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La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de mani La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber,

y la mayor de la maldad

es ni temer ni pagar.

Francisco de Quevedo

La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de manifiesto la putrefacción de la derecha de este país. Ni el recuerdo de los muertos, ni el dolor de sus familias, ni la indignación por sus mentiras hacen mella en estos elementos ni en sus histéricos seguidores.

Pero esto ya lo sabíamos. Que Aznar, Acebes, Rajoy o Zaplana sigan manteniendo el mismo enfoque que provocó la ira de millones de trabajadores y jóvenes durante las históricas jornadas de marzo y que el 14 acudieron masivamente a las urnas para dejar constancia de su rechazo a la soberbia y arrogancia de un gobierno que seguía negando la evidencia, jugando con la muerte y el sufrimiento, no es algo que nos sorprenda. Les conocemos demasiado bien como para asombrarnos.

Ahora, la pregunta que ha puesto sobre el tapete la actitud obscena y desvergonzada de Aznar en la Comisión, es ¿para qué sirven las comisiones y el Parlamento? Esta es la pregunta a la que tienen que responder el gobierno del PSOE y los parlamentarios de la izquierda.

A nueve meses de la barbarie terrorista que sacudió el país, los diputados siguen enzarzados en inacabables discusiones y eternas reuniones en las que, una y otra vez, se pone de manifiesto el cinismo y la burla a la que son sometidos por parte del PP, que utilizan la Comisión y los medios de comunicación para mantener y hacer propaganda de sus posiciones; reuniones donde ha quedado patente la incompetencia de un gobierno que desdeñó la posibilidad de un atentado de Al Qaeda por su obsesión electoralista con ETA; un gobierno que, contra la opinión de la inmensa mayoría de la sociedad, envió tropas a apoyar la aventura imperialista estadounidense en Iraq para apoderarse del petróleo y controlar una zona decisiva para ellos; un gobierno que intentó utilizar los muertos del 11-M como granero electoral.

A nueve meses de la tragedia, la Comisión no ha designado ningún responsable político por lo ocurrido ni ha exigido el aforo de los diputados del PP que en aquellos momentos tenían responsabilidades en el gobierno; no se ha juzgado a nadie por las mentiras y la manipulación a la que fue sometida la sociedad española, ningún medio de comunicación ha sido condenado ni se le ha impuesto siquiera una multa por falsedad en la información; ningún responsable de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por la desidia y el desinterés de los movimientos de dinamita que en Asturias organizaban lúmpenes confidentes de la Guardia Civil...

A nueve meses del 11-M, las víctimas y sus familiares siguen exigiendo justicia.

La izquierda tiene mayoría en el Parlamento. En estos nueve meses ha quedado sobradamente demostrado todo lo que había que demostrar. ¿A qué esperan pues para emitir su veredicto y tomar las acciones consecuentes con el mismo? ¿Por qué no convocaron una manifestación contra el PP el día de la comparecencia de Aznar, dejando solos a los familiares de las víctimas frente a la gentuza del PP? ¿Por qué durante esto nueve meses no se ha utilizado el Parlamento y la Comisión como una tribuna de denuncia de las mentiras y manipulaciones del PP?

Si el PSOE e IU quieren mantener el crédito otorgado por los trabajadores y los jóvenes el 14-M, tienen que romper de una vez por todas con la política de pactos y consenso que ha permitido que la burguesía y la derecha de este país se burle del sufrimiento de la mayoría de la población. No es admisible que en aras de una hipotética paz social se nos siga haciendo pagar a los de siempre. Ahora es el 11-M, pero en nuestra memoria reciente está la impunidad que gozaron los asesinos y torturadores de la dictadura; recordamos los pactos que permitieron al aparato franquista salir indemne de todos los crímenes cometidos; no olvidamos que en aras de la “paz y la democracia” los únicos que pagamos tributo fuimos los luchadores antifranquistas.

Durante estos 27 años, los dirigentes de las organizaciones tradicionales han hecho constantes llamamientos a la “paz” y la “concordia”, a superar “la lucha de clases”, evitando un clima de “confrontación social” tanto en el terreno político “unidad por encima de intereses partidistas” como en el terreno sindical “hacer sacrificios por el bien de la empresa”.

Y ahora, 27 años más tarde, nos preguntamos de qué ha servido todo esto. ¿De que sirvieron las concesiones hechas a la derecha? ¿De qué sirvió aceptar enterrar a nuestros muertos sin exigir responsabilidades?

Durante estos 27 años hemos visto cómo los empresarios y las grandes compañías han engordado sus beneficios a nuestra costa. Durante estos 27 años hemos visto que la política de privatizaciones, en lugar de generar mejores servicios y empleos (como nos prometían), sólo ha servido para que unos cuantos impresentables se convirtiesen en multimillonarios, como el caso de Villalonga en Telefónica mientras los trabajadores de Sintel eran despedidos y enviados al paro; o como el caso de las eléctricas, que recibieron un billón de las antiguas pesetas que han utilizado para reducir personal, incluyendo el de mantenimiento, permitiendo que las instalaciones se deterioren con continuos apagones y problemas de abastecimiento. Hemos sufrido reconversiones industriales que han hundido en la pobreza comarcas enteras, sin ninguna perspectiva de futuro. Durante estos 27 años hemos visto imponerse el despido libre, puesto que el empresario ya no tiene la obligación de reincorporar a los despedidos improcedentemente. Hemos visto reducirse nuestro nivel de vida; ahora no basta con un salario para mantener una familia, son necesarios dos o tres. Durante estos 27 años hemos sufrido ataque tras ataque en derechos ya conquistados: la educación, la sanidad, la libertad de expresión y manifestación...

