Corriente Marxista Internacional

El pasado 22 de septiembre, la SEPI y los sindicatos acordaron “aparcar” el plan de Izar. Aunque posteriormente hubo declaraciones contradictorias (para los sindicatos, equivale a una retirada; para el Gobierno, las propuestas de privatización y segr El pasado 22 de septiembre, la SEPI y los sindicatos acordaron “aparcar” el plan de Izar. Aunque posteriormente hubo declaraciones contradictorias (para los sindicatos, equivale a una retirada; para el Gobierno, las propuestas de privatización y segregación siguen en pie), no cabe duda de que ese paso atrás gubernamental fue el resultado directo de la lucha de los trabajadores.

Pero dicho “aparcamiento” no resolvió la cuestión fundamental. Por tanto, las espadas siguen en alto, como demostró la negociación del día 29. Lo que ahora hace falta es un plan de lucha que obligue al gobierno a dar una solución favorable a los trabajadores. Esto, y no cosas como la entrevista conjunta de SEPI y sindicatos con el comisario europeo de la Competencia, será lo determinante.

Combatividad obrera

El nivel de la movilización de los trabajadores de Izar sorprendió a propios y extraños: al gobierno y a los medios de comunicación, pero también a los dirigentes sindicales. Esto lo prueba el que, tras un mes de movilizaciones, todavía no hayan presentado una propuesta seria para la lucha. Los calendarios que propusieron (el primero, tras la negociación del 7 de septiembre, de un paro de dos horas el martes 14; el segundo, tras la negociación del 15, de tres paros también de dos horas los días 21, 28 y 30; y el tercero, tras la negociación del 29, de otro para el 6 de octubre) son ampliamente superados por la movilización de ámbito local, que es producto de la presión de los trabajadores desde abajo que, ante la insuficiencia de las propuestas de los sindicatos, obliga a los comités de empresa a hacer algo.

Esto no deja de ser positivo, por cuanto demuestra una gran combatividad obrera, pero un problema del calibre de esta nueva reconversión naval exige algo más que movilizaciones de ámbito local inconexas, exige una estrategia y un plan unificado de lucha.

La estrategia necesaria

Lo primero es tener claro el objetivo: la retirada total del plan y que el Gobierno presente un auténtico plan industrial de futuro que contemple carga de trabajo e inversiones, para así garantizar el futuro de todos los puestos de trabajo y de todas las factorías. Esto debe quedar meridianamente claro, puesto que algunas declaraciones de los dirigentes sindicales llevan a muchos trabajadores a no saber a ciencia cierta qué negocian realmente en sus reuniones con la SEPI. Por ejemplo, Carlos Romero, portavoz de UGT en las negociaciones, se mostraba absolutamente seguro de que habrá acuerdo, y añadía que ese acuerdo “es posible partiendo del plan de la SEPI” (La Voz de Galicia, 28/9/04). ¿Cómo hay que interpretar esto? ¿Como que asume cierres de factorías o la entrada de capital privado? Porque el plan de la SEPI consiste esencialmente en privatizar o cerrar algunas de las factorías.

La estrategia para conseguir nuestro objetivo pasa por obligar al Gobierno a que “no nos falle”, es decir, a que su política económica sea radicalmente diferente de la de Aznar, que es la razón por la que el PSOE fue votado masivamente el 14 de marzo. En este sentido, el PSOE está en una encrucijada y tiene que decidir: o con los trabajadores o con los empresarios. De la presión que realicemos para contrarrestar las presiones de la burguesía dependerá si ministros como Solbes imponen su visión de las cosas. De hecho, es significativo lo que pasa con el ministerio de Industria. La recuperación de este ministerio, tras su desaparición a manos del PP, fue presentada por el PSOE como una medida progresista. Pero al primer problema industrial que surge, y el ministerio brilla por su ausencia. Todo lo maneja Solbes, bien conocido por su ortodoxia procapitalista.

La excusa europea

El argumento que Solbes utiliza más frecuentemente para defender su plan para Izar es que “Europa” no deja más alternativa que la suya. Ya se debió de olvidar del ridículo que hizo cuando era comisario europeo y quiso multar a Francia y Alemania por incumplir el Pacto de Estabilidad. Cada vez está más claro que la Unión Europea es un fraude gigantesco, una gran mentira para aplicar recortes en los derechos de los trabajadores. Se esconden detrás de “Europa” para intentar convencernos de que asumamos esos recortes como inevitables.

Según Solbes, aplicar el plan era urgentísimo porque las multas podían llevar a una quiebra de Izar en cuestión de semanas. Ahora ya hay un plazo de meses para la negociación. Esto no es ningún milagro ni el resultado de la moción aprobada en el Parlamento, sino que es consecuencia de la movilización obrera.

Por la unificación de la lucha

En esa línea combativa tenemos que seguir. La solución a Izar exige una movilización amplia, firme y orientada a la extensión de la lucha, a organizar la solidaridad que se está generando. Los dirigentes sindicales tienen que ponerle un plazo al gobierno para que retire definitivamente el plan y presentar un calendario de movilizaciones para el mes de octubre que suba el listón de la lucha y, sobre todo, que la unifique en todo el Estado. Lo que se haga tiene que ser de forma coordinada. Este nuevo calendario debería incluir una jornada de movilización que se convierta en una huelga general local o comarcal en aquellas zonas donde la construcción naval tiene más peso, y debería culminar en una gran Marcha a Madrid en sábado, a la que CCOO y UGT deberían convocar a la clase obrera madrileña. La jornada también debería aprovecharse para celebrar una asamblea general de todos los trabajadores de Izar en la que se debata y apruebe un nuevo calendario de movilizaciones. Además, esta asamblea general debería aprobar una plataforma reivindicativa común, que debe incluir como puntos principales el mantenimiento de todos los empleos, las factorías y el carácter público de Izar, la cobertura de todas las prejubilaciones con contratos de relevo, la integración en la empresa principal de los trabajadores de compañías que trabajan permanentemente en los recintos de Izar y un plan de choque de la construcción naval que permita subsanar las deficiencias puestas en evidencia por accidentes como el del Prestige.

Un plan de lucha así, además de la presión que ejercería sobre el gobierno, también serviría para evitar el peligro de la división localista que el PP, los empresarios y sus medios de comunicación ya están fomentando para dividir al movimiento obrero y desviar la responsabilidad de quien realmente la tiene: los capitalistas. Paralelamente, también fomentan la unidad de “todos”, para presentarse ellos mismos como los amigos de los trabajadores. No debemos fiarnos. Ellos entienden por “salvar” Izar el salvar sus beneficios, como siempre con privatizaciones y a costa de los empleos. La única mano que nos van a echar es al cuello. Nuestra lucha debe tener una perspectiva de clase.

Las compañías auxiliares

Y como de una perspectiva de clase se trata, hay que empezar por las compañías auxiliares. En Izar, los dirigentes sindicales llevan años hablando de la necesidad de ordenar la industria auxiliar, sin pasar de las palabras a los hechos. La negociación del plan es una buena ocasión para plantear esta cuestión y las reivindicaciones de los compañeros de las auxiliares, empezando por la integración en la principal, dado que hay casos de trabajadores que llevan muchos años trabajando dentro de Izar o que incurren en prestamismo laboral. En este sentido, los sindicatos deberían impulsar decididamente la organización de los trabajadores de compañías, lo que redundaría no sólo en conseguir una mejora de sus condiciones laborales, sino también en evitar el deterioro de las condiciones de los demás.

Xaquín Gª Sinde, José R. Rico y Arturo Llago

Miembros de la Comisión Ejecutiva de CCOO Izar-Ferrol


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