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La marea negra provocada por el Prestige provocó otra marea de indignación que llegó muy hondo en la sociedad gallega. La característica más destacable de la actual situación política es el enorme abismo entre, por un lado, la Xunta de Fraga y el gob La marea negra provocada por el Prestige provocó otra marea de indignación que llegó muy hondo en la sociedad gallega. La característica más destacable de la actual situación política es el enorme abismo entre, por un lado, la Xunta de Fraga y el gobierno de Aznar en Madrid y, por el otro lado, la inmensa mayoría de la población gallega. Para el pueblo trabajador, la imagen de la Xunta y del Gobierno central, ambos en las manos del PP, queda fuertemente asociada a la incompetencia, la desidia, la manipulación, la censura, el insulto y la represión.

Las manifestaciones de las últimas semanas están teniendo un carácter masivo e histórico y son una muestra indiscutible del descontento. Pero la movilización también está siendo importante por su profundidad. La devastación de la marea negra puso al descubierto la inutilidad y el desprecio de la derecha hacia la población, pero también el papel real del Estado burgués y del sistema capitalista. Son los marineros, las mariscadoras, sus familias, los que están haciendo frente a la marea negra. Y lo están haciendo totalmente solos, con sus medios, su creatividad, su capacidad de sacrificio y con el apoyo decisivo de miles de voluntarios, la gran mayoría jóvenes, de Galicia, del resto de las comunidades autónomas e incluso de otros países del mundo, que con su esfuerzo están intentando paliar en lo posible los efectos de la marea negra. Cuando se trata de prohibir, censurar o reprimir, el Estado muestra una vitalidad indudable y sus engranajes funcionan a la perfección; cuando se trata de poner recursos públicos para situaciones como la creada por el Prestige, o para la educación y la sanidad públicas, entonces el Estado desaparece o languidece progresivamente. Parece claro que el Estado no sirve a todos por igual, como continuamente nos quieren hacer creer.

Esta es precisamente una de las ideas que la marea negra ya dejó claras para mucha gente, dentro y fuera de Galicia: no vamos todos en el mismo barco. No todos sufriremos por igual las consecuencias de la marea negra —los grandes armadores, tan amigos de Fraga, y los negociantes del petróleo no tendrán que emigrar ni irán al paro, y hasta se beneficiarán de las ayudas del Gobierno, si no lo impedimos con la lucha—, ni todos estamos interesados en paliar y resolver de forma drástica sus efectos económicos, sociales y ecológicos. De hecho, la crisis capitalista y la política de la derecha ya estaban haciendo estragos en Galicia cuando el nombre Prestige aún no significaba nada. Reconversión ganadera, reconversión pesquera, reconversión industrial: éste era el programa del PP antes del desastre, y no lo va a cambiar; en todo caso, a derecha acelerará muchos de los planes que ya tenía en la agenda.

La catástrofe del Prestige sacó a la superficie los antagonismos irreconciliables que existen en la sociedad: por un lado, los intereses de la población trabajadora y nuestras familias; y por el otro, los intereses de los armadores y los capitalistas en general, de sus representantes políticos y de su Estado. Después de lo de Tragsa o Remolcanosa, el último ejemplo de esto lo tenemos en el decreto-ley sobre buques con mercancías peligrosas o contaminantes, aprobado por el Consejo de Ministros el 13 de diciembre y por el Congreso seis días después. En el texto definitivo desapareció un apartado sobre control e inspección de los buques dentro de las 200 millas de la Zona Económica Exclusiva española, que permitiría inspeccionar cualquier barco que transitase por aguas españolas. Por tanto, el decreto-ley tal y como fue aprobado no serviría para evitar esta catástrofe, puesto que el Prestige no tenía previsto entrar en ningún puerto español. ¿Por qué desapareció ese apartado? Álvarez-Cascos dijo que por “innecesario” (!) y porque cargaría a la Administración “con una serie de obligaciones”. Estas palabras de Cascos revelan una vez más la hipocresía de la derecha y que para ellos el Estado no es un instrumento al servicio del interés general (como siempre dicen), sino una vaca para ordeñar en beneficio propio. La auténtica razón fue otra: la desaparición de ese apartado fue una de las exigencias de ANAVE (Asociación de Navieros de España), la patronal del sector, que consideró que en el borrador había aspectos “preocupantes”. Por supuesto, al PP le faltó tiempo para satisfacer a sus amos. Evidentemente, seguro que en la famosa cacería de Fraga con el naviero Fernández-Tapias lo de menos fueron las perdices.

