Corriente Marxista Internacional

Los acontecimientos en Pakistán se suceden con rapidez, el general Musharraf ya no es el jefe del ejército y tuvo que jurar rápidamente como presidente el mismo día. La esperanza del general es que de esta manera conseguirá ganar respetabilidad para la campaña electoral de las elecciones prometidas para el 8 de enero. Esta situación prepara la escena para un gran giro en Pakistán. Las divisiones y conflictos por arriba abren una brecha a través de la cual avanza el descontento acumulado de las masas. Los acontecimientos tomarán una lógica propia.

Los acontecimientos en Pakistán se suceden con rapidez, el general Musharraf ya no es el jefe del ejército y tuvo que jurar rápidamente como presidente el mismo día. La esperanza del general es que de esta manera conseguirá ganar respetabilidad para la campaña electoral de las elecciones prometidas para el 8 de enero. Esta situación prepara la escena para un gran giro en Pakistán. Las divisiones y conflictos por arriba abren una brecha a través de la cual avanza el descontento acumulado de las masas. Los acontecimientos tomarán una lógica propia.

La dictadura se ha tenido que poner de rodillas debido a las manifestaciones y protestas de masas, y por las intolerables contradicciones que aquejan a Pakistán en todos los niveles. Como pronosticamos, el regreso de Benazir Bhutto sacó a las calles a millones de trabajadores y campesinos. No fue gracias a, sino a pesar de, la política y comportamiento de Benazir, que es una aliada del imperialismo norteamericano y que hasta hace poco intentaba llegar a un acuerdo con Musharraf.

El regreso de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif, la salida formal del ejército del general Pervez Musharraf, representa el principio del fin de la dictadura, que ha perdido fuelle y colapsa bajo su propio peso. Aunque la ley marcial todavía está en vigor, la dictadura ha demostrado ser un tigre de papel. Sus días están contados.

Nawaz Sharif, que fue deportado a Arabia Saudí sólo unas horas después de su regreso a Pakistán, se le ha permitido regresar debido a la insistencia de los saudíes, aliados y mecenas tanto de Musharraf como de Sharif. La familia real saudí pidió el regreso de Sharif porque creían que el régimen no permitiría a Benazir Bhutto presentarse a las elecciones. Pero Musharraf, a petición de EEUU, permitió su regreso. Por eso los saudíes insistieron en el regreso de Sharif, ellos quieren evitar a toda costa una victoria del PPP, quieren que Musharraf se base en la Liga Musulmana para mantener a Benazir alejada del cargo.

Washington fue el primer aliviado cuando deportaron a Sharif el pasado mes de septiembre, pero después de haber presenciado las movilizaciones de masas provocadas por el regreso de Benazir ahora están contentos con el regreso de Sharif. Los imperialistas y Musharraf intentarán equilibrarse entre Sharif y Bhutto, intentarán que formen una coalición como salvaguarda frente a las masas.

El general Musharraf ha estado presionado por Washington para que convoque las elecciones, pero la ley marcial, incluida la prohibición de celebrar reuniones políticas, impuesta el 3 de noviembre, aún continúa. Todo apunta a que las elecciones se celebrarán bajo el actual estado de excepción. El general ha destituido a los jueces del Tribunal Supremo que parecían independientes y nombrado a sus títeres en su lugar. Estos últimos, de modo obediente, han prohibido todos los desafíos legales a la reelección del general. La tarea de garantizar a los pakistaníes unas elecciones justas recaerá sobre estos caballeros.

Para los abogados y políticos profesionales, la "democracia" es una cuestión de lucrativos puestos parlamentarios y ministeriales. Su principal objeción a Musharraf no es de principios, sino simplemente que el ejército ya tiene una parte demasiado grande del pastel estatal y no les deja suficiente a ellos. Para la "clase política" la situación se reduce a una lucha para ver quien consigue más.

La burguesía norteamericana tiene otros intereses. Tienen su propia parte del pastel (mucho más grande) en casa. La defensa de lo que ellos denominan "intereses de EEUU" está, en última instancia, relacionada con ello, pero para proteger los "intereses de EEUU" (es decir, los intereses de los grandes bancos y multinacionales norteamericanas) deben atender su política exterior.

