Corriente Marxista Internacional

Los días 24, 25 y 26 de junio se ha celebrado en Madrid el XVII Congreso Federal del PCE. El contexto político era diferente a anteriores ocasiones tras la derrota electoral de la derecha después de un profundo y masivo movimiento de la clase obreray Los días 24, 25 y 26 de junio se ha celebrado en Madrid el XVII Congreso Federal del PCE. El contexto político era diferente a anteriores ocasiones tras la derrota electoral de la derecha después de un profundo y masivo movimiento de la clase obrera y la juventud que posibilitó la victoria del PSOE.

En este congreso el debate estaba centrado en el papel del partido, en la crisis de IU después del fracaso electoral, la formación del grupo parlamentario Izquierda-Verde y su apoyo casi incondicional a la política del gobierno. Pero también estaba presente la necesidad de que el PCE recupere todas sus atribuciones como partido, puesto que el nacimiento y desarrollo de IU no sólo ha supuesto la renuncia a concurrir a las elecciones, sino la práctica desaparición del PCE como una alternativa nítida e independiente en la lucha de clases.

Bajo nivel de participación y enmiendas ‘irregulares’

Tratándose de la reunión más importante que una organización obrera puede celebrar, el bajo interés de casi la mitad de los delegados por el debate político no puede dejar de ser un síntoma altamente preocupante de la salud del partido. De los 708 delegados acreditados —731 estaban convocados—, la participación en las comisiones de debate de los documentos no superó la cifra de 350. Este dato contrasta vivamente con los 691 delegados que sí participaron en la elección de los organismos de dirección, poniendo sobre la mesa la siguiente realidad: casi 340 delegados no consideraron necesario opinar sobre la orientación política del partido pero sí sobre quién debe llevar a la práctica dicha orientación.

Desde la convocatoria del Congreso hace ya unos meses, el debate estuvo marcado por el posible enfrentamiento entre Paco Frutos, actual y anterior secretario general, y, Felipe Alcaraz, responsable de la federación andaluza, la más grande del partido. Las discrepancias políticas entre estos dos máximos dirigentes se concretaron en la VIII Asamblea Extraordinaria de IU celebrada el pasado diciembre, cuando el sector aglutinado en torno a Frutos presentó una lista crítica al coordinador general de IU, Gaspar Llamazares. De forma muy tímida, insuficiente y confusa —de hecho no presentaron un documento político alternativo— el sector liderado por Frutos presentó una crítica a la deriva derechista de IU, que en la práctica no se ha concretado en ninguna acción seria desde la dirección del partido para empujar a IU hacia la izquierda. Lo más chocante de aquella asamblea es que si Llamazares pudo superar la situación de extrema debilidad en la que quedó, por la presentación de la lista alternativa propiciada por Frutos y Enrique de Santiago, fue gracias al apoyo que recibió de quienes se aglutinan en torno a Felipe Alcaraz.

Pocos meses después de este enfrentamiento, las alianzas cambian de dirección y sin la más mínima explicación política, Frutos y Alcaraz han encabezado la lista conjunta que ha conseguido el 80,7% en el XVII Congreso. El pacto se urdió a espaldas de los delegados y de la militancia, auténtica convidada de piedra en estas maniobras, tal como se puso de manifiesto cuando una vez constituida la mesa presidencial la primera decisión que adoptó el plenario del Congreso fue modificar los estatutos para crear la figura política de un presidente ejecutivo, cargo para el que se propuso a Felipe Alcaraz. En medio de un pobre debate político la mayor actividad del Congreso se centró en la elaboración de listas para acoplar a los diferentes sectores del aparato en los órganos de dirección. Pero el rumbo del partido permanece igual de incierto y confuso.

Es indispensable una dirección revolucionaria con un programa comunista

Cuando desde las páginas de El Militante analizábamos los resultados electorales de las últimas elecciones generales, destacábamos una contradicción: IU obtenía un retroceso de dimensiones históricas en un momento de giro social a la izquierda. Explicábamos entonces que, a nuestro entender, la debilidad de IU no se debía a factores externos como la falta de conciencia de la clase o la juventud, sino a la falta de un programa realmente alternativo y anticapitalista por parte de la dirección.

Salvando todas las distancias, en el PCE, esta misma contradicción adquiere aún más trascendencia. En pocos años sectores masivos de la sociedad pueden observar con sus propios ojos cambios trascendentales. Cómo han cambiado las cosas desde la caída del muro, que desde los medios de comunicación burgueses fue traducida en la muerte del comunismo, a la actualidad, cuando el imperialismo estadounidense se enfrenta por primera vez desde Vietnam a una derrota, cuando procesos revolucionarios como el venezolano y boliviano incendian América Latina, las huelgas generales de Austria, Grecia, España o Francia son una realidad en Europa, o asistimos al no francés y holandés a la Constitución de los capitalistas europeos. Después de un período de aislamiento y retroceso, el movimiento político de la sociedad cambia y gira a la izquierda.

Sin embargo, a pesar de todo ello, los últimos años no han supuesto una recuperación del PCE, no hay más afiliados, no hay más vida interna, no hay más entusiasmo, no hay una significativa presencia organizada en la calle, en la lucha de clases.

La cuestión clave es que, en un ambiente más favorable a una alternativa comunista, hay que resolver de una vez por todas las graves contradicciones del partido, que hunden sus raíces en la debilidad política y que hacen dudar del genuino carácter comunista de la dirección.

Por ejemplo, hablando de IU, tenemos que preguntamos cómo es posible que teniendo el PCE la mayoría en sus órganos de dirección, IU votara a favor de unos Presupuestos Generales para el 2005 que continúan la política antiobrera del PP. También podemos preguntarnos por qué si el partido define en sus materiales políticos que la ONU es un instrumento al servicio del imperialismo a la vez vota a favor del envío de tropas de la ONU a Haití.

La mayoría de la que los comunistas disfrutan en IU debería impregnar su discurso y actividad de un contenido revolucionario, y si esto no es así parece lógico girar la mirada hacia el PCE, preguntándonos si no es ahí donde está el problema, donde está la falta de una alternativa, de un programa y de unos métodos revolucionarios.

Muchos militantes constatamos que la actual dirección no quiso llevar una política comunista a una coalición en la que está en mayoría. El congreso que acaba de finalizar no ha resuelto esta situación. La debilidad política de la alternativa comunista en IU, CCOO, en el movimiento juvenil, en todas las esferas de la lucha de clases, es un reflejo de la debilidad política en la que está sumido el propio PCE. Baste un dato, en ninguna de las más de 40 páginas que ocupan los textos políticos del congreso aparece el programa de la revolución socialista y, las enmiendas destinadas a suplir esa carencia, que camaradas de varias zonas del Estado presentamos, fueron rechazadas.

Ahí esta la clave, el fortalecimiento del Partido pasa por la recuperación del programa y método del marxismo, del genuino comunismo. Esa será la piedra angular para resolver nuestras debilidades políticas, organizativas y numéricas.

Bárbara Areal

Delegada al Congreso Federal


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