Imprimir
El Congreso Nacional del Pueblo (CNP) inició su reunión anual el domingo 5 de marzo en un momento en que la creciente lucha de clases está alarmando al estado chino. El aumento del abismo en los ingresos y la resultante explosión social, amenazando l El Congreso Nacional del Pueblo (CNP) inició su reunión anual el domingo 5 de marzo en un momento en que la creciente lucha de clases está alarmando al estado chino. El aumento del abismo en los ingresos y la resultante explosión social, amenazando los intereses de la burocracia dirigente y los capitalistas, estaba en el primer punto del orden del día del CNP. Para intentar aliviar la revuelta, el XI plan económico quinquenal está centrado en la distribución más igualitaria de la riqueza y en la “construcción de un nuevo campo socialista”.

Por supuesto, China no tiene nada que ver con una verdadera economía planificada, ni siquiera con la caricatura burocrática de plan que antes existía. Durante las últimas décadas, el único plan que ha existido para la camarilla dominante era ¡cuánto privatizar! Aunque esto significó un considerable crecimiento económico, fue a costa de las conquistas sociales de los trabajadores y los campesinos durante la época de Mao. Con frecuencia, los llamados expertos dicen que el crecimiento económico chino comenzó después de la muerte de Mao. Eso es una flagrante mentira. En realidad, el crecimiento medio anual fue mayor desde los años cincuenta hasta mediados de los años setenta, a pesar de todas las distorsiones del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, a pesar de que China estaba en ese momento aislada del mercado mundial. Martin Hart-Landsberd y Paul Burkett publicaron un interesante análisis sobre las reformas de mercado y en el que decían lo siguiente: “En realidad, la economía china a finales de los años setenta estaba lejos de ser un desastre, especialmente en la industria. Por ejemplo, entre 1952 y el final de la era Mao, la producción industrial aumentó a un ritmo medio anual del 11,2 por ciento”. (China and Socialism: market reforms and class struggle. p.37).

Aunque el ingreso ha aumentado, la reintroducción del capitalismo en China ha tenido consecuencias negativas para las vidas de la mayoría de la población. Comparado con hace diez años, el 85,3 por ciento de la población cree que las cargas de la vida cotidiana hoy son más pesadas, estos son datos de China Youth Daily publicados el 20 de marzo. Un estudio del Centro de Investigación de China Daily News y del Centro de Noticias sina.com, demuestra que el 78,8 por ciento de la población piensa que sus ingresos han aumentado pero, al mismo tiempo, el 85,3 por ciento piensa que la vida es más dura. Durante la última década el gasto personal en educación, medicina y vivienda ha aumentado profundamente. Según el informe los tres principales gastos de la población son: vivienda, educación y sanidad.

Según cálculos de distintas fuentes, incluido el Banco Mundial y el gobierno chino, la desigualdad en los ingresos ha aumentado por lo menos un 50 por ciento desde finales de los años setenta, haciendo de China una de las sociedades más desiguales de Asia. Según un estudio del gobierno citado por la agencia oficial de noticias Xinhua News Agency, el 5 por ciento más rico de la población consigue el 50 por ciento de los ingresos totales, el 5 por ciento con menos ingresos sólo recibe el 4,7 por ciento. “La brecha en el ingreso, que ha superado los límites razonables, muestra una tendencia hacia una nueva profundización. Si continúa así durante un largo tiempo el fenómeno podría provocar distintos tipos de inestabilidad social”.

Los campesinos son los más afectados. El ingreso neto per cápita de los campesinos en 2005 era de 402,80 dólares, mientras que el ingreso per cápita de los habitantes de las ciudades era de 1.292 dólares, según estadísticas gubernamentales. “La brecha se está ampliando”, esto es lo que dice Chen Xiwen, un alto funcionario del Partido Comunista para las finanzas rurales. Sin embargo, el ingreso per cápita no nos dice nada sobre el ingreso de los que viven las ciudades (trabajadores) si se compara con la nueva burguesía y clase media de las ciudades. Un aperitivo en un bar de Pekín cuesta el salario de un mes de un trabajador agrícola. Por otro lado, la pobreza urbana en China ha empeorado a pesar del boom económico del país, según cuenta China Youth Daily citando a docenas de economistas. Los economistas dijeron al periódico que la proporción de residentes urbanos viviendo en la pobreza era ahora más elevada que entre los residentes rurales. La tasa de pobreza en las ciudades chinas es entre un seis y un ocho por ciento más alta que en el campo. Los campesinos que se trasladan a las ciudades, los despedidos de las empresas públicas, los residentes en ciudades donde se han agotado los recursos, ancianos que dependen de sus pensiones, estos son los que forman el grueso de la pobreza urbana.

Con Mao existía un sistema de seguridad social que era muy superior al del resto de países ex-coloniales, como ocurría en otros estados obreros deformados como la Unión Soviética o actualmente en Cuba. Hoy, los servicios básicos para los chinos corrientes están muy por detrás. En China apenas se invierte en servicios sociales cruciales, especialmente en educación y sanidad. El gasto gubernamental en educación cayó casi un 20 por ciento con relación al gasto total educativo en los años noventa. En las zonas rurales el 78 por ciento del presupuesto educativo se recoge de los campesinos locales a través de impuestos y tasas, mientras que Pekín sólo proporciona el 1 por ciento de la financiación de la educación rural. Los investigadores están descubriendo que en las zonas rurales entre el 30 y 40 por ciento de los niños que acaban la enseñanza primaria no continúan con la secundaria. “Esta es la peor historia de China, el fracaso masivo del país en educar a su juventud rural en los años noventa”, esto es lo que dice Yasheng Huang del MIT Sloan School of Management. En la sanidad pública las consecuencias de la baja inversión son aún peores. El dinero gubernamental, que suponía un 36 por ciento de todo el gasto sanitario en los años ochenta, en el año 2000 era menos del 15 por ciento. China tiene hospitales y equipamiento, su gasto per cápita es más alto si se compara con los países en vías de desarrollo. Pero estos recursos son de los distribuidos más desigualmente del mundo. La Organización Mundial de la Salud dice que la distribución del sistema sanitario chino es de los más desiguales, superado sólo por Brasil y Birmania. Según el propio Ministerio de Sanidad chino, dos tercios de la población carece de cualquier tipo de seguro sanitario y aproximadamente la mitad de los enfermos no reciben ningún tipo de tratamiento médico profesional. En las zonas rurales casi el 90 por ciento de los costes sanitarios se los costean los propios individuos.

Las insoportables condiciones en el campo están empujando a millones de campesinos a las ciudades en busca de empleo. Si las cosas siguen así se espera que entre ahora y el 2015 unos 300 millones de personas se trasladen a las ciudades. Sería la mayor migración de la historia. Junto con los millones de trabajadores despedidos a causa de la privatización de las empresas estatales, estos campesinos forman una masa proletaria que sólo puede vender su fuerza de trabajo para poder vivir. Esta es la condición principal para la formación del capital en China, lo que Marx denominó la acumulación primitiva.