Hoy, después de 27 años de esfuerzos y sacrificios no vivimos mejor, sino peor, nuestros hijos no tienen futuro y la derecha sigue burlándose de nuestros muertos.

Por eso es necesario cambiar de una vez la política de consenso que nos ha conducido a esta situación. Es hora de enfrentarnos a la derecha, a la burguesía y su sistema. Es hora de organizarnos para luchar por cambiar esta pútrida y corrupta sociedad que no tiene nada que ofrecernos salvo miseria y humillación.

Es absolutamente necesario que el gobierno del PSOE inicie los trámites precisos para aforar a los diputados del PP que el 11-M tenían responsabilidades de gobierno para que sean juzgados inmediatamente. Es urgente encarcelar a los policías, guardias civiles y demás implicados del aparato del Estado que permitieron y no investigaron ni detuvieron la trama del 11-M. Es prioritario habilitar las ayudas necesarias, tanto psíquicas como materiales para las víctimas del 11-M y sus familias.

Los familiares y víctimas del 11-M reclaman justicia. Es hora de concedérsela.La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber,

y la mayor de la maldad

es ni temer ni pagar.

Francisco de Quevedo

La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de manifiesto la putrefacción de la derecha de este país. Ni el recuerdo de los muertos, ni el dolor de sus familias, ni la indignación por sus mentiras hacen mella en estos elementos ni en sus histéricos seguidores.

Pero esto ya lo sabíamos. Que Aznar, Acebes, Rajoy o Zaplana sigan manteniendo el mismo enfoque que provocó la ira de millones de trabajadores y jóvenes durante las históricas jornadas de marzo y que el 14 acudieron masivamente a las urnas para dejar constancia de su rechazo a la soberbia y arrogancia de un gobierno que seguía negando la evidencia, jugando con la muerte y el sufrimiento, no es algo que nos sorprenda. Les conocemos demasiado bien como para asombrarnos.

Ahora, la pregunta que ha puesto sobre el tapete la actitud obscena y desvergonzada de Aznar en la Comisión, es ¿para qué sirven las comisiones y el Parlamento? Esta es la pregunta a la que tienen que responder el gobierno del PSOE y los parlamentarios de la izquierda.

A nueve meses de la barbarie terrorista que sacudió el país, los diputados siguen enzarzados en inacabables discusiones y eternas reuniones en las que, una y otra vez, se pone de manifiesto el cinismo y la burla a la que son sometidos por parte del PP, que utilizan la Comisión y los medios de comunicación para mantener y hacer propaganda de sus posiciones; reuniones donde ha quedado patente la incompetencia de un gobierno que desdeñó la posibilidad de un atentado de Al Qaeda por su obsesión electoralista con ETA; un gobierno que, contra la opinión de la inmensa mayoría de la sociedad, envió tropas a apoyar la aventura imperialista estadounidense en Iraq para apoderarse del petróleo y controlar una zona decisiva para ellos; un gobierno que intentó utilizar los muertos del 11-M como granero electoral.

A nueve meses de la tragedia, la Comisión no ha designado ningún responsable político por lo ocurrido ni ha exigido el aforo de los diputados del PP que en aquellos momentos tenían responsabilidades en el gobierno; no se ha juzgado a nadie por las mentiras y la manipulación a la que fue sometida la sociedad española, ningún medio de comunicación ha sido condenado ni se le ha impuesto siquiera una multa por falsedad en la información; ningún responsable de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por la desidia y el desinterés de los movimientos de dinamita que en Asturias organizaban lúmpenes confidentes de la Guardia Civil...

A nueve meses del 11-M, las víctimas y sus familiares siguen exigiendo justicia.

La izquierda tiene mayoría en el Parlamento. En estos nueve meses ha quedado sobradamente demostrado todo lo que había que demostrar. ¿A qué esperan pues para emitir su veredicto y tomar las acciones consecuentes con el mismo? ¿Por qué no convocaron una manifestación contra el PP el día de la comparecencia de Aznar, dejando solos a los familiares de las víctimas frente a la gentuza del PP? ¿Por qué durante esto nueve meses no se ha utilizado el Parlamento y la Comisión como una tribuna de denuncia de las mentiras y manipulaciones del PP?

