Imprimir
Con el voto al PSN y a Nafarroa Bai (que, a pesar de ser una coalición frentepopulista de Aralar y Batzarre con el PNV y EA, recibió el voto por un cambio hacia la izquierda) la clase trabajadora y la juventud navarra lanzaron un claro mensaje en las últimas elecciones: hay que echar a UPN de la alcaldía y del gobierno foral.

Con el voto al PSN y a Nafarroa Bai (que, a pesar de ser una coalición frentepopulista de Aralar y Batzarre con el PNV y EA, recibió el voto por un cambio hacia la izquierda) la clase trabajadora y la juventud navarra lanzaron un claro mensaje en las últimas elecciones: hay que echar a UPN de la alcaldía y del gobierno foral.
Era la respuesta a la ola reaccionaria de chovinismo españolista de UPN que persiguió desde estas instituciones con saña la cultura vasca y el euskera. UPN gastó millones en sustituir las placas en euskera por otras en castellano de las calles y edificios públicos, llegando a multar o retirar ayudas y subvenciones a aquellos ayuntamientos que exhibiesen la ikurriña en sus fachadas. Mientras duró el alto el fuego de ETA, el PP hizo de Navarra su punta de lanza contra el PSOE, utilizando los fondos públicos del Parlamento foral para organizar una manifestación el 17 de marzo, donde las banderas rojigualdas de la Falange y la extrema derecha camparon a sus anchas.
UPN en ningún momento hubiese podido llevar a cabo dicha política sin el apoyo del PSN, partido entre cuyos dirigentes han figurado algunos de los cargos más comprometidos con la corrupción y las posturas derechistas que conviven en el PSOE (Urralburu, Roldán etc). Eso explica porqué, a pesar del clamor entre la izquierda, el PSN, a la primera de cambio entregó la alcaldía de Pamplona a UPN con la excusa peregrina e infumable de que no quería recibir los votos de ANV. ¿Acaso el PSOE no había argumentado frente al PP durante toda la campaña electoral que las agrupaciones de ANV legalizadas merecían todo su respeto?
Lo que pasó con la alcaldía de Pamplona hacía crecer la sospecha de que las instituciones navarras las estaba negociando la dirección del PSOE con Rajoy, como contrapartida a otras instituciones en el resto del Estado, y era la moneda de cambio que el PP exigía para menguar su tenaza al Gobierno de Zapatero tras la ruptura del alto el fuego por parte de ETA. Estas sospechas se han reforzado al comprobar que el PP obtenía la presidencia de las Juntas de Álava al recibir el apoyo del PSOE, mientras en Gipuzkoa la presidencia de las Juntas las logra el PSE con el apoyo del PP.  Esta política de pactos con la derecha está teniendo un costo para el PSOE y lo tendrá aún más en el futuro si no rectifica. La agrupación del PSN de Sartaguda se ha disuelto después de que a su alcalde, Juan Ramón Martínez, se le abriese un expediente de expulsión por aceptar para su investidura el voto de un concejal de ANV.

Presión desde abajo

El temor en Navarra a que finalmente volviese a ser gobernada por UPN ha estado presente hasta el miércoles 27 de junio, día en que los miembros del Comité Regional del PSN, presionados por el ambiente que se respira por abajo y "mayoritariamente partidarios de gobernar en coalición con NaBai e IUN, obligaron a la dirección del partido a que modificara el texto para que no quedara ninguna duda sobre los pasos que deben darse a partir de ahora", informaba Diario de Noticias (28/06/2007) respecto a una resolución aprobada que marcaba las directrices a seguir en relación a los pactos. Dice el texto, aprobada por 106 votos a favor, uno en contra y una abstención que "los navarros han optado por negar la mayoría absoluta a la derecha". Según la misma fuente, en dicha reunión "la dirección del PSN recibió el mensaje de que es conveniente trabajar con mayor claridad para evitar que cunda el despiste entre la sociedad navarra".
Parece que la concreción del acuerdo con NaBai e IUN para el gobierno de Navarra se ha retrasado por el temor de la dirección del PSOE a la utilización que el PP podría hacer de este hecho durante del debate sobre el estado de la nación, en el Parlamento español, revelando una vez más la actitud temblorosa y titubeante de la socialdemocracia frente a las presiones de la reacción.
La realidad demuestra que las continuas concesiones al PP no "calma" a la reacción, no logra satisfacer a los poderes fácticos del Estado, los militares, la curia eclesial, etc., que desean la derrota electoral del Gobierno de Zapatero. Tener como alternativa la alianza con el PNV no mejora las cosas para la clase obrera. La política de represión, privatizaciones y ataques a la clase trabajadora por parte de la burguesía vasca lo demuestra cada día. Y si finalmente hay un pacto PSN, IUN y NaBai que implique la salida de UPN del gobierno navarro, aun siendo un paso adelante clarísimo, es completamente insuficiente.
Para conjurar de manera contundente el peligro de la derecha, el PSOE debería aplicar  una política auténticamente socialista en relación a la cuestión nacional, promoviendo, frente a la orgía de españolismo reaccionario del PP, una defensa consecuente de los derechos democráticos de Euskal Herria vinculándolos a la lucha por la transformación socialista de la sociedad, explicando a la clase trabajadora navarra que los problemas del paro y de la vivienda, etc., no se solucionarán por estar dentro o fuera de Euskal Herria mientras exista capitalismo. El pueblo de Navarra tiene que poder disponer de su propio destino pero eso es incompatible con este sistema económico.  La derecha ha utilizado el navarrismo más reaccionario para dividir a la clase obrera navarra de la del resto de Euskal Herria, cuando históricamente han estado unidas en una misma lucha. La solución a los problemas de los trabajadores está en la lucha de la clase trabajadora con sus propias consignas y métodos.
El que ANV se mostrase dispuesta a apoyar un alcalde del PSN en el Ayuntamiento de Pamplona demuestra que entre las gentes de la izquierda abertzale se distingue perfectamente entre el PSOE y el PP y entre la dirección liberal del PSOE y las bases obreras. Los marxistas no tenemos ninguna confianza en que la actual dirección del PSOE vaya a cambiar su política, si no es a su vez removida por la base y por las tremendas sacudidas sociales que protagonizarán las masas para cambiar su situación. Para que ello sea posible en un futuro se necesita desde ya ir formando una nueva dirección de cuadros marxistas y revolucionarios entre los jóvenes y obreros con más conciencia de clase en todo el Estado, luchando unidos por la transformación socialista de la sociedad.