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Se ha convertido en algo francamente difícil apreciar una diferencia nítida entre los aspectos centrales de la política del gobierno PSOE y la defendida por IU. Medidas netamente antiobreras están siendo aplicadas con el apoyo explícito o el silencio Se ha convertido en algo francamente difícil apreciar una diferencia nítida entre los aspectos centrales de la política del gobierno PSOE y la defendida por IU. Medidas netamente antiobreras están siendo aplicadas con el apoyo explícito o el silencio cómplice del grupo parlamentario liderado por Gaspar Llamazares. Como mucho, y muy excepcionalmente, en temas tan evidentemente intragables como la Ley de la Memoria Histórica, se plantea una descafeinada crítica desganada que nunca amenaza con la convocatoria a una movilización seria, única posibilidad de obligar a retroceder al gobierno de ZP.

Podemos confeccionar una larga lista de ejemplos, comenzando con la contrarreforma laboral, pasando por la reforma educativa bautizada como LOE, los presupuestos generales, hasta las mal llamadas políticas de inmigración, para acabar con la inminente intervención imperialista en el Líbano.

En definitiva, en aspectos decisivos donde inevitablemente entran en conflicto los intereses de la clase obrera con los del gran capital, la política procapitalista de la dirección del PSOE ha sido respaldada por IU.

Sobre el apoyo a la intervención imperialista en el Líbano

Separar la forma del fondo nos servirá para profundizar en esta idea. Si atendemos a las declaraciones de su coordinador general, IU respaldará “con condiciones el despliegue de tropas españolas en el Líbano”. Entre dichas condiciones señala que se trate de “una fuerza neutral de paz”, “que no se inmiscuya en los asuntos internos del Líbano”, “que permanezca bajo la única autoridad y mandato de la ONU”, etc.

Pero si vamos a la cuestión de fondo, la intervención militar de los cascos azules no es más que un nuevo despliegue de tropas para defender los intereses del imperialismo europeo, que pretende hacer oír su voz, su débil voz, en una zona estratégica. Tendrán que esforzarse más para convencernos de que el imperialismo francés, con su sangriento currículum en África, ha perdido su carácter de rapiña y se ha vuelto neutral. El espíritu de paz del que Llamazares cree capaces a los gobiernos al frente del envío de tropas al Líbano, ¿en qué se sustenta? ¿Será la humanitaria expulsión de 25.000 familias trabajadoras que acaba de aprobar el gobierno francés de Villepin?, ¿o quizás el trato “humanitario” que el gobierno español da a nuestros hermanos africanos en su huida de la miseria? ¿Puede alguien a estas alturas defender sinceramente que la ONU, que ha sido incapaz de hacer cumplir sus tibias resoluciones sobre Palestina, que legalizó la primera guerra de Iraq y demostró su absoluta impotencia para impedir la segunda, será una garantía de paz?

Lamentablemente, la deriva derechista de la dirección de Izquierda Unida, incluyendo su vergonzoso apoyo al despliegue de tropas imperialistas en Líbano, no es contestada con contundencia por la dirección del PCE. Atendiendo a los comunicados públicos, el PCE “condiciona la participación española a la retirada del ejército israelí y un alto el fuego total” —condiciones estas dos que, en el papel al menos, parecen estar a punto de cumplirse—. El PCE exige, además, que sea Israel quien pague los destrozos causados por la guerra y la liberación de los presos palestinos, a la vez que propone que el gobierno de España inicie de inmediato actuaciones en Naciones Unidad, UE y otros foros internacionales para conseguir estos objetivos.

Hay que oponerse,

pero con una genuina posición comunista

Toda la experiencia de las últimas décadas en Oriente Medio ha demostrado sobradamente que los compromisos que la dirección del PCE exige al imperialismo estadounidense y su aliado sionista en la zona, no se conseguirán nunca a través de las artes dialécticas de elegantes y educados diplomáticos, si no a la organización de movilizaciones masivas de nuestra clase con un programa independiente.

Esto nos lleva a que, incluso en el improbable escenario de un cumplimiento de estas condiciones a través de las actuaciones del gobierno PSOE, que desde luego implicarían avances para el pueblo palestino y libanés, finalmente se apoyaría el envío de tropas extranjeras.

Y esta postura, yendo nuevamente al fondo del asunto, olvida el mismo aspecto central que la dirección de IU: esto es, que la diferencia fundamental entre los imperialistas estadounidenses y europeos, no está en que los segundos sean más buenos, justos o pacíficos, sino más débiles.

Es útil recordar el análisis que los marxistas hicimos sobre el auténtico motivo de la oposición del imperialismo alemán y francés a la segunda guerra de Iraq. Entonces, explicábamos que dicha negativa no se sustentaba en sentimientos humanitarios, sino en el temor de que su más poderoso y temible competidor, el imperialismo estadounidense, se fortaleciera aún más en una zona estratégica.

Hoy, sectores de esa misma burguesía europea, a través de gobiernos de diferente signo político, se declaran dispuestos a trasladar tropas. ¿Gastar millones de euros y la posibilidad de un desgaste político a cambio de nada? El capitalismo no funciona así. Los evidentes riesgos que esta intervención militar conlleva son el precio que están dispuestos a pagar para exigir frente al imperialismo estadounidense el derecho a opinar, a decidir, en definitiva, necesitan garantizar la presencia de los intereses del imperialismo europeo en una zona clave.

La bancarrota del capitalismo no basta,

es indispensable una dirección revolucionaria

Una genuina posición comunista es incompleta si acaba en la denuncia de la criminal agresión del sionismo israelí, tarea en la que el PCE ha destacado gracias a la actitud militante y combativa de muchos camaradas. El Partido debe ir a la raíz del problema, explicando que el capitalismo necesita para sobrevivir la existencia de monstruos como los gobiernos de Israel o EEUU. Un sistema tan corrupto e injusto como éste, sólo puede perpetuarse en zonas como Oriente Medio a través de la más salvaje opresión. Pero los opresores no se encuentran solamente al otro lado de Río Grande o de las fronteras del Líbano. En Europa, los servidores del gran capital, ya sean alemanes o franceses, italianos o españoles, no han dudado en destruir Yugoslavia para empapar nuevamente en sangre los Balcanes. Su rapiña de materias primas y empresas estatales no sólo condena a millones de africanos y latinoamericanos a la más terrible de las existencias, luego los trata como delincuentes cuando emigran en busca de unas migajas de prosperidad. El pueblo libanés encuentra a sus más crueles verdugos en Israel y EEUU, pero no puede tener ninguna esperanza en que los capitalistas europeos, enemigos también de los oprimidos, puedan ayudar a su emancipación. La diferencia no la marca la nacionalidad del uniforme que lleva el soldado que sujeta el fusil, sino la política y los intereses de clase que defienden los gobiernos que envían esas tropas.

Probablemente, a quienes reivindicamos la transformación socialista de Oriente Medio, ya que sólo destruyendo el capitalismo se podrán liberar sus pueblos, nos acusarán de utópicos. Pero, responderemos que, y a las pruebas nos remitimos, la más cruel de las utopías han sido las promesas de “pacificación” que han venido de manos imperialistas, sin importar a que lado del océano Atlántico se encuentren.