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Los últimos tres años en Galicia, marcados por una muy elevada movilización social, han dejado su sello, finalmente, en el terreno electoral. Los últimos tres años en Galicia, marcados por una muy elevada movilización social, han dejado su sello, finalmente, en el terreno electoral.

La lucha contra la LOU (en la que Compostela fue la punta de lanza de todo el Estado), la huelga general gallega del 15-J de 2001, la explosión social contra la actuación del PP en relación al hundimiento del Prestige y la lucha contra la guerra imperialista en Iraq se han expresado en los resultados de las elecciones generales en nuestra comunidad autónoma, al obtener la suma de votos de PSdeG y BNG la mayoría y superar, por primera vez en unas elecciones de este tipo, a la derecha.

No obstante, el aumento de voto a la izquierda tan sólo ha beneficiado al PSdeG, que obtiene un pronunciado ascenso de 13,7 puntos porcentuales y 263.000 votos más, hasta situarse en el 37,4% (653.597 votos).

Por su parte, el BNG sufre un severo retroceso, al perder un tercio de sus votantes respecto al año 2000 y quedarse con el 11,77% de los sufragios (205.613 votos), frente al 18,62% que obtuvo en 2000.

Lucas Picó

Santiago de Compostela

El odio a la derecha y la sensación generalizada entre la izquierda de que era perentorio deshacerse de ella han incidido en la concentración del voto en el partido que, en general, los trabajadores y los jóvenes han considerado con más posibilidades de materializar ese objetivo. No obstante, la gravedad del retroceso sufrido por el BNG no se explica sólo por el llamado “voto útil”, a pesar de lo que afirma la dirección de esta organización.

En realidad, todos los ingredientes para que el BNG hubiese mejorado sus resultados estaban presentes: aumento drástico de la participación juvenil (su base electoral principal) y en general del electorado de la izquierda; ambiente de movilización social durante un largo período, terreno en el que el Bloque siempre ha destacado; ofensiva españolista por parte del Gobierno central... Y sin embargo, lejos de crecer, el Bloque pierde un tercio de sus electores (nada menos que 100.000), que van a parar al PSdeG.

La moderación

pasa factura

Los marxistas hemos explicado que el espectacular y constante ascenso del voto al BNG durante los años noventa había sido el producto de su larga tradición combativa, de su presencia en las movilizaciones sociales, de su defensa de los derechos nacionales del pueblo gallego como el derecho a la autodeterminación (en contraste con el abandono de esas reivindicaciones por parte del PSdeG), de la renuncia a una actitud sectaria hacia el PSdeG, dejando muy claro que el enemigo principal a batir es el PP… Todo esto provocó un constante trasvase de votos del PSdeG al BNG, expresando un castigo por la izquierda al primero.

Pero los últimos años fueron testigos de una importante mutación del discurso y la actuación del Bloque. En su afán por conquistar un sector del voto del PP, la dirección de la coalición nacionalista consideró un obstáculo el mantenimiento de su perfil izquierdista y combativo.

En junio de 2003, al analizar las elecciones municipales, escribíamos:

“La ralentización del ascenso del BNG estuvo provocada por el giro hacia la ‘moderación’ emprendido por su dirección (Declaración de Barcelona con CiU y PNV, coqueteo con los empresarios gallegos, abandono de cualquier referencia al socialismo, luna de miel entre Beiras y Fraga...) y por su política municipal (por ejemplo, la privatización de más de 200 servicios municipales durante el mandato de Castrillo en Vigo (…) lo que cortó el proceso de trasvase de votos desde el PSOE al Bloque e incluso pudo propiciar que votantes socialistas que en 1999 abandonaron ese partido para votar al BNG volvieran a votar a su partido tradicional. Además, el perfil más institucionalista del BNG contribuyó a disipar su atractivo entre la juventud”. (Unha análise marxista do desastre do Prestige, pág. 4).

Este análisis ha vuelto a confirmarse en las elecciones generales. Miles de jóvenes y trabajadores gallegos no vieron una diferencia sustancial entre votar al PSdeG o votar al BNG, y en consecuencia decidieron concentrar su voto en el partido más grande y con implantación estatal, como la forma más práctica de derribar al PP.

Este trasvase de votos del Bloque al PSdeG ha sido particularmente acentuado en los municipios obreros. Ejemplos de esto son Vigo (donde el PSdeG aumenta un 209% sus votos, mientras que el BNG pierde el 44%), Ferrol (PSdeG, 181%; BNG, -52%), Fene (PSdeG, 205%; BNG, -40%), Narón (PSdeG, 226%; BNG, -38%) o As Pontes (PSdeG, 239%; BNG, -60%).

La campaña electoral

La campaña electoral del BNG ahondó en los mismos errores que antes comentábamos. En primer lugar, el lema escogido, “Dale un sí a Galicia”, es todo menos combativo. Tanto es así, que podría ser de cualquier partido.

