Imprimir
En el número 170 de El Militante analizamos porqué, en un escenario político de giro a la izquierda, IU perdía más de 100.000 votos. En el mencionado artículo defendíamos que los magros resultados electorales no podían ser achacados en exclusiva al v En el número 170 de El Militante analizamos porqué, en un escenario político de giro a la izquierda, IU perdía más de 100.000 votos. En el mencionado artículo defendíamos que los magros resultados electorales no podían ser achacados en exclusiva al voto útil o a los errores cometidos durante la campaña electoral. El retroceso en las urnas reflejaba un proceso más profundo y prolongado en el tiempo, era una expresión de las ideas, métodos y alternativas expresados por IU durante los últimos años, completamente alejadas de la política del socialismo revolucionario. Para esta edición ya disponemos de la valoración de uno de los máximos órganos de dirección: la resolución aprobada por mayoría en la Presidencia Federal.

La dirección saca conclusiones equivocadas

En dicha resolución, dentro del apartado titulado Un mal resultado electoral, se enumeran diferentes factores para explicar el retroceso. Entre los argumentos citados podemos leer “que parte de la explicación tiene que ver con una transferencia de voto muy significativa hacia el Partido Socialista”; también se destaca “la excepcionalidad de la situación creada tras la masacre del 11 de marzo”, “las dificultades de consolidación de un espacio político de la izquierda transformadora”, “el aislamiento mediático y la polarización artificiosa de la confrontación alrededor del PP y el PSOE” o “nuestra debilidad organizativa”. Todos estos factores tienen un efecto electoral, pero no es menos cierto que todos, excepto el terrible atentando, estaban presentes en anteriores convocatorias. Y con respecto a la trágica novedad de la masacre, como demostraron las concentraciones frente a las sedes del PP y lo que vino después, lejos de ser un acontecimiento que retraía la participación política de nuestros votantes, la animaba. El problema es que nuestros dirigentes no tenían una alternativa sustancialmente diferenciada que ofrecer en general respecto al PSOE y, en particular, durante los acontecimientos del 11-M respecto a la derecha. Lejos de aparecer como una fuerza de la izquierda que moviliza con un programa de independencia de clase, los dirigentes de IU trazaron, durante la crisis política generada por la matanza terrorista del 11-M, un frente único con la derecha española con la excusa de la “unidad de todos los demócratas”.

Luchar contra la derecha no significa subordinar nuestra política

a la del PSOE

Lejos de reconocer estos errores, la dirección de IU apuesta por mantener la misma orientación política de los últimos años. De hecho podemos leer en la resolución frases como “queremos contribuir, desde el Parlamento, a facilitar un cambio de verdad en todas las políticas”. No se trata ya de que toda la experiencia histórica demuestre que las mejoras en las condiciones de vida de nuestra clase son producto de la lucha organizada y consciente en la calle y el tajo, y que el papel de las instituciones burguesas es ratificar lo que se ha dirimido ya en el terreno de la lucha de clases, sino que la dirección federal de IU obvia lo que el propio resultado electoral ha puesto de manifiesto: que la derecha fue finalmente desalojada del gobierno gracias a la masiva movilización de los jóvenes y los trabajadores y no a los discursos de Zapatero durante la campaña electoral. El hecho de que el gobierno del PSOE haya decidido la vuelta inmediata de las tropas es un triunfo de la movilización de masas, pues sin la presión de millones de personas en la calle esto jamás se hubiera producido.

Durante el debate de investidura de Rodríguez Zapatero, la actuación de los diputados de IU-IC consistió exclusivamente en garantizar el apoyo al candidato socialista. Apoyar críticamente a Zapatero frente a la derecha exigiéndole el cumplimiento de todas las promesas que se han hecho (derogación de la LOCE, vuelta de las tropas, aumento de pensiones y SMI...) y responder a las demandas de millones de personas era lo correcto. Pero los diputados de IU no deben quedarse solamente en eso. Tienen la obligación de explicar al conjunto de los trabajadores que el gobierno del PSOE tiene dos opciones: o con los oprimidos, o con los capitalistas. O llevando a cabo una política auténticamente socialista para acometer las reformas que la mayoría de la población necesita en materia de empleo, sanidad, educación, lo que significa movilizar miles de millones de euros que hoy se dedican a financiar deuda pública, a rebajas fiscales o subvenciones empresariales o que de lo contrario, aceptando la lógica del capital, lo que son promesas de reformas se transformaran en contrarreformas.

El espacio parlamentario debe ser utilizado para elevar el nivel de conciencia de la clase obrera y la juventud, hacer propaganda por el socialismo y defender la necesidad de utilizar los recursos económicos de la sociedad para resolver los problemas de fondo, lo que exige la nacionalización de la banca, los monopolios y los latifundios bajo el control democrático de los trabajadores.

