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Por la defensa del marxismo revolucionario en IU y en el movimiento de masas

Los días 26 y 27 de junio Corriente Roja celebró su II Encuentro Estatal. La reunión tuvo un carácter trascendental, pues en ella se decidió la orientación estratégica y política de Corriente Roja, orientación que desde nuestro punto de vista supone un error de grueso calado.

La decisión de plantear la salida de Izquierda Unida, plasmada a lo largo del documento titulado “Construir la oposición al nuevo gobierno, convertir a Corriente Roja en el motor del bloque de a izquierda”, va más allá de la lucha contra el programa reformista y los métodos organizativos practicados por la dirección de IU desde su fundación, batalla con la que los firmantes del presente texto estamos plenamente comprometidos.

La lucha de la clase obrera por dotarse del instrumento político para su emancipación recorre los últimos 150 años. Para lograr el derrocamiento del sistema capitalista necesitamos de un partido obrero independiente de la burguesía que, armado con las ideas del socialismo científico y del internacionalismo proletario, agrupe no sólo a la vanguardia, sino también a las masas de la clase trabajadora. En el proceso histórico de construcción de este partido, las dificultades que se han presentado a los marxistas consecuentes han sido gigantescas, y la lucha contra las ideas del reformismo -o lo que es lo mismo, a la subordinación de la acción política de los trabajadores a los intereses de la burguesía- ha sido una constante. Hasta cierto punto, la degeneración reformista de las organizaciones de masas se remonta a los tiempos de los fundadores del socialismo científico. Marx y Engels tuvieron que librar muchas batallas contra el oportunismo y el reformismo en el seno del movimiento socialdemócrata alemán en la década de los 70 del siglo XIX. La expresión teórica de esas luchas quedó plasmada en textos como Crítica del programa de Gotha y Crítica del programa de Erfurt, que constituyen joyas del arsenal político marxista. Pero el combate no se detuvo ahí.

La lucha de Lenin y los bolcheviques por la construcción del partido revolucionario de los trabajadores está llena de enseñanzas. La primera y más valiosa es que los bolcheviques, al tiempo que mantenían una implacable defensa de las ideas del marxismo revolucionario, nunca temieron participar en el movimiento real de la clase obrera. Eso les llevo a participar energicamente allí donde los trabajadores se organizaban y se expresaban: Desde los sindicatos organizados por la policía zarista, los famosos sindicatos “Zubatov”, dentro de organizaciones donde la degeneración reformista había alcanzado cotas significativas (la II Internacional, el propio POSDR, donde convivieron con el ala menchevique), en los parlamentos zaristas, en los seudoparlamentos democráticos tras la revolución de febrero, en los sóviets controlados por los mencheviques y los eseristas. Incluso en la estrategia hacia la toma del poder no rehuyeron llegar a acuerdos con fuerzas reformistas a las que combatían políticamente (por ejemplo, los comités de defensa de la revolución, que integraban junto a los mencheviques y eseristas en agosto del 17 frente al intento contrarrevolucionario de Kornílov). De esta manera, en la práctica y no con discursos histéricos sobre la traición de los dirigentes, los bolcheviques ganaron a la mayoría de la clase obrera. Precisamente toda su actuación estuvo presidida por una máxima: arrancar a la mayoría de los trabajadores de la influencia perniciosa de los lideres reformistas sólo puede lograse a través de un trabajo paciente, sistemático y enérgico entre los trabajadores, sus organizaciones y organismos de lucha. Como Lenin señaló en numerosos escritos, el trabajo estratégico de los comunistas, de los marxistas revolucionarios, es esencialmente la lucha por la dirección de las masas.

Si señalamos estas cuestiones previas es porque pensamos sinceramente que los argumentos políticos plasmados en el documento de la coordinadora estatal son una guía para la conformación de... un nuevo grupo que, de constituirse, subsistirá en la periferia del movimiento obrero, pero que por su propia declaración de intenciones políticas no logrará penetrar solidamente en él.

La situación política tras la caída del PP

Los acontecimientos políticos que sucedieron a la terrible masacre perpetrada el 11-M demostraron que cuando nuestra clase se pone en marcha despliega una poderosa fuerza capaz de cambiar gobiernos, desafiar la legalidad burguesa e imprimir su propio sello en la sociedad. Cuando la indignación por el asesinato de decenas de trabajadores y jóvenes inocentes se combinó con la comprensión política de que estábamos ante la consecuencia directa de la implicación del gobierno del PP en la masacre imperialista de Iraq, cientos de miles de jóvenes y trabajadores en todo el Estado pasaron a la acción directa, en la calle y en las urnas. No hubo convocatoria pública y notoria por parte de los dirigentes del PSOE, IU, CCOO o UGT. Pero la ausencia de los dirigentes reformistas de las organizaciones de la izquierda fue sustituida por un magnífico instinto de clase que se sustentaba políticamente en las valiosas lecciones extraídas de las luchas que marcaron los últimos años de gobierno PP: la maravillosa y combativa huelga general del 20-J, la catástrofe del Prestige, las manifestaciones masivas contra el Plan Hidrológico Nacional, la lucha estudiantil contra las contrarreformas educativas del PP (LOU, LOCE) y el movimiento de masas contra la guerra de Iraq.

