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Evidentemente vivimos mejor que bajo “el Caudillo”. Al menos tenemos libertad para la militancia política, estar en un sindicato y elegir a nuestros representantes, aunque éstos siempre actúen favoreciendo más a la clase burguesa.

Quiero exponer mi caso al no haberme quedado ninguna otra posibilidad de protesta. En julio de 2002 en la feria de Campanillas aparqué mi coche en la entrada de la calle Israel. En la zona donde aparqué no había ningún disco, ni raya, ni nada que prohibiese estacionar; respeté el límite de cinco metros hasta la esquina, etc.

Cuando volví estaba multado. En el boletín de denuncia decía que estaba obstaculizando la circulación en la avenida José Calderón; el agente ni se molestó en poner el nombre real de la calle. Inicié un proceso para no pagar dicha sanción. Primero expuse que mi coche estaba aparcado en calle Israel y no en la Avenida José Calderón, que no impedía la libre circulación, resumiendo lo que ya he planteado al principio de la carta y además citaba a una testigo. Después me enteré que lo que diga el agente prevalece sobre cualquier otra aclaración. ¡¡Vaya democracia!! Otro dato es que, en la denuncia, el vehículo está a nombre de mi madre. Pese a manifestarles yo dicho error, la sanción seguían mandándosela a ella. Me pregunto ¿es que no leen las alegaciones?

Me he informado para pedir un abogado de oficio y es tanto lo que te exigen que prácticamente no puedes acogerte: si pagas a uno, te sale más caro que la sanción. Ahora, después de tantos mareos, ya no hay más salida que pagar o ir al Contencioso. Yo pregunto: ¿para qué nos hablan tanto de democracia y de justicia si al final el débil sigue siendo víctima de un sistema injusto, que favorece con sus leyes e instituciones mayoritariamente a los de siempre, a los poderosos y ricos que sí tienen legiones de abogados para defender sus intereses?