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Los trabajadores necesitamos una auténtica política de izquierdas xaquin.jpg

Estas elecciones generales son una cita muy importante. La acción de gobierno del PP, su demagógica actuación desde la oposición, su nacional-catolicismo, su alianza con los sectores más retrógrados del poder judicial, las medidas que está anunciando si gana el 9 de marzo, todo evidencia que el PP es un partido reaccionario que, además, camina hacia la extrema derecha. De hecho, sus mentiras, sus insultos, su manipulación, su represión, etc. fueron factores fundamentales en la movilización de la clase obrera y la juventud que acabó por echarlo del gobierno en 2004.

Los trabajadores necesitamos una auténtica política de izquierdasxaquin_grande.jpg

Estas elecciones generales son una cita muy importante. La acción de gobierno del PP, su demagógica actuación desde la oposición, su nacional-catolicismo, su alianza con los sectores más retrógrados del poder judicial, las medidas que está anunciando si gana el 9 de marzo, todo evidencia que el PP es un partido reaccionario que, además, camina hacia la extrema derecha. De hecho, sus mentiras, sus insultos, su manipulación, su represión, etc. fueron factores fundamentales en la movilización de la clase obrera y la juventud que acabó por echarlo del gobierno en 2004.

La situación de los trabajadores sigue deteriorándose

Todos los trabajadores y la juventud nos alegramos de aquella derrota, igual que nos alegramos de las medidas progresistas tomadas por Zapatero, como la retirada de las tropas de Iraq. Pero una política de izquierdas es algo más. Una política de izquierdas es una política que distribuye mejor la riqueza. Y esto, lamentablemente, no ha ocurrido en estos últimos cuatro años. La brecha entre ricos y pobres siguió aumentando con el gobierno actual: entre el primer trimestre de 2004 y el último de 2007, el peso de los salarios en la renta nacional bajó del 48'1 al 46'4%, continuando la tendencia descendente iniciada con el PP.

Pero la situación de los trabajadores no sólo empeora en términos relativos, sino también absolutos. Entre 1995 y 2006, los salarios perdieron un 4% de su poder adquisitivo, mientras que los beneficios empresariales aumentaron un 73%. ¡Y los empresarios aún se atreven a pedirnos moderación salarial! Además, ese retroceso salarial se combina con la especulación sufrida por la vivienda y con un aumento de los precios de los alimentos muy superior al IPC. Estos son algunos de los mecanismos para trasvasar la riqueza desde los bolsillos de los trabajadores a los bolsillos de los empresarios. Los empresarios ganan más dinero que nunca precisamente porque cada vez hay más familias obreras a las que les cuesta llegar a fin de mes. El "milagro económico" español se ha basado en el aumento brutal de la explotación de la clase obrera, tanto nativa como inmigrante: precariedad, bajos salarios, accidentes laborales, jornadas prolongadas, deterioro de la sanidad y la enseñanza públicos, etc. Los trabajadores no nos beneficiamos de las vacas gordas de estos últimos años.

Subcontratación = privatización

El PP se presenta ahora como el amigo de los trabajadores, como si fuésemos tontos y ya hubiéramos olvidado que congelaron el salario mínimo, que privatizaron muchas empresas públicas, que introdujeron la privatización en la sanidad, que le dieron más dinero del presupuesto del Ministerio de Educación a la enseñanza privada que a la pública, que su ley del Suelo fue la que creó la gravísima especulación que sufre la vivienda o que el 20 de junio de 2002 tuvimos que ir a la huelga general para obligar a Aznar a retirar un decretazo brutal de reforma laboral. También fue el PP el que implantó en los astilleros públicos de Ferrol el actual modelo de subcontratación masiva y desordenada basada en la explotación salvaje de los trabajadores de las compañías auxiliares. Para lograr su objetivo, en 1999 redujo un tercio de la plantilla de Bazán y un año más tarde acabó con la propia Bazán. En 2003-04 estaba preparando una nueva reconversión, que no pudo realizar porque perdió las elecciones. Lamentablemente, el PSOE no cambió de planes y recortó otro 25% la plantilla. La única razón de esos recortes fue destruir empleo fijo y digno para sustituirlo por empleo precario, puesto que mientras por una puerta salían los prejubilados, por la otra entraban otros tantos trabajadores para engrosar las plantillas de las compañías. La diferencia es que las condiciones laborales en las compañías auxiliares son mucho peores que en la empresa principal. A consecuencia de esto, cientos de miles de euros que antes iban a los bolsillos de miles de trabajadores, ahora van a los bolsillos de unos pocos "empresarios".