Ahora, tanto la burguesía, a través de sus medios de comunicación, como los propios dirigentes del PSOE quieren borrar de nuestra memoria estos acontecimientos. Las conclusiones que sectores importantes de la clase obrera han sacado acerca de su fuerza y la efectividad de su lucha para arrancar concesiones, sobre su peso decisivo en el conjunto de la sociedad, capaz de cambiar resultados electorales o desarticular la manipulación informativa de la televisión, sobre el carácter sangriento del imperialismo o la inutilidad de la ONU, son un grave inconveniente para la credibilidad y legitimidad del sistema capitalista, así como para sus planes de paz social. Es evidente que el triunfo electoral del PSOE es el producto de este movimiento de masas, que a su vez refleja un giro a la izquierda de la clase obrera y la juventud y una creciente polarización social.

En el documento de la coordinadora se presenta un análisis que compartimos en esencia sobre la naturaleza política del gobierno de Zapatero y las perspectivas para el mismo. Sólo nos gustaría añadir algunas precisiones. No es lo mismo un gobierno del PP que un gobierno del PSOE. Como anteriormente se ha dicho, la victoria electoral del PSOE ha sido el producto de un movimiento de masas ininterrumpido que durante dos años ha combatido las medidas antiobreras de la derecha. Por tanto, a la burguesía no le parece mejor un gobierno socialdemócrata que un gobierno de sus representantes políticos directos. Esto es abecé. Y la razón para ello es precisamente que este gobierno es susceptible de una presión más directa por parte de la clase obrera, especialmente si tenemos en cuenta la forma en que el PSOE fue elevado a la victoria. No nos cabe duda de que este gobierno va a llevar a cabo una política en beneficio de la burguesía, de los grandes monopolios y la gran banca. Esto es inevitable si se aceptan las reglas de juego de la economía capitalista en una época de crisis estructural del capitalismo. Sin embargo, la gestión del capitalismo por parte del gobierno del PSOE, que le conducirá a llevar a cabo ataques de fondo contra los derechos, empleos y salarios de los trabajadores, no contará con un cheque en blanco por parte del movimiento obrero. Muy al contrario, la autoridad de estos dirigentes socialdemócratas entre los trabajadores es mucho más limitada que en 1982. ¿Qué significa esto? Está bastante claro: el enfrentamiento con la clase obrera provocará luchas y movimientos defensivos de gran calado. Es decir, los trabajadores no aceptarán resignadamente muchas más agresiones, y menos de un gobierno que ellos han “aupado” al poder. Y, como ocurrió en el pasado, este enfrentamiento también se trasladará al seno de las organizaciones sindicales de masas y a la propia IU. Pensar que los dirigentes reformistas de CCOO y UGT no van a sufrir estas presiones es una ingenuidad. No hay más que recordar que fueron estos mismos dirigentes, presionados brutalmente desde las fabricas, los que no tuvieron más remedio que convocar tres huelgas generales al gobierno del PSOE entre 1988 y 1994. Tampoco es baladí olvidar que, en ese mismo período, se produjo la recuperación electoral de IU, aunque ésta no se tradujo en el fortalecimiento de la organización en la medida que la política de la dirección nunca fue la de construir una organización revolucionaria basada en el movimiento obrero y juvenil. Como revolucionarios que queremos ser el referente en primer lugar de la vanguardia del movimiento obrero y conquistar el apoyo de nuestra clase, necesitamos saber cómo se desarrollará el proceso de toma de conciencia de los trabajadores y cómo y dónde estaremos situados para lograr no sólo elevar las conclusiones políticas de miles de obreros y jóvenes sino, también, ganarlos para la causa comunista. De todo esto hablaremos ahora.

IU retrocede en un momento de giro social a la izquierda

En la jornada electoral del 14-M IU perdió más de 112.000 votos y cinco de sus ocho diputados. Se queda sin su tradicional representación parlamentaria en Andalucía y su histórico diputado de Asturias. La pérdida de votos es generalizada en todos las zonas en que se presentó en solitario a excepción de Euskadi y Galicia. En el caso de las Europeas la tendencia se confirma con una perdida de votos cercana al 50% de los que recibió en 1999 pasando de 4 eurodiputados a dos.

La resolución que la mayoría de la Presidencia Federal de IU aprobó después de las elecciones del 14 M enumera diferentes factores para explicar el retroceso: “una transferencia de voto muy significativa hacia el Partido Socialista”,“la excepcionalidad de la situación creada tras la masacre del 11 de marzo”, “las dificultades de consolidación de un espacio político de la izquierda transformadora”, “el aislamiento mediático y la polarización artificiosa de la confrontación alrededor del PP y el PSOE” o “nuestra debilidad organizativa”.

