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Desde el análisis de la repercusión que para la economía de la provincia de Guadalajara tuvieron las desamortizaciones de Madoz y Mendizábal (hitos fundamentales para la instauración de la economía capitalista en el Estado español), pasando por el descubrimiento y posterior explotación de los yacimientos de plata en Hiendelaencina y, ya en los albores del siglo XX, la instalación de algunas industrias de tecnología avanzada, en medio del atraso secular del campo, Enrique Alejandre ha llevado a cabo una extensa investigación sobre las condiciones de existencia del proletariado de las comarcas de Guadalajara, de las luchas que protagonizó, del surgimiento y desarrollo de sus organizaciones de clase, así como del papel que jugaron sus dirigentes en el periodo entre repúblicas que estudia este libro.
Sometidos al paro, al hambre, a la represión, a la coerción del caciquismo romanonista, los asalariados del campo, los mineros de Setiles e Hiendelaencina, los obreros del cemento de Matillas, los de la Hispano y la Pizarrita en Guadalajara, los resineros de la Serranía del Ducado y el Señorío de Molina..., lucharon por dignificar su vida en un combate al que no fueron ajenas las mujeres obreras, que con frecuencia salieron a la calle en protesta por la carestía o la escasez interesada de los alimentos de primera necesidad.
La eclosión del movimiento obrero que se produjo con el advenimiento de la I República se concretó en algunas organizaciones bakuninistas en Aragosa, Brihuega y Guadalajara. Unos años más tarde se crearía la Agrupación Socialista de Guadalajara, la segunda en importancia cuando el joven PSOE iniciaba su andadura. En las primeras décadas del siglo XX la UGT encuadra a una parte considerable del proletariado de la capital de la provincia, que construyó su Casa del Pueblo, inaugurada por Pablo Iglesias. Hubo de transcurrir algunos años para que el sindicalismo de clase se extendiera a otras localidades y, ya en la II República, se propagase en el ámbito rural a través de la Federación de Trabajadores de la Tierra.
La victoria de la conjunción republicano-socialista en las elecciones del 12 de abril (triunfo significativo en Guadalajara) suscitó enormes esperanzas entre la clase obrera. Pero con el nuevo régimen pronto se manifestaron los límites de la política reformista del PSOE. Durante este periodo, dos huelgas generales en Guadalajara, una en Sigüenza, en el campo, en la fábrica de Pizarrita..., evidenciaron la disposición a la lucha del proletariado. Las colectivizaciones de fincas llevadas a efecto en numerosas localidades, ya en la guerra civil, eran otra muestra de la voluntad revolucionaria de obreros y campesinos, que contaron con la obstaculización de la dirección del PCE, obediente a los dictados de Stalin, cuando aquellas no respondían a sus intereses.
En resumen, un buen trabajo de Enrique Alejandre -abundante en documentación, mucha de ella inédita- que saca a la luz esta parte de la historia de los olvidados, y sin embargo, verdaderos protagonistas de la historia: los trabajadores. Conocer, estudiar, comprender las experiencias de lucha contra la explotación capitalista del pasado se hace tanto más necesario cuando de nuevo la crisis capitalista sacude la conciencia de millones de oprimidos y vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de un cambio socialista.

Acto de presentación

El 12 de febrero tuvo lugar un acto de presentación del libro en el Salón de Actos del Palacio del Infantado de Guadalajara. Asistieron unas 70 personas, y previamente se hizo una rueda de prensa.
La apertura del acto corrió a cargo del coordinador provincial de IU y también concejal en el ayuntamiento de Guadalajara, José Luis Maximiliano. Después tomó la palabra Enrique Alejandre que habló sobre la historia del movimiento obrero. Posteriormente se celebró un coloquio en el que el secretario provincial de UGT, Hilario Escobar, agradeció públicamente la labor del compañero por haber investigado y plasmado en un libro la historia de la UGT alcarreña, de la que hasta ahora se desconocían muchas cosas, como que Pablo Iglesias había inaugurado la Casa del Pueblo de Guadalajara en 1915.
Un aspecto emotivo del acto fue la presencia de dos biznietas de Juana Aragonés, mujer proletaria, siempre a la cabeza de cuantas manifestaciones realizaron las mujeres obreras de Guadalajara contra la carestía o la escasez del pan entre 1890 y 1918.
Se vendieron 17 libros, bastantes asistentes ya lo tenían, aparte de otros materiales. Hay previstas presentaciones en Cabanillas del Campo y Torija, por ahora.