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La derecha política, representada por el nacionalismo burgués vasco y el nacionalismo españolista, que se presentó en dos listas en las elecciones autonómicas de 2005 (PNV-EA y el PP) ahora se ha presentado dividida en cuatro listas (PNV, PP, EA y UPD). En 2005 la suma de votos de la derecha fue 678.731 mientras que en estas elecciones ha obtenido 601.323 votos. La derecha sufre la pérdida de más 76.000 votos mientras que el conjunto de las organizaciones de la izquierda pasa de 518.393 votos en 2005 a 515.165 votos en 2009 con una abstención de 82.425 personas más.
La derecha política, representada por el nacionalismo burgués vasco y el nacionalismo españolista, que se presentó en dos listas en las elecciones autonómicas de 2005 (PNV-EA y el PP) ahora se ha presentado dividida en cuatro listas (PNV, PP, EA y UPD). En 2005 la suma de votos de la derecha fue 678.731 mientras que en estas elecciones ha obtenido 601.323 votos. La derecha sufre la pérdida de más 76.000 votos mientras que el conjunto de las organizaciones de la izquierda pasa de 518.393 votos en 2005 a 515.165 votos en 2009 con una abstención de 82.425 personas más.

En términos relativos las elecciones reflejan un giro a la izquierda, que sube en porcentaje del 43 al 46% mientras que la derecha baja del 56 al 53%. Estos resultados, no obstante, quedan distorsionados por la ilegalización antidemocrática de las listas de la izquierda abertzale y la tremenda represión que han sufrido sus dirigentes, como en el caso de Amparo Lasheras, fuertemente perseguida. A pesar de todas estas maniobras, la llamada de la izquierda abertzale al voto nulo ha cosechado el apoyo de cien mil personas, lo que demuestra sus enormes reservas sociales de apoyo.

Más abstención en las zonas obreras

En las zonas obreras (margen izquierda de Bilbao, Irún, Eibar, etc.) la abstención ha sido mayor que en zonas donde el predominio del voto es del PP o del PNV. En Irún la abstención ha sido del 38,9%, en Sestao del 39,5%, en Baracaldo del 37,3%, en Eibar del 33,7%. Mientras, en Amurrio, donde el PNV ha sacado el 52%, la abstención ha sido del 28,2%; en Balmaseda la abstención alcanzó el 23,5%, en Durango fue del 31% igual que en Deba, etc. Dicha abstención, pues, afecta negativamente a las zonas más obreras, lo que indica un elemento crítico con las fuerzas de izquierda, probablemente más acentuado entre una capa de jóvenes desanimados a la hora de ir a votar.
El PSOE ha obtenido 41.347 votos más que en las elecciones autonómicas anteriores, sin embargo aspiraba a obtener 27 diputados, como anticipaban las encuestas, y no 24 como ha logrado finalmente. Esto se debe a que ha sido incapaz de mantener la fuerza de voto que logró en las elecciones de marzo del 2008: en un año el PSOE ha perdido nada menos que 109.674 votos.
La fuerza que el PSOE logró en Euskadi, y particularmente en Guipúzcoa, el año pasado fue un respaldo a la resolución por vías políticas del problema nacional vasco. Sin embargo, tras el fracaso de dicho proceso, el PSE-EE ha girado en sus posturas hacia los postulados del PP y lo ha pagado.
Ezker Batua ha sufrido un varapalo tremendo al quedar fuera del parlamento vasco el propio Javier Madrazo, anterior consejero de Vivienda en el Gobierno tripartito con el PNV-EA. La participación de EB en un gobierno de la derecha nacionalista sólo ha servido para debilitar a la organización y restar credibilidad a su propuesta. Madrazo se ha justificado diciendo que toda la izquierda europea está en una crisis similar sin hacer ninguna valoración crítica de la política de colaboración de clases que dicha izquierda ha llevado a cabo.

