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Hace unas semanas, en una cena organizada por las Cámaras de Comercio catalanas, Pujol era objeto de un acto de “homenaje” por parte del mundo empresarial. Al acto de despedida, acudieron, como no, los responsables de las patronales Fomento del Traba Hace unas semanas, en una cena organizada por las Cámaras de Comercio catalanas, Pujol era objeto de un acto de “homenaje” por parte del mundo empresarial. Al acto de despedida, acudieron, como no, los responsables de las patronales Fomento del Trabajo, Pimec-Sefes y Fepyme y CECOT, y empresarios como Enric Crous (Damm), Josep Arcas (Nestlé), José Antonio Castro (Hesperia), Josep Lluís Jové (Aguas de Barcelona), Salvador Gabarró (vicepresidente de La Caixa) o Joan Gaspart (Husa). Desde luego, a los empresarios no les ha ido nada mal con CiU en el gobierno de la Generalitat. Durante 23 años, los gobiernos de Pujol han tenido como primera prioridad “movilizar recursos” en beneficio de la burguesía catalana (conseguir el mayor volumen posible de inversiones públicas) y apoyar todas las demandas de ésta en el terreno laboral (apoyo a las diferentes contrareformas laborales del PP, como ya hicieron con la del último gobierno PSOE). No sólo esto. En cuanto a la política económica, también han defendido a capa y espada los intereses de la banca y los empresarios, apoyando los recortes sociales de los sucesivos Presupuestos Generales del Estado de la derecha y aplicando esa misma política en casa. No por casualidad, los mismos que ahora le hacen homenajes, en su momento, hace 23 años, financiaron y orquestaron una campaña propagandística con el fin de evitar el triunfo de la izquierda (PSC y PSUC) que tanto temían.

Ahora, los empresarios se despiden de Pujol y andan un poco inquietos ante los resultados que puedan deparar las urnas el próximo 16 de noviembre. ¿Habrá cambio de color en el gobierno de la Generalitat? De hecho, en las últimas semanas se han intensificado los movimientos de las patronales para promover una gran coalición CiU-PSC. Algo que el mismo Maragall planteó como posibilidad hace meses y que es totalmente inaceptable, porque de lo que se trata es de cambiar de gobierno para cambiar de política. La base social del voto de la izquierda (PSC, ICV-EUiA), los trabajadores y la juventud, espera echar a la derecha del gobierno de la Generalitat para que por fin se haga una política favorable a sus intereses, no para cambiar de caras ni de talantes. Es inaceptable que el candidato del PSC, Pasqual Maragall, se prodigue tanto con los empresarios, organizando cenas y ensalzando sus “bondades”. Desde luego no es lo que los jóvenes y trabajadores esperan de un dirigente socialista. Por otro lado, los empresarios quieren meter a CiU en un gobierno de coalición con el PSC para lastrar desde el principio la acción de gobierno y tratar de frenar las exigencias de jóvenes y trabajadores para que se resuelvan las carencias de la enseñanza y la sanidad públicas, la falta de viviendas, o contra la explotación laboral.

Un auténtico programa socialista para alcanzar

la Generalitat

Un sondeo en abril daba una ventaja de casi 9 puntos a Maragall frente a Artur Mas. CiU ha pagado los siete años de colaboración con el PP con un importante desgaste electoral. Las masivas movilizaciones contra la guerra en Iraq y contra el PP han puesto de relieve para muchos el papel que ha jugado CiU, apoyando al PP en la primera legislatura, cuando los populares todavía no habían alcanzado la mayoría absoluta. De igual modo, el apoyo de CiU al Plan Hidrólogico Nacional y el trasvase le ha restado una parte importante del apoyo que obtenía la federación nacionalista en las comarcas de Tarragona. Hoy, la distancia entre Maragall y Mas se puede haber recortado. La crisis de la Comunidad Autónoma de Madrid y la sensación de que la derecha ha logrado salir airosa de las movilizaciones (por la catástrofe del Prestige, en contra de la guerra imperialista en Iraq...) pueden reforzar temporalmente la abstención, lo que perjudica claramente a la izquierda. Está claro que el papel de las direcciones de PSOE e IU es determinante en esta cuestión. Desde luego que no es con posturas a la defensiva como las de Zapatero, como la izquierda va a convencer de la necesidad de ir a votar. El voto tiene que ser visto como parte de una lucha por echar a la derecha del gobierno y de llevar a cabo un auténtico programa socialista. Un programa con medidas muy concretas, a favor de la juventud y los trabajadores: vivienda social, más inversión en sanidad y educación públicas, jornada de 35 horas semanales, eliminación de precariedad laboral...

