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El seísmo que ha sacudido Cachemira ha devastado las ciudades de Muzzafarabad, Bagh y Rawalakot. Decenas de miles de personas han muerto, principalmente en la zona cachemira ocupada por Pakistán, cientos de miles han resultado heridas y mutiladas par El seísmo que ha sacudido Cachemira ha devastado las ciudades de Muzzafarabad, Bagh y Rawalakot. Decenas de miles de personas han muerto, principalmente en la zona cachemira ocupada por Pakistán, cientos de miles han resultado heridas y mutiladas para toda la vida. Según la OIT de los 2,4 millones de personas que vivían en la zona afectada por el terremoto, más de dos millones vivían por debajo del umbral de pobreza, con menos de dos dólares al día. Esta calamidad ha descubierto el lamentable nivel de vida que hay en Cachemira.

Las frágiles e insanas viviendas, la erosión del suelo producto de la deforestación, la terrible infraestructura, todo esto ha contribuido a aumentar el número de muertos. Son tan malas las infraestructuras que si una carretera queda bloqueada, por un corrimiento de tierra o por una grieta provocada por los movimientos sísmicos, toda Muzzafarabad y otras ciudades quedan totalmente incomunicadas. Esta es la razón principal del retraso en las operaciones de rescate y transporte de los heridos a los hospitales.

La prioridad de los gobernantes es el ingente gasto armamentístico que ha supuesto una terrible degradación de las infraestructura física y social. A más de 1.000 pueblos afectados sólo se puede llegar a pie. La ONU cree que los equipos de rescate no han podido llegar a unas 500.000 personas. Unicef dice que esto incluye a 120.000 niños, de los cuales 10.000 morirán debido al hambre, la hipotermia y otras enfermedades durante las próximas semanas si no se hace nada. Sólo la mitad de las víctimas han recibido raciones de emergencia. Más de cien hospitales y dispensarios han quedado diezmados. Las escuelas e instituciones públicas han sido destruidas. Según algunos cálculos conservadores 500.000 casas han quedado destruidas. El terremoto, que alcanzó un 7,6 en la escala de Ritcher, destruyó la mitad de los 1,3 millones de hectáreas de tierra cultivada en Azad Cachemira. Los funcionarios estiman que casi el 80 por ciento de todo el cultivo de la región fue destruido y el terremoto se ha cobrado la vida de 100.000 cabezas de ganado. El transporte y el tratamiento de 75.000 heridos en el terremoto y las vidas de muchos huérfanos parece que está fuera del alcance de la capacidad del Estado paquistaní.

Para evitar la extensión de las epidemias se ha iniciado una operación masiva que tiene la intención de proporcionar a tres millones de afectados comida, medicinas, utensilios de cocina, ropa y vivienda. La reconstrucción y rehabilitación de la región tras el desastre, según el WHO, podría superar los 10.000 millones de dólares.

Es interesante observar que el gobierno de Musharraf calcula el coste de la reconstrucción en sólo 5.000 millones de dólares. El gobierno pasa por alto el coste de reparar y reconstruir carreteras, puentes, escuelas, hospitales, oficinas gubernamentales, centrales eléctricas, líneas de comunicación y centros de rescate. Sin embargo, su principal prioridad es construir acuartelamientos militares.

La OIT calcula que 1.100.000 personas han perdido su empleo debido a esta tragedia. La recuperación de la actividad económica para acomodarles requeriría un esfuerzo colosal y una masiva inversión que el régimen ni siquiera piensa conseguir ni gastar. El aumento de los precios del petróleo y los tipos de interés agudizarán estos problemas. En cuanto a la ayuda externa, ha habido muchas promesas, pero realmente está llegando muy poca ayuda real de los países desarrollados. Muchas agencias de rescate de todo el mundo han tenido que admitir que estas promesas con frecuencia no se materializan. Las promesas incumplidas a las víctimas del tsunami del año pasado son una prueba de esto.

Precios y beneficios

se disparan

La naturaleza horrible del sistema capitalista ha quedado al descubierto en los actos atroces de los capitalistas, que se comportan como buitres merodeando y sobrevolando sobre la miseria de las víctimas de esta tragedia. El sector privado es optimista porque piensa que la rehabilitación impulsará el crecimiento económico ya que se consumirán más productos para la ayuda. Esta creencia ha ayudado a la bolsa de Karachi (el índice KSE-100) a subir más de 300 puntos desde el 8 de octubre.

