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El gobierno ha hecho público sus intenciones en cuanto a la reforma del IRPF, que se podría resumir en un simple más de lo mismo. No desmonta ninguno de los retrocesos de la reforma impulsada por el PP, al contrario, los profundiza. Hay que destacar El gobierno ha hecho público sus intenciones en cuanto a la reforma del IRPF, que se podría resumir en un simple más de lo mismo. No desmonta ninguno de los retrocesos de la reforma impulsada por el PP, al contrario, los profundiza. Hay que destacar que se hizo público en presencia del “padre ” de la reforma del IRPF del PP, el decano del colegio de economistas, Manuel Lagares y que ha contado con su beneplácito.

La reforma del PP

La política económica del gobierno del PP fue, a pesar de la propaganda, un trasvase de rentas de los trabajadores a los empresarios. Algunos de los líderes de la derecha, como Esperanza Aguirre, hicieron bandera de que el PP había bajado los impuestos a todos. Con este pretexto benefició a las rentas más altas. Estas fueron las consecuencias de la primera reforma del PP: el 1% de los contribuyentes, con ingresos superiores a 10 millones de pesetas, se ahorraron 640.000 Ptas. de media, mientras que el 10% de contribuyentes con menores ingresos se ahorraron 2.500 Ptas. Un contribuyente medio redujo su factura fiscal en torno a 51.000 Ptas. Hay que tener en cuenta un dato importante: las rentas del trabajo aportan alrededor de tres cuartas partes de la recaudación total, una clara discriminación respecto a las rentas por “productos financieros”.

Además, en el periodo 1995-2000, los impuestos indirectos -que pagamos todos por igual, independientemente de nuestra renta- pasaron de representar el 45,3% al 50% sobre el total de recaudación tributaria, compensando así la pérdida de recaudación de 10.000 millones de euros que supuso la bajada de impuestos a las rentas altas señalada anteriormente. A todo eso hay que señalar que no aportaron ninguna medida contra el fraude fiscal

Los impuestos suben

La realidad es que lejos de bajar los impuestos, la presión fiscal aumentó entre 1995 y el 2000 en 2,4 puntos sobre el PIB, basados, como demuestran los datos, en hacer que paguen más los trabajadores. En esto consiste la bajada de impuestos para estos liberales, en llenarse los bolsillos, en hacer que el peso de los impuestos lo suframos los trabajadores con los impuestos indirectos que pagamos al comparar en el súper, echar gasolina o tomar una caña.

La segunda reforma consistió en bajar un poco más aun el tipo máximo y unas medidas auxiliares, mínimo personal, desgravaciones por hijos, etc., que trataban de maquillar lo esencial, la rebaja para los ricos.

La nueva reforma

La nueva propuesta no presenta grandes novedades con respecto a la anterior. Lejos de revertir la reforma del PP, es una profundización más en ella. Básicamente, consiste en la reducción de tramos de los tipos, eliminando de esa manera, poco a poco, la filosofía del impuesto: que pague más quien más tiene. Propone un tipo máximo (el porcentaje que pagan los más ricos) del 40% cuando actualmente es de un 45%, sin rebajar el mínimo, el que pagan las rentas más bajas, actualmente el 15%.

Hay que recordar que el impuesto ha pasado bajo el gobierno de PP de 17 tramos en 1996 a sólo 5 en la actualidad, y que el tipo máximo se ha reducido del 56 al 45% (13 puntos), mientras que el mínimo lo ha hecho del 20 al 15% (5 puntos).

Se sigue sin concretar ninguna medida para el control del fraude, ni se modifica sustancialmente el hecho de que las rentas por inversiones financieras tributen al mínimo.

Aunque el ministro Solbes se mostró crítico con las deducciones por planes de pensiones tampoco anunció ninguna reforma: según sus datos, los contribuyentes con rentas inferiores a 30.000 euros (el 90% del total), sólo el 9% realiza aportaciones, con una cuantía media de 1.000 euros. Por el contrario, los declarantes con rentas superiores a 150.000 euros, aproximadamente el 0,15% del censo, realizan aportaciones con una cuantía media anual cercana a los 9.000 euros.

Deducciones por vivienda

En pleno debate sobre los pisitos de 30 metros cuadrados, otro “experto”, José García-Montalvo, de la universidad Pompeu Fabra, intentaba argumentar en favor de la desaparición de la desgravación que se aplican más de cinco millones de contribuyentes. Tasó en más de 3.000 millones de euros la cantidad de beneficio extra de los grandes especuladores por las subidas del precio de la vivienda. Pero su conclusión es increíble: puesto que los constructores especulan y se benefician de las subidas de la vivienda, eliminemos la desgravación por compra... ¡¡¡al comprador!!!. Es decir, paguemos al especulador y después que no podamos desgravar nada.

En definitiva lo anunciado no rompe en absoluto con la política descarnada del PP. Esta reforma anunciada está en la misma línea que los liberales del PP. El gobierno debe revertir todas las medidas que impuso Aznar y no profundizar en ellas.