La dirección, como es habitual, olvida lo más importante: que los magros resultados electorales no pueden ser achacados en exclusiva al voto útil o la injusticia del sistema electoral. El retroceso en las urnas refleja un proceso más profundo y prolongado en el tiempo, es una expresión de las ideas, métodos y alternativas defendidos por la dirección IU durante los últimos años, completamente alejados de la política del socialismo revolucionario. Estos mismos dirigentes también han renunciado a una orientación sistemática hacia al movimiento obrero y la juventud para defender un programa de transformación socialista, han renunciado a construir la organización en el movimiento sindical, en los barrios obreros, en las empresas y en los tajos, en las universidades y los institutos. Llamazares, Frutos y compañía han apostado por convertir Izquierda Unida en una máquina electoral, que centra su actividad en el terreno institucional sin conectarla con la lucha de masas y que sólo aspira a competir con la socialdemocracia utilizando métodos publicitarios y electorales “respetables”

Atentado 11-M: ¿Qué aportó IU?

En los momentos críticos, y las primeras 48 horas que siguieron al brutal atentado de Madrid lo fueron, una dirección es clave. Si es capaz de actuar de forma audaz, con claridad y firmeza, ganará autoridad política entre los sectores más avanzados y, por tanto, decisivos. Analizar la actuación de la dirección de IU en este acontecimiento de trascendencia histórica es útil no sólo por la gravedad del hecho en sí, sino porque es representativo de su política real en momentos trascendentales, cuando millones de trabajadores miran a sus dirigentes en busca de respuesta. El primer comunicado público de IU, horas después de los atentados, responsabilizaba del mismo a ETA sin dejar lugar a dudas, no incidía en la extracción de clase de los muertos y llegaba a afirmar que “el mejor debate es el no debate. La mejor respuesta (…) la unidad de los demócratas, sin que entre nosotros se abra la más mínima fisura”. Decenas de miles de jóvenes salieron ese mismo día a la calle, cientos de miles, millones de trabajadores se sintieron impotentes ante semejante crimen contra nuestra clase, pero la dirección de IU no tenía nada que decir, salvo ¡vayamos de la mano de la derecha! Al día siguiente, con algo más que dudas sobre la autoría del atentado y su instrumentalización por parte del Gobierno, en un segundo comunicado la dirección de IU insistía en “mostrar su completo apoyo al Gobierno y ofrecer su ayuda y cooperación” y consideraba su “responsabilidad decirle a la sociedad en estos momentos que sus representantes populares están unidos”.

Posteriormente el talante de los comunicados cambió, se recordaba la guerra y quién nos había metido en ella, se pedía la dimisión del ministro del Interior; pero en ese momento IU ya no aportaba nada nuevo, sólo se hacía eco de las conclusiones que decenas de miles de personas ya habían sacado por su propia cuenta.

Cretinismo parlamentario

“Con tu voto es posible, palabra” fue el lema electoral elegido por IU para las elecciones del pasado 14-M. Más que un lema electoral era una declaración de principios políticos por parte de la dirección. Para empezar, se trata de algo tan abstracto y vacío que cualquiera de los partidos que se presentaban, incluido el PP, podría suscribirlo. Para continuar, hacer del voto, es decir, del parlamentarismo burgués, un elemento fundamental para conseguir nuestros objetivos, aparte de una falsedad que la historia de la lucha de clases desmiente una y otra vez, demuestra que la orientación de IU está exageradamente inclinada hacia lo institucional en perjuicio de la intervención en la lucha de clases.

Esta es precisamente la idea principal que una organización transformadora, que quiere desenmascarar la política reformista que intenta solucionar los problemas de la población en el marco del capitalismo, debe combatir. Lo que debemos explicar a los sectores más avanzados es que votar no basta. En primer lugar, porque el Parlamento no está al servicio del pueblo, pues todas las conquistas que han hecho más digna nuestra vida (salarios, vacaciones, sanidad, educación, derechos democráticos…) se han conseguido a través de la lucha en la calle. Y, en segundo lugar, porque hay que participar activamente en política, no podemos dejarla en manos de los llamados políticos profesionales. Hay que organizarse bajo la bandera del marxismo revolucionario para derrocar al capitalismo.

Durante la crisis en la Asamblea de Madrid, pudimos leer en la resolución aprobada por la Presidencia Ejecutiva Federal el 1 de septiembre de 2003, que “en respuesta a estos actos de secuestro de la democracia, IU es partidaria del más amplio acuerdo entre las fuerzas políticas para adoptar medidas urgentes de regeneración democrática”. Nada se decía de que esta escandalosa situación demostraba la auténtica esencia de la democracia burguesa, corrupta hasta el punto de ser incapaz de evitar que el soborno realizado a dos tránsfugas altere la voluntad popular. Ni por supuesto se explicaba que los diputados y concejales de las organizaciones obreras deben estar bajo el permanente control de los trabajadores, cobrando el salario medio de una familia trabajadora, para defender así fielmente a su base social. Por el contrario, la propuesta de Fausto Fernández fue la formación de un gobierno tripartito PSOE-IU-PP.