El PP está desesperado por recomponer su maltrecha imagen. Quieren desviar la atención hacia otros temas (terrorismo, delincuencia, etc.) e no reparan en esfuerzos, utilizando los medios de comunicación e incluso la Monarquía, que demostró que su “neutralidad” consiste en ayudar al PP y tratar de restaurar la imagen del Estado burgués en momentos difíciles. Cuando la derecha habla de que “todos tenemos que arrimar el hombro”, en realidad quiere decir “no somos responsables del desastre e hicimos todo lo posible, y como nadie tiene la culpa, vamos a pagar l a factura entre todos”. En realidad, la campaña de “solidaridad” mediática del PP es una campaña de solidaridad con los armadores, las compañías petroleras, las empresas privadas relacionadas con el salvamento marítimo y con ellos mismos, que son los responsables políticos directos de la falta de previsión que provocó esta enorme catástrofe. Resulta insultante que el Gobierno y la Xunta hagan apelaciones a “arrimar el hombro” cuando toda la población está volcada en las tareas de limpieza y dando muestras de auténtica solidaridad con los afectados y cuando hay un verdadero clamor contra la desidia y la falta de medios de las Administraciones, tanto central como autonómica.

¿Y ahora qué?

El punto de partida en la lucha contra el desastre provocado por el Prestige es el estado de movilización en el que entraron el pueblo trabajador y la juventud gallega. Una vez más (dos huelgas generales en poco más de un año, lucha contra la LOU), las impresionantes manifestaciones provocadas por la marea negra dejan claro que hay motivos y ganas de luchar. Este creciente malestar social contra la derecha también se puso de manifiesto en el resto del Estado: huelga general del 20-J, lucha contra la supresión del PER, movilizaciones contra la LOU y la Ley de “Calidad”, etc.

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La lucha contra la marea negra dura ya semanas, pero inevitablemente se extenderá a los próximos meses. Mientras el barco tenga fuel en los depósitos, habrá peligro de que siga llegando, y además los recursos técnicos y económicos para hacerle frente siguen siendo muy insuficientes. La lucha debe continuar, pero la experiencia demuestra que el Estado está al servicio de los poderosos y que no podemos confiar en él; sólo obtendremos de él lo que consigamos con nuestra lucha. Por eso, los marxistas pensamos que es necesario que el enorme movimiento desplegado por los trabajadores del mar aumente su nivel de organización y se dote de un programa de clase frente al desastre y la derecha.

El primer aspecto es muy relevante. La experiencia demuestra de forma indiscutible que son los marineros y las mariscadoras los que mejor pueden organizar la lucha contra la marea negra. Sin embargo, el PP se niega a aceptarlo. ¿Por qué? Porque al igual que los señores feudales se consideraban propietarios del poder por derecho divino, el PP se considera propietario del poder por derecho natural –¿cuál es el fin del Estado? Que nosotros nos aprovechemos de él en beneficio propio y de nuestros amigos–. La derecha no admite que se cuestione la autoridad de su Estado y hará todo lo posible por destruir todo aquello que lo deje en evidencia. Por eso quieren deshacerse de los voluntarios, testigos incómodos que cuentan por todo el Estado español lo que ven con sus ojos y dificultan la intoxicación informativa (además de que al PP le gustaría convertir la limpieza de la costa en un negocio: ahí está Tragsa). Por eso están empezando una campaña de desprestigio contra la Plataforma Nunca Máis, acusándola de malversación de fondos. Por eso también intentarán destruir los embriones de autoorganización, como el Comité de Emergencia de O Grove.

La respuesta a las maniobras de la derecha debe ser la extensión por toda la costa del modelo que representa ese Comité y la coordinación entre sí de los comités que se vayan formando. Esta debe ser ahora la principal tarea de las organizaciones de izquierda. Se puede argumentar que esto no es fácil, que el PP tiene aún muchos resortes. Cierto, pero también hay que darse cuenta de que no estamos en una situación normal. Para empezar, el PP no puede garantizar que no habrá más mareas negras. Y mientras el fuel siga llegando, y lamentablemente seguirá, el PP estará a la defensiva. Además, miles de personas experimentaron por sí mismas que ellos directamente, incluso sólo con sus manos, pueden hacer más que el Estado. Esta es una experiencia que marca profundamente y que explica por qué hay tanta gente tomando iniciativas. Los marxistas estamos seguros de que la convocatoria de una asamblea de marineros, mariscadoras y personas de toda la costa gallega para debatir estas ideas y ponerlas en marcha obtendría una respuesta masiva, como masiva está siendo la respuesta a todas las movilizaciones.

Pero hay otra razón más para avanzar en la autoorganización independiente: no podemos permitir que los recursos provenientes de la solidaridad sean gestionados ni por empresas privadas ni por el PP, no podemos confiar en ellos porque tienen unos intereses que no son los del pueblo trabajador. El PP quiere que todo pase por sus manos para gestionarlos con los criterios clientelistas que todos conocemos. Ya está la Xunta poniendo anuncios de su Fundación Arao en los que destaca que es “la única entidad reconocida oficialmente para promover, incentivar y ejecutar las ayudas”. Aunque al final el PP rechazó la idea, los marxistas estuvimos en desacuerdo con la propuesta sindical de aumentar una décima las cotizaciones sociales por formación, para crear un fondo de solidaridad. Los motivos fueron tres: 1) Este desastre tiene unos responsables –los armadores, las petroleras, los grandes magnates– y ellos tienen que pagarlo. Por supuesto, tampoco podemos aceptar que el PP, con esta excusa, recorte aúna más los gastos sociales. 2) La solidaridad obrera es, en primer lugar, una solidaridad en la lucha. La mejor solidaridad que se nos puede dar es ayudarnos a presionar al Gobierno para conseguir nuestras reivindicaciones. De aquí nuestra propuesta de huelga general en Galicia y jornada de lucha obrera en el resto de las autonomías. 3) Si hace falta solidaridad material (dinero, comida, herramienta, voluntarios...), por supuesto, pero la solidaridad obrera no necesita al PP de intermediario.