La política exterior norteamericana tiene dos departamentos: el primero es el ejército estadounidense, la armada y la fuerza aérea, el segundo es la diplomacia. El primero utiliza la fuerza desnuda para aplastar a los enemigos, el segundo utiliza una combinación de amenazas, soborno y corrupción para conseguir el apoyo de "gobiernos amigos", la amistad también es una mercancía y puede ser comprado como cualquier otra mercancía.

Desgraciadamente, también como cualquier otra mercancía, los amigos pueden dejar de ser útiles y su valor de mercado caer. El valor de mercado de la amistad del general Musharraf lleva ya algún tiempo muy bajo. Por lo tanto, Washington busca nuevos amigos en Islamabad.

El segundo golpe de Musharraf, era un intento desesperado de imponerse como presidente en las elecciones de enero, algo que resultaba incómodo para EEUU que intentaba imponer un acuerdo entre el general y Benazir Bhutto.

Pakistán es un elemento clave en la política exterior norteamericana en Asia Central. Pero tiene un problema profundo, acosado por una combinación letal de colapso económico, insurgencia islamista, terrorismo, divisiones en el estado y caos político. El resultado exacto es imposible de predecir. Pero una cosa está clara: la inestabilidad aumentará y junto a ella también lo hará la polarización política y social, que dará un impulso poderoso tanto a las tendencias revolucionarias como a las contrarrevolucionarias.

A corto plazo, el "centro" ganará en la forma de un gobierno de Benazir Bhutto, probablemente en coalición con la Liga Musulmana. Pero demostrarán ser impotentes e incapaces de resolver los problemas fundamentales de la sociedad. El "centro" quedará al descubierto como un gigantesco cero.

Los imperialistas y la clase dominante de Pakistán no temen a Benazir, pero sí están aterrorizados por las masas que están detrás de ella y del PPP. Ellas quieren un cambio fundamental de sociedad y no se contentarán con discursos y promesas vacías. Quieren roti, kapra aur makan (pan, ropa y vivienda), que el capitalismo pakistaní es incapaz de dárselo.

Tanto Benazir como Sharif tienen pánico a llegar al poder en esas condiciones. Por eso Sharif hace ruido con que él realizará un boicot a las elecciones a menos que se den ciertas condiciones. Pero sí ha tenido la precaución de registrarse como candidato antes de que expirara el plazo. No se parece nada a la acción de un demócrata revolucionario que se prepara para comenzar una campaña de boicot. Parece más la acción de un comerciante político experto en el arte del regateo. Igualmente, las palabras poco entusiastas de boicot pronunciadas por Benazir no la impidieron presentar su candidatura puntualmente.

Todo esto sólo es una pose. Los estadounidenses presionarán a todos los partidos para sigan adelante con las elecciones y la voz de Washington no se puede ignorar. Probablemente, el régimen haga algunas pocas concesiones cosméticas y se celebren las elecciones. Sharif se callará con el ofrecimiento de unos cuantos puestos ministeriales lucrativos en un gobierno de coalición.

Nawaz Sharif no regresó a Pakistán para dirigir una campaña de masas por la democracia sino para llenarse los bolsillos. Quiere restaurar su partido, mermado por las deserciones a la Liga Musulmana (Qaid). Esto sólo lo puede hacer con la promesas de grandes cantidades de dinero o al menos promesas que se puedan cobrar en efectivo en un futuro próximo. Ya tiene cierta cantidad de dinero de sus mecenas saudíes (los saudíes siempre son muy generosos cuando se trata de subvencionar a fuerzas reaccionarias).

Sin embargo, el camino real para ganar el corazón y la mente de los políticos profesionales en Pakistán es el señuelo del alto puesto (en otras palabras, una licencia para hacer dinero). Como está claro que el PPP ganará las elecciones, esta circunstancia representa un pequeño problema para Sharif. Por esa razón, ruge como un león sobre el boicoteo electoral con la intención de presionar a Benazir para que llegue a un acuerdo con él y permitirse así compartir lo que se denomina los "frutos del cargo".