La lucha contra la agresión imperialista a Iraq, así como la sangrienta posguerra, marcada por la heroica resistencia del pueblo iraquí, ha sido una prueba más no superada por estos dirigentes. Baste recordar que, para ellos, la solución pasa por devolver “el protagonismo a la ONU, al derecho internacional”.

La dirección no es lo mismo que la militancia: por la defensa de las ideas del marxismo revolucionario dentro de IU y los sindicatos de masas. Por el fortalecimiento de la corriente marxista revolucionaria.

El método de análisis marxista evita siempre tener una visión superficial, aislada o estática de su objeto de estudio, procura siempre observarlos en movimiento y en relación con su entorno. Este método, aplicado al debate de cómo se encuentra y adónde va IU, nos obliga a contemplar un horizonte amplio, teniendo en consideración no sólo dónde estamos, sino también de dónde venimos, a la vez que intentamos vislumbrar las posibles perspectivas de desarrollo. Al mismo tiempo, no podemos olvidar cómo las organizaciones de la izquierda interactúan con su entorno, más concretamente en su relación con la clase obrera, la juventud y la lucha de clases.

Si observamos la historia del movimiento obrero e intentamos extraer una conclusión general, veremos cómo el nacimiento de nuevos partidos es algo absolutamente excepcional. La experiencia de organización política de nuestra clase se podría resumir, de forma muy general y esquemática, primero en los partidos socialdemócratas, que surgen armados con el programa del socialismo científico. Su posterior degeneración reformista fue el punto de partida para el nacimiento de los partidos comunistas. El propio PCE nació en 1920 de la ruptura de un sector del PSOE y de las Juventudes Socialistas con su dirección reformista. También el Partido Bolchevique nació de la escisión del Partido Obrero Social Demócrata Ruso. La misma experiencia es aplicable a Francia, Italia, Alemania, etc.

En ningún caso el nacimiento de nuevos partidos, como respuesta a la deriva reformista y el abandono de las ideas revolucionarias de los viejos partidos existentes, fue un proceso mecánico o automático. Fueron necesarios acontecimientos que afectaron profundamente a la conciencia de las masas. En el caso del PCE, fueron numerosos los acontecimientos: la radicalización de la clase obrera durante el trienio bolchevique, así denominado por la sacudida social que recorrió todo el Estado español entre 1917 y 1919 y, por supuesto, los efectos que tuvo la revolución rusa en las propias filas del PSOE. Si nos fijamos en los bolcheviques, Lenin, que apoyó la reunificación del partido con los mencheviques en 1906 por considerar precipitada la ruptura de 1903, no consideró la escisión hasta 1912. En lo que respecta a la III Internacional, se construyó sobre el triunfo revolucionario de Octubre y los efectos políticos de la Primera Guerra Mundial. De hecho, mucho antes de que se convirtiera en una organización con influencia de masas, Lenin ya había llegado a la conclusión de la degeneración de la II Internacional. Sin embargo, fueron necesarios años y acontecimientos de una trascendencia histórica, para que un sector de las masas abrazara el nacimiento de un nuevo partido. Y decimos un sector porque millones de trabajadores siguieron confiando en sus direcciones socialdemócratas y reformistas.

Por ello, un partido, entendido como un referente político para una parte significativa de la clase obrera, construido por los sectores más avanzados de ésta para orientarse en la batalla contra el capital, es mucho más que una bandera, unas siglas y una legalización ante el Ministerio del Interior. En algunos casos, estas organizaciones hunden sus raíces en la historia del proletariado, en sus victorias y derrotas, en la represión, la clandestinidad y los sacrificios de generaciones. Muchas son las organizaciones que se han reclamado partidos de clase obrera y la revolución, pero muy pocas, poquísimas, lo han sido en realidad. El Estado español ha sido muy prolífico en experimentos de este tipo, pero hasta el momento ninguno ha conseguido rebatir en la prueba de la práctica este análisis.