Si el PSOE e IU quieren mantener el crédito otorgado por los trabajadores y los jóvenes el 14-M, tienen que romper de una vez por todas con la política de pactos y consenso que ha permitido que la burguesía y la derecha de este país se burle del sufrimiento de la mayoría de la población. No es admisible que en aras de una hipotética paz social se nos siga haciendo pagar a los de siempre. Ahora es el 11-M, pero en nuestra memoria reciente está la impunidad que gozaron los asesinos y torturadores de la dictadura; recordamos los pactos que permitieron al aparato franquista salir indemne de todos los crímenes cometidos; no olvidamos que en aras de la “paz y la democracia” los únicos que pagamos tributo fuimos los luchadores antifranquistas.

Durante estos 27 años, los dirigentes de las organizaciones tradicionales han hecho constantes llamamientos a la “paz” y la “concordia”, a superar “la lucha de clases”, evitando un clima de “confrontación social” tanto en el terreno político “unidad por encima de intereses partidistas” como en el terreno sindical “hacer sacrificios por el bien de la empresa”.

Y ahora, 27 años más tarde, nos preguntamos de qué ha servido todo esto. ¿De que sirvieron las concesiones hechas a la derecha? ¿De qué sirvió aceptar enterrar a nuestros muertos sin exigir responsabilidades?

Durante estos 27 años hemos visto cómo los empresarios y las grandes compañías han engordado sus beneficios a nuestra costa. Durante estos 27 años hemos visto que la política de privatizaciones, en lugar de generar mejores servicios y empleos (como nos prometían), sólo ha servido para que unos cuantos impresentables se convirtiesen en multimillonarios, como el caso de Villalonga en Telefónica mientras los trabajadores de Sintel eran despedidos y enviados al paro; o como el caso de las eléctricas, que recibieron un billón de las antiguas pesetas que han utilizado para reducir personal, incluyendo el de mantenimiento, permitiendo que las instalaciones se deterioren con continuos apagones y problemas de abastecimiento. Hemos sufrido reconversiones industriales que han hundido en la pobreza comarcas enteras, sin ninguna perspectiva de futuro. Durante estos 27 años hemos visto imponerse el despido libre, puesto que el empresario ya no tiene la obligación de reincorporar a los despedidos improcedentemente. Hemos visto reducirse nuestro nivel de vida; ahora no basta con un salario para mantener una familia, son necesarios dos o tres. Durante estos 27 años hemos sufrido ataque tras ataque en derechos ya conquistados: la educación, la sanidad, la libertad de expresión y manifestación...

Hoy, después de 27 años de esfuerzos y sacrificios no vivimos mejor, sino peor, nuestros hijos no tienen futuro y la derecha sigue burlándose de nuestros muertos.

Por eso es necesario cambiar de una vez la política de consenso que nos ha conducido a esta situación. Es hora de enfrentarnos a la derecha, a la burguesía y su sistema. Es hora de organizarnos para luchar por cambiar esta pútrida y corrupta sociedad que no tiene nada que ofrecernos salvo miseria y humillación.

Es absolutamente necesario que el gobierno del PSOE inicie los trámites precisos para aforar a los diputados del PP que el 11-M tenían responsabilidades de gobierno para que sean juzgados inmediatamente. Es urgente encarcelar a los policías, guardias civiles y demás implicados del aparato del Estado que permitieron y no investigaron ni detuvieron la trama del 11-M. Es prioritario habilitar las ayudas necesarias, tanto psíquicas como materiales para las víctimas del 11-M y sus familias.

Los familiares y víctimas del 11-M reclaman justicia. Es hora de concedérsela.La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber,

y la mayor de la maldad

es ni temer ni pagar.

Francisco de Quevedo

La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de manifiesto la putrefacción de la derecha de este país. Ni el recuerdo de los muertos, ni el dolor de sus familias, ni la indignación por sus mentiras hacen mella en estos elementos ni en sus histéricos seguidores.

Pero esto ya lo sabíamos. Que Aznar, Acebes, Rajoy o Zaplana sigan manteniendo el mismo enfoque que provocó la ira de millones de trabajadores y jóvenes durante las históricas jornadas de marzo y que el 14 acudieron masivamente a las urnas para dejar constancia de su rechazo a la soberbia y arrogancia de un gobierno que seguía negando la evidencia, jugando con la muerte y el sufrimiento, no es algo que nos sorprenda. Les conocemos demasiado bien como para asombrarnos.

Ahora, la pregunta que ha puesto sobre el tapete la actitud obscena y desvergonzada de Aznar en la Comisión, es ¿para qué sirven las comisiones y el Parlamento? Esta es la pregunta a la que tienen que responder el gobierno del PSOE y los parlamentarios de la izquierda.

A nueve meses de la barbarie terrorista que sacudió el país, los diputados siguen enzarzados en inacabables discusiones y eternas reuniones en las que, una y otra vez, se pone de manifiesto el cinismo y la burla a la que son sometidos por parte del PP, que utilizan la Comisión y los medios de comunicación para mantener y hacer propaganda de sus posiciones; reuniones donde ha quedado patente la incompetencia de un gobierno que desdeñó la posibilidad de un atentado de Al Qaeda por su obsesión electoralista con ETA; un gobierno que, contra la opinión de la inmensa mayoría de la sociedad, envió tropas a apoyar la aventura imperialista estadounidense en Iraq para apoderarse del petróleo y controlar una zona decisiva para ellos; un gobierno que intentó utilizar los muertos del 11-M como granero electoral.