Benazir Bhutto participa del mismo juego, reparte los billetes de salida no a los trabajadores honestos y dedicados del PPP que se quedaron en Pakistán para luchar por la democracia y el socialismo, sino a todo tipo de advenedizos adinerados que no tienen nada en común con el PPP o el socialismo. Musharraf espera enfrentar entre sí a Benazir Bhutto y a Nawaz Sharif, pero si se celebran las elecciones en enero y no son amañadas, el PPP debería ganar.

A pesar de su aversión personal por Sharif, es posible que Benazir llegue a un acuerdo de coalición porque necesita una excusa para no aplicar una política en interés de los trabajadores y campesinos. Pero los trabajadores y los campesinos pobres no aceptarán excusas, presionarán para conseguir sus reivindicaciones más urgentes. Esta circunstancia abrirá una situación totalmente nueva para la lucha de clases en Pakistán.

Por arriba se están produciendo todo tipo de maniobras e intrigas. Los periodistas y comentaristas están fascinados con este "drama político", que se parece a una ruidosa pelea entre los enanos de un circo. Todas estas incesantes combinaciones y acuerdos sólo son la espuma de las olas del océano, son la expresión visible de las corrientes subterráneas. Lo decisivo, no obstante, no es la primera sino las segundas.

La crisis en Pakistán no es una crisis política superficial, sino una crisis del propio régimen. El débil capitalismo pakistaní, corrupto y podrido hasta la médula, ha llevado a este enorme país de 160 millones de habitantes a un callejón sin salida horrible. Durante más de medio siglo, la degenerada burguesía pakistaní ha demostrado ser incapaz de hacer avanzar el país. Ahora está en un impase absoluto que amenaza con arrastrarla al abismo.

Sólo las masas, encabezadas por la clase obrera, pueden mostrar una salida a esta pesadilla. La verdadera circunscripción electoral del PPP son las masas: los millones de trabajadores y campesinos, de jóvenes y parados revolucionarios, de mujeres e intelectuales progresistas, que salieron a las calles hace unas semanas, haciendo frente a las bombas terroristas y a los palos de la policía para dar la bienvenida a la líder del PPP. No vitoreaban a un individuo sino a un ideal: el ideal de un Pakistán verdaderamente democrático, un Pakistán sin ricos ni pobres, sin opresores ni oprimidos, un Pakistán socialista.

En el próximo período, las masas tendrán que regresar a la escuela de Benazir Bhutto donde aprenderán algunas lecciones duras. Pero las masas, en general, siempre aprenden de la experiencia. ¿Cómo sino van a aprender? El próximo período será un período tormentoso y tenso. Un gobierno del PPP estará inmediatamente sometido a presiones enormes desde todas partes: las masas exigirán medidas que correspondan con sus intereses, los imperialistas, los terratenientes y los capitalistas exigirán medidas favorables a los ricos y poderosos. Se encontrará entre dos ruedas de molino.

Sólo nuestra tendencia comprendió y pronosticó este proceso. Como es habitual, las sectas ultraizquierdistas fueron totalmente incapaces de comprender la forma en que se piensan y mueven las masas. Como siempre, los marxistas participan en el movimiento vivo y real de las masas, luchando por los mismos objetivos concretos contra los mismos enemigos de clase. No damos lecciones a los trabajadores y campesinos desde los márgenes como haría un profesor a un alumno. Explicamos pacientemente, paso a paso, ayudamos a los trabajadores a que saquen sus propias conclusiones.

Al final, los trabajadores y campesinos aprenderán cómo distinguir entre aquellos dirigentes que están a favor de los intereses de la clase obrera y los que no. Los marxistas en el PPP se opondrán a todos los intentos de formar coaliciones o llegar a acuerdos con la Liga Musulmana. Exigiremos la implantación del programa original del PPP, un programa socialista basado en la expropiación de los terratenientes y capitalistas. Desarrollaremos las reivindicaciones transicionales necesarias para vincular cada lucha concreta con el objetivo de la transformación socialista de la sociedad.

La línea de batalla cada vez es más clara: la negra reacción o el triunfo de la revolución socialista en Pakistán, India y en todo el subcontinente. ¡Que Pakistán sea el primer país que golpee para conseguir el socialismo y que la llama de la revolución alumbre todo el subcontinente!


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