Los orígenes de Izquierda Unida

En la segunda mitad de los años setenta, el PCE era sin duda el partido hegemónico de la clase obrera. Contaba con el apoyo militante de cientos de miles de trabajadores, de decenas de miles de jóvenes obreros y estudiantes, con un respaldo masivo en el movimiento vecinal, entre los intelectuales y capas de la pequeña burguesía. En un período en el que la correlación de fuerzas era favorable a la clase trabajadora, con una clase dominante dividida sobre la táctica a seguir para mantener las bases de la dominación capitalista, donde las fuerzas represivas del Estado eran incapaces de frenar el movimiento huelguístico y el ascenso de la ofensiva de las masas, estaban dadas las condiciones para el triunfo de una política que tuviese como objetivo la ruptura con el capitalismo y la transformación socialista de la sociedad. Sin embargo, la dirección del PCE adoptó una posición de colaboración de clases, de “consolidación de la democracia” burguesa y del capitalismo, incluido el régimen monárquico, de renuncia al derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas. Durante años, la consigna de “gobierno de concentración nacional” fue el eje de su acción política, lo que le llevó a subordinar la acción de los trabajadores a los intereses de la clase dominante. Esto se concretó en una política de pacto social permanente (Pactos de la Moncloa), desmovilización y destrucción de la influencia política y social del PCE, en beneficio de la socialdemocracia y de la estabilidad del capitalismo. Lejos de hacer una crítica seria y honesta de la política de Santiago Carrillo y de los errores estratégicos del PCE durante la Transición, la dirección del partido prefirió una huida hacia delante, profundizando el giro hacia posiciones reformistas.

IU se funda en 1986 al calor de las luchas contra la OTAN y después del fracaso electoral del PCE, cuando la representación parlamentaria del partido queda reducida a 4 escaños. En la actualidad queda más claro que la decisión de conformar IU no fue producto de ninguna estrategia por recuperar las señas marxistas y leninistas en el programa y la práctica del partido, todo lo contrario. La fundación de IU se justificó precisamente porque era necesario desembarazarse del legado”marxista”, como ya se había hecho anteriormente con el “leninismo”. Como se decía en aquel entonces, había que esconder la “herramienta” (la hoz y el martillo) porque no vendía electoralmente.

Sin embargo la realidad de estos casi veinte años de existencia de IU es reveladora. Izquierda Unida se ha transformado en un cascarón electoral sin estructuras militantes, cada vez más identificada en su política con las posiciones de la socialdemocracia. Es inevitable que la renuncia de la dirección a llevar a cabo una política revolucionaria también suponga que en el terreno organizativo se liquide la participación de la base, el debate y el control democrático. Si lo que se quiere es un aparato electoral, la organización militante sobra.

Con todo, esta estrategia ha dado magros resultados. Cuando existen dos organizaciones de izquierda tradicionales que apenas se diferencian en las cuestiones políticas de fondo, es decir, cuando su práctica política no cuestiona el capitalismo y su orientación esencial es la gestión del sistema a través del mecanismo electoral, siempre tiende a predominar la que cuenta con más aparato, más apoyos económicos y mediáticos de la burguesía, y más reservas sociales. Por eso no es ninguna sorpresa que, si se trata de optar electoralmente entre dos versiones socialdemócratas, las masas, a falta de una alternativa revolucionaria con raíces suficientes, se inclinen por la que se presenta con más posibilidades de triunfo.

El problema fundamental para los marxistas revolucionarios es cómo lograr llegar a las masas de los trabajadores y también de muchos activistas que no ven alternativas en las direcciones reformistas de la izquierda, y ganarlas para nuestro programa. Para la coordinadora de Corriente Roja, el problema está resuelto: “IU es irrecuperable”, “la dirección ha liquidado el proyecto”. Lo mismo pasa con los sindicatos de masas: “los dirigentes son traidores”, “están corrompidos”. Pero, ¿cuándo empieza este proceso? ¿El 14 de marzo? ¿En las elecciones de 2000? No, esta situación lleva incubándose durante mucho tiempo, así que los motivos que justifican la escisión ahora también servían hace cuatro o diez años.

El problema central es que lo que está claro para nosotros, que somos el sector más avanzado de la clase, el sector más consciente, no está claro ni para las masas ni para los activistas. Si eso fuera así, hace tiempo que habríamos tomado el poder. Los compañeros de la coordinadora de Corriente Roja reducen la cuestión a algo muy sencillo: ¡Salgamos de IU! ¡Construyamos un bloque de izquierdas! Por principio, los marxistas revolucionarios no estamos en contra de las escisiones. Pero cuando nos vamos, sí tiene importancia no sólo por qué nos vamos, sino con cuantos nos vamos y para qué nos vamos.

Las razones que se esgrimen ahora para salir de IU existían desde la propia fundación de IU. Ahora se han profundizado, pero eso no agota el problema. Igual pasa con los sindicatos. ¿Tienen ahora los sindicatos de masas dirigentes más reformistas que hace veinte, treinta o cuarenta años? Lenin contestaba lo siguiente a los que exigían estridentemente la ruptura con los sindicatos de masas por estar liderados por reformistas: “La lucha contra los jefes oportunistas y social-chovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería necio olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Y tal es, precisamente, la necedad que cometen los comunistas alemanes de “izquierda”, los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos la conclusión de que es preciso... ¡¡salir de los sindicatos!!, ¡¡renunciar al trabajo en ellos!!, ¡¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas!! Una estupidez tan imperdonable, que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía”. No está de más volver a estudiar a los clásicos en las actuales circunstancias.

