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Después del largo proceso de elaboración y aprobación del nuevo Estatut de Catalunya, nos encontramos con la crisis del tripartito, el adelanto de las elecciones al Parlament para el próximo 1 de noviembre y la agudización de la crisis en el PSC. El Después del largo proceso de elaboración y aprobación del nuevo Estatut de Catalunya, nos encontramos con la crisis del tripartito, el adelanto de las elecciones al Parlament para el próximo 1 de noviembre y la agudización de la crisis en el PSC. El pacto Zapatero-Mas sobre el Estatut ha comportado la ruptura del tripartito y el adelanto de las elecciones. En lugar de responder con contundencia a la campaña desestabilizadora y tremendista del PP de “España se rompe” y de los disparates del estilo “Zapatero está en manos de ERC-ETA”, los dirigentes del PSOE optaron por pactar con CiU el Estatut y dejar fuera del acuerdo a ERC. Los intentos de sumarse al acuerdo por parte de destacados dirigentes de ERC, con la excusa de alguna concesión como la gestión del aeropuerto de El Prat, se saldaron con un fracaso. Así tenemos que finalmente el nuevo Estatut se aprobó en referéndum (con una elevada abstención) pero habiendo desgastado completamente el primer gobierno de coalición de izquierdas después de 23 años de gobiernos de derechas.

Tensiones entre

Maragall y Montilla

Este verano “Maragall auguró una ‘colaboración franca’ en Madrid entre el socialismo y el nacionalismo conservador catalán, lo que avivó todavía más la furia de su partido en pleno ambiente preelectoral” (El País, 2/09/2006). Montilla, el sucesor de Maragall y candidato del PSC a la Generalitat, dijo que el tripartito era “irrepetible” alegando que se produjo “en un momento en el que en el conjunto del Estado gobernaba Aznar con mayoría absoluta” (El País, 28/08/20), en otras palabras: en un ambiente político en el que la presión desde abajo para la formación de una Generalitat de izquierdas era muy fuerte y un entendimiento con CiU era más delicado. Parece que ahora, tanto para Zapatero en Madrid como para Montilla en Barcelona, ha llegado el momento de un cambio de alianzas. Ese es el contexto en el que se van a celebrar las elecciones del próximo 1 de noviembre. Todo eso viene a confirmar lo que apuntamos en anteriores números de El Militante (ver el editorial de julio-agosto “Más allá del Estatut”).

La huelga en El Prat

Otro acontecimiento político importante ocurrido en verano fue la huelga de los trabajadores del aeropuerto de El Prat. Es bastante llamativo que todos los medios de comunicación hayan puesto en sus titulares que ésta era una HUELGA SALVAJE (así, en mayúsculas) y que siempre se refieran a ésta como la “huelga salvaje” de los trabajadores de Iberia. En los mismos días, en los mismos medios de comunicación se podía ver que la masacre perpetrada en el Líbano por parte del ejército israelí era denominada como “uso de la fuerza”. ¡Qué contraste más grande en el trato de una y otra información! Ya sabíamos que para los empresarios y los señores propietarios de las principales cabeceras de los diarios, los trabajadores somos unos salvajes porque defendemos nuestros puestos de trabajo y nuestras condiciones laborales con los únicos recursos que tenemos a nuestro alcance, como el de la huelga. Lo que sorprende es la rabia con la que ladran. Algunos empresarios hasta llegaron a acusar a los trabajadores de secuestro por haber ocupado las pistas del aeropuerto. Los dirigentes de CiU no se quedaron atrás y llegaron a pedir que interviniera el ejército (puede que para ellos la solución hubiera sido bombardear las pistas). El portavoz de ERC en el Parlament también acusó al delegado del gobierno en Catalunya de “temblarle las piernas” por no haber ordenado a la Guardia Civil que cargara contra los trabajadores que ocupaban las pistas. La patronal catalana Fomento del Trabajo consideró “imprescindible” poner en marcha una ley de huelgas “para evitar que se repitan situaciones como la vivida este fin de semana en el aeropuerto de El Prat”.

