Corriente Marxista Internacional

El pasado 20 de febrero, por orden del juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, más de 300 guardias civiles tomaron las sedes de Egunkaria, el único diario en euskara del País Vasco. Detuvieron a diez directivos y suspendieron la publicación del Los ataques a la libertad de expresión por parte del PP son una constante. Los actores de cine y teatro que expresaron en los premios Goya su rechazo a la guerra fueron increpados pocos días después por no corear junto al Gobierno su rechazo a ETA, tras el atentado que costó la vida a Joseba Pagazaurtundua. El PP parecía acusarles de simpatizar con ETA, lo que provocó su lógica indignación. Igual hizo el diario La Razón con el Sindicato de Estudiantes, vinculándolo a Batasuna por convocar movilizaciones contra la mal llamada “ley de Calidad”. Tras el desastre del Prestige el Gobierno de Fraga afirmó que los voluntarios de Euskadi llevarían la kale borroka a Galicia. Este es el tono oficial. La cuestión nacional vasca ha sido utilizada para acallar voces críticas contra el Gobierno, contra el capitalismo, contra la represión, y contra la guerra.

La represión jamás

será la solución

Cualquiera se da cuenta de que con la política de represión jamás darán solución a un problema político como es la cuestión nacional vasca, que hunde sus raíces precisamente en el franquismo que añoran los dirigentes del PP.

Ni en Euskal Herria ni en Palestina ni en Irak la represión y la guerra imperialista no logran otra cosa que más inseguridad, más desesperación, más terror en definitiva, de ese que los Bush, Aznar y Sharon... dicen combatir. ¡Qué falsedad! Estos líderes sacan grandes réditos políticos del terror y en ello estriba una de nuestras muchas críticas al terrorismo individual, al sectarismo y a la desesperación, y es que sólo sirven para dar excusas a la reacción para fortalecer un aparato coercitivo que finalmente es utilizado contra la clase trabajadora y la juventud en lucha.

Desde estas páginas advertimos de la escalada de represión que el Gobierno del PP, con la excusa de la lucha contra ETA, estaba llevando a cabo, tomando medidas que implicaban recortes drásticos de la libertad de expresión, de manifestación, del derecho a la huelga, del de asociación, etc. Todas estas medidas han sido empleadas en los últimos meses en distinta medida contra los estudiantes, los sindicatos de clase, la plataforma Nunca Máis, los opositores a la guerra —incluyendo la dirección del PSOE que tiene esa posición— manipulando la información en las cadenas públicas de forma escandalosa, hasta el punto que los propios periodistas de a pie han organizado plataformas denunciado la censura e intoxicación informativa.

Si esto ocurre a nivel estatal, en Euskal Herria la impunidad más propia de un estado de excepción campa a sus anchas. UPN en Nafarroa ataca el euskara echándolo de las instituciones, amenaza de sanción a aquellos ayuntamientos que ondeen la ikurriña. Las detenciones son continuas, muchas son efectuadas con evidencias mínimas, sometiendo a los detenidos a malos tratos y a tortura. Se niegan a reconocer los derechos democráticos de los presos incluso si están gravísimamente enfermos, como Barandalla. Se ha ilegalizado a una organización política que obtuvo cerca de 250.000 votos y centenares de representantes y desde el Gobierno central se les acusa directamente de ser de ETA. No es necesario probar nada, sólo acusar.

La Ley de Partidos se hizo a medida para ilegalizar a Batasuna y todas las organizaciones que han estado o puedan surgir de su entorno.

La táctica del PP de utilizar la cuestión del terrorismo individual y el problema nacional vasco, que su política contribuye a agudizar, para tratar de tapar el descontento con el Gobierno y dividir a los trabajadores empieza a tener cada vez menos efecto e incluso empieza a haber síntomas claros de que provocan una reacción contraria a la que pretende. La incorporación de millones de jóvenes y trabajadores a la lucha, protagonizando movilizaciones gigantescas, como la de la huelga general, las convocadas a raíz del hundimiento del Prestige y las manifestaciones históricas contra la guerra ha cambiado completamente el ambiente social, propiciando una percepción social mucho más amplia de que el PP se agarra a la cuestión vasca como un clavo ardiente para hacer frente a su cada vez más clamoroso aislamiento.

Multitudinaria manifestación en Donostia

Su política de balones fuera se ha hecho tan evidente que no ha logrado desactivar nada con el cierre del diario Egunkaria. Todo lo contrario. La manifestación de Donostia del día 22, con cerca de 200.000 personas fue, según coinciden todos, la mayor manifestación que se recuerda. Ni siquiera se pudieron aplicar las medidas tradicionales de contabilizar los presentes porque sencillamente era imposible, las calles colaterales a la calle San Martín estaban colapsadas, la gente se desplazaba al centro desde todos los lugares porque se puede decir que no había sitio para meter a más gente en el recorrido previsto. El ambiente de indignación y al mismo tiempo de fuerza era visible.

El PNV y EA apoyaron la manifestación, esta vez no había helicópteros ni gran presencia de los beltzas como en la huelga general o el 15 de septiembre —a raíz de la ilegalización de EH—, cuando el PNV reprimió violentamente la manifestación de Bilbao. No en vano el PNV junto al PP fue ampliamente criticado.

A la manifestación del 22 de febrero en Donostia acudieron dirigentes del PSOE a título individual como Genma Zabaleta y otros, mientras Rojo y Rubalcaba apoyaban el cierre de Egunkaria y proclamaban respeto a la “independencia” judicial. ¡Más a la derecha que El País!

El PSOE acabará rompiéndose en mil pedazos si no rectifica su postura en la cuestión nacional vasca. La defensa del derecho de autodeterminación, mal que les pese a los partidarios de hacer listas conjuntas con el PP y de apoyar todas sus leyes, ha sido una reivindicación histórica del socialismo, hasta que pactaron con la derecha su abandono así como el olvido de las masacres del franquismo.

Hemos entrado claramente en un nuevo periodo de la lucha de clases que someterá a una prueba durísima a todos los programas, partidos y personas. Los acontecimientos ya se están encargando de dejar a la derecha en su sitio, quitándoles el fino barniz de democracia con el que se habían pintando la cara a toda prisa. Pero con eso no basta, es necesario encarar el futuro tal como es, concientes de las dos únicas vías a las que nos aboca esta sociedad podrida: socialismo o barbarie y sólo por el primer camino es como se pondrá fin a la opresión social y nacional.


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