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Para un observador poco atento de las relaciones entre el PP y CiU, la abstención de los diputados convergentes en la votación de la ilegalización de Batasuna y la desaforada reacción de Aznar y sus ministros ante la postura de sus tradicionales alia Para un observador poco atento de las relaciones entre el PP y CiU, la abstención de los diputados convergentes en la votación de la ilegalización de Batasuna y la desaforada reacción de Aznar y sus ministros ante la postura de sus tradicionales aliados podría llevarle a pensar en una alejamiento temporal de los dos partidos. Algo parecido se vio cuando el "decretazo" y la Huelga General, cuando Pujol y los suyos, viendo las dimensiones de la respuesta social que estaba teniendo el Gobierno PP, optaron por desmarcarse en las formas del Gobierno, aunque, en el fondo, no han dejado de apoyar una reforma laboral con la que están esencialmente de acuerdo.

En la cuestión de la ilegalización de Batasuna también están de acuerdo. La abstención de CiU no fue una muestra de rechazo, ni de que albergaran dudas al respecto. Simplemente, preferían que fuera el Gobierno, por si sólo, quién iniciara el proceso, sin tener que mojarse. Por tanto, nada que ver con una postura en defensa de los más elementales principios democráticos.

Así que, aunque el PP amenazara con "tomar nota" de la abstención de CiU, lo cierto es que sólo dos días más tarde Zaplana y Pujol se sentaban a negociar la tramitación como ley del "decretazo". Para Pujol no es "justo hacer cargar el empresario con el mal funcionamiento de la justicia", con lo que está de acuerdo con el Gobierno en que los empresarios no tienen porqué pagar al trabajador su salario entre el despido y la resolución judicial. Propone que lo paguemos entre todos nosotros, que los trabajadores, solidariamente, nos hagamos cargo de ello a través de un fondo como el de Garantía Salarial o del Inem. Eso a él, como a los empresarios y a la patronal, es lo que le parece "más justo".

Y es que, por debajo de las estridencias de Aznar, de sus portavoces y de su Brunete mediática, que juegan a hacer votos con el tema del terrorismo, presentando siempre la cuestión como una cruzada de buenos contra malos, de "firmes democrátas" frente a vacilantes y desleales nacionalistas, en lo fundamental de la política económica y laboral, CiU y el PP comparten los mismos fines. Al igual que la burguesía catalana y la oligarquía española defienden los mismos intereses, entrelazados como están por un sinfín de vínculos económicos y financieros.

A la reunión de Zaplana y Pujol van a seguir inmediatamente otras. Como la que está prevista entre Pujol y Arenas, éste como ministro de Administraciones Públicas, para tratar de nuevas transferencias, o como las que habrá para aprobar los presupuestos de la Generalitat de 2003, algo a lo que Piqué ya se ha mostrado dispuesto a pactar con CiU.

Así que, aunque PP y CiU, de cara a la galería y ante la proximidad de las elecciones autonómicas, se tiren algún que otro dardo y escenifiquen un alejamiento temporal, la verdad es que mantienen una estrecha colaboración y que ésta se va a hacer palpable en la tramitación legislativa del "decretazo" como han hecho ya en otros muchos temas, como, por ejemplo, en el Plan Hidrológico Nacional y el anuncio del inicio de las obras de los trasvases.