Formando una clase capitalista nacional

Igual que en el siglo XIX en Europa, la clase capitalista china no se está creando a través de la “competencia justa” y la “mano invisible” del mercado, sino a través del soborno, la corrupción y el robo. Como analizaba un artículo de Asian Times: “[Los empresarios] ocultan los casos de evasión de impuestos, soborno o cosas peores. Estos pecados son una consecuencia del proceso de transformación de la economía planificada a la economía de mercado” (16/2/06). El capitalismo se ha construido y se está construyendo a lomos de la economía planificada, es decir, con la privatización masiva de las empresas estatales. Este proceso es descrito de la siguiente manera por veteranos militantes del PCCh:

“La riqueza acumulada durante décadas por las masas trabajadoras de la nación, que partiendo de nada la construyeron concienzudamente con su sudor y sangre, ahora es saqueada con la connivencia de los funcionarios y capitalistas, canalizándola hacia sus arcas privadas. Las empresas estatales se han convertido en todo un botín de empresas privadas, a costa de perder mucha sangre y adelgazar cada día. Bajo la grandilocuente cobertura de la ‘reforma de la propiedad estatal’ se ha producido la división y el saqueo rápido de la riqueza del pueblo. El resultado es que toda una capa de funcionarios corruptos, oportunistas y jefes de empresas están engordando, se ha creado toda una capa de multimillonarios, a las empresas estatales se las da un golpe y se las debilita seriamente. Además, las repetidas proclamaciones del dominio de la propiedad pública ya no se corresponden con la realidad, el país y la población están en ruinas, los trabajadores y los campesinos se han convertido de nuevo en esclavos del capital”.

Este proceso de acumulación primitiva se está extendiendo a una escala cada vez mayor. En muchas partes, tanto de la China urbana como de la rural, entre los funcionarios locales y las empresas de construcción y comercio buscan suelo, a cambio dan una mínima compensación, destruyen las casas y desplazan a las familias. Según el Programa de Desarrollo de la ONU estos desahucios forzosos han echado a 50 millones de campesinos de sus tierras a cambio de una escasa o ninguna compensación. De manera similar, las ventas amañadas de la propiedad gubernamental ha provocado el aumento de los despidos y cierres de fábricas.

Según cálculos chinos, desde 2003 la venta de tierra para propósitos industriales y residenciales ha supuesto un volumen aproximado de 5 billones de yuan (más de 600.000 millones de dólares). Sólo el 10 por ciento del dinero ha ido a los campesinos, unos 60.000 millones de dólares. Según dice Asian Times: “Es interesante considerar donde van el 90 por ciento de los beneficios de las ventas. Más de 500.000 millones de dólares fueron a las arcas locales, alimentando a las administraciones locales y sus necesidades, y a los bolsillos de los funcionarios locales. Adoptando una posición cínica, los sobornos son en parte necesarios, ya que motivan a los funcionarios para que estén a favor de las reformas de mercado. Con este incentivo muy concreto a la vista, los funcionarios impulsan el desarrollo económico en lugar de estorbar.

“Estos funcionarios y sus compinches han dado origen a una nueva clase de ricos y clase media que anteriormente estaban atados a la pobreza de la tierra. Sin embargo, como sólo una pequeña porción del dinero de las ventas va a los campesinos, ellos son los olvidados del proceso, y posiblemente son más pobres que antes. Si se les hubiera pagado un precio más elevado habrían podido tener un pequeño capital para comenzar otras actividades. Pero hay que tener en cuenta dos consideraciones. El crecimiento de China está basándose en la mano de obra barata. Si los campesinos de repente fueran más ricos esto crearía escasez de mano de obra barata, aumentando los precios en las ciudades y posiblemente desatando la inflación. Además, en el campo la corrupción es endémica y se remonta a siglos”. (16/2/06).

George Friedman de Stratfor escribe lo siguiente: “Este es un proceso crítico en el corazón de la industrialización china. La compra de suelo, incluida la venta forzosa, es considerada necesaria para el desarrollo económico chino. Sin embargo, el desarrollo económico chino se basa tanto en la corrupción como en el suelo. El gobierno de Pekín no tiene un deseo particular en ver a los campesinos desposeídos, todo lo contrario, el dinero está disponible para repartir a los campesinos. Pero el desvío de fondos está muy enraizado en el proceso. Es uno de los métodos primarios para la formación de capital en China...

“Debajo de la superficie se están produciendo varias cosas. La economía china ha estado creciendo a un ritmo frenético. Esto no necesariamente se debe a que la economía esté sana, sino porque muchos de estos proyectos industriales tienen un sentido económico. En realidad, el gobierno de Pekín ha sido muy claro al decir que los nuevos proyectos con frecuencia no tienen demasiado sentido económico y ha intentado limitarlos (aunque no necesariamente fuera obedecido por los gobiernos locales o provinciales). Por otro lado, China necesita correr muy rápido si quiere permanecer donde está. Dentro de lo que llamaremos burocracia empresarial con proyectos piramidales, infra-capitalizados y con mucha influencia que se acumulan una detrás de otro son necesarios los nuevos proyectos económicos para generar el efectivo que estabilice los proyectos viejos y decadentes. Ralentizar y consolidar no es fácil cuando se deben pagar los préstamos a los bancos y cuando se debe extender el dinero para mantener tu posición dentro del sistema.

“Eso significa que es necesario un crecimiento económico agresivo. También significa que la masiva dislocación social incluido el robo de tierra está empotrada en el sistema chino. El punto álgido es la interrelación entre la rápida extensión de las plantas industriales y los campesinos dueños de la tierra. Los empresarios burocráticos necesitan no sólo la tierra, sino también el dinero que legalmente se le debe a los campesinos”. (Stratfor. 12/12/05).

La transformación de los comunistas en capitalistas

El núcleo de la nueva clase capitalista está formado por antiguos e incluso actuales militantes del Partido Comunista y el aparato del Estado, como Trotsky había pronosticado en el caso de la Unión Soviética. En un informe de 2002 de 3.635 empresarios entrevistados el 30 por ciento eran militantes del partido y el 35 por ciento habían sido reclutados en la Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino, un prestigioso grupo asesor del gobierno. Aparte de los capitalistas que pertenecen a la diáspora china (en Taiwán, Sudeste Asiático, etc.,) muchos de los nuevos capitalistas eran antiguos burócratas y directores de la industria estatal. En las empresas grandes y medianas el secretario del Partido Comunista y el presidente del consejo de administración en la mitad de los cosas son la misma persona. “En el 70 por ciento de las 6.275 empresas grandes y medias clasificadas como ‘corporativas’ en 2001, los militantes del comité del partido eran los miembros de los consejos de administración. 5,3 millones de funcionarios del partido un 8 por ciento de su militancia total y el 16 por ciento de sus militantes urbanos en 2003 tenían puestos ejecutivos en las empresas estatales (...).

“La corrupción ahora está asumiendo formas asociadas a un régimen decadente. La corrupción, antes un fenómeno poco común, implica a un gran número de funcionarios y es rampante. Los datos regionales sugieren que la corrupción a gran escala es el 30-60 por ciento de todos los casos de soborno encubiertos por las autoridades. En algunos de los peores ejemplos, gobiernos provinciales, municipales y de condados enteros están implicados. En la provincia de Heilongjiang hay un caso de corrupción que implica a más de 400 funcionarios locales, incluido el anterior gobernador, el antiguo responsable organizativo del comité provincial del partido, un vicegobernador, el fiscal general, el presidente del juzgado provincial y empresarios de 8 de las 13 provincias que forman la provincia.

“La elite dominante en China parece a la deriva e insegura. Temerosos de lo que les puede deparar el futuro, algunos funcionarios no quieren esperar ni siquiera unos años para que su poder se convierta en riqueza. En 2002, casi el 20 por ciento de los funcionarios acusados de soborno y casi el 30 por ciento de los condenados por abuso de poder eran menores de 35 años de edad (...).