‘Ecosocialismo’ o marxismo

La mayoría de la dirección de IU ha hecho un énfasis especial en lo que ellos denominan “incorporar al código genético de IU el ecosocialismo”. Por supuesto que la defensa del medio ambiente y la denuncia de los crímenes del capitalismo contra la naturaleza son parte importante de nuestro programa y, por eso, defender de manera consecuente el medio ambiente sólo se puede hacer desde una política revolucionaria. La experiencia de la coalición de gobierno del SPD con el Partido Verde alemán es enormemente ilustrativa al respecto. En la medida en que sus dirigentes han renunciado a la lucha por la transformación de la sociedad y asumen el marco del capitalismo, acaban siendo corresponsables de la política antiobrera y de contrarreformas del gobierno socialdemócrata de Schröeder. Así, los verdes alemanes han apoyado con sus diputados en el Parlamento las intervenciones imperialistas en Kosovo y Afganistán, el recorte de gastos sociales en educación, pensiones o desempleo. El color verde por si solo no cambiará el carácter político de IU, ni ampliará su base social.

Por el fortalecimiento

de las ideas

del marxismo en IU

Algunos militantes que se sitúan en la izquierda de IU han sacado conclusiones extremadamente negativas y erróneas respecto a lo ocurrido el 14-M. Un sector de compañeros integrados en Corriente Roja consideran que estos resultados son la gota que colma el vaso y abogan abiertamente por la escisión, salir de Izquierda Unida y conformar con otros pequeños grupos un llamado “Bloque de Izquierdas”. Creemos que esta táctica es una grave equivocación que tendrá escasa repercusión en el movimiento de masas.

Recordemos que el nacimiento de IU no respondió a ninguna estrategia revolucionaria. Después del desastre electoral de 1982 cuando el PCE vio reducida su representación parlamentaria a cuatro escaños, los dirigentes del Partido Comunista concluyeron que había que abandonar cualquier referencia que oliese a marxismo y fundirse con otras tendencias de la izquierda para conformar un “movimiento político social”. No es este el espacio para criticar aquella apuesta, pero lo que es obvio es que el abandono por parte de los dirigentes del PCE de una política marxista y la defensa del socialismo viene de largo. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, el espacio a la izquierda del PSOE era amplio y la política antiobrera de los diferentes gobiernos de Felipe González crearon las condiciones para que IU avanzase electoralmente y atrajera el interés de miles de activistas obreros y de la juventud, que veían la organización como un instrumento para luchar contra el capitalismo.

Todos aquellos que pensamos que es necesario un partido marxista de masas en el Estado español e internacionalmente, tenemos que reflexionar sobre este hecho: las masas cuando se mueven en política lo hacen en dirección hacia sus organizaciones políticas tradicionales, que siempre están sometidas a las presiones de la lucha de clases. Por eso durante un periodo IU se recuperó electoralmente y, lo que es más importante, pudo haber agrupado en sus filas a decenas de miles de jóvenes, trabajadores y sindicalistas si hubiese contado con una política marxista consecuente. Estos camaradas que plantean la ruptura con IU, no entienden que tanto IU como el PCE son organizaciones tradicionales de la clase obrera. Mañana cuando la dirección del PSOE defraude y frustre las expectativas de miles de trabajadores y se enfrente al movimiento obrero, y esto ocurrirá, IU seguirá existiendo como un referente para esos mismos trabajadores. La cuestión por tanto es concreta: Los marxistas que queremos reagrupar las fuerzas de la izquierda y construir una auténtica alternativa transformadora, esto es comunista, debemos estar presentes en aquellas organizaciones de masas que inevitablemente recogerán en un momento determinado buena parte del proceso de radicalización y politización de nuestra clase. Es cierto que la política de la dirección de IU ha empujado a muchos militantes fuera de la organización y que lo mismo ha pasado en el PCE. También es cierto que los actuales dirigentes han sido incapaces de construir y desarrollar la organización en esta época de luchas que han movilizado a millones en la calle. Pero eso no quiere decir que las masas que han luchado, que los jóvenes que han votado contra la derecha, vayan a organizarse en pequeñas formaciones políticas que adoptan una postura sectaria contra IU. Estos sectores mirarán a IU en un momento determinado para hacer frente a la política de la socialdemocracia.

En cualquier caso la obligación de los marxistas revolucionarios en IU no es abandonar la organización y dejar el terreno libre a aquellos que quieren utilizar Izquierda Unida o el PCE como un aparato electoral útil para obtener privilegios institucionales. La organización no es patrimonio de estos elementos derechistas alejados de las aspiraciones de los trabajadores. La organización es patrimonio de los militantes que la hemos construido y luchamos día a día en los diferentes frentes de la lucha de clase. Nuestra obligación es explicar pacientemente y ganar a los mejores elementos de IU y de fuera de IU, al programa del marxismo revolucionario y de la revolución socialista, con un trabajo paciente y militante, no para disputar espacios en el aparato, como lamentablemente se ha hecho por parte de algunos dirigentes que se reclaman de la izquierda de IU, sino para fortalecer el bloque revolucionario dentro de IU. Este mismo razonamiento vale para el trabajo sindical: ya sabemos que los sindicatos están dirigidos por arribistas que parecen tener más en común con los explotadores que con la clase a la que teóricamente representan. Pero precisamente por eso no abandonamos los sindicatos, sino que luchamos tenazmente en su seno por las ideas del socialismo y combatimos los manejos antidemocráticos y las políticas reformistas de las cúpulas sindicales. En definitiva defendemos las ideas que Marx, Engels y Lenin explicaron en tantas ocasiones a aquellos que buscan atajos al trabajo paciente entre las masas y en sus organizaciones.

Bárbara Areal Casset

Miembro del Consejo Político Regional de IU-CM