Anxo Quintana, portavoz nacional de la organización nacionalista, hizo todo tipo de esfuerzos por desmarcarse de la imagen izquierdista que posee el Bloque. “No son elecciones de derecha o izquierda, sino de Galicia o nada”, repitió en varios mítines (El Faro de Vigo, 4/3/04 y 9/3/04).

Por otra parte, la estudiada ambigüedad de Quintana, dejando abierta la posibilidad de apoyar en el Congreso al PP si le faltaban diputados para la mayoría absoluta para que Galiza “se tenga en cuenta”, fue un autentico mazazo para su base.

Conclusiones equivocadas

Pero para la dirección del BNG, el “voto útil”, el “impacto emocional” del 11-M o la falta de “conciencia nacional” parecen explicarlo todo. Lo más grave de este análisis es que niega lo fundamental: que en los últimos años se está produciendo un giro social y electoral a la izquierda en Galicia, que las condiciones objetivas para el fortalecimiento de una organización combativa como el Bloque son las mejores en mucho tiempo, que la predisposición de la juventud y de los trabajadores a participar en la vida política aumenta. Así, la dirección del Bloque, en vez de corregir su política, “corrige” la realidad, exagerando dificultades o simplemente haciendo cábalas totalmente incongruentes con la realidad.

Enfrentamientos

dentro del Bloque

El giro a la derecha que impulsa la dirección del BNG está provocando malestar entre aquellos cuadros que están más en contacto con la militancia de base. Así, a raíz de los resultados electorales, varios dirigentes de la CIG han criticado públicamente a la dirección del BNG por el giro a la derecha emprendido.

Lois Pérez Leira, responsable del Departamento de Migración, afirma que “la polarización del electorado no puede utilizarse para justificar que en Vigo se perdiera casi el 50% de los votos. El ejemplo de ERC contradice esta opinión. El BNG tiene que recuperar sus señas de identidad: más nacionalismo y más izquierda”.

Por su parte, Xerardo Abraldes, secretario comarcal del mismo sindicato, declaró que “se hizo una campaña sin mensaje claro. No se supo llegar a nuestro electorado tradicional, que es de izquierdas. Decir, como se dijo, que pactaríamos con quien hiciese falta si Galicia salía beneficiada, pues esto ha desorientado a nuestro electorado. Conozco gente, votante tradicional del Bloque, que optó por el PSOE”.

Antolín Alcántara, miembro de la ejecutiva nacional de la CIG, considera que “no hubo un planteamiento político que nos diferenciase del PSOE. Eché de menos la defensa de la soberanía política de Galicia y la defensa categórica de la clase trabajadora” (Faro de Vigo, 16/3/04).

Es necesario recuperar

un programa de transformación social

Por el contrario, otros sectores del nacionalismo han sacado la conclusión de que no sólo no se perdió por su política de moderación, sino que además de lo que se trata es de girar más a la derecha. En A Nosa Terra, Manuel Veiga considera que “el BNG va a seguir teniendo dificultades para penetrar en el electorado conservador, cuando menos a corto plazo, por demasiado ideologizado”.

El reciente pacto electoral con dos partidos burgueses, como CiU y PNV, para las próximas elecciones europeas es una vuelta de tuerca más en esta dirección equivocada.

Es evidente que hay un sector de la dirección que no tiene ningún reparo en su labor de desfigurar el perfil político del Bloque, que siempre ha sido una organización de izquierdas y combativa y que para su militancia ha sido y es un instrumento de lucha contra la opresión política y social de la mayoría del pueblo gallego, de lucha por la transformación de la sociedad.

El mismo crecimiento electoral del Bloque en los últimos años, la mayor presencia institucional que conllevó y la perspectiva de alcanzar el poder en la Xunta han sometido a esa formación a unas presiones ideológicas enormes, presiones que han tenido un efecto evidente en la dirección del BNG.

La disyuntiva ante la que se encuentra el Bloque es la siguiente: o profundiza en los factores que le han permitido crecer y fortalecerse organizativa y electoralmente, es decir, su identificación con la lucha por una transformación completa de la sociedad y por los derechos democráticos nacionales, o se convierte en un proyecto político totalmente ajeno a los intereses del pueblo trabajador gallego.

La tentación de convertir al BNG en un partido nacionalista burgués, a imagen y semejanza de CiU, aglutinando tras de sí a los “empresarios con conciencia de país” ha calado entre un sector de la dirección.

Si esta tendencia se impone definitivamente, el Bloque dejará de ser un instrumento útil para la lucha por la emancipación de la clase trabajadora gallega.

Combatir estas presiones y recuperar al BNG para un programa genuinamente socialista ha de ser la tarea de todos sus militantes revolucionarios.