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Los medios de comunicación no se cansan de repetir cómo la familia real que tenemos el gusto de disfrutar, a parte de una honda y sincera tradición democrática se caracteriza por lo campechana y lo identificada que está con los problemas y las inquie Los medios de comunicación no se cansan de repetir cómo la familia real que tenemos el gusto de disfrutar, a parte de una honda y sincera tradición democrática se caracteriza por lo campechana y lo identificada que está con los problemas y las inquietudes del resto de los españolitos de a pie. Tanto es así que el apuesto heredero al trono se nos ha hecho mayor y como cualquier otro joven "abandona el nido paterno" para lanzarse a vivir por su cuenta; toda una aventura. Quizá no sea absolutamente cierto que sus problemas son similares a los de los hijos de las familias trabajadoras: no ha tenido que tragar con cualquier piso humilde que con grandes sacrificios se ajuste a su exiguo salario, que es lo que tendría que hacer si fuera "uno más". La nueva vivienda de Su Alteza Real cuenta con nada menos que 1.800 metros útiles (solo el dormitorio 110m2) nueve cuartos de baño, seis aseos, está adornada con cuadros de Sorolla, etc. Vamos como cualquier otra casa. Por supuesto ni que decir tiene que los 4,32 millones de euros que ha valido han sido generosamente obtenidos del erario público, de ese que es tan raquítico cuando se trata de pensiones, subsidios de desempleo, educación o sanidad pública (aunque si lo hubiera pagado de su bolsillo en el fondo el dinero habría salido del mismo sitio). Hechos como estos nos muestran la verdadera realidad de la monarquía, cuáles son sus intereses y sus condiciones de vida, digan lo que digan, absolutamente distintas de las que tenemos los trabajadores y que son las propias de la clase social a la que representan.