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La asamblea extraordinaria de Izquierda Unida se produce en un momento de máxima crisis interna. A la derrota electoral se suma la bancarrota financiera, y la falta de participación de la militancia, no sólo en los debates políticos sino en la escasa La asamblea extraordinaria de Izquierda Unida se produce en un momento de máxima crisis interna. A la derrota electoral se suma la bancarrota financiera, y la falta de participación de la militancia, no sólo en los debates políticos sino en la escasa actividad pública de la organización.

Los delegados y delegadas que en este proceso hemos presentado una alternativa marxista nos hemos agrupado en la corriente Izquierda Roja, pues sólo con un giro radical hacia la izquierda se podrá empezar a salir del agujero.

Bárbara Areal

Delegada a la Asamblea Federal

En el documento mayoritario de la dirección federal, concretamente en el apartado IU: aciertos y errores en el nuevo ciclo, podemos leer lo siguiente: “la pregunta que da sentido a esta convocatoria de Asamblea Extraordinaria tiene que ver con resolver una aparente paradoja: hemos asistido al mayor ciclo de movilizaciones de nuestra historia reciente y sin embargo IU no ha materializado sus buenas expectativas en unos resultados electorales dignos”. Aunque aparenta ser un buen inicio para afrontar el debate, una vez enunciada la pregunta hay que responderla y es en ese momento cuando empiezan las discrepancias fundamentales.

Para la dirección, la solución a esa paradoja “debemos buscarlas en el impacto estructural y subjetivo que dos décadas de políticas y discursos hegemónicos neoliberales han producido en los sectores populares”. Enfocar así esta cuestión, a nuestro modo de entender, es intentar descargar de responsabilidades a quién más las tiene. De hecho, antes de responsabilizar a la clase obrera y la juventud por no resistir el empuje “del discurso neoliberal”, sería necesario reflexionar sobre la política desarrollada por las direcciones reformistas de la izquierda y los sindicatos. Desde hace dos décadas ha sido precisamente en las cúpulas de las organizaciones tradicionales de los trabajadores dónde con más fuerza ha penetrado el discurso de la burguesía: recordemos la ruptura por la derecha que la propia IU con López Garrido o Cristina Almeida; reconozcamos también los constantes pactos sociales firmados por los dirigentes de CCOO y UGT con el gobierno de la derecha y la escasa o nula oposición desde la dirección de IU a esta deriva sindical hacia la desmovilización.

Toda la política de las direcciones de la izquierda supusieron un fuerte obstáculo para organizar la respuesta a las agresiones de la burguesía y la derecha. Sin embargo, el movimiento desde abajo y, en muchas ocasiones desbordando a las propias direcciones políticas y sindicales de la izquierda, impuso su sello en los acontecimientos: huelgas estudiantiles contra la LOU y la LOCE, huelga general del 20-J, movimiento ciudadano contra el desastre del Prestige, movilizaciones de masas contra la guerra y por supuesto los acontecimientos del 12 y 13 de marzo tras los atentados terroristas de Madrid.

¿Qué hay que cambiar en IU?

La dirección de IU está obsesionada con los colores: ¡Morado, blanco y verde! ¡Ésa es la solución! Habría que preguntarse porque se quiere presentar como novedoso para la izquierda transformadora algo que realmente no lo es. Si recorremos la historia del movimiento revolucionario y sus organizaciones veremos como la lucha por la emancipación de la mujer trabajadora, la reivindicación de un mundo sin guerras o la denuncia la sistemática degradación del medio ambiente por parte del capitalismo, están presentes desde hace más de un siglo. Lo que realmente hay de novedoso detrás de este arco iris propuesto por la dirección es asimilarnos a modelos de la “izquierda” europea como los Verdes alemanes, organizaciones que bajo una falsa “defensa” de la ecología, el feminismo o el pacifismo, apoyan a la socialdemocracia en sus aventuras bélicas imperialistas o en los recortes sociales contra los trabajadores. Izquierda Roja, por el contrario, apuesta por una IU genuinamente revolucionaria que vuelva a levantar un programa de clase, combativo y socialista, dónde lo que prime es nuestra intervención en la lucha de clases y la organización de los trabajadores y la juventud bajo estas banderas.