“Hace una generación, la descendencia de la elite dominante ocupaba posiciones en el gobierno o el ejército, hoy lo hacen en los negocios. Las ramificaciones sociales de esto son particularmente evidentes en el sector inmobiliario, donde los campesinos regularmente ganan menos del 5 por ciento del valor de su tierra mientras que los especuladores inmobiliarios se embolsan el 60 por ciento, el resto va a parar a las arcas de los gobiernos locales. La privatización también ofrece a los aventajados la oportunidad de hacerse ricos apoderándose de los bienes estatales por un precio barato. Un estudio reciente demostraba que el 60 por ciento de las empresas privatizadas se vendían a los directores. El resultado es que el 30 por ciento de todos los propietarios de empresas privatizadas son ahora militantes del partido”. (Minxin Pei. The dark side of Chine’s rise. Foreign Policy. Marzo/Abril 2006).

Incluso durante la época de Mao, el Estado defendía los intereses de la burocracia. Pero la dirección del PCCh se basó en las masas para golpear al corrompido capitalismo de Chang Kai Shek, cuyo nacionalismo burgués no había sido capaz de desarrollar las fuerzas productivas. Sin embargo, la introducción de las reformas de mercado ha transformado en capitalistas a una capa importante de la burocracia y a sus parientes. El aparato del estado defiende los intereses de esta naciente burguesía frente a los trabajadores, como no sólo demuestra el ritmo de restauración capitalista sino además la dura represión contra la resistencia de los trabajadores y campesinos que acompaña a esta restauración.

Algunas personas, tanto de la izquierda como de la derecha, dicen que China todavía es un estado inspirado en el socialismo debido a su gran industria estatal y al papel de los dirigentes del PCCh en estas empresas. En realidad, incluso hoy la industria estatal cuenta con aproximadamente el 30 por ciento del PIB, en términos de trabajadores las empresas estatales están entre las más grandes del mundo. Pero la industria estatal no es igual a socialismo. Muchos países capitalistas tienen empresas estatales que emplean a una cantidad considerable de personas, pero nunca los describiríamos como socialistas. Aunque no estén en manos privadas se organizan sobre bases capitalistas, por ejemplo, con trabajadores con bases contractuales. En un estado obrero, la industria estatal tiene unas características totalmente diferentes. En un estado obrero sano la industria estaría bajo el control y gestión de los trabajadores. Pero incluso en un estado obrero deformado, como era la China de Mao, la industria estatal tenía un carácter completamente diferente. En el pasado, las empresas estatales proporcionaban a los trabajadores cosas como vivienda, pensiones, cuidado médico, etc., Tenía seguridad en el empleo y sólo en los años ochenta se volvió a introducir el trabajo contractual.

Pero lo más importante, bajo el capitalismo la industria estatal es un medio para apoyar al capitalismo nacional a través de un estado que defiende la propiedad privada de los medios de producción. Eso es lo que vimos en Alemania con el gobierno de los Junkers o en la mayoría de los países europeos con la nacionalización del sector energético, o en Venezuela con la IV República y la nacionalización del petróleo, en Corea del Sur con el gobierno militar de Park Chung Hee y la nacionalización de la banca e incluso la introducción de planes quinquenales y podríamos citar más ejemplos. La realidad es que hoy en China, casi tres décadas después de las reformas de mercado, el capitalismo se ha convertido en el modo de producción dominante. Un estado fuerte está defendiendo la propiedad privada contra los trabajadores. Sin embargo, la naciente burguesía china también necesita un estado fuerte frente al imperialismo. Vieron lo que ocurrió en Rusia o en Corea del Sur cuando el estado se inclinó ante los intereses de los imperialistas. Hoy los mayores pedazos de capital coreano están en manos de las multinacionales. GM compró Daewoo Motor, Renault compró Samsung Motors, Philips el 50 por ciento de LG-LCD (una subsidiaria de LG Electronics), etc., Los dirigentes del Partido Comunista saben que los capitalistas chinos no son aún lo suficientemente fuertes para competir frente a los gigantes imperialistas. En una reciente entrevista publicada en la agencia de noticias oficial Xinhua News Agency, Li Deshui, responsable de la Oficina Nacional de Estadísticas y defensor del camino capitalista, dijo que el acceso ilimitado de las empresas extranjeras podría amenazar la “seguridad económica de China y su soberanía nacional (...). Si permitimos el libre desarrollo de las adquisiciones maliciosas por parte de empresas multinacionales, la marca autónoma y la capacidad innovadora de la industria nacional china desaparecerá gradualmente”. Por esa razón mantienen, por el momento, las industrias estratégicas en manos del estado y mientras tanto alimentan a los capitalistas nacionales. Pero como la lógica principal es la defensa del capitalismo, no podríamos hablar de China como un estado socialista.

Pero una vez dicho esto, eso no quiere decir que no existan contradicciones en la dirección china. No son tanto contradicciones entre pro-capitalistas y socialistas auténticos, como contradicciones en el ritmo y cómo tratar la creciente resistencia al camino capitalista. Bajo la presión de las protestas de campesinos y trabajadores, el Congreso Nacional del Pueblo en 2006 está dividido. Wu Jinglian, economista jefe del Centro de Investigación y Desarrollo del Consejo de Estado, un comité estratégico de alto nivel gubernamental, explica los puntos de ventaja: “La cuestión es si queremos una verdadera economía de mercado o un capitalismo burocrático, y bajo estas condiciones complejas impulsar la reforma se ha convertido en algo muy difícil”. (Reuters. 6/3/06). En la cita se ve qué dirección prefiere. Pero otros quieren temporalizar las reformas y estabilizar la situación.

Se han retrasado algunas medidas pro-capitalistas, como la ley que mejora los derechos de la propiedad privada. En la reunión de octubre, el Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo examinó una ley sobre los derechos de propiedad, la primera en su clase. China ya tiene leyes en vigor sobre los derechos de propiedad intelectual. Con una ley de derechos de propiedad la protección legal de la propiedad privada estaría aún más consolidada. Se esperaba que el borrador se aprobara en la sesión del CNP de 2006. Sin embargo, en agosto del año pasado Gong Xiantian, un profesor de derecho de la Universidad de Pekín y militante del Partido Comunista, presentó una petición al Comité Permanente del CNP diciendo que el borrador de la ley sobre derechos de propiedad “viola los principios del socialismo” y “socavaría la base legal de la economía socialista de China”. Dice que la esencia del borrador es proteger los derechos de propiedad de la minoría extremadamente rica aunque formalmente dijera que protegería los derechos de todos. Añadiendo sarcásticamente que “protege igualmente la limusina de un rico que la vara de un mendigo” (The Standard. 27/2/06). La petición de Gong de alguna manera llegó a las más altas autoridades. Aunque Yang Jingyu, director del Comité Legal del CNP, niega que esta petición sea la causa de la suspensión temporal de la ley sobre derechos de propiedad, está claro que la dirección ha echado atrás el borrador porque temen que pueda convertirse en un punto de atención para una campaña nacional. Y la organización a escala nacional es a lo que más temen.

El amenazante malestar social todavía no ha desembocado en una crisis nacional, han sido incidentes aislados que se convertirán en un movimiento más generalizado con alcance de masas. La mayoría de los incidentes han estado motivados por problemas específicos (salarios no pagados, altos impuestos y tomas de tierras). Para evitar un movimiento nacional con tendencias insurreccionales, el régimen necesita desesperadamente mantener el crecimiento de la economía a un ritmo del 8-10 por ciento, así podrá proporcionar empleos e ingresos. Pero ese es el problema. Incluso aunque el giro hacia el mercado ha llevado un alto crecimiento, también ha creado profundas contradicciones económicas típicas del capitalismo. China se encamina hacia una crisis clásica de sobreproducción. Los dirigentes económicos chinos revelaron a principios de 2006 que 11 industrias manufactureras de utilización intensiva de capital estaban ya sobreproduciendo. Por ejemplo, la industria siderúrgica, la mayor del mundo, tiene un exceso de capacidad de 116 millones de toneladas (un 30 por ciento). Otro indicador es la inversión extranjera, hoy en día el principal motor de las economías capitalistas. Como explicaba Michael Roberts en El círculo perfecto del éxito: “Si [la inversión extranjera] comienza a caer, entonces las empresas del G7 tendrán menos que gastar o tendrán la preocupación de cómo conseguir el suficiente beneficio de los trabajadores en China. En 2005, los capitalistas extranjeros invirtieron 58.000 millones de dólares en China. Esto es mucho, pero ligeramente inferior a lo invertido en 2004. Son sólo los primeros síntomas”.

