Corriente Marxista Internacional

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El 24 de octubre de 1929 estalló el pánico en la gran bolsa de Nueva York. 12.894.650 acciones cambiaron de manos, muchas a precios de saldo. El jueves 29 de octubre Wall Street comenzó su prolongado declive. El crack de Wall Street se divide en dos épocas: la alegre "época del jazz" de los años veinte y los años treinta, la década de la depresión.

Pocos brotes verdes y mucha mala hierba

La economía capitalista mundial ha vivido en estos dos últimos años su mayor hundimiento desde el crack de 1929. El estallido del sistema financiero y el comienzo de una brutal crisis de sobreproducción en el conjunto de las economías capitalistas desarrolladas, ha conducido a la clase dominante a poner en marcha el plan de rescate de la economía de mercado más importante de la historia. En poco más de un año y medio, los gobiernos capitalistas de EEUU, la UE, China y Japón han comprometido más de veinte billones de dólares de dinero público, casi un tercio del PIB mundial, en una operación desesperada para evitar la quiebra generalizada de la banca mundial y estimular una economía que se ha despeñado por el precipicio. 

El sistema capitalista está atravesando su crisis más profunda desde los años treinta y la Gran Depresión. Los apologistas del capitalismo, incluidos en el movimiento obrero, habían descartado totalmente ese escenario. Después de todo, explicaban, el capitalismo ha cambiado y los gobiernos ahora son capaces de superar cualquier deficiencia experimentada por los mercados. Han aprendido las lecciones de los años treinta.

Los recientes datos económicos de la Unión Europea (UE) han vuelto a confirmar la profundidad y gravedad de la crisis, sólo comparable con la de los años 30, con una caída del PIB en la eurozona en el primer trimestre del año del 2,5%, la mayor desde que comenzaron los registros en 1995. Alemania, la locomotora de Europa, ha sufrido el peor retroceso desde la II Guerra Mundial, con una caída del PIB del 6,7% respecto al mismo trimestre del año 2008 y del 3,8% respecto al trimestre anterior. Otros países como Letonia y Eslovaquia han sufrido retrocesos del PIB superiores al 10% respecto al trimestre anterior. A pesar de la contundencia de los datos, numerosos gobiernos e instituciones, entre ellos el Banco Central Europeo (BCE), han declarado en las últimas semanas que probablemente lo peor de la crisis ya haya pasado, tal y como han venido haciendo en distintas ocasiones desde que estalló la crisis.

La economía capitalista se estrella contra la depresión

El pasado 2 de abril los representantes de las potencias capitalistas más importantes del planeta, con algunos convidados de segunda fila, se reunieron en Londres en la cumbre del G-20. Anunciada con una fanfarria propagandista de alta intensidad, la reunión ha supuesto un fracaso sin paliativos por más que los medios de comunicación capitalistas, y los gabinetes de prensa de los gobiernos, se esfuercen en adornar pretenciosamente sus resultados.

En las últimas semanas estamos asistiendo a una ofensiva creciente de la patronal contra los salarios de los trabajadores. La actitud beligerante de la CEOE, negándose a aceptar subidas salariales superiores al 1% para los convenios colectivos de 2009, ha servido de pistoletazo de salida de una campaña amplia y estridente, cuya consigna central es "moderación salarial". Obviamente, se trata de un eufemismo, la "propuesta" patronal es lisa y llanamente congelación salarial y, por lo tanto, pérdida de poder adquisitivo. Y lo más insidioso es la justificación. En un comunicado de la junta directiva de la CEOE se afirma que "una política de moderación salarial es la mejor garantía para mantener el empleo". Así que se trata, según los empresarios, de un sacrificio por el bien común, y sobre todo, de interés para los propios trabajadores.

La depresión económica mundial y los planes de la administración Obama

El mundo capitalista se encuentra trastornado. La crisis económica iniciada en el verano de 2007 en EEUU se ha convertido en una recesión mundial de consecuencias imprevisibles. A primera vista, las semejanzas con la mayor depresión de la historia del capitalismo, el crack de 1929, son evidentes por mucho que los estrategas de la burguesía se hayan resistido a aceptarlas durante meses. Y estas semejanzas dibujan un cuadro sombrío para la clase dominante.

breadline_fdr.jpgLa clase obrera mundial es la que realmente sufrirá. Globalmente, la ONU calcula que el desempleo este año alcanzará los 220 millones de personas. De una fuerza laboral aproximada de 3.000 millones, es significa sólo el 7 por ciento. Pero esta cifra no tiene en cuenta a millones de parados ocultos que ni siquiera pueden comenzar a buscar un empleo. En cuanto al porcentaje de los que trabajan en fábricas explotadoras en el plantea supera el 20 por ciento.

La crisis se desarrolla de una manera acelerada e implacable. En el mes de noviembre, el ritmo de destrucción de empleo en EEUU ha sido el más rápido en 34 años. El PIB mundial ha registrado una caída abrupta. La recesión estuvo precedida por una crisis financiera (la llamada crisis del crédito), sin embargo, simplemente fue el preludio de la crisis real. Como siempre, los economistas burgueses sacan la conclusión de que la causa de la crisis es la falta de crédito. En realidad, la escasez de crédito está provocada por la crisis.

Como si despertáramos de un sueño a golpe de electroshock, la incertidumbre y el miedo se fabrican a toda máquina, con la misma rapidez e impunidad que los responsables de la hecatombe se eximen de cualquier responsabilidad. Mientras a nuestro alrededor asistimos a una destrucción de riqueza similar a la que provocaría una guerra devastadora, los gobiernos se reúnen frenéticamente y adoptan recetas que sólo sirven para confirmar lo que ya sabíamos: que el capitalismo es un sistema decrépito y que un puñado de grandes monopolios y banqueros ejercen una brutal dictadura mundial que condenará a millones de hombres, mujeres y niños al empobrecimiento y al desempleo de masas.