A nueve meses de la tragedia, la Comisión no ha designado ningún responsable político por lo ocurrido ni ha exigido el aforo de los diputados del PP que en aquellos momentos tenían responsabilidades en el gobierno; no se ha juzgado a nadie por las mentiras y la manipulación a la que fue sometida la sociedad española, ningún medio de comunicación ha sido condenado ni se le ha impuesto siquiera una multa por falsedad en la información; ningún responsable de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por la desidia y el desinterés de los movimientos de dinamita que en Asturias organizaban lúmpenes confidentes de la Guardia Civil...

A nueve meses del 11-M, las víctimas y sus familiares siguen exigiendo justicia.

La izquierda tiene mayoría en el Parlamento. En estos nueve meses ha quedado sobradamente demostrado todo lo que había que demostrar. ¿A qué esperan pues para emitir su veredicto y tomar las acciones consecuentes con el mismo? ¿Por qué no convocaron una manifestación contra el PP el día de la comparecencia de Aznar, dejando solos a los familiares de las víctimas frente a la gentuza del PP? ¿Por qué durante esto nueve meses no se ha utilizado el Parlamento y la Comisión como una tribuna de denuncia de las mentiras y manipulaciones del PP?

Si el PSOE e IU quieren mantener el crédito otorgado por los trabajadores y los jóvenes el 14-M, tienen que romper de una vez por todas con la política de pactos y consenso que ha permitido que la burguesía y la derecha de este país se burle del sufrimiento de la mayoría de la población. No es admisible que en aras de una hipotética paz social se nos siga haciendo pagar a los de siempre. Ahora es el 11-M, pero en nuestra memoria reciente está la impunidad que gozaron los asesinos y torturadores de la dictadura; recordamos los pactos que permitieron al aparato franquista salir indemne de todos los crímenes cometidos; no olvidamos que en aras de la “paz y la democracia” los únicos que pagamos tributo fuimos los luchadores antifranquistas.

Durante estos 27 años, los dirigentes de las organizaciones tradicionales han hecho constantes llamamientos a la “paz” y la “concordia”, a superar “la lucha de clases”, evitando un clima de “confrontación social” tanto en el terreno político “unidad por encima de intereses partidistas” como en el terreno sindical “hacer sacrificios por el bien de la empresa”.

Y ahora, 27 años más tarde, nos preguntamos de qué ha servido todo esto. ¿De que sirvieron las concesiones hechas a la derecha? ¿De qué sirvió aceptar enterrar a nuestros muertos sin exigir responsabilidades?

Durante estos 27 años hemos visto cómo los empresarios y las grandes compañías han engordado sus beneficios a nuestra costa. Durante estos 27 años hemos visto que la política de privatizaciones, en lugar de generar mejores servicios y empleos (como nos prometían), sólo ha servido para que unos cuantos impresentables se convirtiesen en multimillonarios, como el caso de Villalonga en Telefónica mientras los trabajadores de Sintel eran despedidos y enviados al paro; o como el caso de las eléctricas, que recibieron un billón de las antiguas pesetas que han utilizado para reducir personal, incluyendo el de mantenimiento, permitiendo que las instalaciones se deterioren con continuos apagones y problemas de abastecimiento. Hemos sufrido reconversiones industriales que han hundido en la pobreza comarcas enteras, sin ninguna perspectiva de futuro. Durante estos 27 años hemos visto imponerse el despido libre, puesto que el empresario ya no tiene la obligación de reincorporar a los despedidos improcedentemente. Hemos visto reducirse nuestro nivel de vida; ahora no basta con un salario para mantener una familia, son necesarios dos o tres. Durante estos 27 años hemos sufrido ataque tras ataque en derechos ya conquistados: la educación, la sanidad, la libertad de expresión y manifestación...

Hoy, después de 27 años de esfuerzos y sacrificios no vivimos mejor, sino peor, nuestros hijos no tienen futuro y la derecha sigue burlándose de nuestros muertos.

Por eso es necesario cambiar de una vez la política de consenso que nos ha conducido a esta situación. Es hora de enfrentarnos a la derecha, a la burguesía y su sistema. Es hora de organizarnos para luchar por cambiar esta pútrida y corrupta sociedad que no tiene nada que ofrecernos salvo miseria y humillación.

Es absolutamente necesario que el gobierno del PSOE inicie los trámites precisos para aforar a los diputados del PP que el 11-M tenían responsabilidades de gobierno para que sean juzgados inmediatamente. Es urgente encarcelar a los policías, guardias civiles y demás implicados del aparato del Estado que permitieron y no investigaron ni detuvieron la trama del 11-M. Es prioritario habilitar las ayudas necesarias, tanto psíquicas como materiales para las víctimas del 11-M y sus familias.

Los familiares y víctimas del 11-M reclaman justicia. Es hora de concedérsela.La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber,

y la mayor de la maldad

es ni temer ni pagar.