Como China está estrechamente ligada al mercado mundial, el descenso de la inversión y la caída de las exportaciones tendrán consecuencias devastadoras. En realidad, China ya se está basando en una enorme burbuja inmobiliaria y financiera. Los “proyectos imagen” (como nuevas fábricas, tiendas de lujo, centros recreativos e infraestructura innecesaria) suelen impresionar a los visitantes occidentales que ven en ellos una prueba de la prosperidad económica de China, pero en realidad no es así. El sistema bancario chino, cuyo rescate cuesta a Pekín aproximadamente el 30 por ciento del PIB anual, incluso durante este auge económico está cargado de préstamos incobrables y es el más frágil de Asia. Una situación similar existía en el Sudeste Asiático y en Corea del Sur antes de que colapsaran en la crisis asiática de 1997-1998. Li Deshui, el responsable de los datos estadísticos de China, dijo en enero que, tras un año de esfuerzos por mantenerlo bajo, el 48,8 por ciento del 9,8 por ciento de crecimiento de China en 2005 era aún atribuible a la inversión en activos fijos. Insistió en que el exceso de capacidad es aún un problema “destacado y serio” y prevé un “enorme despilfarro y préstamos bancarios malos”, aumento del desempleo con aumento de las tensiones sociales. (The Times, 6/2/06).

“Incidentes de masas”

Aunque la economía hasta ahora ha crecido a un ritmo frenético, esto no ha disminuido las tensiones sociales. Por ejemplo, el año pasado se permitieron las manifestaciones anti-japonesas para que los trabajadores y campesinos chinos pudieran soltar algo de vapor. El Ministerio de Seguridad Pública informó el año pasado de 87.000 “incidentes de masas”, eso quería decir grandes protestas de trabajadores o campesinos. Estas cifras suponían un aumento del 6,6 por ciento respecto a 2004, después de que aumentaran un 28 por ciento en 2004 respecto a 2003. Estas son cifras oficiales que siempre subestiman la realidad. También ha aumentado el número de participantes. El tamaño medio de las protestas y manifestaciones pasó de 8 personas en 1993 a 52 en 2003 (el año antes de realmente comenzaran a estallar las cifras).

Según Jenny Wai-ling Chan: “El número de casos [laborales] arbitrados creció diez veces durante los años noventa, de 12.368 casos en 1993 a 120.191 en 1999. En 2002, hubo 184.116 casos. También ha sido significativo el aumento drástico del arbitraje de las ‘disputas obreras colectivas’. Los datos oficiales muestran una tendencia a un aumento del ‘número medio de trabajadores’ implicados en cada caso, esto indica la naturaleza colectiva de los conflictos laborales (...). Con relación a la causa de las disputas laborales, el Anuario de Seguridad Social y Trabajo en China demuestra que más del 50 por ciento tienen que ver con los salarios, el estado del bienestar y pagos a la seguridad social, más del 30 por ciento están relacionadas con la terminación de los contratos laborales y despidos. En las empresas privadas y con inversión extranjera los atrasos salariales son particularmente serios. A pesar del aumento en número, dicen que los datos nacionales de arbitraje de disputas laborales podrían subestimar el número real de conflictos. Por ejemplo, es posible que trabajadores emigrantes en empresas estatales no utilicen los canales institucionalizados para la resolución de conflictos laborales. Además, hay otras implicaciones en la resolución de las disputas que pueden hacer que, aunque técnicamente sean conflictos laborales, no sean incluidas en las estadísticas oficiales”. (CSR Asia Weekly. Vol. 1. Semana 11. 2005).

Dorothy Solinger dice lo siguiente: “La última cifra anual de protestas laborales que ha hecho pública el gobierno chino era de 100.000 en el año 1999. Pero en 2001 un informe interno del Ministerio de Seguridad Pública revelaba que el número había comenzado a aumentar como un vendaval desde 1997, el año del XV Congreso del Partido Comunista Chino, que presionó para los despidos en las fábricas en nombre de la ‘eficacia’ (...) ¿Qué está iniciando tanto malestar social en un país que es presentado cada vez más rico que pone el mayor énfasis en la ‘estabilidad’? Las causas son los salarios no pagados y las pensiones, los despidos masivos y repentinos, los funcionarios corruptos responsables de la bancarrota de algunas empresas industriales y el final de la mayoría de los privilegios y beneficios socialistas garantizados desde los primeros días del régimen comunista en los años cincuenta (...) En el interés de desatar lo que veían los dirigentes posteriores a Mao como los excesos y el despilfarro de la economía socialista, planificada, unos 60 millones de trabajadores de las empresas estatales han sido despedidos desde principios de los años noventa cuando sus fábricas cerraron”. (Workers protestsn in China. Project Syndicate. Febrero 2005).

Los trabajadores con frecuencia se manifiestan para protestar por los bajos salarios y las condiciones laborales, además de lo caro que es la tienda de la empresa, el alojamiento y otro tipo de cosas que antes eran libres o muy baratas. En algunas ocasiones, los trabajadores aplican su propia ley para protestar por los despidos y los salarios no pagados. Por ejemplo, en noviembre de 2004, los trabajadores en una fábrica del sur de China retuvieron a sus empresarios hasta que no les pagaron sus salarios, en el mismo mes los trabajadores de otra fábrica en la misma ciudad se enfrentaron a los vigilantes de seguridad para protestar por los despidos. (The economic basis for social unrest in China. A. Keidel. Mayo 2005). Bajo la superficie de la sociedad se ha acumulado mucha furia en el último período y cualquier pequeño incidente puede provocar una explosión. Por ejemplo, también en noviembre de 2004 una protesta de 30.000 personas se enfrentó a cientos de policías y unidades paramilitares provocando la muerte de una persona.

Recientemente el malestar ha estallado con más frecuencia en respuesta a las apropiaciones de tierra por parte de los gobiernos locales para facilitar el desarrollo industrial en las proximidades de las grandes ciudades. Cuarenta millones de campesinos han perdido su tierra en zonas cada vez más amplias y han sido utilizadas para uso industrial y residencial, muchos estaban furiosos por la ridícula compensación recibida a cambio. “¿Cómo pueden encontrar otro empleo los campesinos más ancianos? Han perdido su tierra, no tienen dinero, no tienen seguridad social, no pueden encontrar empleos. Tienen problemas sociales serios”, esto es lo que decía Joseph Cheng de la Universidad de Hogn Kong (AFP. 25/2/06). Especialmente desde 2004 la lucha campesina ha adquirido una escala enorme. Por ejemplo en octubre de 2004, en la provincia de Sichuan, 90.000 campesinos se enfrentaron a la policía después de haber recibido una pequeña compensación por la pérdida de sus casas para construir una central hidroeléctrica. Sólo la ley marcial consiguió restaurar el orden.

“Cada semana llegan nuevas noticias de uno o dos incidentes, con miles de aldeanos en una batalla campal con la policía, o represiones sangrientas donde cientos de manifestantes son gaseados y golpeadas durante las redadas policiales. Los datos oficiales del gobierno hablan de cientos de estos acontecimientos cada semana (...) La respuesta de las autoridades chinas, una mezcla de alarma y aparente caos, es una indicación clara de la seriedad con la que se está tomando esta situación en la cumbre del poder”. (The New York Times. 24/8/06).

