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Primero te detienen, luego te humillan, te expulsan...

El pasado 11 de junio Osamuyia Aikpitanhi, un joven nigeriano de 23 años, moría por causas todavía sin esclarecer, cuando era deportado en avión a Nigeria, tras haber pasado 34 días en el centro de internamiento de emigrantes de Carabanchel (Madrid).

Según información aparecida en El País,  los inmigrantes son trasladados a los aviones atados con esposas de plástico que se ajustan con nudos corredizos. Tras despegar si no muestran signos de violencia, se les permite hacer el viaje sin ir atados. Parece ser que con Osamuyia no fue suficiente llevarle esposado sino que le amordazaron. La versión de la policía que le escoltaba en el avión es que sufrió un infarto por sobreesfuerzo al resistirse a embarcar y forcejear una vez dentro. Pero un  portavoz del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) dice, que pudo morir al tragarse la venda y el esparadrapo con el que le amordazaron.  Según un testigo que iba en el mismo avión, Osamuyia fue golpeado, además la familia ha denunciado en la comisaría que fue atado de pies y manos, "tratado como un perro", "estaba sano, no tenía ninguna enfermedad. Ha sido la policía la que le ha machacado y le ha matado". Cuando se hizo pública la noticia se destacaba que tenía once antecedentes penales para justificar la actuación policial, pero otras fuentes dicen que era una persona muy tranquila y amable que trabajaba vendiendo el periódico La Farola en la puerta de un centro comercial en Madrid.

Centros de Internamiento
de Emigrantes bajo sospecha

El ministerio del Interior repatrió el año pasado a 52.000 inmigrantes (cifra que duplica a los deportados en 2005), mediante ejecución directa o rechazándoles la entrada en el aeropuerto, o impidiendo la entrada a los que intentan llegar en patera...
En alguna ocasión los medios de comunicación reflejan alguna noticia de denuncias a los centros de internamiento de emigrantes (CIE): casos de amotinamientos, fugas, muertes, violaciones, condiciones infrahumanas... Casos como el del centro de Capuchinos en Málaga, uno de los que más denuncias ha sufrido y que cuenta con una historia siniestra, donde fueron detenidos siete funcionarios de la policía nacional y encausaron a tres; o el de Canarias donde debido a las múltiples denuncias hasta el fiscal general del Estado tuvo que abrir una investigación. Los CIE han sido denunciados por el observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona como "inconstitucionales" porque "se detienen a personas por lo que son no por lo que han hecho".
Los inmigrantes que entran en estos centros no lo hacen por haber cometido ningún delito o tenido alguna condena (si no estarían en la cárcel), son encerrados por el simple hecho de ser inmigrantes a la espera de ser deportados. Los CIE son establecimientos de carácter no penitenciario, dependientes del Ministerio del Interior, durante un máximo de cuarenta días (lo máximo permitido antes de ser deportados) pueden ser retenidos de forma cautelar y preventiva mientras se tramitan sus expedientes de expulsión o de devolución.
Desde 1985 con la primera ley de extranjería miles de extranjeros han pasado por estos cuestionados centros. Aunque actualmente hay diez permanentes, las autoridades han abierto un número indeterminado de centros temporales.
Casos como el de Osamuyia no son el primero ni será el último, mientras siga existiendo una justicia que represente y defienda los intereses de los poderosos y trate a las capas más desfavorecidas de la sociedad como basura.