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Pasados ya seis meses desde el naufragio del Prestige, el litoral gallego sigue marcado por la tragedia y de ello dan testimonio las redes manchadas de muchos barcos que llegan a puerto. Tanto es así que ni el más cínico de los responsables políticos

Pasados ya seis meses desde el naufragio del Prestige, el litoral gallego sigue marcado por la tragedia y de ello dan testimonio las redes manchadas de muchos barcos que llegan a puerto. Tanto es así que ni el más cínico de los responsables políticos de la Xunta se atreve a negar que sigue habiendo fuel en los fondos marinos.

Hoy por hoy el Prestige sigue escupiendo su veneno negro a las aguas del Atlántico y, tarde o temprano, acaba llegado inexorablemente a la costa, como una letanía no por conocida menos dolorosa. Hay playas como las de Carnota, en la Costa da Morte, donde al escarbar un poco se puede apreciar nítidamente la presencia del fuel, por no hablar del estado de las rocas y los acantilados. Todo esto lo dicen asociaciones y organismos tan poco sospechosos como Greenpeace, Adega, cofradías de pescadores, etc.

Pues bien, pasado todo este tiempo los petroleros de un solo casco siguen atracando en nuestros puertos y siguen cruzando nuestras aguas sin el más mínimo control por parte de la Administración. Por no haber no hay, después de todo lo llovido, ni rastro de un centro de salvamento marítimo. De hecho el remolcador Alonso de Chaves sigue estando atracado en Asturias. La única ayuda de la que parece van a disfrutar los habitantes de la zona más afectada en la Costa de la Muerte va a ser un Parador de Turismo, incluido en el tan publicitado “plan Galicia” con el que el Partido Popular intenta lavar su imagen pública. Dicho plan contempla unas inversiones que en más de un 60% ya estaban previstas antes de la catástrofe y de las que, a día de hoy, no hay nada presupuestado, y como reza el dicho “obras son amores y no buenas razones”. A todo esto habría que añadir la creciente criminalización de la que está siendo objeto el colectivo Nunca Máis y los continuos insultos de los que son victima los voluntarios que de manera altruista vienen a Galicia a sacar chapapote de las playas. A este gobierno no le interesa que haya testigos, a no ser los de TVE.

Después de las multitudinarias movilizaciones llevadas a cabo por el pueblo gallego y, dado que ningún alto cargo del gobierno ha asumido responsabilidad política alguna por lo hechos acaecidos, hay que mantener el nivel de la lucha y castigar electoralmente a los culpables de esta cadena de despropósitos. Seguramente cuando salga a la calle este periódico ya se habrán celebrado las elecciones, pero tanto ahora como después de ellas seguiremos pidiendo una y otra vez la dimisión en bloque de este gobierno de la derecha.

Miguel Queipo

Coruña