Un reciente incidente en Dongzhoy, un pueblo cercano a la ciudad de Shanwei en la provincia de Guangdong, ha adquirido un significado ejemplar. Las protestas en Shanwei llevaban ya tiempo hasta que alcanzaron mayor envergadura el mes de diciembre pasado. Hace años se confiscó la tierra para construir un proyecto eólico. Los campesinos que trabajaban la tierra nunca fueron compensados por su traslado. Las manifestaciones públicas comenzaron en agosto de 2005 y siguieron de manera intermitente. Al no llegar la compensación las protestas se intensificaron en diciembre. Según informes oficiales, estaban dirigidas por tres hombres armados con navajas, lanzas de acero, palos, dinamita y cócteles Molotov. Miembros de la Policía Armada del Pueblo (policía paramilitar) dispararon gas lacrimógeno contra la multitud, pero los tres dirigentes reunieron a la multitud y continuaron. Según la descripción de los acontecimientos dada por el gobierno chino, los manifestantes al caer la noche comenzaron a arrojar explosivos a la policía. La policía abrió fuego. El gobierno dijo que al menos tres personas murieron y ocho resultaron heridas. Sin embargo, en una investigación realizada por una organización de derechos civiles se demostró que todavía había desaparecidos más de 30 personas y que sus familias estaban preocupadas ante la posibilidad de que sus cadáveres hubieran sido quemados. Según los medios de comunicación internacionales, el incidente fue el primer informe de disparos a gran escala de las fuerzas de seguridad contra manifestantes en China desde la Plaza de Tiananmen en 1989.

Pero el uso de la violencia en lugar de calmar la situación tiene el efecto contrario. En enero el periódico The New York Times (18/1/06) informaba de un enfrentamiento en Panlong, también en la provincia de Guangdong. “Cuando las protestas se estaban convirtiendo en algo cada vez más común se recurre al uso de la fuerza para acabar con ellas. Se cruzó un umbral importante a principios del mes pasado en Dongzhou, a dos horas de aquí en coche, donde los habitantes calculan que unas 30 personas fueron asesinadas por las fuerzas paramilitares que dispararon contra la multitud de manifestantes (...). En una serie de entrevistas el martes, la gente de aquí dejó claro que había un conocimiento amplio de los acontecimientos en Dongzhoy y del hecho de que la China rural está llena de descontento (...). ‘La gente aquí ha intentado resolver el problema de todas las maneras posibles antes de que esto ocurriera’, esto es lo que decía un residente que decía llamarse Chen. ‘Ellos hablaron en el comité de la aldea, en el gobierno municipal. Uno de ellos incluso fue a Pekín. Pero no hicieron nada, los funcionarios de la aldea simplemente les ignoraron’. Chen describió el punto culminante de las manifestaciones: el sábado por la noche, cuando ya se habían producido las muertes, ‘era como una guerra, igual de real y brutal’. ‘No vi quién empezó, pero vi a los policías golpeando a los aldeanos y a los aldeanos defendiéndose con piedras y petardos’”.

En esta situación de violencia ni los gestos oficiales parecen calmar la situación. Todos los intentos de resolver y conseguir un equilibrio sólo sirvieron para incendiar más la situación como demuestra el artículo: “Aunque para encontrar protestas a una escala pequeña sobre las cuestiones de la tierra habría que remontarse a principios de los años noventa, los ciudadanos decían que el problema estalló a principios de la semana pasada después de que se difundiera el discurso del secretario del Partido Comunista de la provincia de Guangdong, Zhang Dejiang. Él dijo que las cuestiones de la tierra deberían resolverse equitativamente. Blandiendo las palabras del secretario del partido, los ciudadanos comenzaron a realizar sentadas y más tarde cortaron el tráfico, exigiendo que la cuestión de la compensación por la tierra se reabriera. Un punto focal para las protestas fue la fábrica de prendas de vestir de Minsen, según los aldeanos el suelo se había adquirido a través de tratos corruptos con figuras políticas locales”.

El malestar incluso ha penetrado en el ejército como lo demuestra una noticia de agosto de 2005 citada en Liberation Army Daily. La noticia hablaba de una advertencia a los soldados de que serían duramente sancionados por participar en peticiones o manifestaciones. La declaración parecía estar motivada por una serie de protestas de veteranos por la cuestión de las pensiones ante la oficina del Ejército Popular de Liberación en Pekín. Cuando las protestas sociales entran en los barracones del ejército el régimen sabe que el código de alarma es el rojo. En 1949 el gobierno nacionalista de Chiang Kai Shek colapsó después de que sus tropas demostraran que no estaban dispuestas a luchar.

Represión y concesiones

Según informes policiales, las protestas en China son cada vez más grandes y están mejor organizadas. El gobierno, ya sea en Pekín o a nivel local, en general tolera las marchas de bajos decibelios, a pequeña escala y no excesivamente molestas, las sentadas de los campesinos y trabajadores con peticiones o carteles. Es más indulgente si los manifestantes parecen espontáneos, desorganizados, localizados y sin dirección. Pero son menos tolerantes con los disturbios que parecen haber sido movilizados por disidentes, que están marcados por alguna medida de violencia, que muestran un grado de organización, que amenazan con extenderse o provocan la obstrucción de las principales vías de transporte.

The Guardian informaba el 25 de febrero de que al menos ocho destacados dirigentes de derechos humanos habían desaparecido tras unirse a uno de los primeros intentaos de coordinar una protesta nacional desde las manifestaciones de 1989. Se piensa que fueron detenidos por la política de seguridad política y desaparecieron poco después de unirse a una huelga de hambre que atraía a decenas de participantes de 16 provincias diferentes. No se ha dado ninguna explicación oficial. El departamento de propaganda del gobierno ha prohibido a los medios de comunicación locales informar de nada que tenga que ver con la campaña, que fue iniciada por un abogado de Pekín, Gao Zhisheng, el 4 de febrero para protestar contra la brutalidad policial. Abogados, académicos y activistas locales vagan cada vez más por el país, coordinando manifestaciones e informando a los campesinos de sus derechos legales.

Desde la tragedia de la plaza de Tiananmen, el partido ha invertido miles de millones en reforzar la Policía Armada del Pueblo (PAP) que ha sido puesta al cargo de sofocar el malestar. El mes de agosto pasado el gobierno anunció la creación de unidades especiales de la policía en 36 ciudades para sofocar las revueltas y contrarrestar lo que califican como una amenaza de terrorismo. Sin embargo, con la excepción de los incidentes poco frecuentes que implicaron a lo separatistas uigures en la lejana región occidental de Xinjiang, el terrorismo no existe en China. Está claro que el régimen está más preocupado por la lucha de clases de los trabajadores y campesinos. En enero dos altos generales de la PAP fueron encargados de aumentar la “efectividad de combate” del millón de policías paramilitares destinados a sofocar el malestar.

Ahora están comprometidos en el control de lo que llaman propaganda, el gobierno ha estado ocupado cerrando publicaciones, despidiendo consejos de redacción y encarcelando a periodistas. Los grupos de derechos de los medios de comunicación dicen que los líderes chinos están intensificando el control de Internet y la prensa tradicional. El Comité para Proteger a los Periodistas dice que China está a la cabeza de encarcelamientos de periodistas en el mundo, con 32 periodistas encarcelados a final del año. Periodistas Sin Fronteras sitúa a China en el puesto 159 de una lista de 167 países en su índice global de libertad de prensa. El año pasado Yohoo fue criticado por revelar la identidad de un periodista que después fue encarcelado. También Google está de acuerdo en aplicar las listas negras de los censores.

