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El pasado mes de noviembre se celebró la IX Asamblea Federal de IU. Si casi siempre la elección de sus órganos de dirección va acompañada de una intensa sensación de crisis y ausencia de orientación, en esta ocasión tampoco faltaron los motivos para la alarma. Al último desastre electoral se sumaba la incapacidad del Consejo Político Federal para ofrecer a los militantes un programa sobre el que debatir y posteriormente elegir a la mejor dirección, con el objetivo de recuperar militancia y presencia no sólo en el Parlamento, sino fundamentalmente en la calle.

El pasado mes de noviembre se celebró la IX Asamblea Federal de IU. Si casi siempre la elección de sus órganos de dirección va acompañada de una intensa sensación de crisis y ausencia de orientación, en esta ocasión tampoco faltaron los motivos para la alarma. Al último desastre electoral se sumaba la incapacidad del Consejo Político Federal para ofrecer a los militantes un programa sobre el que debatir y posteriormente elegir a la mejor dirección, con el objetivo de recuperar militancia y presencia no sólo en el Parlamento, sino fundamentalmente en la calle.

Aunque la falta de una alternativa es el problema de fondo, el máximo órgano de dirección de IU ni siquiera fue capaz de consensuar un documento sobre el que poder debatir. Como ninguna de las fracciones en liza fue capaz de obtener una mayoría clara, decidieron que fuesen tres los documentos que se discutieran. Si habitualmente ya es difícil avanzar en la lectura de un documento, imaginémonos a nosotros mismos intentando asimilar tres textos, que luego se revelaron bastante parecidos.
La crisis interna que sufre IU no es nueva, los marxistas que militamos en IU hemos señalado en muchas ocasiones que si hay dos partidos con un programa similar, siempre es el más grande el que se lleva el apoyo mayoritario de los trabajadores y la juventud. Los últimos cuatro años así lo han demostrado. La política de IU ha llevado a la organización a apoyar al gobierno del PSOE en muchas cuestiones que no eran las correctas, quizás la más clara sea el respaldo, con muy pocas condiciones, a las medidas de inyección de dinero a la banca. La única manera de que ganar espacio al PSOE es defendiendo una política genuinamente socialista.
La posición de Llamazares dentro de IU estaba muy erosionada, su postura de "ministro sin cartera" de Zapatero no aportó ni más votos ni más influencia y en este contexto su sector se dividió en dos partes antes de la Asamblea Federal: unos se mantuvieron en sus posiciones y otros constituyeron la llamada N-II aunque sus diferencias políticas deben estar bajo siete llaves porque nadie las conoce. El PCE, aunque intenta dar una imagen más a la izquierda, tampoco ha planteado claramente cuáles son las diferencias de fondo con los llamazaristas y la N-II; todo se deja en vagas declaraciones que ayudan poco en avanzar en diferencias.

Cambalache en vez de debate

El proceso iniciado para elegir a los delegados a la asamblea Federal ya nos avanzó qué ocurriría. En la Federación de Castilla-La Mancha, concretamente en algunas provincias como en Guadalajara, se decidió que no se discutiría ninguno de los documentos, pero las enmiendas aportadas pasaron. Fue muy decepcionante escuchar a los máximos dirigentes de los sectores enfrentados decir que estaban de acuerdo entre ellos en un 80%, sin que ninguno supiera explicar en qué consistían sus diferencias. En la asamblea regional el PCE movilizó a un sector con un mensaje más de izquierdas y finalmente votaron el documento que estos habían presentado, rechazando los otros dos. La asamblea fue muy militante, sobre todo por parte de los jóvenes comunistas, pero la sorpresa vino después: en la lista de delegados para ir a la asamblea Federal aparecían destacados llamazaristas de la región. Esto provocó la indignación de muchos, pero el coordinador regional, Cayo Lara, explicó que había que ir juntos y lo mejor era el consenso. Probablemente ya sabía que sería el candidato a coordinador general y no quería enemistarse con nadie antes de tiempo.
En la Asamblea Federal había un ambiente de mucha crítica con toda la dirección. Hubo grupos de delegados que denunciaron a gritos que sólo se contara con ellos como espectadores, mientras se negociaba entre bambalinas la proporción de cada grupo en el próximo Consejo Federal. Finalmente, los tres documentos se convirtieron en uno, el del PCE con pequeñas modificaciones, y las "diferencias insalvables" se transformaron en un reparto proporcional de miembros en el Consejo Federal. Para mantener la tensión el coordinador general se elegirá en diciembre, cuando se incorporen los otros 90 miembros que se eligen en las Federaciones territoriales. Esta última medida desvirtúa completamente la democracia interna ya que la mitad del máximo órgano de dirección no se elige en la asamblea.
Podríamos preguntarnos qué valen los programas si luego son desechados o fundidos con los de otro sector sin la menor vacilación. La falta de un programa claramente enfrentado al capitalismo y la participación sin critica en todas instituciones burguesas, reduce la lucha entre los distintos sectores a matices que sólo ellos alcanzan a ver, que todo caso encubren una pugna por las cotas de poder y el prestigio dentro de organización
Es necesario levantar la bandera del socialismo nítidamente dentro de IU. Sólo así se conseguirá involucrar en la militancia activa a la juventud y los trabajadores. En este contexto de crisis del capitalismo es evidente que decenas de miles están buscando una explicación y sobre todo una alternativa revolucionaria.