Corriente Marxista Internacional

Al Comité de Redacción nos ha llegado este artículo enviado por Floren Dimas. Por razones de espacio nos ha sido imposible publicarlo íntegramente. Recordamos a nuestros lectores que los artículos y colaboraciones que envíen no deberían sobrepasar la

¿Debe la izquierda pedir perdón a la Iglesia

Al Comité de Redacción nos ha llegado este artículo enviado por Floren Dimas. Por razones de espacio nos ha sido imposible publicarlo íntegramente. Recordamos a nuestros lectores que los artículos y colaboraciones que envíen no deberían sobrepasar las 500 ó 600 palabras.


No ha mucho tiempo, un obispo ultramontano lanzaba al aire su pregunta: ¿Cuándo pedirá perdón la izquierda por los crímenes cometidos por ella durante la guerra civil?

A dicho obispo tuve el gusto de responderle a través de los medios y el disgusto de ser respondido… por carta. Me sumía Su Eminencia, el obispo de Canarias, Monseñor Ramón Echarren Ystúriz, en un lenguaje epistolar en el que sólo le faltaba excomulgarme si ello surtiera efecto en quien practica la filosofía del agnosticismo.

Pero volviendo a mi escrito en el que contestaba a Monseñor, le señalaba que tanto durante la guerra como durante una larga posguerra de 40 años, no hubo español mayor de edad (y muchos que no lo eran aún) que no pasase por la criba inquisidora del régimen de Franco.

Efectivamente, por los tribunales militares pasaron los autores de crímenes de todo tipo siendo enviados a la fosa común pasando por el piquete de ejecución …y de paso 170.000 republicanos cuya “culpa” fue ser de izquierdas en cualquiera de sus manifestaciones. La “justicia” franquista, apuró hasta llegar al secuestro desde países extranjeros, la acción de los tribunales para sentar en el banquillo a quiénes consideró reos por sus gravísimas responsabilidades. No quedó diligencia por hacer, ni gestión que apurar para que NINGUN CRIMEN cometido en zona republicana quedase impune... Y no quedó.

Pagaron todos: los autores, los cómplices, los inductores, los encubridores... los sospechosos, los familiares, los amigos, aquel que pasaba por allí cerca...

En aquella vorágine de la posguerra, solo una cosa quedó clara: ningún republicano responsable en cualquier grado de un asesinato, se libró de ser ejecutado. Evidentemente, no respondieron de sus excesos los que cayeron durante la guerra por diversos motivos, ni los que murieron víctimas de las palizas o el hambre durante su detención, ni los que se salvaron en un exilio desgarrador. De diferentes formar evadieron rendir cuentas pagándolas con sus vidas segadas o atormentadas.

De cualquier manera, NADA ni NADIE quedó impone en el balance final de la “justicia” de Franco. Ni los fusilados, ni los muertos de hambre o apaleados, ni los fallecidos en el desarraigo de un exilio traumático, podían pedir, entre otras razones, porque deja de ser deudor el que paga su culpa. Por esta razón, le comentaba a monseñor Echarren, la inoportunidad de sus manifestaciones públicas, nombrando la soga en la casa del ahorcado, pues no cabe zafarse (la Iglesia) de su pecado histórico de complicidad con el franquismo y con sus crímenes, con el socorrido del “y tú más”.

Ningún juez, ni fiscal, ni ministro… ¡¡¡NADIE!!! del inmenso aparato inquisitorial del régimen homicida del “caudillo”, ha respondido de responsabilidad alguna. Esa abismal diferencia que separa la evolución de las responsabilidades de uno y otro bando, es lo que deja fuera del debate cualquier insano intento de establecer una simetría en el vidrioso tema de la represión.

Durante años de investigación, he logrado recopilar algunas cartas de republicanos escritas en los umbrales de su muerte. La palabra “perdón” solo está presente en quiénes de alguna manera se manifiestan creyentes, mientras que los demás, reservan sus últimos pensamientos para su familia y para sus amigos y para refrendar su lealtad a sus ideales —hurtando la acción de la censura con términos interpretables—.

Como conclusión a estas consideraciones, no debe pesar sobre la Izquierda la obligación de pedir perdón, porque pagó los excesos que se le atribuyen en proporciones incalculables, cayendo inocentes y culpables en aquel mar de revanchismo. Ni iglesia, ni todos los responsables del Holocausto Franquismo, exculpados ilegítimamente por el Decreto de Amnistía de 1977, han pedido perdón y por ello todas sus víctimas serán sus acreedores por toda la Eternidad.


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