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El 13 de noviembre de hace dos años, a las 15:00, un petrolero situado a 50 millas de la costa de Fisterra emite una señal de alarma en medio de un fuerte temporal. Comenzaba así la dramática agonía del Prestige que vertería, antes de su hundimiento, El 13 de noviembre de hace dos años, a las 15:00, un petrolero situado a 50 millas de la costa de Fisterra emite una señal de alarma en medio de un fuerte temporal. Comenzaba así la dramática agonía del Prestige que vertería, antes de su hundimiento, una negra carga de veneno a lo largo de 1.200 kilómetros de costa gallega y cantábrica. Las mentiras de la Xunta y del gobierno del PP, negando la marea negra ante nuestros ojos, la incompetencia a la hora de afrontar las consecuencias de la catástrofe y la falta de medios, que permitió la multiplicación de sus efectos, desataron en las calles y plazas de Galicia una marea de movilizaciones, una ola de indignación que se tradujo en la mayor manifestación que contemplaron las vetustas piedras del Obradoiro. Pronto un grito recorrió toda la geografía gallega, desde las rías surcadas por los barcos de los pescadores que recogían en sus redes el fuel hasta los verdes prados del interior: ¡Nunca Máis! La bandera de Galicia teñida de negro apareció colgada en la batea del mariscador y en la ventana del barrio obrero. Espontáneamente la conciencia del pueblo politizó el accidente y encontró el culpable, la derecha, que sistemáticamente había privatizado los medios de salvamento, dejando la costa en la mayor indefensión (¡sólo se disponía de 7 kms. de barreras anticontaminación!), y que a un mes de producida la catástrofe seguía sin aportar medios de limpieza para las playas y acantilados. Se puso de manifiesto el creciente malestar social que existía en Galicia contra el PP expresado anteriormente en las huelgas del 15-J de 2001, del 20-J de 2002 y en las históricas luchas contra la LOU.

A dos años de producida la catástrofe la posibilidad de que se repita un siniestro de estas características es absolutamente la misma. No hay barcos anticontaminación, ni se prevé partida presupuestaria alguna para construirlos. Los medios de salvamento marítimo continúan en manos privadas a través de un régimen de subcontratación y no existe ningún remolcador con base en Galicia con la potencia suficiente para hacer frente a un accidente de las características del Prestige. Ni siquiera ha comenzado la licitación para las obras del ansiado puerto refugio. Además, el Gobierno pretende privatizar astilleros públicos en los que se deberían de construir los barcos anticontaminación y los remolcadores que necesita Galicia

Anualmente pasan ante la costa gallega cientos de embarcaciones con cargamentos peligrosos y la mayoría de estos buques tienen más de quince años de antigüedad. De hecho, desde el 13-N, 26 barcos mercantes tuvieron problemas frente al litoral. Las medidas de control del tráfico marítimo de mercancías peligrosas se limitaron a mandar una fragata durante el mes posterior a la catástrofe, desapareciendo en el olvido desde aquella. No hay dispositivos de control, radares, aviones, helicópteros, que vigilen el corredor de separación del tráfico marítimo de Fisterra. Las inspecciones, que antes de la catástrofe sólo afectaban al 32% de los buques, no sólo no han aumentado sino que han visto reducido su porcentaje hasta el 30%. Como consecuencia de ello la limpieza de bodegas y los sentinazos frente a las rías están a la orden del día, provocando la llegada continua de nuevas galletas de chapapote.

La recuperación del medio marino avanza de forma muy lenta. Aún hay más de 500 puntos en la costa con contaminación extrema, que abarcan unos 66.000 metros cuadrados. Además, el fuel persiste en los fondos marinos, enterrado a dos metros de profundidad, según la Consejo Superior de Investigaciones Científicas. A ello se une la continua llegada de chapapote procedente del pecio, como pone de manifiesto la recogida diaria en las playas de Fisterra de entre 20 y 30 kilos de media, con picos que llegan a las 1,8 toneladas. Las consecuencias de este impacto persistente sobre el medio marino se han dejado notar gravemente en los sectores relacionados con el mar. Según la Coordinadora de Cofradías, es un hecho la extinción del lumbrigante y el retroceso sin precedentes en almeja, berberecho, navaja y camarón. La manipulación de la Xunta en este punto resulta escandalosa, ya que, para enmascarar el retroceso en el volumen de pesca, llega a incluir en los datos totales las capturas realizadas por la flota de altura en ¡¡¡Terranova o Malvinas, zonas que como sabemos se vieron seriamente afectadas!!!

Las pérdidas productivas en la pesca y el marisqueo alcanzan los 88 millones de euros desde la catástrofe y se prevé que sean de 17 millones el año que viene, lo que da idea de las repercusiones económicas gravísimas que tuvo y que continúa teniendo el Prestige para miles de familias trabajadoras. Para muestra, el dato de que en la zona más afectada por la marea negra, la Costa da Morte, el paro aumentó un 12% desde el hundimiento del Prestige y la tasa de precariedad alcanza al 56% de los trabajadores, según CCOO de Galicia. Al final no queda otra alternativa que coger la maleta y emigrar a trabajar de albañil o camarero en Lanzarote o Andorra.

La realidad es que las zonas afectadas no han visto programas de empleo ni medidas compensatorias reales de recuperación económica, más allá de la promesa de un Parador para Muxía. Pese a que la Xunta del PP tratara de crear una cortina de humo con el Plan Galicia y callar bocas a golpe de subvención, los trabajadores y jóvenes gallegos hemos demostrado que tenemos memoria, como se puso de manifiesto en la convocatoria del pasado día 13, en la que 40.000 personas llenaron de nuevo con gritos de ¡Nunca Máis! las calles de Compostela. En el ambiente flotaba la sensación de que probablemente las movilizaciones del Prestige acabarán por coincidir con la próxima marea negra. Para evitarlo, urge reivindicar un plan de seguridad marítima con medios públicos suficientes, la recuperación del medio marítimo con medidas efectivas y un plan de apoyo dotado de recursos económicos para hacer frente a los problemas económicos de las zonas más afectadas, con la participación de los sindicatos. El odio a la derecha por sus mentiras e incompetencia continúa patente y se reflejará en las próximas elecciones autonómicas, en las que BNG y PSOE pueden desalojar a Fraga y al PP de la Xunta.

Xaquín Pastoriza

Santiago de Compostela