Pero más allá de detener las noticias mediante la censura de Internet y el cierre de publicaciones, la dirección puede eliminar su contenido. Un artículo de Howard W. French en The New York Times (24/8/05) destaca que aunque muchos sitios son cerrados: “cualquier web china sortea los obstáculos con otros comentaristas online que son igualmente provocativos”.

Sólo Microsoft se calcula que tiene unos 3,3 millones de blogs en China. Además se calcula que hay 10 millones de blog en otros servicios de Internet, está claro que esto se ha convertido en una pesadilla para la censura china. Lo más sorprendente es que hace tres años no existía un solo blog en China y ahora cada día surgen miles nuevos, algunos dirigidos por personas cuyos blogs fueron anteriormente prohibidos y que simplemente cambian de nombre o de proveedor de Internet (...) Han cerrado periódicos, encarcelados reporteros y editores, incluso asesinados, como Wu Xianghu, un editor de periódico que murió la semana pasada después de ser golpeado por la policía acusado de publicar un artículo sobre los abusos de poder de la policía. Aún no se ha revertido la tendencia”.

Está claro que el régimen no puede contener la situación sólo con represión. Tiene que dar algunas concesiones, como el aumento de los salarios mínimos (al menos sobre el papel) el año pasado. En los últimos tres años han mostrado una retórica populista y ha castigado algunos abusos de funcionarios para demostrar su preocupación por los oprimidos de China. Esta retórica sólo ha envalentonado a la población e incluso ha inspirado nuevas oleadas de protestas.

Los gestos públicos se publicitan mucho. El gobierno a veces calma a los manifestantes castigando a funcionarios locales. Estos juicios reciben mucha cobertura en los medios de comunicación oficiales. Los juicios públicos son una manera de presentar al gobierno nacional como un árbitro que cuida de los pobres y castiga a los malos burócratas, como si la dirección del PCCh no estuviera empantanada en el saqueo. En la Unión Soviética, Stalin también castigaba regularmente a burócratas individuales, pero esto no significaba que no fuera el defensor de los burócratas en general. Con estos juicios la dirección del PCCh quiere presentar los incidentes como locales y aislados. Con esto se quiere dejar a las autoridades libres de toda sospecha.

En otro intento de contener las protestas, el presidente Hu Jintao declaró que la mejoría rápida de los niveles de vida de los campesinos es “una misión histórica importante para nuestro partido”, dice que se está en proceso de “construir un nuevo campo socialista”. A pesar del control férreo de la prensa y la televisión china, éstas han conseguido niveles de audiencia inauditos durante las últimas semanas con noticias de nuevas carreteras, construcción de canales de irrigación y visitas de funcionarios para conocer las necesidades de los campesinos. A través de su control de los medios de comunicación, el régimen intenta evitar un movimiento de protesta más generalizado.

Aunque el primer ministro, Wen Jiabao, en la clausura del Congreso Nacional del Pueblo declarara que no hay marcha atrás, parece que también intenta mantener la estabilidad intentando ganar tiempo en las reformas de mercado, como fue el caso del borrador de la ley sobre los derechos reales de propiedad. El Financial Times comentaba lo siguiente (13/3/06):

“China parece estar cerca de una encrucijada. Su reforma precipitadamente se encuentra con una creciente resistencia. Ahora se están expresando abiertamente las demandas heréticas para ralentizar e incluso dar marcha atrás (...) Los toques de rebato de Pekín por el libre mercado, se repiten sin cesar en los períodos del CNP, luchan para que se escuchen por encima del creciente coro de voces disidentes. Su lema es que ya basta y es el momento de dejar atrás la vieja y mala dirección marxista de la economía. Hasta el momento, los revisionistas son un grupo dispar sin una dirección clara. Todavía no tienen una agenda. Pero exhiben cada vez más el poder para frustrarlo. Precisamente la semana pasada derrotaron las propuestas para fortalecer los derechos de propiedad privada.

“Sus argumentos resuenen por tres razones. La primera es el apoyo tácito de los burócratas del gobierno impacientes por recuperar sus puestos perdidos con la liberalización. La segunda es el mar de fondo de hostilidad al capital extranjero, evidente en acusaciones que se centran en los bancos estatales vendidos a extranjeros a un precio barato. La tercera, y la más importante, la acumulación de resentimiento popular ante el alarmante aumento de las desigualdades en los ingresos y que han encendido las crecientes protestas en el campo y asustado a una dirección nerviosa aumentando el gasto rural, pero tan poco que parece más bien un gesto simbólico”.

Un nuevo movimiento de Tiananmen, en mejores condiciones

El paralelismo con la segunda mitad de los años ochenta es claro. En aquel momento la “izquierda” también ganó influencia después de una década de reformas liberales y sus consecuencias para la gente corriente. Los primeros años de “reformas” de marcado vieron un aumento del desempleo y la caída de los niveles de vida, por ejemplo, debido a la inflación (mientras que en el pasado el PCCh fijaba los precios). En 1985 la primera expresión de radicalización se canalizó en el activismo antijaponés. Más tarde el movimiento adquirió una perspectiva más pro-democrática, en 1986-1987 y 1989.

Debido a la cruzada de la izquierda contra lo que llamaban “liberalismo burgués”, el régimen cambió continuamente de opinión. El secretario general del PCCh, Hu Yaobang, tomó el camino de las concesiones y pidió más apertura y una democratización limitada. Los estudiantes aprovecharon este agujero democrático e iniciaron un movimiento por la democracia en 1986. Pero entonces el régimen dio un giro de ciento ochenta grados. Deng Xiaoping echó a Hu Yaobang e inició la represión en las universidades en 1987. Sin embargo, en 1989 los estudiantes comenzaron nuevas manifestaciones cuando Hu Yaobang murió en enero. Esta vez fueron seguidos por los trabajadores debido a la recesión (China sólo creció un 4 por ciento). Cuando el movimiento creció, los trabajadores se convirtieron en la vanguardia. Se formaron sindicatos independientes. Wang Hui explica lo siguiente:

“La mayoría de los estudios han insistido en el papel de los estudiantes y elementos reformistas en el Estado, pero el movimiento social que llevó a Tiananmen movilizó a otros sectores. Los estudiantes tuvieron un papel (el progresismo de los años ochenta había socavado las viejas ideologías). Pero la espontaneidad y el alcance del movimiento de 1989 tenía un origen mucho más amplio. Los intelectuales no podían sugerir objetivos sociales realistas y no comprendían la profundidad del movimiento.

“La crítica del período convirtió al estado en el principal enemigo, pero no comprendían las nuevas contradicciones sociales de China que mientras el estado maoísta había protegido la desigualdad, bajo el disfraz de la igualdad, a través de la coerción y la planificación, la nueva reforma estatal transformó la desigualdad en diferencias de ingresos entre las clases, provocando una profunda polarización social. Las críticas no consiguieron comprender que en la movilización de los años ochenta habían profundos sentimientos socialistas, no el viejo socialismo estatal con sus monopolios estatales, sino un nuevo socialismo luchando por la seguridad social, igualdad, justicia y democracia, dentro de un contexto de monopolio estatal y rápida expansión del mercado”.

“El movimiento, a pesar de sus contradicciones y las diferentes agendas de grupos de interés, iba dirigido contra el monopolio y los privilegios, defendía la democracia y la seguridad social. Excepto para los campesinos, que no estuvieron directamente implicados, personas de todas las clases sociales en las zonas urbanas medias y grandes, participaron en una movilización amplia de la sociedad, revelando las crecientes contradicciones dentro del estado (...).