Los medios de comunicación de la burguesía bombardean constantemente al público general con la idea de que en los países capitalistas desarrollados se "consume demasiado", lo lógico debería ser entonces consumir menos. Cuando utilizan la palabra "nosotros" ellos quieren decir por supuesto la clase obrera y la clase media, no los ricos. Ellos intentan inculcar en los trabajadores un sentimiento de culpabilidad. Lo que pretenden es un programa de austeridad que implica recortes de los salarios reales y menos gasto en el estado del bienestar. Esto se adecúa muy bien a las necesidades de la clase capitalista que pretende reducir los costes de producción para ser aún más competitivos en el mercado.

No, no es democracia: es la dictadura del capital financiero

El próximo 15 de noviembre, George. W. Bush y su colega francés Sarkozy han convocado en Washington una cumbre de jefes de Estado (el G-20), con el objetivo, en palabras del presidente de Francia, de "refundar el capitalismo sobre bases éticas" y evitar "una revuelta mundial". Para poner una nota pintoresca a semejante encuentro, el presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, anda mendigando por las esquinas una silla en la reunión. ¡Cómo va a faltar el líder más carismático de la socialdemocracia mundial a una mesa con comensales tan importantes! ¿Llevaría el mensaje de angustia de los trabajadores, los parados, los pensionistas a tan magna cumbre? Obviamente no. Zapatero, como su colega laborista Mr. Brown, como todos los líderes de la socialdemocracia, si por algo se han destacado en estos meses es por constituir una firme línea de defensa del capitalismo.

El pánico se ha apoderado de los mercados mundiales. La situación está completamente fuera de control y no hay nada que los gobiernos puedan hacer o decir para detenerlo. Como en 1929, cada vez que se pensaba que lo peor ya había llegado, se producían inmediatamente nuevas caídas. Nadie sabe hasta dónde pueden llegar los precios de las acciones. La economía mundial se encuentra ahora en mar abierto. "Estamos mucho más allá de los fundamentos", dijo Chris Orndorff, jefe de estrategia de valores de Payden & Rygel, de Los Ángeles. "Esto es sólo puro pánico, eso es todo".  

El neoliberalismo, la ideología dominante del capitalismo moderno, está sufriendo un desafío. Durante el último cuarto de siglo el neoliberalismo, algunas veces denominado fundamentalismo de mercado, la política de no intervención en la economía, ha sido la ideología, ha ideado la política que le ha acompañado, que se ha opuesto firmemente a los derechos e intentado reducir las condiciones de vida de la clase obrera en todo el mundo. Ahora la crisis está obligando a las autoridades a intervenir, regular e incluso nacionalizar empresas. ¿Ha muerto el neoliberalismo?

A primeras horas de la mañana del 8 de octubre, el gobierno y las autoridades financieras finalmente acordaron un plan ambicioso para salvar a la banca. Proponen un rescate valorado en 50.000 millones de libras como medida decisiva para poner fin a las pérdidas. En realidad, se vieron obligados y no hay señales de que eso vaya a detener el pánico en los mercados británicos.

El lunes vimos la mayor caída en un solo días de los mercados bursátiles mundiales. En una sola sesión el Dow Jones perdió 800 puntos, empujando el índice por debajo de los 10.000 puntos. El porcentaje del FTSE 100 sufrió su mayor caída desde el Lunes Negro de octubre de 1987 y la mayor caída en puntos de la historia. La bolsa rusa cayó un 19 por ciento y la bolsa permaneció cerrada. La venta en masa arrastró a Brasil, Indonesia y Arabia Saudí. El Índice de Mercados Emergentes MSCI se hundió un 11 por ciento, la mayor caída en un solo día desde 1987. Ha sido uno de los peores días en los 14 meses que dura la crisis del crédito.

¡Que la crisis la paguen sus responsables: los capitalistas!
¡Expropiar a la banca y los monopolios bajo control de los trabajadores es la única solución!
¡Por una alternativa auténticamente socialista!

La hecatombe del sistema financiero mundial es un hecho de tal magnitud, con tantas repercusiones en el plano económico, político, social y militar, que es difícil predecir todas sus consecuencias. En cualquier caso hay algunas incuestionables. Primero, que la economía del conjunto del planeta se encuentra al borde del abismo, precipitándose hacia la recesión más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. En segundo lugar, y exactamente igual de trascendente que la anterior, el colapso económico está desvelando el auténtico funcionamiento de la llamada "democracia" burguesa, en realidad la dictadura del gran capital. Una dictadura en la que los gobiernos de EEUU y Europa ­-forma-dos por individuos con sueldos espectaculares que velan por los intereses de la clase dominante-, están conspirando para que los costes de esta brutal crisis los paguen las familias trabajadoras de todo el mundo.

Vivimos tiempos excepcionales. El pánico financiero en EEUU está provocando olas que amenazan con hundir todo el mundo. Este acontecimiento está transformando rápidamente la conciencia de millones, Alan Woods en este artículo analiza cómo la economía mundial ha llegado a esta situación donde está al borde de una seria recesión, tan seria que podría ser tan mala o incluso peor que la de 1929.

El sistema capitalista agoniza en una de las peores crisis financieras desde la Gran Depresión. Así piensa no sólo el multimillonario George Soros, sino también el Fondo Monetario Internacional, el custodio del sistema capitalista, y todos los comentaristas capitalistas serios.


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