Corriente Marxista Internacional


En los últimos años hemos visto una tendencia bastante marcada a tratar el fantasma de la Guerra Civil en el cine. Está claro que el interés que estos acontecimientos despiertan, cada vez más, entre jóvenes y trabajadores es el motivo de este fenómeno. También es cierto que han sido varios los intentos de falsear ciertas partes de nuestra historia, disfrazando la cuestión política como simples historias personalistas o morales más o menos lacrimógenas.
La película trata un tema que ha llegado a ser tabú: la posguerra. El día a día de cómo se vivió la derrota, la represión franquista y el ambiente asfixiante de los años cuarenta. Por medio de la adaptación de la novela de Alberto Méndez Los girasoles ciegos, el director Jose Luis Cuerda recrea con bastante fidelidad y realismo el drama de los vencidos en aquellos oscuros y difíciles años.
La historia está ambientada en la ciudad de Ourense. Todo el argumento orbita en torno a un profesor republicano (Javier Cámara) que vive escondido tras un armario de su casa. Un agobiante exilio dentro de su propio domicilio familiar, que muestra por medio de la rutina y de las medidas dramáticas del día a día de este encierro: los susurros de su mujer y su hijo, el cuidadoso cierre de ventanas de la casa, las explicaciones ensayadas con su hijo menor, etc. Una oscuridad tan profunda que, sin vistas a un horizonte más esperanzador, le lleva a la total desesperación. El miedo y la frustración por sentirse atrapado en una ratonera tiñen los días de angustia e incertidumbre.
Por otro lado, la mujer del profesor, interpretada por Maribel Verdú, sostiene una parte no menos dura que su marido. Ella es la encargada de soportar la vida pública, las miradas y sospechas sobre su nuca, la que tiene que fingir todo el tiempo, aguantar las visitas nocturnas de la policía y además comportarse como una "buena patriota". Ella es la que sostiene anímicamente a su marido y la que sufre las mayores presiones, como si estuviese bajo el efecto de una lupa al sol.
Ella resulta ser la víctima perfecta de las ambiciones de un seminarista que está a punto de ser ordenado cura y que da clases a su niño en la escuela. Éste ha sido enviado al colegio antes de convertirse en cura por sus dudas tras volver de la guerra. A través de las conversaciones con su superior se pone de manifiesto que, después de haber descubierto su verdadero yo en el frente (cometiendo las atrocidades más despiadadas en el bando fascista) se ve frustrado al volver a su antigua vida. Lo peor de los dos ámbitos de su vida, la Iglesia y el ejército fascista, se dan cita cuando decide perseguir y acosar a Maribel Verdú. Así, intenta aprovecharse de su posición de autoridad y de la influencia sobre el niño. Investiga a la familia hasta llegar a un punto tan delicado que la situación se resolverá, de nuevo, con una derrota aún más insoportable.
La película describe un relato desgarrador de los años cuarenta y la brutal represión que sufrió la izquierda. Destaca muy positivamente la fidelidad con la que se narra la trágica derrota y saca a la luz la brecha irreconciliable entre las clases: precisamente en un momento en que está cada vez más cuestionada la versión oficial sobre la Guerra Civil. Reconciliación y consenso, esas palabras que tantas veces hemos oído, desaparecen por completo de la mente del espectador con este filme, que no hace más que poner encima de la mesa la realidad de la posguerra para millones de trabajadores. De esta manera la película contribuye a que se haga justicia en lo que respecta al retrato falsificador que se ha hecho históricamente de la posguerra en la gran pantalla.


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