Corriente Marxista Internacional

Los días 1, 2 y 3 de marzo se ha celebrado el XVI Congreso del PCE en Madrid con la presencia de 692 delegados en representación de todo el Estado. El aspecto más destacado del debate político fue la defensa del documento alternativo y las enmiendas Delegada del Congreso y

militante de la Agrupación Enseñanza PCM

Los días 1, 2 y 3 de marzo se ha celebrado el XVI Congreso del PCE en Madrid con la presencia de 692 delegados en representación de todo el Estado. El aspecto más destacado del debate político fue la defensa del documento alternativo y las enmiendas que presentamos los camaradas agrupados en torno a la Plataforma Revitalizar el Partido. ¿Para qué política?

En anteriores artículos hemos hecho referencia al documento federal, elaborado y defendido por la actual mayoría de la dirección encabezada por Paco Frutos, que ha renovado la secretaría general, Gaspar Llamazares, coordinador de IU y Felipe Alcaraz, secretario general del PC de Andalucía. Sobre dicho texto destacábamos la falta de un análisis genuinamente de clase de las contradicciones actuales del capitalismo, las perspectivas para el próximo periodo, el nuevo ascenso de la lucha de clases y la necesidad de levantar un programa socialista para reorganizar las fuerzas del PCE.

Por el contrario, el documento de la Plataforma suponía un avance evidente en comparación con las tesis oficiales. No sólo se declara abiertamente anticapitalista, sino que también explica que el capitalismo no es reformable, que otro capitalismo más amable no es posible; se critica abiertamente la política de pactos de los dirigentes sindicales con la derecha; respecto a la cuestión nacional se defiende el derecho de autodeterminación para las nacionalidades históricas. Por otro lado, en el debate sobre las relaciones del partido con IU, el documento de la Plataforma subraya el derecho y la necesidad de que el PCE salga a la sociedad para construir en barrios, centros de trabajo y centros de estudio una referencia comunista.

La defensa política de estas ideas tuvo un claro efecto, ya que la lista de la Plataforma al nuevo Comité Federal obtuvo votos de más delegados de los que contaba al iniciarse el Congreso. En la votación participaron 680 delegados, de los cuales 492 ( 72.3%) votaron la lista conjunta de Paco Frutos y Gaspar Llamazares, 132 (19.4%) la lista encabezada por Nines Maestro y 56 (8.2%) votaron en blanco o emitieron votos nulos.

Las enmiendas de la Agrupación de Enseñanza de Madrid

Dos camaradas de la Agrupación de Enseñanza de Madrid, colaboradores habituales de El Militante, presentamos siete enmiendas de sustitución a gran parte de los apartados del documento de la dirección federal (las enmiendas están disponibles en la web de El Militante). Dichas enmiendas fueron aprobadas en nuestra agrupación y llegaron a la Conferencia Precongresual de Madrid, donde ambos camaradas las defendimos en el pleno, consiguiendo que pasaran al Congreso Federal seis de las siete planteadas (todas menos la cuestión nacional). A su vez otros camaradas también defendieron estas enmiendas en Galicia, Asturias y Mallorca.

Ya en el Congreso Federal tres de ellas consiguieron el respaldo suficiente como para pasar como enmiendas minoritarias al pleno del Congreso.

En la defensa de la primera enmienda, referida a la situación internacional, razonamos que el papel del PCE no debe limitarse a describir los excesos y maldades que supone la existencia del capitalismo, porqué la salvaje explotación que sufren la mayoría de los seres humanos es el estado natural de este sistema económico y social que se encuentra en su fase de degeneración senil, hecho que demuestra la necesidad de una alternativa comunista y revolucionaria.

En la segunda enmienda sobre la situación en el Estado español, centramos el debate en las causas políticas y sociales que han permitido al PP tener mayoría absoluta. La idea central que expusimos es que no se trata de que la mayoría de los trabajadores y los jóvenes apoyen políticas de derechas o sean indiferentes a sus ataques, sino que sus direcciones políticas y sindicales, especialmente UGT y CCOO, lejos de oponerse a dichas agresiones han firmado pacto tras pacto a la vez que abandonaban la movilización en la calle.

En tercer y último lugar defendimos una enmienda acerca de un debate que actualmente se desarrolla entre organizaciones e intelectuales de izquierda a escala internacional. El centro de esta polémica se sitúa en considerar si la clase obrera sigue siendo o no el eje de la lucha de clases. Estas nuevas corrientes que hablan de que los trabajadores han dejado de ser el factor revolucionario tienen una base material. Por un lado los cambios que se han producido en la situación laboral de la propia clase, producto de la precarización y eventualidad así como el incremento explosivo del paro en los últimos años. Y por otro el indiscutible giro a la derecha que en la última década han protagonizado la gran mayoría de los dirigentes obreros, políticos o sindicales, en los países capitalistas más desarrollados. A estas ideas opusimos que, ya sea con contrato fijo o en precario, hay dos aspectos decisivos que caracterizan a la clase obrera, le dan su fuerza en la sociedad y le asignan el papel fundamental en la lucha revolucionaria: primero que los trabajadores, el conjunto de los asalariados, lejos de disminuir en la sociedad actual tienen un peso numérico y productivo mayor que hace décadas. La propia mundialización de la economía ha favorecido el desarrollo de la industrialización en numerosos países que hasta hace poco tenían una base agraria, fenómeno paralelo a la proletarización de sectores de la sociedad que hace años formaban parte de lo que se considera capas medias. En segundo lugar, los trabajadores siguen siendo indispensables para que la producción se mantenga, es decir sin su amable permiso el capitalismo no funcionaría. Las políticas de derechas practicadas por los dirigentes han podido paralizar temporalmente a los trabajadores, pero a costa de crear nuevas contradicciones que estallarán con más violencia en el futuro, como vemos en el caso de Argentina.

Este XVI Congreso ha puesto de manifiesto con toda rotundidad que el futuro del PCE pasa por la defensa coherente de un programa marxista, no en la formalidad del papel, sino en la práctica cotidiana de la lucha de clases.


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