A esta privatización encubierta en forma de subcontratación se suman ahora otras propuestas: la privatización pura y dura (venderle Fene al astillero vigués Barreras, como proponen los dirigentes del BNG) y otra fórmula de privatización indirecta (la cesión de instalaciones). Pero lo que no explican los defensores de tales propuestas es en qué se basan para equiparar iniciativa privada con bienestar para todos. La construcción naval vive un boom en Vigo, pero las duras movilizaciones del Metal allí demuestran que los trabajadores no se están beneficiando de él. Y, sobre todo, es de chiste que se nos pretenda hacer creer que la alternativa industrial para Ferrolterra son... ¡los empresarios de la comarca! La burguesía española es poco emprendedora, pero la ferrolana lo es todavía menos. La construcción naval existe en Ferrol desde hace más de 250 años. ¿Dónde está la iniciativa del empresariado local en todo este tiempo? ¿Dónde están sus inversiones industriales? En ningún lado porque ni las hubo ni las habrá. De hecho, cuando a principios del siglo XX los astilleros fueron privados, el capital era inglés. También los veinte años de reconversión naval vieron la desaparición de prácticamente todas las iniciativas privadas de reindustrialización, después de haberse embolsado las generosas ayudas públicas establecidas en los diferentes planes de reindustrialización (ZUR, ZID, etc.). Los empresarios locales son una banda de explotadores que viven de robar a los trabajadores y de parasitar el Estado para chupar dinero público. ¡Así es empresario cualquiera! Si el futuro de Ferrolterra depende de estos "emprendedores", como algunos les llaman ahora, la llevamos clara. La revitalización económica de la comarca sólo puede venir de la iniciativa pública.

Por una auténtica política de izquierdas

Los trabajadores tenemos que aprovechar las elecciones del 9 de marzo para dejar claro con nuestro voto que no estamos satisfechos, que queremos una política de izquierdas de verdad. No se puede combatir a la derecha aplicando la misma política económica que ella. Éste es precisamente el peor error de los socialdemócratas: se limitan a una política de reparto "más justo" de la miseria y provocan la apatía del electorado de izquierdas, lo que le abre el paso al PP.

Zapatero llegó al poder gracias a una movilización extraordinaria de la juventud y la clase obrera, que empezó en 2001 con la lucha contra la LOU (Ley Orgánica de Universidades) y continuó con la huelga general y el Prestige (2002) y la guerra de Iraq (2003), hasta culminar en las elecciones generales de 2004. Zapatero pudo apoyarse en la fuerza de ese inmenso movimiento para impulsar con decisión una política económica totalmente diferente a la del PP, una política que atacase los intereses de la banca y las grandes empresas, y que defendiese los intereses de los trabajadores, pero desaprovechó la oportunidad. Su política económica es similar a la del PP. Y retiró las tropas de Iraq, pero a continuación se plegó a los intereses del imperialismo aumentándolas en Afganistán y enviándolas al Líbano.

También aquí se percibe el retroceso general de los derechos democráticos. Particularmente grave  es la aplicación de la ley antiterrorista a trabajadores por luchar por sus derechos, como los sindicalistas asturianos Cándido y Morala (que incluso llegaron a ser encarcelados, tras ser detenidos ante sus familias en plena calle como si fuesen delincuentes peligrosos) o un trabajador de Izar-Gijón. El "giro al centro" de Zapatero en la última etapa de la legislatura también se refleja en el acercamiento a la derecha nacionalista.