De hecho la postura que desde la coordinadora de Corriente Roja se plantea es que no merece la pena trabajar en los sindicatos de masas, que es mucho más interesante y constructivo trabajar en las escisiones sindicales (“izquierda sindical”) que además “jugarán un papel de vanguardia en las próximas luchas”. No está en nuestro ánimo ni es nuestra intención menospreciar a muchos compañeros que han sido víctimas de expulsiones burocráticas de los sindicatos mayoritarios. En su gran mayoría son luchadores y ése es, en muchos casos, el precio a pagar cuando se defienden intransigentemente los intereses de la clase obrera. Pero esto no justifica la renuncia al trabajo marxista en el seno de los sindicatos mayoritarios. La batalla contra los reformistas se decidirá en el seno de los grandes sindicatos de masas y, como Lenin afirmaba, abandonar esos sindicatos es el mejor servicio que se puede prestar a la burocracia. Ya sabemos de las dificultades de trabajar en su seno y defender una política marxista consecuente, pero esa es nuestra obligación, no por motivos doctrinarios, sino porque la clase obrera se orienta hacia sus grandes sindicatos y, en base a su experiencia y a los acontecimientos de la lucha de clases, puede apoyar al bloque consecuentemente revolucionario de los mismos. O dicho a la inversa, los marxistas pueden encontrar un eco masivo y un apoyo decidido entre decenas y centenares de miles de trabajadores de los sindicatos a condición de que adopten una política correcta y la defiendan con perseverancia y constancia.

Respecto a IU, la coordinadora de CR propone salir, romper con la organización para “aglutinar el bloque de izquierdas”. Nosotros preguntamos: ¿Con cuántos salís? ¿Con cuántos cientos de cuadros sindicales contáis? ¿Cuántos cientos o miles de militantes de IU os apoyan? ¿Qué posiciones tenéis en el movimiento de masas?

La coordinadora de CR no diferencia entre la dirección de IU y los militantes de base, en la medida en que a éstos últimos parece no tenérseles en cuenta en el análisis. No nos cabe ninguna duda acerca de las pocas posibilidades de cambiar nada en el actual Consejo Político Federal de IU, ni creemos que haya que aliarse con ninguno de los sectores dirigentes enfrentados, ni el que respalda a Gaspar Llamazares ni el que se agrupa en torno a Paco Frutos, puesto que ambos han sido responsables de la actual situación de postración de IU. Pero, ¿no hay nada que hacer, absolutamente nada que hacer, en las asambleas de base de la organización? ¿No existen militantes a los que ganar? ¿No cabe intervenir de ningún modo en los procesos políticos desatados en IU y en el PCE? ¿No tenemos nada que decir en los debates que han abierto por su cuenta organizaciones de base de IU? ¿Y en la próxima Asamblea extraordinaria?

Con la salida de CR de IU para conformar un "bloque de izquierdas anticapitalista" fuera de la misma, lo consecuente es que las personas que tomen esa decisión se marchen de IU. Lo contrario sería de una esquizofrenia incomprensible. Se pone en marcha un proceso político u otro, pero no se puede estar en todos los procesos al mismo tiempo y con la misma intensidad. Es más, se quiera o no se quiera, la conformación de un bloque político fuera de IU, por cuanto va a hacerse inevitablemente interviniendo sobre la misma base social de IU, de manera necesaria tiene que chocar con la militancia en IU y con organizaciones como el PCE o la UJCE, al contrario de lo que se afirma en el documento de la coordinadora. Los procesos de escisión tienen una dinámica de enfrentamiento determinada bien conocida.

Pero la parte más débil de la posición que justifica la ruptura con IU, a nuestro juicio, es la inexistencia de la menor concreción acerca de qué tipo de "bloque" se habrá de constituir. ¿Con quién? ¿con qué fuerza en los movimientos sociales? ¿con qué influencia en el movimiento obrero? La creación de un nuevo bloque político no se logra con el mero hecho de proclamar un programa nuevo, por muy revolucionario que sea, y llamar a “todos los grupos o colectivos que estén contra el capitalismo y por el socialismo”. En el pasado, este tipo de “unidad” ha sido una receta acabada para nuevas rupturas y escisiones. Si es cierto que muchas personas han abandonado desanimadas IU, si es verdad que muchos trabajadores y jóvenes salen a la calle sin encontrar una referencia política consecuentemente de izquierdas, ¿por qué van a organizarse con nosotros? ¿porque proclamamos que somos más revolucionarios que nadie? Este país tiene una larga historia de experiencias minoritarias fracasadas. ¿Cuáles son las nuevas condiciones que garantizan el éxito de ésta?

