privatización de las pensiones.

· Faltan derechos fundamentales en la Parte II: Derecho al trabajo, derecho a la pensión, derecho al seguro de desempleo

· La UE debería ser “laica” e invertir como mínimo el 20% del PIB de la UE en investigación y desarrollo junto con la cesión del 0,7 para el tratado de Kioto.

Los que defienden el SÍ crítico dicen que “la alternativa real sería quedarnos en el tratado de Niza”, o basándose en lo que dijo Lionel Jospin, sería dejar el campo libre a los EEUU: “Si la Unión Europea se atasca en un debate institucional no resuelto... le será más difícil tomar iniciativas en política exterior y apartará sus energías”. Estas señalizaciones del SÍ crítico vienen a demostrar que han pasado la delgada línea roja, se han convertido en socialistas de derechas con programa de defensa de las multinacionales y de los más ricos de la UE, en vez de defender a los que les hemos votado.

El no ratificar la Constitución Europea no llevaría al aumento del paro, a la recesión y al retroceso social, porque eso lo tenemos ya sin tener Constitución Europea y con el sistema actual.

Votar Sí es votar a que manden las multinacionales, a aumentar el paro como en EEUU con Bush, a aumentar el índice de familias que entran en la pobreza, a aumentar la jornada laboral por encima de las 40 horas, bajando el salario, a realizar el despido más barato, a que aumenten los contratos basura, etc.

Los que votamos NO a la Constitución Europea no hemos atravesado la delgada línea roja. Somos considerados utópicos porque observamos los ataques que recibimos los trabajadores en todos los países capitalistas y que ni EEUU, ni China, ni Japón y menos aún la UE respetan el tratado de Kyoto porque sus gobiernos defienden los intereses de las multinacionales que degradan el medio ambiente, en lugar de defender la salud y el bienestar de sus ciudadanos. Y eso es, precisamente, lo que pretende consagrar la Constitución Europea que nos presentan a votación. Por eso, votaremos NO.

Fernando Preciado

Jose M. Domínguez Rodríguez

Javier Méndez-Vigo Hernández

PSPV-PSOE