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Esta ha sido la sexta crisis de gobierno desde 1999, que se salda con la salida de cuatro consellers, la entrada de dos nuevos y la rotación interna de otros cuatro. A un año de las elecciones, estos cambios de cartera se han presentado como el gobie Esta ha sido la sexta crisis de gobierno desde 1999, que se salda con la salida de cuatro consellers, la entrada de dos nuevos y la rotación interna de otros cuatro. A un año de las elecciones, estos cambios de cartera se han presentado como el gobierno a medida de Artur Mas, el conseller en cap y candidato de CiU a las próximas elecciones autonómicas. La verdad es que los repetidos pronósticos adversos en los sondeos preelectorales frente al PSC han obligado a la cúpula dirigente de CiU a este nuevo retoque. En definitiva, una maniobra más para ver si logran enderezar un barco que a todas luces se les está hundiendo.

De entrada, los cambios parece que no han sido muy bien acogidos, ni siquiera entre sus filas. Por un lado, el que tenía que ser el fichaje estrella, Carles Tusquets, financiero ligado al grupo Berlusconi y asesor de los hijos de Pujol, se frustró por la negativa a ceder el puesto del actual conseller de Economía, Francesc Homs. Éste vino a decir que no había dejado un cargo bien remunerado en la empresa Áreas para que ahora lo rebajaran a conseller de Trabajo e Industria. Así que el que tenía que competir con Piqué en la captación de empresarios para la campaña se vino abajo antes de llegar. Los que sí se incorporaron al gobierno de la Generalitat tampoco han convencido: uno por desconocido (Pelegrí), el otro por su trayectoria anterior en UCD y CDS (Fernández Teixidó). Así las cosas, un histórico de Convergència comentaba: “Si este es el equipo creado por Mas para ganar las elecciones, bona nit i tapa’t” (buenas noches y tápate).

El problema para CiU es que en estos últimos tres años ha tenido que gobernar en Catalunya con el apoyo del PP, cuando éste dispone de mayoría absoluta en el Congreso y no necesita de sus votos como en la legislatura anterior. Las contrapartidas que Pujol exhibía como trofeos, producto de las negociaciones, se han reducido a la nada en esta última legislatura. Por ejemplo, las inversiones en infraestructuras, las obras públicas de las que tanto le gusta a Pujol presumir como obras concretas que ha conseguido “arrancar” del presupuesto estatal para Catalunya; pues bien, de los seis proyectos que CiU pactó con el PP en los Presupuestos para este año, el Ministerio de Fomento atrasa cinco y elimina el sexto (la mejora de la travesía de la N-II por Tárrega), equivalente a un tercio de la inversión total. Conclusión: Fomento no se gasta ni un euro de los 9,4 millones incluidos vía enmiendas en los Presupuestos de 2002. Este otoño se vuelve a representar la misma función. CiU presenta enmiendas a los presupuestos por un valor de 158 millones de euros. El PP sólo acepta seis proyectos y rebaja la inversión a 4,9 millones de euros. En realidad, las enmiendas pactadas entre el PP y CiU suman cero porque su importe procede de la partida destinada a la conservación de carreteras. ¡Vaya trofeo… para la oposición!

Desde luego que con una política más a la izquierda y más contundente por parte del PSC y el PSOE, las dificultades de la derecha en el gobierno, tanto en Madrid como en Barcelona, se incrementarían notablemente. La postración de CiU a los pies de la mayoría absoluta del PP es algo cada vez más difícil de disimular y es lo que está poniendo nerviosos a los dirigentes más experimentados. Por otro lado, el PP en Catalunya tiene un “pequeño” problema: apenas tiene implantación. El PP tiene menos concejales en Catalunya que en Euskadi. No es de extrañar que Rajoy lance la propuesta de una federación a la bávara, como la existente entre la CDU y la CSU en Alemania. Los dos saben cuál es su punto débil y cuál es la política de estrecha colaboración que han llevado a cabo en los últimos años. Aunque de cara a las elecciones, cada uno se tenga que envolver en su respectiva bandera.