El estrechamiento del margen de maniobra, debido al empeoramiento de la situación económica, puede provocar que un futuro gobierno del PSOE profundice este giro a la derecha. La mejor manera de evitarlo es que exista una fuerza de izquierdas capaz de movilizar a los trabajadores para demandarle que cumpla sus promesas. Por eso creo que la mejor opción que tenemos los trabajadores en estas elecciones es Izquierda Unida, de cuya candidatura por A Coruña formo parte.

Trabajo en Navantia desde hace 27 años, fui miembro del comité de empresa y soy un dirigente del Sector Crítico de CCOO. No oculto lo que pienso: pertenezco a la Corriente Marxista EL MILITANTE y creo en la lucha de clases, no en los consensos con la derecha o la patronal.

Toda la historia enseña que los derechos de los trabajadores se conquistan luchando contra el capital y que los pactos con él sólo traen retrocesos. El consenso es la trampa que la derecha y los empresarios nos tienden cuando se sienten débiles. Porque cuando se sienten fuertes, no hay consensos que valgan e intentan imponer sus criterios. Cuando el PP gobernaba, acusaba a quien discrepase de su política antiterrorista de ser cómplice de ETA porque, supuestamente, no se podía hacer política con el terrorismo. Pero fue llegar a la oposición y pasarse cuatro años utilizando constantemente el terrorismo para desgastar al PSOE. Para la derecha, el consenso es una fórmula para maniatar a la izquierda: ¡sólo hay consenso cuando se hace lo que ellos quieren!

El consenso no tiene sentido porque no existen intereses comunes a empresarios y trabajadores, no existen intereses comunes a toda la sociedad, ni a toda Galicia o toda la comarca. Y no existen porque los beneficios empresariales son el trabajo no pagado a los obreros y, por tanto, los intereses de empresarios y trabajadores son absolutamente incompatibles en todo momento y lugar, siempre. Que no nos engañen con cantos de sirena: los trabajadores tenemos que luchar exclusivamente por nuestros propios intereses, tenemos que apoyarnos en nuestras propias fuerzas y tenemos que aprovechar las situaciones favorables para avanzar sin complejos y golpear sin vacilación a los empresarios y la derecha. Si no actuamos así, ellos se pondrán contentos, pero no lo agradecerán; al contrario, nuestra debilidad los invitará a agredirnos. Es lo que le acaba de pasar a Zapatero con la Iglesia católica.

Diputado obrero, sueldo obrero

En la lucha de clases, el papel de los representantes de la izquierda en el Parlamento es ponerlo al servicio de los trabajadores, para que las instituciones sirvan como altavoz y apoyo a nuestras luchas. Por eso es importante que esos representantes se mantengan en contacto con sus votantes, igual que un sindicalista no puede limitarse a reunirse con la patronal, sino que tiene que pisar el tajo, tiene que estar en contacto permanente con los trabajadores. En coherencia con estas ideas, cuando estuve en el comité de empresa, los dos delegados de CCOO que pertenecíamos al Sector Crítico éramos los únicos miembros del comité que acudíamos todos los días a nuestros puestos de trabajo.

Los marxistas creemos que hay que participar en política, pero rechazamos la política oficial, que se concibe como una oportunidad para hacer carrera y alcanzar unas condiciones de vida superiores a las de los trabajadores, rechazamos que los cargos se conviertan en fuente de privilegios para quien los ocupa, rechazamos hacer de la política o del sindicalismo una profesión. No creemos en la política y el sindicalismo ilustrados ("todo para los obreros, pero sin los obreros"), sino en el compromiso con la causa de los trabajadores y en el proyecto colectivo. Ya Marx explicó que las condiciones de existencia determinan la conciencia. Por eso un parlamentario de izquierdas no debe cobrar un salario superior al de un trabajador cualificado. Un diputado obrero tiene que tener un sueldo obrero; si tiene un sueldo burgués, acabará pensando como ellos.

