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El pacto de Gobierno alcanzado por el PNV-EA y Ezker Batua, con apenas 32 diputados en la cámara vasca de los 38 que necesitarían para formar mayoría absoluta, conforma el gobierno más débil desde la llamada Transición. El pacto de Gobierno alcanzado por el PNV-EA y Ezker Batua, con apenas 32 diputados en la cámara vasca de los 38 que necesitarían para formar mayoría absoluta, conforma el gobierno más débil desde la llamada Transición.

La idea de Ibarretxe es ocultar bajo una pretendida búsqueda de la “normalización, la paz entre todos y el derecho a decidir de los vascos” una política genuinamente de derechas, que ha llevado a la clase trabajadora vasca y a la juventud a una pérdida dramática en todos los aspectos sociales. Una política denunciada por todas las centrales sindicales vascas y particularmente por ELA y LAB: privatización de la sanidad y la educación pública, apoyo a la patronal dándoles cuantiosas subvenciones sin exigirles contrapartidas cuando llevan a cabo expedientes, dureza de la Ertzaintza a la hora de reprimir a los trabajadores y recortar derechos democráticos y un largo etc.

Ezker Batua vuelve a retomar la Consejería de Vivienda, a pesar de que en la pasada legislatura quedó demostrado que son necesarios cambios estructurales para resolver un problema que obliga a los jóvenes a depender de la suerte en los sorteos o a endeudarse de por vida pagando precios exorbitantes. Cambios que es imposible hacer formando parte de un gobierno de derechas.

EHAK ha prestado los dos votos que Ibarretxe precisaba para ser investido lehendakari y formar gobierno. ¿Qué explicación se puede encontrar desde el punto de vista de la izquierda? La portavoz de EHAK-PCTV, Nekane Erauskin, afirmó tener un programa e ideas propias. ¿Dónde están? ¿Qué se está haciendo con el enorme apoyo que recibió de la izquierda vasca? ¿Por qué se prestan los votos a la derecha vasca a cambio de falsas promesas que cada legislatura se repiten monótonamente para ser después incumplidas?

En el PNV-EA estaban eufóricos tras la elección de Ibarretxe como lehendakari. Seguramente, lo más importante desde su punto de vista era comprobar que una vez más la izquierda permanece dividida: unos con el PNV y otros con el PP. ¿A dónde nos conduce esta estrategia a los trabajadores? La formación de otro foro para hablar de pacificación no va a resolver los problemas derivados de la crisis orgánica del capitalismo, que está provocando ataques sin precedentes a nuestras conquistas sociales y a los derechos democráticos.

No caer en el enredo

de la burguesía vasca

La burguesía vasca trata de enredar a los representantes de la izquierda abertzale en el juego parlamentario y en eternas mesas de pacificación de las que no saldrá otra cosa que vacías declaraciones mientras prepara la renegociación del Estatuto con el gobierno central. La burguesía vasca tiene mucho aprecio a su bolsillo y más en una época de estancamiento económico en Europa. Desean tranquilidad y volver a una política de acuerdos y pactos con el gobierno central. No se puede confiar en que la burguesía resolverá ninguno de nuestros problemas. El derecho de autodeterminación de las nacionalidades históricas se logrará como resultado de la lucha unida de la clase trabajadora en todo el Estado por el socialismo frente a la clase dominante, o no se logrará jamás.

La izquierda debería haber presentado una candidatura conjunta lo cual no sería utópico si el PSOE diese un auténtico giro a la izquierda defendiendo el derecho de autodeterminación junto a un programa auténticamente socialista. En esas condiciones el PNV se tendría que haber apoyado en el PP, que es su aliado natural, para aplicar su programa de derechas que implica recortes a todos los gastos sociales. La contestación de la clase trabajadora y la juventud se llevaría a las calles con los métodos de la clase obrera. El éxito de las luchas provocaría un giro hacia la izquierda aún más acusado que en las últimas elecciones, permitiendo la formación de un gabinete de izquierdas con mayoría absoluta.

Un futuro marcado

por la polarización social

Esta alternativa, que hoy parece de ciencia-ficción, podría darse en el futuro como consecuencia de un proceso de radicalización de las masas en Euskal Herria y en todo el Estado. La huelga general contra el gobierno del PP del 19/20 de junio del 2002, las manifestaciones contra la guerra imperialista en Iraq y contra los atentados del 11-M han supuesto el inicio de un giro a la izquierda en el péndulo social, que se reflejó en las elecciones generales, en las autonómicas vascas y más recientemente en las gallegas, y la perspectiva es que pueda profundizarse en el futuro más de lo que hoy nadie se pueda llegar a imaginar. La polarización social está creciendo a pasos agigantados. La derecha es cada vez más de derechas y la izquierda, enfrentada a este proceso, se verá obligada a girar a la izquierda. Los dirigentes reformistas apegados a la política de pactos y componendas con la burguesía serán barridos por la movilización y la lucha.

Un análisis marxista de la realidad ofrece la ventaja de la previsión sobre la improvisación. La burguesía en esta época de crisis orgánica no tiene nada que ofrecer a la clase trabajadora y la juventud salvo violencia, recortes y sacrificios. Pactar con la burguesía es hipotecar el futuro.

Es urgente prepararse construyendo una corriente marxista y revolucionaria de masas en Euskal Herria y en todo el Estado que defienda una política auténticamente socialista y de independencia de clase y que esté a la altura de los acontecimientos que como vemos en América Latina, también aquí se darán.

Eloy Val del Olmo

Ezker Marxista