Todos estos señores se sienten ultrajados porque los trabajadores paralizaron el aeropuerto en defensa de sus puestos de trabajo y piden a gritos un escarmiento, para que no vuelva a suceder ni cunda el ejemplo. Ellos hubieran ordenado “barrer las pistas”, lo que no habría resuelto desde luego el tema de la huelga y dice bastante de hasta qué punto mienten cuando dicen estar preocupados por los perjuicios que se ocasionó a los viajeros. Por cierto, ¿dónde estaban los directivos de Iberia y de Aena, que cobran unos buenos sueldos, cuando se inició la huelga? No aparecieron hasta unas cuantas horas más tarde. Ahora quieren cargar la responsabilidad de caos que se produjo en el Prat a los trabajadores, pero los auténticos responsables son los directivos, que no tuvieron en ningún momento una actitud diligente para resolver el conflicto y que fueron incapaces en las horas inmediatamente posteriores de organizar un dispositivo especial para restablecer la normalidad. Aún no hemos visto a ningún directivo de Iberia o de Aena dimitir de su bien remunerado cargo, pero sí que oímos a diario repetir lo de la huelga salvaje, cuando los trabajadores estaban defendiendo sus puestos de trabajo, los puestos de trabajo de los que dependen sus familias.

Otra agresión racista

en Sabadell

Mientras se criminaliza a los trabajadores, las agresiones fascistas, de las que son víctimas principalmente los jóvenes y los inmigrantes, continúan produciéndose sin que los dirigentes reformistas se enfrenten a éstas de una manera decidida y efectiva. A principios de septiembre, un trabajador de origen gambiano, fue brutalmente agredido por un grupo de 15 elementos fascistas en Sabadell. Le clavaron una botella rota en el pecho y de la paliza le rompieron varias costillas y le provocaron una perforación de pulmón. Todo esto mientras proferían insultos racistas. A pesar de los largos antecedentes de actos violentos y agresiones por parte de grupos neonazis en Sabadell y la comarca, el Ayuntamiento, en manos del PSC, ha estado negando repetidamente que esta agresión tuviera motivaciones racistas, cuando es más que evidente que ha sido así.

Tras la actitud completamente injustificable de los responsables municipales de negar el carácter racista de la agresión está la obsesión de estos mismos cargos políticos por la imagen y la política de ocultar bajo la alfombra todo lo que para ellos es problemático y rompe con la imagen que ellos quieren transmitir de la ciudad. En lugar de hablar claro de los problemas de la ciudad y enfrentarse a ellos con el apoyo de las asociaciones de vecinos, las asociaciones juveniles, los sindicatos, etc., prefieren gastar importantes cantidades de dinero en campañas sobre la convivencia y el civismo que no sirven para nada. Ha habido en Sabadell bastantes movilizaciones contra las agresiones fascistas. Esta agresión tampoco debe quedar sin respuesta. Hay que luchar hasta conseguir la desarticulación de todas estas bandas fascistas, que son bien conocidas por la policía y los jueces. En abril dos neonazis apalearon a un guineano. Uno de lo dos detenidos por aquella agresión acumula 18 arrestos por ataques similares. El juez de guardia de Sabadell los dejó en libertad sin fianza. Como denuncia el padre de un agredido: “Hay juicios y no se consigue nada. En el caso de mi hijo todo se ha acabado en dos multas. Entran por una puerta y salen por la otra”. Está claro que esta lucha también debe fijarse como objetivo la depuración inmediata de los elementos reaccionarios y fascistas que aún están ocupando sus cargos en la policía y en la Justicia y que con su actuación amparan y protegen a estos grupos.

Cada vez se hace más evidente que para acabar con esta situación es necesario atacar la raíz del problema, el sistema capitalista.