En las elecciones autonómicas anteriores, Maragall se quedó a un escaño de conseguir formar gobierno. CiU y PP sumaron 68 diputados mientras que PSC, ICV y ERC sumaron 67. A pesar de haber obtenido unos 100.000 votos más, debido a la desproporción que hay entre los votos que cuesta un diputado en Barcelona y lo que cuestan los de las otras provincias (Lleida, Tarragona y Girona), la izquierda se quedó a un paso de alcanzar la mayoría. Está claro que para la izquierda el factor clave es la participación. El PSC e ICV-EUiA, para lograr superar el número de votos, tienen que movilizar a su base social natural, los jóvenes y los trabajadores. En las anteriores elecciones la participación apenas fue del 60%. En las zonas obreras la abstención aun fue mayor. Un programa socialista, con el objetivo de resolver los problemas más acuciantes, eso sí que conseguiría conectar con las aspiraciones de la gran mayoría, jóvenes y trabajadores, y tendría un efecto demoledor en las elecciones.

Desenmascarar a los dirigentes de ERC

En el terreno de la defensa de los derechos nacionales, el abandono por parte del PSOE-PSC y de IU de la defensa del derecho de autodeterminación para las nacionalidades históricas, Catalunya, Euskadi y Galicia, ha permitido a los dirigentes de CiU y ERC arroparse con la senyera, y presentarse como los defensores de los derechos democrático-nacionales de Catalunya. Aunque esta vez a los dirigentes de CiU les está resultando muy dificil disimular su dependencia del PP en esta última legislatura. Nadie puede olvidar que la tan anunciada reforma del Estatut, que con tanto ahínco están presentando ahora como el proyecto de futuro para Catalunya, ha sido aparcada durante cuatro años por exigencias del PP. A los dirigentes burgueses de CiU, a Pujol, Artur Mas, Duran Lleida... se les ha caído la careta completamente.

