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Un año más en la Universidad de Salamanca ha estallado la polémica por la celebración de los botellones que acompañan a las fiestas de las facultades. Rectores, vicerrectores, decanos y algunos profesores, entre otros, se están alarmando por la image Un año más en la Universidad de Salamanca ha estallado la polémica por la celebración de los botellones que acompañan a las fiestas de las facultades. Rectores, vicerrectores, decanos y algunos profesores, entre otros, se están alarmando por la imagen tan “denigrante” que los estudiantes transmitimos de la Universidad de Salamanca. Por supuesto, en esta valoración coinciden, casualmente, con muchos empresarios de la hostelería salmantina, que ahora ponen el grito en el cielo y se preocupan mucho por cuidar que la juventud no sufra esa degeneración que suponen miles de estudiantes bebiendo en las calles. Por supuesto nada pasaría si esos miles de estudiantes siguiesen bebiendo, pero en lugar de en las calles lo hiciesen en sus locales como, por otro lado, ocurre el resto del año. Seguramente ni para la excelentísima intelectualidad universitaria, tan “culta” y “científica”, tan “observadora” y “atenta a los problemas sociales”… ni para los hosteleros, ni tampoco para la puritana casta de la derecha salmantina habría ningún problema entonces.

En primer lugar, habría que decirle al señor Rector y al resto de profesores que están invirtiendo estos días todos sus esfuerzos en criminalizar a los estudiantes, tachándonos poco más o menos que de inconscientes, borrachos e irresponsables, que la imagen de la Universidad de Salamanca empieza dentro de la propia universidad y los primeros en ensuciarla son los responsables de que, por ejemplo, este curso hayan faltado profesores en varias titulaciones y aún la situación no esté normalizada. Baste poner el ejemplo solamente de la titulación de sociología. Pero bueno, igual la culpa la tiene también el botellón. También podrían estar invirtiendo sus esfuerzos, si realmente lo que les quita el sueño es la imagen y la calidad de la Universidad de Salamanca, en luchar contra leyes que han supuesto y siguen suponiendo un verdadero descalabro para la universidad pública, como la LOU.

Los jóvenes estamos hartos de que nos tomen el pelo y del tufillo hipócrita que desprende toda esta cruzada que lanzan contra nosotros de vez en cuando. Hay ejemplos acuciantes y peliagudos que muestran que esto tiene más de hipocresía que de otra cosa. Y no sólo en Salamanca, baste mirar el ejemplo de la prohibición que existe en la Comunidad de Madrid de no poder beber alcohol en toda su red de albergues juveniles, medida del gobierno regional de la señora Aguirre que en la práctica lo que intenta es que los jóvenes no vayan a los albergues a disfrutar de sus ratos de ocio y sí a las grandes macro-discotecas, en las que sí que circulan por doquier alcohol, hecho no se sabe muy bien con qué, y drogas de todos los diseños habidos y por haber.

En Salamanca ocurre lo mismo, aquí nadie diría nada si todo se hiciese de acuerdo con lo que marque el cuadrante de previsión de beneficios de muchos hosteleros de la ciudad, si las fiestas se hiciesen en sus locales, con sus precios y con sus normas. Entonces seguramente no habría problema alguno y estos jóvenes venidos ahora a ejemplo de irresponsabilidad y denigración, seríamos de repente buenos chicos.

Pero claro, hay quien dice que no, que el problema es que los botellones se hacen en las calles y eso es una gran molestia. Y además es un mal ejemplo. Todo esto, de repente, por arte de magia no es ninguna molestia cuando se instalan durante las fiestas grandes de Salamanca casetas en muchas calles de la ciudad en las que se vende alcohol desde primera hora de la mañana a última de la noche. Y por cierto, ahí estos estudiantes vagos y maleantes no participamos por estar en plenos exámenes.

Hipocresía para ocultar los verdaderos problemas

Pero bien, dicho esto, hay que decir también lo que ninguno de quienes han salido a la palestra estos días a descalificar a los estudiantes ha dicho. Y si alguno de ellos quiere ir al verdadero problema (que no lo creo), el verdadero problema está en esta sociedad. El alcoholismo no reside en que en cuatro días de fiestas universitarias los jóvenes hagan botellones. Eso es ridículo. El problema viene después, cuando la salida que este sistema caduco y maloliente ofrece a los jóvenes es incierta y nos condena a muchos de nosotros al paro y la precariedad. O cuando condena a muchos trabajadores, a muchos de nuestros padres, a regularizaciones laborales, condiciones precarias, despidos, deslocalizaciones… Lo estamos viendo estos días con el conflicto de astilleros, lo hemos visto constantemente en los últimos tiempos. No es casualidad que las más altas tasas de alcoholismo y drogadicción se den precisamente en los principales barrios obreros de este país que sufrieron fuertes reconversiones en las últimas décadas: la cuenca minera asturiana, barrios como Vallecas, La Calzada en Gijón, o el extrarradio de ciudades como Sevilla o Barcelona, donde la única salida que oferta este sistema a miles de nosotros es la marginación.

Los estudiantes ya sabemos, por experiencia, que tenemos que luchar nosotros mismos por conseguir un futuro digno. Sabemos también que tenemos que enfrentarnos a problemas muy serios, como el de la incertidumbre laboral al acabar los estudios, los salarios de miseria y la precariedad. Y estamos, además, acostumbrados a luchar por nosotros mismos contra todo eso, que son realmente nuestros problemas. No hemos visto a ninguno de éstos, que hoy salen a insultarnos, a nuestro lado en las manifestaciones y en las luchas que hemos protagonizado en los últimos tiempos.

Por eso tampoco nos vale que ahora salga un puñado de bienintencionados a “preocuparse” porque los jóvenes bebamos demasiado o porque eso nos afecte negativamente como personas. No necesitamos ningún “salvador” que venga a estas alturas a preocuparse por nuestros problemas y nuestro futuro desde sus pulcros despachos.

Manuel J. de la Fuente Fernández es miembro de la Ejecutiva Estatal del Sindicato de Estudiantes.