Francisco de Quevedo

La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de manifiesto la putrefacción de la derecha de este país. Ni el recuerdo de los muertos, ni el dolor de sus familias, ni la indignación por sus mentiras hacen mella en estos elementos ni en sus histéricos seguidores.

Pero esto ya lo sabíamos. Que Aznar, Acebes, Rajoy o Zaplana sigan manteniendo el mismo enfoque que provocó la ira de millones de trabajadores y jóvenes durante las históricas jornadas de marzo y que el 14 acudieron masivamente a las urnas para dejar constancia de su rechazo a la soberbia y arrogancia de un gobierno que seguía negando la evidencia, jugando con la muerte y el sufrimiento, no es algo que nos sorprenda. Les conocemos demasiado bien como para asombrarnos.

Ahora, la pregunta que ha puesto sobre el tapete la actitud obscena y desvergonzada de Aznar en la Comisión, es ¿para qué sirven las comisiones y el Parlamento? Esta es la pregunta a la que tienen que responder el gobierno del PSOE y los parlamentarios de la izquierda.

A nueve meses de la barbarie terrorista que sacudió el país, los diputados siguen enzarzados en inacabables discusiones y eternas reuniones en las que, una y otra vez, se pone de manifiesto el cinismo y la burla a la que son sometidos por parte del PP, que utilizan la Comisión y los medios de comunicación para mantener y hacer propaganda de sus posiciones; reuniones donde ha quedado patente la incompetencia de un gobierno que desdeñó la posibilidad de un atentado de Al Qaeda por su obsesión electoralista con ETA; un gobierno que, contra la opinión de la inmensa mayoría de la sociedad, envió tropas a apoyar la aventura imperialista estadounidense en Iraq para apoderarse del petróleo y controlar una zona decisiva para ellos; un gobierno que intentó utilizar los muertos del 11-M como granero electoral.

A nueve meses de la tragedia, la Comisión no ha designado ningún responsable político por lo ocurrido ni ha exigido el aforo de los diputados del PP que en aquellos momentos tenían responsabilidades en el gobierno; no se ha juzgado a nadie por las mentiras y la manipulación a la que fue sometida la sociedad española, ningún medio de comunicación ha sido condenado ni se le ha impuesto siquiera una multa por falsedad en la información; ningún responsable de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por la desidia y el desinterés de los movimientos de dinamita que en Asturias organizaban lúmpenes confidentes de la Guardia Civil...

A nueve meses del 11-M, las víctimas y sus familiares siguen exigiendo justicia.

La izquierda tiene mayoría en el Parlamento. En estos nueve meses ha quedado sobradamente demostrado todo lo que había que demostrar. ¿A qué esperan pues para emitir su veredicto y tomar las acciones consecuentes con el mismo? ¿Por qué no convocaron una manifestación contra el PP el día de la comparecencia de Aznar, dejando solos a los familiares de las víctimas frente a la gentuza del PP? ¿Por qué durante esto nueve meses no se ha utilizado el Parlamento y la Comisión como una tribuna de denuncia de las mentiras y manipulaciones del PP?

Si el PSOE e IU quieren mantener el crédito otorgado por los trabajadores y los jóvenes el 14-M, tienen que romper de una vez por todas con la política de pactos y consenso que ha permitido que la burguesía y la derecha de este país se burle del sufrimiento de la mayoría de la población. No es admisible que en aras de una hipotética paz social se nos siga haciendo pagar a los de siempre. Ahora es el 11-M, pero en nuestra memoria reciente está la impunidad que gozaron los asesinos y torturadores de la dictadura; recordamos los pactos que permitieron al aparato franquista salir indemne de todos los crímenes cometidos; no olvidamos que en aras de la “paz y la democracia” los únicos que pagamos tributo fuimos los luchadores antifranquistas.

Durante estos 27 años, los dirigentes de las organizaciones tradicionales han hecho constantes llamamientos a la “paz” y la “concordia”, a superar “la lucha de clases”, evitando un clima de “confrontación social” tanto en el terreno político “unidad por encima de intereses partidistas” como en el terreno sindical “hacer sacrificios por el bien de la empresa”.

Y ahora, 27 años más tarde, nos preguntamos de qué ha servido todo esto. ¿De que sirvieron las concesiones hechas a la derecha? ¿De qué sirvió aceptar enterrar a nuestros muertos sin exigir responsabilidades?

Durante estos 27 años hemos visto cómo los empresarios y las grandes compañías han engordado sus beneficios a nuestra costa. Durante estos 27 años hemos visto que la política de privatizaciones, en lugar de generar mejores servicios y empleos (como nos prometían), sólo ha servido para que unos cuantos impresentables se convirtiesen en multimillonarios, como el caso de Villalonga en Telefónica mientras los trabajadores de Sintel eran despedidos y enviados al paro; o como el caso de las eléctricas, que recibieron un billón de las antiguas pesetas que han utilizado para reducir personal, incluyendo el de mantenimiento, permitiendo que las instalaciones se deterioren con continuos apagones y problemas de abastecimiento. Hemos sufrido reconversiones industriales que han hundido en la pobreza comarcas enteras, sin ninguna perspectiva de futuro. Durante estos 27 años hemos visto imponerse el despido libre, puesto que el empresario ya no tiene la obligación de reincorporar a los despedidos improcedentemente. Hemos visto reducirse nuestro nivel de vida; ahora no basta con un salario para mantener una familia, son necesarios dos o tres. Durante estos 27 años hemos sufrido ataque tras ataque en derechos ya conquistados: la educación, la sanidad, la libertad de expresión y manifestación...