“Los estudiantes exigían derechos constitucionales, una política democrática factible, libertad de expresión y reunión, la observancia de la ley, libertad de prensa y reconocimiento de la legalidad del movimiento. Otros grupos apoyaban estas reivindicaciones, pero querían más cambios sociales: oposición a la corrupción y al principio del partido (la clase privilegiada especial), precios estables, limitaciones en Yangpu y la isla de Hainan (una zona alquilada al capital extranjero), garantías sociales y justicia. La reivindicación de democracia iba de la mano con la de redistribución justa de los beneficios sociales”. (Wang Hui. How Tiananmen protests led to the new market economy. Publicado en Le Monde Diplomatique. Abril 2002).

Cuando el régimen vio que las protestas se desbordaban hacia la clase obrera, ahogaron el movimiento en sangre. La masacre de Tiananmen en junio fue seguida por una caza de brujas, especialmente contra los activistas obreros Incluso entonces, hubo un verdadero resurgimiento de izquierdas a raíz de la represión de Tiananmen en 1989. Aunque la burocracia al principio detuvo las reformas de mercado desde 1988 hasta 1990, necesitó dos años más, hasta 1992, para estabilizar la situación.

El paralelismo con hoy es claro. Los dos períodos en esencia están caracterizados por un resurgir de la lucha de clases. Pero los dos también difieren en puntos importantes, la profundidad de la restauración capitalista y el contexto internacional.

La derrota de Tiananmen fue una condición política importante para la aceleración de la restauración capitalista desde 1992 en adelante. Coincidió con serias derrotas de la clase obrera internacionalmente, la más importante fue el colapso de la Unión Soviética que fue presentado como una prueba de la imposibilidad del socialismo. Como consecuencia, los trabajadores estaban confundidos sobre el socialismo y adoptaron la actitud de “esperar y ver si el capitalismo mejora nuestras vidas”.

Pero hoy, millones de trabajadores chinos han experimentado el capitalismo, saben lo que significa. En las condiciones chinas es la forma más brutal de trabajo. Esta es la base del actual resurgir de la lucha de los trabajadores. Se han recuperado de la derrota de Tiananmen que fue hace más de quince años. Ahora su lucha no coincide con un reflujo internacional sino con un gran repunte internacional de la lucha de los trabajadores.

Regreso al maoísmo

Durante los últimos años ha surgido una “nueva izquierda” en China. Aunque todavía es pequeña y marginal, se está convirtiendo, especialmente durante los últimos meses, en una parte significativa del escenario nacional, dirigiendo una parte importante de las crecientes luchas de los trabajadores y campesinos. El 27 de febrero apareció un artículo en The Standard, un periódico de negocios de China, afirmando que “la ideología socialista continúa manifestándose allí donde existe la oportunidad”. Un economista liberal bien conocido se quejaba: “Ahora estamos a la defensiva”. Cuando recientemente pronunció un discurso en la facultad de economía de Pekín, miembros de la facultad denunciaron sus ideas con el siguiente argumento: “Debemos tener en cuenta a nuestros enemigos ¡Todavía somos un país socialista!”

La mayor parte del debate está dominado ahora por lo que se llama “nueva izquierda”, de la que el anteriormente citado Wang Hui (ver Tiananmen) es un destacado pensador. Debido a sus críticas a los excesos de las reformas de mercado, se han convertido en un punto focal de las protestas. Incluso dicen que el presidente Hu Jintao es más indulgente con ellos. Por supuesto, si la postura de Hu Jintao ahora es más moderada y si él critica el duro camino capitalista de su predecesor Jiang Zemin, no es porque Hu sea más de izquierdas, ¡sino porque quiere suavizar la lucha de clases! Hu siempre ha sido un firme defensor de los intereses capitalistas de la burocracia.

En realidad, aunque la crítica de la “nueva izquierda” ciertamente es más de izquierdas, realmente no tienen una alternativa. Como dice el propio Wang Hui: “En general estoy a favor de orientar el país hacia las reformas de mercado, pero el desarrollo de China debe ser más igual y equilibrado. No debemos dar prioridad total al crecimiento del PIB excluyendo los derechos de los trabajadores y el medio ambiente”. (New Perspectives Quarterly Primavera 2005). Son socialdemócratas que se han inclinado ante el capitalismo, pero les gustaría que tuviera un rostro más humano. Les gustaría que el tigre carnívoro se convirtiera en vegetariano.

Lo interesantes no son las críticas en sí, sino la reacción que provocan. Liu Guoguang, un economista retirado y con influencia, recientemente regresó a la escena con una advertencia para el gobierno chino que está dando rienda suelta a las reformas de mercado y que se ocupe de la creciente división entre ricos y pobres. Liu recibió el año pasado un premio prestigioso por haber ayudado a impulsar la reforma orientada al mercado, él insiste en el papel del gobierno pero no cuestiona la reintroducción del capitalismo. Por sí mismas, las diatribas de Liu contra el exceso de mercado no son interesantes, pero sí la reacción a ellas. El Financial Times estaba asombrado porque no es la primera vez que surgen estas críticas “pero muy pocas han recibido tanta atención. Casi de la noche a la mañana, se celebran simposios por todo el país para estudiar su ‘pensamiento económico’, incluido uno en Ya’nan, la vieja base revolucionaria del Partido Comunista. ‘El gobierno ha perdido ya el control de muchos sectores y, de las empresas estatales que quedan, parece estar dispuesto a venderlas, a extranjeros o a cualquiera’, esto es lo que dice Liu Rixin, un antiguo funcionario de planificación”. El artículo continúa: “Economistas célebres como Lang Xianping, que frente a una popular televisión en Shangai, ha criticado la privatización como un movimiento lento al estilo ruso de robar los bienes del estado”. (Financial Times. 27/2/06). No es sorprendente que Lang Xianping tuviera que dejar de salir en televisión a finales de febrero, el gobierno cerró su programa con la excusa de que no cumplía las normas de lenguaje hablado del gobierno para la televisión nacional.

El surgimiento de la “nueva izquierda” es un síntoma y el régimen lo sabe. La lucha de clases está en sus fases iniciales se expresa en algún tipo de pensamiento reformistas, como ocurre con frecuencia. Lo que es importante es ver el proceso en su conjunto. Estos son sólo los primeros temblores del despertar de la clase obrera china, por ahora la más grande del mundo.

Muchas personas están cuestionando el camino pro-capitalista de la dirección. A nivel de las bases, esto se ha expresado con un regreso a Mao. La gente corriente compara sus actuales condiciones con las conquistas sociales que tenían (o sus padres) hace algunas décadas. El “milagro” capitalista de China se ha construido sobre la destrucción de esas conquistas sociales. Por lo tanto, es normal que la gente miré hacia “los buenos viejos días”. Esto se expresa en todo tipo de formas. Como dice Robert Weil: “En un parque de un barrio de la clase obrera en Zhengzhou, cientos sino miles se reúnen cada fin de semana para cantar viejas canciones revolucionarias y mantener vivo el legado de la época de Mao. Los trabajadores y campesinos a veces expresan el mismo tipo de ideas, que la vida era diferente y mejor en el período de Mao, antes de que China emprendiera el “camino capitalista” contra el que avisó Mao”. (Robert Weil. To be attacked by the enemy is a good thing. Publicado en www.chinastudygroup).

Pao-yu Ching hace una observación similar: “Recientemente, cada vez más personas, incluidos funcionarios inferiores del gobierno, están poniéndose el botón de Mao para demostrar su lealtad a Mao”. (Mao’s legacy in China’s current development. China Study Group).