Es un hecho para muchos de nosotros que, durante años, la llamada “izquierda” de IU, en la forma de “Plataforma de Izquierdas”, agrupó a cientos de activistas y militantes de la organización y potencialmente podría haberse desarrollado con fuerza. Pero una parte muy importante de esos militantes ya no están con nosotros. ¿Cuál es la razón? No nos cabe duda de que el método empleado en construir el ala izquierda de IU fue muy erróneo, primando más los acuerdos con “personalidades” y la búsqueda de espacios dentro del aparato, que la defensa de un programa marxista común y la construcción militante desde la base, que nos implicara, con todas las posiciones de dirección que teníamos en IU, en dar un orientación clara a nuestros compañeros y simpatizantes en los diferentes acontecimientos de la lucha de clases.

Algunos compañeros piensan que en IU no hay nada que hacer. Nosotros discrepamos profundamente de esta idea, pero no por lo que está haciendo o vaya a hacer la dirección mayoritaria, en la que no tenemos ninguna confianza. Pensamos que los procesos políticos del próximo periodo van a afectar a IU, y está claro que cuando el PSOE fracase de nuevo, miles de activistas, de trabajadores y de jóvenes volverán sus miradas hacia IU porque sigue siendo un referente de la izquierda. ¿Qué haremos nosotros? ¿Acaso no es más útil construir nuestras fuerzas dentro de IU y también fuera y desarrollarnos como un referente revolucionario para esos miles de jóvenes y trabajadores decepcionados con el PSOE? Se nos contestará: para eso ya existirá el “Bloque de Izquierdas”. En realidad esto es sustituir la realidad por los deseos. Construir una pequeña secta izquierdista no es difícil. Maleducar a muchos jóvenes en las ideas sectarias tampoco. Agrupar a algunas centenas de activistas se puede hacer. Pero influir en las organizaciones de masas y entre las masas exige de una política correcta. Pero dirán algunos, ¿es IU una organización de masas? Es cierto que IU ha retrocedido notablemente, pero sigue siendo una referencia para una cantidad de trabajadores, jóvenes y activistas notablemente superior a cualquier otra organización. El trabajo en su seno no se ha agotado.

Los compañeros abajo firmantes, entre los cuales hay fundadores de CR y militantes de numerosas Federaciones de IU, nos posicionamos en contra de este giro aventurero y ultraizquierdista de escisión de IU. Sostenemos que, después de los últimos acontecimientos, el trabajo dentro de IU y la defensa de un programa marxista intransigente en su seno pueden reforzar nuestras posiciones, nuestra militancia y nuestra influencia en el movimiento obrero organizado. Creemos que no existen atajos en la tarea de construir el partido revolucionario que la clase obrera necesita, y en este caso, las posibilidades dentro de IU no están ni mucho menos agotadas.

Por supuesto que no se puede abrigar ninguna esperanza en la recuperación de los máximos dirigentes de IU y el PCE. No sólo por su actuación contra la democracia interna y la renuncia a cualquier resquicio de una política revolucionaria que cuentan en su haber. Estamos ante un grupo de compañeros que entienden la política como un medio de subsistencia, cuyo objetivo es acceder a una cuota de poder lo más grande posible dentro de la democracia burguesa, soñando con el reconocimiento de los poderosos en instituciones como el Parlamento. Para ellos, el partido o IU no son más que el trampolín que los catapulta a un acta de diputado, una concejalía o una liberación. Por ello necesitan organizaciones en estado vegetativo, sin debate, sin crítica, sin una base militante que los controle y les pueda reclamar que trabajen para la clase que representan, y no para sustentar el sistema que nos oprime. Pero ésta es sólo una parte de la historia, una sola parte de IU. No podemos olvidar a la base militante, que aunque mermada y en muchos casos desmoralizada, todavía existe. Tampoco podemos olvidar a sectores importantes de los jóvenes y trabajadores que están buscando una alternativa a la izquierda del PSOE y que apoyan a IU en las urnas, aunque no conectan con la política descafeinada y socialdemócrata de la dirección. Recordemos que IU es la segunda organización más votada por la clase obrera.

Nuestra labor ahora es conectar con los sectores más honestos y luchadores, estar con ellos, acompañarlos en su proceso de toma de conciencia, elevarlos más allá del estrecho marco de la lucha por reformas, para situarlos en la lucha por la transformación socialista de la sociedad. Afrontar esta tarea, prioritaria para quienes nos consideramos herederos de las mejores tradiciones del marxismo, lejos de ser una carga, es una plataforma que facilita la difusión y extensión de este modelo de organización.