El billete de autobús de Rawlakot a Rawalpindi ha pasado de 120 a 600 rupias. El precio de los alquileres en Rawalpindi (la ciudad más próxima a Cachemira) se ha multiplicado por tres. La enorme subida de los precios de productos esenciales es una tendencia que ha hundido al conjunto de la sociedad y ha intensificado la miseria de las ya empobrecidas masas paquistaníes.

Taj Haider explica las causas que están detrás de la subida de precios en un artículo publicado por el periódico Dawn el 24 de octubre de 2005: “Esta es la tendencia general de mercado guiada por la sagrada ley de la oferta y la demanda, protegida por los creyentes en el libre mercado. Se están consiguiendo enormes beneficios en una situación de crisis, los explotadores y los que consiguen dinero han sacado rápidamente la cabeza (…) La bolsa está subiendo. La alta demanda de cemento, acero, material de construcción, combustible y otros productos necesarios en las zonas del desastre ha tenido el resultado de subir substancialmente los beneficios y, por lo tanto, aumentar aún más los precios de las acciones”.

Esta tragedia no sólo ha desenmascarado la patética organización por parte del estado de las operaciones de ayuda, también ha descubierto la naturaleza de clase real del estado y la sociedad. En el mismo artículo Taj Haider incide en esta idea: “El mismo hecho de que el terremoto no dañara las zonas ricas o las casas bien construidas, subraya que la verdadera razón de la muerte y la destrucción es la pobreza reinante y el atraso de nuestras clases trabajadoras, y no sólo el terremoto. Es otro recuerdo trágico de que nuestras prioridades actuales están equivocadas (…)”.

Cada vez está más claro que bajo el capitalismo los desastres naturales golpean a los sectores más pobres y oprimidos de la sociedad. Si hubiera existido una infraestructura mejor y una vivienda similar a la que existe en Japón y California, se podrían haber salvado miles de vidas inocentes. El capitalismo no puede proporcionar viviendas de esa calidad a la población del subcontinente. La devastación provocada por esta calamidad nunca podrá solucionarse bajo este sistema. Sólo significará aún más miseria, pobreza y enfermedad para las masas cachemiras.

Transformar el dolor

en lucha revolucionaria

Cuando se desate una nueva oleada de la lucha de clases, ésta se desarrollará en líneas de clase y con un espíritu revolucionario. Los marxistas en Cachemira, a través del PTUDC, no sólo están participando en las operaciones de rescate y ayuda, también están educando a los jóvenes con las lecciones reales de esta tragedia. Su tarea fundamental es transformar este dolor en fuerza, vitalidad y coraje para luchar contra este sistema bárbaro. En las próximas semanas y meses las masas serán cada vez más conscientes de las cuestiones reales que afectan a su vida y la necesidad de su salvación a través de la revolución socialista.

El socialismo no sólo significa emancipación de la situación actual. También significa un sistema rico en los recursos necesarios para desarrollar la ciencia y la tecnología capaz de evitar estos desastres naturales. El actual sistema capitalista, a escala mundial, está tan debilitado debido a su codicia de beneficios que no puede ni siquiera explorar o explotar los enormes recursos disponibles en muchas zonas del mundo. El aumento de la frecuencia e intensidad de los desastres naturales es una prueba más de la necesidad del socialismo, donde la plusvalía generada por los trabajadores se pueda utilizar en garantizar una existencia mejor para la humanidad.

Incluso en esta situación de desastre y caos existe un ardiente odio al régimen. Se han producido varios ejemplos de multitudes coreando consignas contra los gobernantes e incluso noticias de escaramuzas con las fuerzas del estado. Las masas del subcontinente han demostrado una tremenda solidaridad con sus hermanos y hermanas cachemiros, porque ellos también comparten las mismas miserias. Una insurrección revolucionaria en Cachemira encendería la mecha de movimientos de masas en todo el subcontinente. Lo único que la clase dominante ha dado a Cachemira durante los últimos 58 años es miseria, pobreza e indigencia. Ahora no pueden ni siquiera reconstruir la región al nivel que existía antes de esta calamidad. Las masas tendrán que levantarse. Y lo harán. Una vez lo hagan, irán hasta el final, hasta la revolución socialista para derrocar este régimen corrupto.

Lal Khan

Editor del periódico marxista

paquistaní The Struggle