Hoy, después de 27 años de esfuerzos y sacrificios no vivimos mejor, sino peor, nuestros hijos no tienen futuro y la derecha sigue burlándose de nuestros muertos.

Por eso es necesario cambiar de una vez la política de consenso que nos ha conducido a esta situación. Es hora de enfrentarnos a la derecha, a la burguesía y su sistema. Es hora de organizarnos para luchar por cambiar esta pútrida y corrupta sociedad que no tiene nada que ofrecernos salvo miseria y humillación.

Es absolutamente necesario que el gobierno del PSOE inicie los trámites precisos para aforar a los diputados del PP que el 11-M tenían responsabilidades de gobierno para que sean juzgados inmediatamente. Es urgente encarcelar a los policías, guardias civiles y demás implicados del aparato del Estado que permitieron y no investigaron ni detuvieron la trama del 11-M. Es prioritario habilitar las ayudas necesarias, tanto psíquicas como materiales para las víctimas del 11-M y sus familias.

Los familiares y víctimas del 11-M reclaman justicia. Es hora de concedérsela.La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber,

y la mayor de la maldad

es ni temer ni pagar.

Francisco de Quevedo

La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de manifiesto la putrefacción de la derecha de este país. Ni el recuerdo de los muertos, ni el dolor de sus familias, ni la indignación por sus mentiras hacen mella en estos elementos ni en sus histéricos seguidores.

Pero esto ya lo sabíamos. Que Aznar, Acebes, Rajoy o Zaplana sigan manteniendo el mismo enfoque que provocó la ira de millones de trabajadores y jóvenes durante las históricas jornadas de marzo y que el 14 acudieron masivamente a las urnas para dejar constancia de su rechazo a la soberbia y arrogancia de un gobierno que seguía negando la evidencia, jugando con la muerte y el sufrimiento, no es algo que nos sorprenda. Les conocemos demasiado bien como para asombrarnos.

Ahora, la pregunta que ha puesto sobre el tapete la actitud obscena y desvergonzada de Aznar en la Comisión, es ¿para qué sirven las comisiones y el Parlamento? Esta es la pregunta a la que tienen que responder el gobierno del PSOE y los parlamentarios de la izquierda.

A nueve meses de la barbarie terrorista que sacudió el país, los diputados siguen enzarzados en inacabables discusiones y eternas reuniones en las que, una y otra vez, se pone de manifiesto el cinismo y la burla a la que son sometidos por parte del PP, que utilizan la Comisión y los medios de comunicación para mantener y hacer propaganda de sus posiciones; reuniones donde ha quedado patente la incompetencia de un gobierno que desdeñó la posibilidad de un atentado de Al Qaeda por su obsesión electoralista con ETA; un gobierno que, contra la opinión de la inmensa mayoría de la sociedad, envió tropas a apoyar la aventura imperialista estadounidense en Iraq para apoderarse del petróleo y controlar una zona decisiva para ellos; un gobierno que intentó utilizar los muertos del 11-M como granero electoral.

A nueve meses de la tragedia, la Comisión no ha designado ningún responsable político por lo ocurrido ni ha exigido el aforo de los diputados del PP que en aquellos momentos tenían responsabilidades en el gobierno; no se ha juzgado a nadie por las mentiras y la manipulación a la que fue sometida la sociedad española, ningún medio de comunicación ha sido condenado ni se le ha impuesto siquiera una multa por falsedad en la información; ningún responsable de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por la desidia y el desinterés de los movimientos de dinamita que en Asturias organizaban lúmpenes confidentes de la Guardia Civil...

A nueve meses del 11-M, las víctimas y sus familiares siguen exigiendo justicia.

La izquierda tiene mayoría en el Parlamento. En estos nueve meses ha quedado sobradamente demostrado todo lo que había que demostrar. ¿A qué esperan pues para emitir su veredicto y tomar las acciones consecuentes con el mismo? ¿Por qué no convocaron una manifestación contra el PP el día de la comparecencia de Aznar, dejando solos a los familiares de las víctimas frente a la gentuza del PP? ¿Por qué durante esto nueve meses no se ha utilizado el Parlamento y la Comisión como una tribuna de denuncia de las mentiras y manipulaciones del PP?

Si el PSOE e IU quieren mantener el crédito otorgado por los trabajadores y los jóvenes el 14-M, tienen que romper de una vez por todas con la política de pactos y consenso que ha permitido que la burguesía y la derecha de este país se burle del sufrimiento de la mayoría de la población. No es admisible que en aras de una hipotética paz social se nos siga haciendo pagar a los de siempre. Ahora es el 11-M, pero en nuestra memoria reciente está la impunidad que gozaron los asesinos y torturadores de la dictadura; recordamos los pactos que permitieron al aparato franquista salir indemne de todos los crímenes cometidos; no olvidamos que en aras de la “paz y la democracia” los únicos que pagamos tributo fuimos los luchadores antifranquistas.