Y no son sólo las apariencias formales. El legado de la era Mao y sus tradiciones se traducen en la actual lucha de clases. La gente se remonta a su experiencia anterior de lucha, como la Revolución Cultural. Como decía The New York Times: “En una protesta, los residentes de mediana edad, invocaban consignas rebeldes de su juventud durante la Revolución Cultural, diciendo cosas como ‘rebelarse es justo’ y denunciando los desahucios para construir una torre de pisos y exigían una compensación justa”. (24/8/05).

No sólo los trabajadores están mirando atrás a la era Mao como una fuente de inspiración. También grupos de estudiantes están estudiando el maoísmo, junto con las obras clásicas del marxismo, para comprender la situación actual. Como observa Robert Weil: “Hace unos cinco años, comenzaron a surgir grupos marxistas de estudio en algunos campus universitarios. Al principio bastante aislados y dedicados a leer los textos clásicos de Marx, Engels, Lenin y especialmente Mao, estos primeros intentos ha florecido en una red mucho más extendida de organizaciones universitarias de izquierdas. Desde un número de universidades cada vez mayor, los estudiantes están viajando a ciudades como Zhengzhou para reunirse con los trabajadores, para estudiar y conocer sus condiciones, para ofrecerles tanto apoyo legal como material para sus luchas. Una organización estudiantil similar, los Hijos de los Campesinos, está enviando delegaciones estudiantiles a zonas rurales. Aunque todavía pequeñas, apenas una señal detectable en el escenario universitario general donde la mayoría de los estudiantes están dedicados sólo a sus estudios y carreras, estos grupos de izquierdas están adquiriendo un desarrollo espectacular en China. A través de este movimiento, cientos de estudiantes de secundaria de izquierdas y aquellos con ideas políticas progresistas más amplias, están comenzando a adquirir experiencia práctica sobre las condiciones y las luchas de las clases trabajadoras, incluso se unen a ellas para oponerse a la política del estado y las autoridades del partido, una unión que no ocurría ¡desde la Revolución Cultural!” (Ibíd).

En los últimos años, la ciudad de Zhengzhou ha experimentado algunas de las luchas obreras más militantes y se han repetido los enfrentamientos con la policía en el aniversario de Mao. Ha adquirido una reputación de semillero del maoísmo radical. El China Study Group publicó un panfleto repartido en Zhengzhou con ocasión del XVIII aniversario de la muerte del presidente Mao. Cuatro personas fueron arrestadas y juzgadas. La razón es evidente después de leer el panfleto. Entre otras cosas dice lo siguiente:

“En esta sociedad de ‘socialismo con características chinas’, el dinero significa poder y estatus social. La polarización de la riqueza ha empujado a los trabajadores a la abyecta pobreza, como resultado, han perdido su estatus social y todos los derechos de los que disfrutaban anteriormente. Ya no son trabajadores socialistas dignificados, en su lugar, tienen que vender su fuerza de trabajo como si fuera una mercancía para sobrevivir, se han convertido en herramientas que pueden ser compradas libremente por los capitalistas (...)”.

“Miremos lo que ha transpirado en un período relativamente corto de veinte años: los grandes y pequeños corredores capitalistas en el partido y sus familiares se han convertido todos en millonarios e incluso en multimillonarios, quien puede negar que todas sus palabras sobre el socialismo y los ‘tres representantes’ [la teoría pro-capitalista del anterior dirigente Jiang Zemin] son todo mentiras. Lo que realmente quieren es capitalismo, porque sólo el capitalismo les reportará el mayor beneficio. Ellos son los enemigos del socialismo y el pueblo.

“Nosotros, sin embargo, no olvidamos que el PCCh después de todo es un partido fundado y dirigido por Mao Zedong, que cuenta con una larga tradición revolucionaria. Es un partido que ha llevado a cabo una lucha decidida contra el revisionismo de Kruschev, que se ha templado con la Revolución Cultural. Y consecuentemente, igual que hay corredores capitalistas en el partido, también hay corredores socialistas en el partido, particularmente al nivel de las bases. Entre los militantes de base del partido y cuadros inferiores, la aplastante mayoría está resentida con los dirigentes revisionistas dentro del partido. Desean ver que el partido cambia su línea actual y vuelve al camino socialismo. Algunos ya no pueden soportarlo más. Han apretado el paso para desafiar abiertamente a la dirección actual, pero muchas personas todavía se encuentran a salvo ellos y sus familias no diciendo lo que piensan. Están convencidos, junto con la profundización del empuje de la camarilla revisionista hacia la privatización, que las contradicciones de clase en China son más agudas, que las masas intensificarán su lucha a una escala mucho más amplia. Cuando el desarrollo de las contradicciones y las luchas de masas nacionalmente alcancen un punto culminante, las personas dentro del partido, el gobierno y el ejército que han comprendido la verdadera naturaleza del revisionismo lucharán decididamente contra él, se unirán a las filas de la clase proletaria para levantar la bandera de Mao Zedong y reanudar la lucha por el socialismo en China”.

En esta cita podemos leer que la base del Partido Comunista está agitada por la creciente lucha de clases. Probablemente muchos creyeron durante algún tiempo los argumentos de la dirección de que las reformas de mercado eran sólo un desvío temporal para fortalecer la productividad y el socialismo. Pero después de un cuarto de siglo de reformas de mercado, especialmente después de las últimas décadas, todo el mundo con ojos en la cara ve cómo la burocracia del Partido Comunista se está transformando rápidamente en capitalistas diplomados. La base del PC ha visto la verdadera naturaleza del “socialismo con características chinas”: ¡capitalismo cruel con características chinas!

Pero China no es cualquier país capitalista. Parte de un estado obrero deformado y todavía quedan restos de él, el más importante es el dominio del Partido Comunista. ¿Qué tipo de país capitalista normal está gobernado por un Partido Comunista? Los capitalistas prefieren a los partidos burgueses normales y sólo en última instancia recurrirían a un Partido Comunista. A pesar de las repetidas advertencias de los imperialistas contra el PCCh, por ahora les gusta que el partido tenga el control porque las multinacionales sacan su beneficio de él. Sólo cuando el PCCh no pueda ya controlar la situación como en Europa del Este durante los años ochenta recurrirán a promover activamente la democracia burguesa. Pero por ahora, los imperialistas no ven demasiado bien la democratización de China. Como decía un artículo del periódico australiano The Age (1/3/06):

“Un nuevo informe avisa de que una China democrática acabaría hundida por un caos económico similar al que estranguló a América Latina durante la mayor parte de la era moderna. El estudio, publicado por el Instituto Australiano de Política Estratégica (IAPE), decía que EEUU había buscado promover la democracia en China pero no estaba claro que un régimen democrático chino fuero bueno para los intereses norteamericanos. El autor del informe, un economista estadounidense especialista en China, David Hale, dijo que el régimen actual permanecía firmemente comprometido y abriendo el mercado que llevará con el tiempo al surgimiento de una gran clase media.

“Dijo que una China autoritaria sería más predecible que una China más abierta y democrática, que podría producir nuevas incertidumbres tanto en la política interior como en las relaciones internacionales. Según dice Hale en el informe: ‘Si China tuviera un régimen democrático, existiría un gran riesgo de aumento de que la desigualdad de ingresos en el país provocara un régimen populista que suspendiera la reforma económica y hundiera al país en el tipo de crisis inflacionaria que caracterizó a América Latina en la época moderna’”.

Es obvio que el imperialismo teme en China un movimiento revolucionario similar al de América Latina. Por lo tanto, tienen que basarse en el PCCh para reprimir a los trabajadores y campesinos. Pero el problema es la base del PCCh. Las filas inferiores de la burocracia del PCCh están mucho más cerca de las masas. Incluso aunque la dirección del PCCh ha continuado defendiendo el capitalismo, muchos de los más de 60 millones de militantes no les gusta la restauración capitalista