Seamos más concretos, miremos de cerca la histórica manifestación del 5 de abril en Leganés. Por primera vez, el PP no pudo acudir a una manifestación contra el terrorismo. Nuestra reivindicación de una política de independencia de clase en la lucha contra el terrorismo, después de décadas de impotencia, se plasmó en una manifestación de más de 25.000 personas. ¿Cómo se produjo un acontecimiento de semejante trascendencia? ¿Por los dirigentes del PSOE? Evidentemente no. ¿Por la dirección de IU? Desde luego que tampoco. Fue patético oír a Fausto Fernández lloriquear porque Esperanza Aguirre no había acudido a la manifestación. Entonces, ¿qué paso? Que las fuerzas vivas de la lucha de clases de Leganés se negaron a ir de la mano de la derecha. Es interesante destacar que no fue necesario prohibir la presencia del PP en la manifestación, sino que fueron los propios representantes del PP los que decidieron no acudir, al ver Leganés empapelado con carteles que decían: No al terrorismo, no a la guerra, ni xenofobia ni integrismo, que vuelvan las tropas ya, y, lo más importante, firmado entre otros por el PCE y Comisiones Obreras. Eran consientes que, de acudir, se enfrentarían a una insoportable hostilidad de clase. ¿Qué pensaron miles de militantes de IU en Andalucía, Asturias o cualquier otra parte del Estado cuando se enteraron de la noticia? Los más honestos se habrán preguntado por qué no se actúa con la misma determinación política en su ciudad o pueblo, querrán saber más de los camaradas que firmaron ese cartel. Comprobaríamos cómo la pertenencia a IU, lejos de ser un impedimento, da mayor autoridad a nuestra política revolucionaria, tanto entre los trabajadores que se movilizan pero que no militan en IU, como entre los que sí militan y participan en la actividad política. Todo ello, por supuesto, sin renunciar nunca a ningún principio, levantando bien alta la bandera y manteniendo vivos los mejores métodos marxistas de organización.

No sólo miramos hacia los militantes más honestos que actualmente participan de una u otra forma en IU. Tenemos una visión a medio y largo plazo, sabemos que la tarea de construir una alternativa revolucionaria no sólo consume años, sino que necesita de la dedicación de toda una vida. Y también sabemos que, antes o después, la profunda crisis del capitalismo, que obliga a la socialdemocracia a practicar un reformismo sin reformas, no sólo quitará la máscara a dirigentes como Zapatero, sino que ayudará a importantes capas de la clase obrera a entender la necesidad de organizarse políticamente bajo la bandera del marxismo revolucionario.

El presente texto es apoyado por los siguientes compañeros

   

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Ricardo Rodríguez

Comité Federal PCE

   

Antonio Ares

Comité Federal PCE

Presidencia IU Madrid

 

Sofía García Hortelano

Comité Federal PCE

Presidencia IU Madrid

 

Bárbara Areal

Comité Central PCM

Presidencia IU Madrid

 

Feli Velazquez

C. Permanente PCM

C. Político Comarca Sur IU Madrid

 

Ana Martínez

Comité Federal PCE

C. Político Regional IU Madrid

 

Manuel Ariza Gil

Comité Central PCM

   

Sagrario Losada

C. Ejecutivo PCM

Asamblea IU-CM Salamanca

 

Anabel Segado Sújar

Comisión Garantías y Control PCM

C. Político Getafe IU

 

Manuel Martínez Llaneza

PCM

   

Esther de Ana

C. Ejecutivo PCM

Asamblea IU Casarrubuelos

 

Félix López

Sec. Político Agrup. Leganés PCM

   

Juan Ignacio Ramos

Sec. Político Agrup. Enseñanza PCM

C. Político Sector Enseñanza IU Madrid

Angelines Galán

Cte. Local Agrupación Leganés PCM

   

José Ignacio Cortés

Agrupación Leganés PCM

   

Miguel Angel Jiménez Martín

Agrupación Profesionales PCM

Asamblea IU Usera

 

Maximiano Hernansanz

Cte. Local Agrupación Leganés PCM

Coordinador CCOO de Leganés

 

Jorge Aranda

Agrupación Enseñanza PCM

Sector Enseñanza IU Madrid

 

Jorge Sancho

Agrupación Enseñanza PCM

Sector Enseñanza IU Madrid

 

Manolo Franco

Asamblea Puente Vallecas IU Madrid

   

José Angel Ruiz Molla

IU-CM Albacete

   

Gloria María Carneiro

IU-CM Toledo

   

José Miguel Sierra Vigil

IU-CL Valladolid

   

Ivan Escofet            

EUiA Barcelona

JC PSUC VIU

 

Pablo Sanchez     

EUiA Barcelona

JC PSUC VIU

 

Sergio Rodrigez Baquedano  

EUiA Cornella - Barcelona

JC PSUC VIU

 

Salvador Aranda  

EUiA Girona

PSUC-Viu Girona

 

Alfredo Luna Gato 

EUiA Badalona-Barcelona

   

Dolores Gomez Resino  

IU Mallorca

PCIB

 

Jose Antonio Morais

IU Mallorca

PCIB

 

Juanjo Llorente

PCPV

   

Rubén Nebra

Juventud Comunista del País Valencía

   

Josep Dolc Miró

Juventud Comunista del País Valencía

   

Miguel Ángel Lorente Ortiz

Juventud Comunista del País Valencía</p