Durante estos 27 años, los dirigentes de las organizaciones tradicionales han hecho constantes llamamientos a la “paz” y la “concordia”, a superar “la lucha de clases”, evitando un clima de “confrontación social” tanto en el terreno político “unidad por encima de intereses partidistas” como en el terreno sindical “hacer sacrificios por el bien de la empresa”.

Y ahora, 27 años más tarde, nos preguntamos de qué ha servido todo esto. ¿De que sirvieron las concesiones hechas a la derecha? ¿De qué sirvió aceptar enterrar a nuestros muertos sin exigir responsabilidades?

Durante estos 27 años hemos visto cómo los empresarios y las grandes compañías han engordado sus beneficios a nuestra costa. Durante estos 27 años hemos visto que la política de privatizaciones, en lugar de generar mejores servicios y empleos (como nos prometían), sólo ha servido para que unos cuantos impresentables se convirtiesen en multimillonarios, como el caso de Villalonga en Telefónica mientras los trabajadores de Sintel eran despedidos y enviados al paro; o como el caso de las eléctricas, que recibieron un billón de las antiguas pesetas que han utilizado para reducir personal, incluyendo el de mantenimiento, permitiendo que las instalaciones se deterioren con continuos apagones y problemas de abastecimiento. Hemos sufrido reconversiones industriales que han hundido en la pobreza comarcas enteras, sin ninguna perspectiva de futuro. Durante estos 27 años hemos visto imponerse el despido libre, puesto que el empresario ya no tiene la obligación de reincorporar a los despedidos improcedentemente. Hemos visto reducirse nuestro nivel de vida; ahora no basta con un salario para mantener una familia, son necesarios dos o tres. Durante estos 27 años hemos sufrido ataque tras ataque en derechos ya conquistados: la educación, la sanidad, la libertad de expresión y manifestación...

Hoy, después de 27 años de esfuerzos y sacrificios no vivimos mejor, sino peor, nuestros hijos no tienen futuro y la derecha sigue burlándose de nuestros muertos.

Por eso es necesario cambiar de una vez la política de consenso que nos ha conducido a esta situación. Es hora de enfrentarnos a la derecha, a la burguesía y su sistema. Es hora de organizarnos para luchar por cambiar esta pútrida y corrupta sociedad que no tiene nada que ofrecernos salvo miseria y humillación.

Es absolutamente necesario que el gobierno del PSOE inicie los trámites precisos para aforar a los diputados del PP que el 11-M tenían responsabilidades de gobierno para que sean juzgados inmediatamente. Es urgente encarcelar a los policías, guardias civiles y demás implicados del aparato del Estado que permitieron y no investigaron ni detuvieron la trama del 11-M. Es prioritario habilitar las ayudas necesarias, tanto psíquicas como materiales para las víctimas del 11-M y sus familias.

Los familiares y víctimas del 11-M reclaman justicia. Es hora de concedérsela.La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber,

y la mayor de la maldad

es ni temer ni pagar.

Francisco de Quevedo

La burguesía española, tan innegablemente bien representada por Aznar y su partido, ni teme ni paga. Acostumbrada a siglos de impunidad, de manipulación y desprecio por la verdad, la comparecencia de Aznar ante la Comisión del 11-M, ha puesto de manifiesto la putrefacción de la derecha de este país. Ni el recuerdo de los muertos, ni el dolor de sus familias, ni la indignación por sus mentiras hacen mella en estos elementos ni en sus histéricos seguidores.

Pero esto ya lo sabíamos. Que Aznar, Acebes, Rajoy o Zaplana sigan manteniendo el mismo enfoque que provocó la ira de millones de trabajadores y jóvenes durante las históricas jornadas de marzo y que el 14 acudieron masivamente a las urnas para dejar constancia de su rechazo a la soberbia y arrogancia de un gobierno que seguía negando la evidencia, jugando con la muerte y el sufrimiento, no es algo que nos sorprenda. Les conocemos demasiado bien como para asombrarnos.

Ahora, la pregunta que ha puesto sobre el tapete la actitud obscena y desvergonzada de Aznar en la Comisión, es ¿para qué sirven las comisiones y el Parlamento? Esta es la pregunta a la que tienen que responder el gobierno del PSOE y los parlamentarios de la izquierda.

A nueve meses de la barbarie terrorista que sacudió el país, los diputados siguen enzarzados en inacabables discusiones y eternas reuniones en las que, una y otra vez, se pone de manifiesto el cinismo y la burla a la que son sometidos por parte del PP, que utilizan la Comisión y los medios de comunicación para mantener y hacer propaganda de sus posiciones; reuniones donde ha quedado patente la incompetencia de un gobierno que desdeñó la posibilidad de un atentado de Al Qaeda por su obsesión electoralista con ETA; un gobierno que, contra la opinión de la inmensa mayoría de la sociedad, envió tropas a apoyar la aventura imperialista estadounidense en Iraq para apoderarse del petróleo y controlar una zona decisiva para ellos; un gobierno que intentó utilizar los muertos del 11-M como granero electoral.