ERC es el partido que se está beneficiando claramente del retroceso de CiU, aunque en las pasadas municipales también ganó votos por la izquierda, sobre todo en las grandes ciudades. En las pasadas municipales pasaron de 190.000 votos a 410.000. Las encuestas les dan 24 diputados (el doble que ahora). Eso ha dado ya alas a los dirigentes para verse inclinando la balanza de un lado o de otro. Carod-Rovira fantasea con ser el nuevo president (esto pasaría sólo si CiU para alcanzar la mayoría le cede la Presidencia), o conseller en cap (el cargo que ocupa actualmente Artur Mas, por debajo del President). La ambigüedad de los dirigentes de ERC no es sólo una cuestión táctica, de no cerrarse ninguna puerta a posibles pactos futuros, sino que también responde a las preferencias de parte importante de la dirección de alinearse con CiU, como partido nacionalista burgués, antes que con el PSC e ICV-EUiA. Hay un sector, con Heribert Barrera a la cabeza, que tiene unos planteamientos completamente reaccionarios, como lo demuestran las declaraciones xenófobas que hizo este antiguo dirigente. Aunque la mayoría de las bases del partido y del apoyo electoral a ERC es un voto de izquierdas, no está tan claro que hará finalmente la dirección del partido. ¿Podría ocurrir ahora como en las primeras elecciones autonómicas en Catalunya, cuando la ERC de Heribert Barrera le dio la mayoría a Pujol? No parece hoy lo más probable, pero desde luego no se puede descartar. Carod-Rovira es un buen ejemplo del actual núcleo dirigente de ERC. De la izquierda independentista, el PSAN, a ERC en el 87, no sin antes pasar por un cargo de confianza en la Administración de Pujol: delegado de Cultura de la Generalitat en Tarragona entre 1982 y 1984. Incluso el tipo de discurso de los dirigentes de ERC es muy parecido al de Pujol, centrándose en pedir más recursos al Estado y acusando a Madrid de un trato financiero injusto. Eso sí, ellos, además, llevan puesta la etiqueta de “indepedència”, que exhiben en las manifestaciones de la Diada para quedar bien, pero que guardan en un cajón siempre que les conviene. En esto actuan igual que con lo de pactar con el PP. Durante mucho tiempo, los dirigentes de ERC han estado presumiendo de ser los más consecuentes en combatir al PP y ponerles freno en Catalunya. Esto les ha dado resultado mientras CiU pactaba con el PP y, a nivel estatal, Zapatero aparecía de la mano del PP con los múltiples pactos de Estado sobre mil y una cosas (Ley de Partidos, Ley de Extranjería, Pacto de la Justicia, etc.). Esto también les convenía para presentar a CiU como menos de derechas que el PP, y por tanto, con CiU sí se podía pactar. Pero de un día para otro parece que en algunos sitios el PP ya no es tan malo y en Alella (Maresme) y en otras poblaciones más pequeñas ha habido acuerdos entre ERC y el PP para mantenerse en la alcaldía. Y, desde luego, la dirección no ha tomado ninguna medida de reprobación. Sólo ha lamentado que se hiciera público en este “mal momento” (en plena precampaña). En esto vemos la manera de proceder de los dirigentes de ERC. Por un lado, se arropan del nacionalismo radical, intentando explotar los sentimientos democrático nacionales de un sector de la población, para después defender, en última instancia, los intereses de la clase dominante. ¿O qué otros intereses defendería un gobierno tripartito CiU-ERC-PSC como el que están planteando?

La lucha por el socialismo

Los partidos de izquierda, PSC e ICV-EUiA, tienen que tener una postura correcta de defensa de los derechos democráticos-nacionales, como el derecho a la autodeterminación, para arrebatarle a la burguesía catalana el apoyo que obtiene de sectores importantes de la población, sectores populares, capas medias, por la cuestión nacional. Unido a esto tienen que defender un programa de clase claro, un programa socialista, que unifique a los trabajadores y los jóvenes por encima de fronteras nacionales. Para los marxistas la lucha por unas condiciones de vida dignas para la mayoría de la sociedad está estrechamente vinculada a la lucha por el socialismo. El problema del desempleo, de falta de viviendas dignas y asequibles, de falta de infraestructuras sociales no se debe a que en esta sociedad no existan medios ni recursos. El problema es que estos recursos están en manos de una ínfima minoría de la sociedad, que los utiliza en beneficio propio. Mientras millones de personas están en el paro, millones de jubilados cobran pensiones misérrimas o millones de jóvenes no pueden independizarse de su familia, la banca y los grandes grupos financieros obtienen millones de euros de beneficios en la especulación o del pago de intereses de la deuda pública. Los marxistas defendemos la nacionalización de la banca y los monopolios, bajo control obrero y sin indemnización. Pondríamos la enorme riqueza creada por los trabajadores en beneficio de un plan para garantizar el pleno empleo, sanidad y enseñanza públicas de calidad, una vivienda digna para los jóvenes...

Por eso también decimos que con votar a los partidos obreros no basta. Hay que luchar por un auténtico programa socialista en el seno de las organizaciones obreras.