Corriente Marxista Internacional

Soy uno de los más de 300 nuevos trabajadores que, con motivo del plan de prejubilación, entramos en estos últimos tres años en Izar-Ferrol. Soy uno de los más de 300 nuevos trabajadores que, con motivo del plan de prejubilación, entramos en estos últimos tres años en Izar-Ferrol.

Soy uno de los más de 300 nuevos trabajadores que, con motivo del plan de prejubilación, entramos en estos últimos tres años en Izar-Ferrol.

Pues bien, en la breve experiencia que atesoro como trabajador me encuentro asombrado de hasta qué punto lo que había leído acerca del mundo laboral o me habían comentado antes se está abriendo ante mis ojos.

Fundamentalmente he podido observar, en el terreno práctico, cómo se aumenta la explotación para competir mejor. Antes de las prejubilaciones, el gremio de armadores, al que pertenezco, se dedicaba al armado de las construcciones. Desde la marcha de esos obreros y la entrada de nuevas incorporaciones esto ha cambiado. Ahora, además, preparamos el material, ayudamos a trasladarlo, barremos el taller..., es decir, que con el salario de dos obreros se cubre el trabajo, malamente, de cinco. El motivo es que mientras antes se comprendía que la desprofesionalización debilita al conjunto de los obreros (“aprendiz de todo, maestro de nada”), hoy no se comprende. Y es que el interés de la empresa y el nuestro como clase obrera es opuesto.

En que esto sea así juegan un papel fundamental algunos mandos intermedios. Por ellos comienza la presión. Tanto ideológica (“mira por ti”, “vais a arruinar la empresa”) como psicológica (“esto se hace porque me sale de los c...”, “trabaja y calla, que para eso eres de una compañía auxiliar”, “si bajas al Comité se te descontará del sueldo”). Hasta tal punto que el pasado octubre la situación reventó en mi zona y hubo un paro acompañado de una marcha hasta el local del comité de empresa, para reclamar de nuestros representantes sindicales una respuesta contundente a estas presiones. El conflicto se saldó con la reunión del Comité y la dirección de la empresa, y un supuesto tirón de orejas a los mandos.

Desde entonces nada ha cambiado. Y no ha cambiado porque la causa que originó el conflicto sigue ahí. Seguimos careciendo de una educación sindical. Es fundamental armar al conjunto de los obreros ideológicamente para defendernos de la hostilidad a que la empresa nos somete cada día. Pero esta no es una labor que corresponda a las nuevas incorporaciones. Corresponde fundamentalmente a los delegados sindicales. Y desgraciadamente no están por la labor. Están por “negociar”, alejándose cada día más de los problemas de sus compañeros obreros. Como dijo un antiguo sindicalista de esta fábrica: “practican una política desde el local del Comité”, en clara alusión a su falta de presencia en los tajos y el consiguiente alejamiento de nuestros problemas. Como demuestra el hecho de que nos tuviésemos que organizar para bajar hasta el local del Comité a informarlos. Si viniesen por los tajos y le parasen los pies a los mandos de vez en cuando, si hablasen con nosotros diariamente de compañero a compañero, no haría falta llegar a situaciones como la de octubre porque no existirían las causas que la provocaron, y aun en el caso de que se diera la habrían solventado mucho antes de que nosotros la considerásemos un problema grave.

El problema en el fondo responde a que nuestros sindicatos tienen un modelo sindical erróneo, en el cual se pone toda la confianza en la pericia negociadora de los dirigentes, olvidándose que el verdadero poder está en la base obrera. Esto me quedó claro en la asamblea de la Sección Sindical de CCOO con motivo de las elecciones sindicales, la primera que se convocó desde que yo entré en Izar. En ella comprobé cómo los dirigentes del sindicato sólo fueron capaces de responder con descalificaciones personales a los argumentos del Sector Crítico, que fue totalmente excluido de las candidaturas. A pesar de eso, los críticos están trabajando a tope para que CCOO gane las elecciones. Y a mí todo esto me ha servido para que las ideas de El Militante, que inspiran a los principales sindicalistas del Sector Crítico de Izar-Ferrol y que ya me convencían en la teoría, me convenzan también en la práctica.


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