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Una vez más la burguesía navarra, con UPN a la cabeza, nos muestra su aspecto más reaccionario, haciendo patente su clara influencia y su interés, por controlar todos los aspectos de la vida del pueblo navarro, en esta ocasión el ocio y las actividad Una vez más la burguesía navarra, con UPN a la cabeza, nos muestra su aspecto más reaccionario, haciendo patente su clara influencia y su interés, por controlar todos los aspectos de la vida del pueblo navarro, en esta ocasión el ocio y las actividades realizadas en el tiempo libre por la juventud.

Si bien este hecho se ha manifestado de una forma evidente durante estos dos últimos años con el cierre de gaztetxes por toda Euskal Herria (poniendo sobre la mesa la contrariedad que les produce ver que una parte de la juventud opta por el ocio autogestionado y alternativo, en lugar de seguir las directrices que ellos pretenden marcar incluso en ese ámbito), no podemos dejar de ver la importancia que tiene también la prohibición que viene dándose desde 2002, según la cual no pueden ponerse “txoznas” (barracas políticas) durante las fiestas de San Fermines en Iruña.

A pesar de que el principal motivo presentado por el ejecutivo para prohibirlas fue la negación del colectivo a acatar una serie de normas sanitarias que se les exigían, no podemos negar que los ataques que ha venido sufriendo este colectivo a lo largo de todos estos años dejan entrever claramente el interés político que el Ayuntamiento tenía en que desaparecieran.

Tras reiterados intentos por parte de la Comisión de Txoznas de reunirse con el Ayuntamiento para llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, no sólo hubo una rotunda negativa por parte del Ayuntamiento, sino que cualquier tipo de protesta al respecto por parte de la población se ha visto abortada violentamente por las fuerzas de seguridad.

Generalización de los ataques

Esta cuestión no es un hecho aislado sino que en toda Euskal Herria hemos podido ver durante estos últimos años como se ha producido numerosos ataques a los derechos democráticos más esenciales; con la ilegalización de Batasuna, pero más recientemente con la de Aukera Guztiak (aunque EHAK logró finalmente presentarse), el periódico GARA, bajo amenaza de cierre acusando a su director de “enaltecimiento del terrorismo” por publicar un comunicado de ETA, el ya citado tema de los gaztetxes, las txoznas, el sumario 19/98 (juicios de Haika, Segi y Jarrai)... lista a la que podríamos añadir un largo etcétera.

Quizá en un primer momento pueda parecer un intento única y exclusivamente dirigido a criminalizar y hacer desaparecer a la izquierda abertzale, pero que seguirá con los ataques a todo aquel movimiento de izquierdas y crítico con el sistema en el conjunto del Estado español.

Ya podemos verlo con las agresiones fascistas por parte de bandas organizadas de la extrema derecha que se están llevando a cabo en múltiples ciudades, desde Guadalajara hasta Talavera, desde Zaragoza hasta Alcalá de Henares.

La impunidad de los autores y la pasividad de las fuerzas de seguridad y los gobiernos de dichas comunidades/ciudades ante estos hechos, no hace más que criminalizar a todos aquellos que desde la izquierda denunciamos estos actos, poniéndonos en el punto de mira de estas bandas fascistas.

De la misma manera el intento de presentar estos ataques como peleas juveniles, tratando a los jóvenes de delincuentes y provocadores (cuando en realidad se trata de un ataque de carácter totalmente político) no tiene más objetivo que el de dar una imagen distorsionada de la juventud al resto de la sociedad y quitarle importancia política al asunto.

La bancarrota política de la derecha

El interés en controlar el ocio, la prensa, la libertad política, etc., no es más que un desesperado intento por parte de la burguesía ( en Navarra concretamente más en particular de UPN) de salir de la enorme bancarrota política que sufre entre la juventud.

El que UPN esté en la presidencia del Gobierno de Navarra y en la del Ayuntamiento de Pamplona no es debido a su amplia base social entre la población irundarra y navarra, sino a la falta de una alternativa clara de izquierdas ( sobre todo tras la ilegalización de Batasuna) y la postura totalmente reformista que mantienen las organizaciones tradicionales de la izquierda.

En Iruña ya llevamos 3 años sin txoznas, y uno sin gaztetxe. Al parecer, la reacción piensa que si a la juventud nos quita nuestro principales instrumentos de ocio autogestionado, alternativo y plural, conseguirá a su vez acabar con un modo distinto de ver las cosas, de una forma de pensar contraria a la oficial, que cuestiona las instituciones y los órganos de poder establecidos, antisistema, anticonsumista, en esencia; anticapitalista.

Está claro que la necesidad más inmediata es la de construir una corriente marxista y revolucionaria con un programa genuinamente socialista. Es por eso por lo que desde aquí hacemos un llamamiento a organizaros en torno a la corriente marxista de EL MILITANTE – EZKER MARXISTA para avanzar hacia la revolución socialista en Euskal Herria, en el Estado español y en el resto del mundo.