A nueve meses de la tragedia, la Comisión no ha designado ningún responsable político por lo ocurrido ni ha exigido el aforo de los diputados del PP que en aquellos momentos tenían responsabilidades en el gobierno; no se ha juzgado a nadie por las mentiras y la manipulación a la que fue sometida la sociedad española, ningún medio de comunicación ha sido condenado ni se le ha impuesto siquiera una multa por falsedad en la información; ningún responsable de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por la desidia y el desinterés de los movimientos de dinamita que en Asturias organizaban lúmpenes confidentes de la Guardia Civil...

A nueve meses del 11-M, las víctimas y sus familiares siguen exigiendo justicia.

La izquierda tiene mayoría en el Parlamento. En estos nueve meses ha quedado sobradamente demostrado todo lo que había que demostrar. ¿A qué esperan pues para emitir su veredicto y tomar las acciones consecuentes con el mismo? ¿Por qué no convocaron una manifestación contra el PP el día de la comparecencia de Aznar, dejando solos a los familiares de las víctimas frente a la gentuza del PP? ¿Por qué durante esto nueve meses no se ha utilizado el Parlamento y la Comisión como una tribuna de denuncia de las mentiras y manipulaciones del PP?

Si el PSOE e IU quieren mantener el crédito otorgado por los trabajadores y los jóvenes el 14-M, tienen que romper de una vez por todas con la política de pactos y consenso que ha permitido que la burguesía y la derecha de este país se burle del sufrimiento de la mayoría de la población. No es admisible que en aras de una hipotética paz social se nos siga haciendo pagar a los de siempre. Ahora es el 11-M, pero en nuestra memoria reciente está la impunidad que gozaron los asesinos y torturadores de la dictadura; recordamos los pactos que permitieron al aparato franquista salir indemne de todos los crímenes cometidos; no olvidamos que en aras de la “paz y la democracia” los únicos que pagamos tributo fuimos los luchadores antifranquistas.

Durante estos 27 años, los dirigentes de las organizaciones tradicionales han hecho constantes llamamientos a la “paz” y la “concordia”, a superar “la lucha de clases”, evitando un clima de “confrontación social” tanto en el terreno político “unidad por encima de intereses partidistas” como en el terreno sindical “hacer sacrificios por el bien de la empresa”.

Y ahora, 27 años más tarde, nos preguntamos de qué ha servido todo esto. ¿De que sirvieron las concesiones hechas a la derecha? ¿De qué sirvió aceptar enterrar a nuestros muertos sin exigir responsabilidades?

Durante estos 27 años hemos visto cómo los empresarios y las grandes compañías han engordado sus beneficios a nuestra costa. Durante estos 27 años hemos visto que la política de privatizaciones, en lugar de generar mejores servicios y empleos (como nos prometían), sólo ha servido para que unos cuantos impresentables se convirtiesen en multimillonarios, como el caso de Villalonga en Telefónica mientras los trabajadores de Sintel eran despedidos y enviados al paro; o como el caso de las eléctricas, que recibieron un billón de las antiguas pesetas que han utilizado para reducir personal, incluyendo el de mantenimiento, permitiendo que las instalaciones se deterioren con continuos apagones y problemas de abastecimiento. Hemos sufrido reconversiones industriales que han hundido en la pobreza comarcas enteras, sin ninguna perspectiva de futuro. Durante estos 27 años hemos visto imponerse el despido libre, puesto que el empresario ya no tiene la obligación de reincorporar a los despedidos improcedentemente. Hemos visto reducirse nuestro nivel de vida; ahora no basta con un salario para mantener una familia, son necesarios dos o tres. Durante estos 27 años hemos sufrido ataque tras ataque en derechos ya conquistados: la educación, la sanidad, la libertad de expresión y manifestación...

Hoy, después de 27 años de esfuerzos y sacrificios no vivimos mejor, sino peor, nuestros hijos no tienen futuro y la derecha sigue burlándose de nuestros muertos.

Por eso es necesario cambiar de una vez la política de consenso que nos ha conducido a esta situación. Es hora de enfrentarnos a la derecha, a la burguesía y su sistema. Es hora de organizarnos para luchar por cambiar esta pútrida y corrupta sociedad que no tiene nada que ofrecernos salvo miseria y humillación.

Es absolutamente necesario que el gobierno del PSOE inicie los trámites precisos para aforar a los diputados del PP que el 11-M tenían responsabilidades de gobierno para que sean juzgados inmediatamente. Es urgente encarcelar a los policías, guardias civiles y demás implicados del aparato del Estado que permitieron y no investigaron ni detuvieron la trama del 11-M. Es prioritario habilitar las ayudas necesarias, tanto psíquicas como materiales para las víctimas del 11-M y sus familias.

Los familiares y víctimas del 11-M reclaman justicia. Es hora de concedérsela.