Corriente Marxista Internacional

Acaba en victoria la ocupación de los trabajadores de las acerías El viernes 8 de marzo la acería Pakistan Steel Mill paró su producción, un gran número de trabajadores esa mañana tomaron el control de las puertas de entrada y de todos los talleres, no permitían entrar o salir de las instalaciones.

La dirección, alarmada por el giro inesperado de los acontecimientos, inmediatamente informó a la Administración, que pronto envió un contingente policial. Pero esta muestra de fuerza no consiguió el efecto deseado. Los trabajadores mantuvieron el control de las puertas y la policía no pudo entrar.

Aunque la lucha era una cuestión laboral, la dirección insistió en decir que era un acto político y que algunos partidos políticos se habían unido para romper la "paz industrial". Algo de razón tenían, Pakistán está gobernado por una dictadura militar y este desafío abierto a las fuerzas del Estado, sin duda, tiene implicaciones políticas de primer orden.

La huelga tuvo lugar en medio de una dura represión de la dirección contra los trabajadores del acero. Durante más de dos décadas, la dirección de Pakistan Steel ha conseguido dividir a los sindicatos y a los trabajadores en líneas étnicas, nacionalistas y religiosas. Los dirigentes sindicales militantes eran sistemáticamente despedidos. Pero entre los trabajadores se estaba acumulando una colosal cantidad de rabia. Durante mucho tiempo se ha estado desarrollando un ambiente de resistencia. El volcán entró en erupción el 8 de marzo cuando finalmente se agotó la paciencia de los trabajadores.

El ambiente entre los trabajadores cambió bruscamente y entraron en acción sin avisar. Exigían el despido inmediato del presidente de la empresa, el coronel Afzal, un coronel del ejército implicado en la corrupción, quien junto con sus compinches estaba dirigiendo la empresa y poniendo en riesgo la seguridad y el empleo de los trabajadores. También exigían la investigación judicial del peor accidente industrial del país, que ocurrió en la fábrica en junio de 2001, murieron nueve trabajadores y dos quedaron lisiados para toda la vida.

La tarde del 8 de marzo los trabajadores se organizaron en varios batallones para ocupar las fábricas. Los trabajadores organizaron todo con una precisión militar. Celebraron reuniones clandestinas donde se nombraba a los trabajadores por un número para no dar sus nombres y ser reconocidos, y se elaboró un plan de acción. Diferentes sectores de los trabajadores organizaron un piquete y tomaron el control de las diez entradas de las fábricas. A las 8 de la tarde todas las puertas estaban controladas por los trabajadores y el turno de noche ocupó varios talleres dentro de las fábricas.

Los trabajadores que empezaban su jornada a las 9 de la noche tenían que permanecer en sus puestos, no se permitió entrar al turno de mañana. La dirección de las fábricas, incluido Afzal, no pudo entrar. Cuando los directores generales (ambos militares de alta graduación) entraron finalmente a la factoría , el organizador de la huelga les permitió llegar a las primeras puertas pero después pidieron a sus chóferes que aparcaran los coches a un lado y les invitaron a caminar hasta sus oficinas. Inmediatamente fueron encerrados en las oficinas y 15.000 trabajadores se posicionaron en las principales puertas y en la autopista nacional, y las mantuvieron bloqueadas durante varias horas.

Los trabajadores explicaron que las fábricas no podrían cumplir el plan de mantenimiento debido a los accidentes ocurridos incluso después de junio de 2001. El dinero que se ahorraban del gasto de mantenimiento se estaba presentando como beneficio de la empresa.

Dijeron que sólo mantendrían negociaciones si intervenían el gobernador de Sindh, el ministro federal de producción y el secretario federal de producción. Las autoridades estaban preocupadas por el giro de los acontecimientos. La administración accedió de mala gana a todas las demandas y los trabajadores aceptaron desbloquear la autopistas y finalizar la ocupación de las fábricas a las 2,30 horas de la mañana.

Se trata de una victoria decisiva. El régimen demostró ser demasiado débil ante los trabajadores. El papel principal en la organización de los trabajadores lo jugaron Faqir Hamayati, Aqbal Mehr, Akber Narajo y Naveed Afbat, dirigentes de la Campaña en Defensa de los Sindicatos de Pakistán (PUTDC, en sus siglas en inglés). Fue tal el impacto de esta lucha que, además del sindicato del PPP, los sindicatos afiliados a otros partidos tuvieron que apoyarla. Esta es una de las victorias más importantes del proletariado paquistaní en los últimos tiempos, junto con la victoria de los trabajadores del sector público de Baluchistán en Quetta, que estuvo dirigida por Hameed Khan, el organizador del PTUDC en Quetta. Estos acontecimientos tendrán un impacto sobre los trabajadores más allá de las puertas de Pakistan Steel Mills.


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