La derecha dividida

La prensa burguesa destaca en clave nacional los resultados de las elecciones autonómicas vascas. La intervención de Patxi López que se siente "legitimado para liderar el cambio" ha desatado la euforia de la prensa reaccionaria, que ya suma los votos "constitucionalistas" del PSOE junto a los del PP y UPyD para echar a los "nacionalistas" del gobierno vasco por primera vez desde su constitución en 1980.
Esta polarización en líneas nacionales, desde la transición, siempre ha beneficiado a la derecha española y vasca y da pistas del porqué en una nacionalidad histórica donde es tan fuerte la clase obrera, tanto numéricamente como en tradiciones de lucha, la suma de votos de la derecha sea mayor que los de la izquierda. Si las direcciones de las organizaciones obreras tuviesen una postura genuinamente de clase y luchasen por el socialismo estas maniobras de la derecha española y vasca no tendrían ningún éxito.
El PNV ha conseguido una victoria que hay que matizar. Sube de 22 a 30 diputados pero sólo podría formar gobierno con el PP, lo cual está descartado, o con el PSOE, para lo cual debería sacrificar a Ibarretxe que es visto como el candidato soberanista del PNV. Su crecimiento ha ido acompañado de una debacle de Eusko Alkartasuna que pasa de 7 a 2 diputados.
En la noche electoral se pudo apreciar nítidamente las diferencias entre los intereses de la burguesía vasca, que en el seno del Partido representa Urkullu y que necesita llegar a acuerdos con el gobierno central más urgentemente según se profundiza la crisis, y las aspiraciones de las bases del PNV, que se sienten identificadas con Ibarretxe. El PNV, que personalizó la campaña en la figura de Ibarretxe, esperaba obtener peores resultados, como anticipaban las encuestas. Los planes del sector de Urkullu pasaban por hacerle dimitir tras las elecciones y tener el campo abierto para pactar con el PSOE justificándose ante sus bases. El problema es que Ibarretxe ha tenido un gran éxito en capturar el voto de Eusko Alkartasuna, hundiendo a su socio de gobierno. En la noche electoral, Urkullu tomó la palabra para dar los resultados mientras mantenía a Ibarretxe en un segundo plano. Las bases congregadas presionaron de tal manera que el que quedó en un segundo plano al final de la noche fue Urkullu. Este breve incidente muestra las tensiones que se están acumulando en el seno del PNV, que tendrán consecuencias en el próximo período. No se trata, por supuesto, de personas, sino del efecto que la polarización de clases tiene en el PNV.
Eusko Alkartasuna ha quedado prácticamente desmantelada. La burguesía vasca ha mantenido a EA durante años con la esperanza de que arrancase votos a la izquierda abertzale, pero han fracasado estrepitosamente en este empeño.
El PP continúa retrocediendo en Euskadi. Han perdido 65.670 votos en relación a las pasadas elecciones autonómicas de 2005 y dos diputados cuando la ilegalización de la izquierda abertzale permitía un reparto mayor de escaños.

ETA es un obstáculo en la lucha por los derechos democráticos

Los votos de la izquierda abertzale se han distribuido de diferente manera. El grueso de su electorado se ha manifestado a través del voto nulo, más de cien mil, lo que dadas las circunstancia vuelve a poner de manifiesto que la cuestión nacional vasca no se resolverá jamás por la vía policial y las ilegalizaciones. Otra parte de su base se ha abstenido y un sector ha votado a Aralar, principalmente en Guipúzcoa. El voto de Aralar es un voto prestado que sin embargo expresa la presión y el descontento de un sector de la izquierda abertzale con la actual estrategia y el callejón sin salida que suponen los métodos de ETA. No obstante, este apoyo a Aralar ha sido limitado pues es obvio que representa al ala de derechas del movimiento abertzale que aspira a convertirse en un pilar de las alianzas políticas futuras con el PNV.
En general, los resultados de la izquierda abertzale, aunque sigue manteniendo un apoyo de masas, pueden interpretarse como una crítica explícita a las acciones de ETA, como ya ocurrió en las elecciones autonómicas del 2001 cuando la izquierda abertzale bajó de 14 a 7 diputados. Los votos nulos obtenidos en estas elecciones por parte de la izquierda abertzale representarían igualmente 7 diputados.

Ninguna alianza con la derecha

A pesar del fuerte deseo de cambio que efectivamente se respira en Euskadi, tanto el giro a la derecha de Zapatero en el gobierno central, como la campaña electoral de Patxi López, presentándose de la mano de la gran patronal vasca, anunciando pactos con la derecha y animando a la persecución y la represión de la izquierda abertzale, no augura nada bueno para la clase trabajadora y sus familias.
Un gobierno del PSE, gracias a los apoyos del PP y UPyD, o un pacto con el PNV, tendría consecuencias muy negativas y más en esta situación de crisis económica. La derrota del gobierno del PSOE-BNG en Galicia, en las elecciones autonómicas celebradas también el 1 de marzo, pone encima de la mesa la necesidad de defender una auténtica política de izquierdas y los derechos democráticos. Cuando la izquierda en el gobierno realiza una política similar a la derecha, aceptando las reglas del juego del capitalismo, los efectos son desastrosos. Si el PSE se liga al PP en la investidura, se pondrá un nudo corredizo en la garganta, y dependerá de la derecha para sacar adelante sus propuestas, lo que les obligaría a una política de cesiones constantes.
Los resultados de estas elecciones demuestran el profundo deseo de la clase trabajadora por que se produzca un auténtico cambio en la política de las organizaciones de la izquierda.