Tenemos que crear nuestras propias estructuras para canalizar y organizar todo de forma independiente. Es más, los comités de marineros y mariscadoras tienen que reivindicar el derecho a controlar los recursos del Estado, que son de todos, porque ese control es la mejor garantía de que primarán los criterios sociales y ecológicos, no los económicos ni los del PP. Esto ya se entrevé detrás del globo sonda que está lanzando el PP sobre el levantamiento de la prohibición de pescar y mariscar en algunas zonas, motivado por su interés en dividir a los afectados y en dejar de pagar cuanto antes unas ayudas que, desde su óptica política, son un despilfarro que no estimula esa “cultura del esfuerzo” que últimamente tanto pregonan. Este aspecto del control obrero es muy relevante porque el carácter público de una empresa o institución no garantiza nada. Tragsa, propiedad al 100% del Estado, es un buen ejemplo de que, bajo el capitalismo, las empresas públicas funcionan con los mismos criterios de gestión que las privadas.

En el recuadro se recogen, como propuestas abiertas al debate, nuestras principales ideas sobre el programa y las tareas concretas de estos comités. Algunas son inmediatas y otras más a largo plazo, pero también es un programa político que liga las soluciones concretas a la catástrofe con la lucha contra el PP. Si queremos conseguir nuestras reivindicaciones, tenemos que continuar movilizándonos, tenemos que presionar al PP. Por eso tiene sentido una huelga general. Hay que impedir que la derecha se recomponga, hay que romper definitivamente con la resignación que siempre alentó el caciquismo.

Nada de lo que está pasando obedece a la “casualidad”, no era imprevisible. Toda esta catástrofe tiene que ver con el negocio que para los armadores y las petroleras supone la utilización de chatarras flotantes; con la privatización de los recursos públicos; con una derecha que lleva en la sangre la corrupción y el desprecio por los trabajadores y es el representante político de los empresarios; con las empresas privadas, que hacen negocio hasta con la desgracia ajena; tiene que ver en definitiva con el capitalismo, un sistema en el que lo único importante son los beneficios, un sistema llamado de “libre mercado”, pero en el que los únicos que gozan de libertad real son los empresarios, que sólo nos quieren dejar a los trabajadores la “libertad” de callar. Durante los últimos anos asistimos a un grave deterioro de las condiciones sociales de la clase obrera. Ahora, la mala situación económica va a provocar todavía más ataques. Tenemos que defendernos. Y nuestras únicas armas son nuestra organización y nuestra lucha.

Pero cualquier lucha, por concreta y localizada que sea, debe tener una perspectiva, que es solucionar la cuestión de fondo, rematar con la causa que crea los graves problemas que hoy padecemos: la dictadura del mercado, que antepone los beneficios empresariales al bienestar de las personas y del medio ambiente. Mareas negras como la del Prestige están motivadas en última instancia por la existencia del capitalismo, por el ansia desmedida de beneficios. Por tanto, además de luchar contra las consecuencias del capitalismo, hay que luchar también contra el sistema, que está destruyendo el medio ambiente y provocando sufrimiento sin límite a cientos de millones de seres humanos. Hay que expropiar los monopolios, la banca y los latifundios, para poner toda esa riqueza bajo el control democrático de los trabajadores y explotados, con el fin de construir un sistema económico justo y solidario que planifique democráticamente la economía con el objetivo de satisfacer las necesidades económicas, sociales, culturales y medioambientales de la inmensa mayoría de la población del mundo.

Los marxistas pensamos que esa reivindicación que hoy resumen el sentimiento del pueblo trabajador y la juventud gallegos —¡NUNCA MÁIS!— sólo se convertirá en realidad con la transformación socialista de la sociedad. Habrá quien diga que este es el único mundo posible, que pensar en otro es quimérico. Pero para nosotros, lo verdaderamente quimérico es pensar que los problemas existentes tienen solución dentro del capitalismo.

Los colaboradores de EL MILITANTE estamos comprometidos en la tarea de construir un fuerte movimiento marxista, en llevar estas ideas, las ideas del marxismo revolucionario, a las organizaciones políticas y sindicales de izquierdas, para agrupar a miles de luchadores en torno al programa del socialismo. Si estás en contra de la barbarie capitalista, si rechazas las agresiones imperialistas, si estás a favor del internacionalismo, si quieres luchar por un mundo libre de opresión y basado en la participación de todos y en la democracia obrera, se quieres luchar por una Federación Socialista Mundial, lucha con nosotros.