Votar no es suficiente

Pero a la vez que decimos que votar es importante, también decimos que no es suficiente. Lo ideal sería que los trabajadores eligiésemos a unos representantes (en el Parlamento, el ayuntamiento o el comité de empresa) y que eso bastase para que nuestros problemas se solucionasen. Pero esto no es así. A los trabajadores nunca nadie nos regaló nada. Todo lo tuvimos que conquistar con nuestro sacrificio y nuestra movilización. Por eso los problemas que sufrimos los tenemos que solucionar nosotros mismos. Nadie los solucionará por nosotros porque los problemas de los trabajadores no se solucionan convenciendo a la otra parte de que nuestras reivindicaciones son justas, sino luchando, y la lucha exige la participación y el esfuerzo de todos.

Por supuesto, es mejor que haya una buena ley (o un buen convenio), pero esto por sí solo no basta. ¿O acaso no hay muchas empresas que violan las leyes laborales y el convenio todos los días? Para que nuestros derechos sean respetados tenemos que tener la fuerza suficiente para obligar a los empresarios a que los respeten cada día. Y esa fuerza sólo la podemos obtener si estamos organizados y dispuestos a luchar. Como dijo Marx, "sin organización, los trabajadores sólo son carne de explotación". Tenemos que reconstruir el poder de los trabajadores dentro de las fábricas. No es el camino más fácil, pero es el único que logrará que volvamos a avanzar.

Socialismo o barbarie

Sí, hemos retrocedido, hemos perdido derechos y conquistas, pero no a causa de nuestra debilidad. Los trabajadores y la juventud hemos dado sobradas muestras de nuestra fuerza para derrotar a la derecha, tanto en las urnas como en la calle. El punto débil es que los dirigentes de las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda no tienen una alternativa frente al capitalismo. Por eso la derecha y los socialdemócratas practican en esencia la misma política económica: que los trabajadores paguemos los platos rotos de la crisis.

Los marxistas sí tenemos una alternativa al capitalismo. Por eso no nos resignamos a las privatizaciones, a las deslocalizaciones, a los recortes de las pensiones y del desempleo, a la precariedad, a la especulación de la vivienda, etc. Este no es el único mundo posible. Hoy hay suficientes recursos económicos y técnicos para que el hambre, la pobreza, el desempleo y el resto de las lacras que sufre la humanidad desaparezcan. Lo único que lo impide es este sistema, basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la búsqueda del beneficio privado para una ínfima minoría social privilegiada, un sistema no sólo injusto, sino que empieza a ser una amenaza para el propio planeta.

La contradicción entre los intereses de esa minoría y los intereses de la inmensa mayoría de la humanidad se va a agudizar. La única manera de resolverla es que toda la riqueza creada por los trabajadores sea puesta al servicio de la inmensa mayoría de la sociedad, lo que significa expropiar a los capitalistas, sacarles el control político y económico de la sociedad nacionalizando las palancas fundamentales de la economía para ponerlas bajo control obrero.

Algunos dirán: "es una utopía, hay que ser realistas". Pero los marxistas les replicamos: lo verdaderamente utópico es creer que hay solución bajo el capitalismo; y lo verdaderamente realista es comprender que la única alternativa es luchar para transformar la sociedad porque los problemas no se solucionan con parches, sino yendo a su raíz.

Los tiempos están cambiando. Ya no se habla de la crisis del socialismo, sino de la crisis del capitalismo, que es tan grave que ya afecta a los EEUU, la principal economía del mundo. El peor utópico es quien se niega a aceptar esta realidad. Hoy más que nunca el dilema es: socialismo o barbarie.

El resultado va a depender de que los trabajadores seamos capaces de construir una corriente marxista internacional que logre que las ideas del marxismo revolucionario vuelvan a ser las que inspiren la acción de las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda, a fin de que cumplan la función para la que fueron creadas: ser herramientas de la clase obrera en su lucha contra el capital. Si estás de acuerdo con estas ideas, te animo a que te unas a EL MILITANTE para contribuir a difundirlas y luchar contra el capitalismo.

Carta abierta en PDF en castellano

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Entrevista con Xaquín García Sinde en castellano

Entrevista con Xaquín García Sinde en gallego