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Los próximos 24, 25 y 26 de junio se celebrará en Madrid el XVII Congreso del Partido Comunista de España. Creemos que este congreso tiene lugar en un momento extraordinariamente propicio para la extensión de las ideas comunistas entre el movimientoo Los próximos 24, 25 y 26 de junio se celebrará en Madrid el XVII Congreso del Partido Comunista de España. Creemos que este congreso tiene lugar en un momento extraordinariamente propicio para la extensión de las ideas comunistas entre el movimiento obrero y la juventud. En la escena internacional vemos como el imperialismo se encuentra empantanado en Iraq, incapaz de vencer a la resistencia del pueblo iraquí, a pesar de su poderosa maquinaria militar. De una punta a otra del continente latinoamericano las masas de trabajadores y campesinos se agitan y rebelan contra la opresión, y encuentran en la Venezuela Bolivariana un referente, cada vez más claro, en su lucha contra el capitalismo. En el propio Estado español hemos visto la fortaleza y la combatividad de la clase trabajadora y la juventud, que con sus masivas movilizaciones, desde el 20-J al 13-M, barrió literalmente al gobierno reaccionario del PP.

El PCE puede y debe dotar a este potente movimiento entre la clase de una expresión organizada, de un programa para la transformación social. Sin duda, en las tesis políticas para el congreso hay avances en este sentido, como cuando se señala el papel del imperialismo en la llamada “globalización neoliberal” o se dice que en última instancia el Consejo de Seguridad de la ONU es un instrumento al servicio del imperialismo. También es de destacar la crítica que se hace a la trayectoria histórica de IU, de la que se dice que “no es ni movimiento político social ni un buen partido”, o que “actualmente, IU no tiene en la práctica un discurso político adecuado a la situación actual”, en referencia a la ausencia de un política de clase nítidamente diferenciada de la del PSOE.

Por una política de independencia de clase

Sin embargo, las tesis políticas demuestran las debilidades y limitaciones precisamente allí donde la claridad ideológica es más necesaria: en la concreción del trabajo cotidiano y práctico de los comunistas dentro del movimiento. Cuando se habla de la política de alianzas el documento dice que “con la derecha (...) difícilmente puede haber otros acuerdos que no sean los de la defensa de la libertad y la democracia”. Esto es un grave error, porque como demuestra la actitud del PP en los atentados del 11-M, por citar sólo un ejemplo cercano y evidente, los intereses políticos de la burguesía y sus representantes están en absoluta oposición con los de los trabajadores también en el terreno de los derechos democráticos.

En la tesis dedicada al mundo del trabajo podemos leer como se defiende el papel del parlamento en la resolución de las huelgas o la “normalización” dentro del CCOO (es decir, la integración del Sector Crítico en los oficialistas). De este modo se ataría a los comunistas, que deberíamos ser la vanguardia del movimiento sindical, tanto a las decisiones del Estado burgués del que el parlamento forma parte, como a los elementos más derechistas dentro del sindicato, que han demostrado no ser más que un obstáculo para las luchas de los trabajadores. También vemos como en la propuesta de estatutos se mantiene la sumisión del PCE a las decisiones de IU, negándosele al PCE el derecho a dirigirse directamente con su programa a la clase obrera y la juventud.

Si queremos reforzar la influencia de los comunistas en el próximo periodo es necesario volver a los métodos que en el pasado, durante los difíciles años de la dictadura, permitieron al PCE convertirse en la principal fuerza de la izquierda en militancia y en el movimiento obrero. Hay que llevar la alternativa comunista a cada barrio, a cada fábrica y centro de estudios, hay que volver a fusionar al PCE con la clase obrera y convertirlo en el vehículo para la consecución de sus más preciadas aspiraciones. Hay que poner el trabajo sindical, vecinal y entre los movimientos sociales como el centro de la actividad de los comunistas y subordinar a ello el trabajo parlamentario en las instituciones, que por supuesto es importante. Para ello es necesario dotar al PCE con una genuina política revolucionaria, de independencia de clase e internacionalista, que se inspire en los principios fundamentales del marxismo.

Jorge Sancho

Miembro de la Agrupación

de Enseñanza del PCM