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En los últimos meses se ha estrenado en todo el mundo Fahrenheit 9/11, el nuevo documental de Michael Moore. El estreno estuvo precedido de polémica, ya que Disney, su distribuidora, quiso boicotearlo debido a la implacable crítica del sistema que ha En los últimos meses se ha estrenado en todo el mundo Fahrenheit 9/11, el nuevo documental de Michael Moore. El estreno estuvo precedido de polémica, ya que Disney, su distribuidora, quiso boicotearlo debido a la implacable crítica del sistema que hace Moore. No obstante, finalmente se estrenó, convirtiéndose en un éxito en todo el mundo y en el documental más taquillero de la historia en EEUU, demostrando el interés que allí existe entre mucha gente por trabajos de este tipo.

Con su habitual ironía, Moore va desgranando distintos aspectos de un sistema que no funciona; para empezar, denuncia el “pucherazo” electoral que se produjo en “la mayor democracia del mundo” en el año 2000, con la victoria de Bush.

También muestra el recorte en los derechos democráticos que se produjo tras el 11-S con la excusa de la lucha contra el terrorismo, controlando los libros sacados de las bibliotecas, infiltrando a policías en grupos pacifistas, instigando a la gente para que denunciara a sus vecinos por cualquier comentario que hicieran en contra de la guerra... Todo esto se acompañaba de la creación de un clima de histeria entre la población en el que constantemente se anunciaban por televisión empresas que comercializaron “cabinas de aislamiento”, paracaídas para escapar de rascacielos...

La película también aborda la guerra contra Iraq. Imágenes inéditas hasta el momento muestran el horror producido por las “bombas inteligentes” que masacran a la población civil, mientras vemos soldados americanos adoctrinados para no sentir ninguna lástima por lo que hacen, e incluso disfrutan el momento escuchando música.

Moore también es consciente de qué tipo de jóvenes americanos se alistan en el ejército y acaban en Iraq: inmigrantes, jóvenes de las familias con menos recursos, de las zonas más deprimidas de EEUU como la ciudad natal de Moore, Flint (Michigan), en la que tras el cierre de la fábrica General Motors el 50% de la población activa está parada o subemplea-da. No son, desde luego, los hijos de los congresistas que apoyan de manera entusiasta la guerra; de hecho, tan sólo uno de los más de quinientos congresistas estadounidenses tiene un hijo destinado en Iraq.

Asímismo, el documental aborda el descontento entre estos soldados, entre los que han vuelto mutilados, entre sus familias...

Por otro lado, la película muestra las relaciones comerciales entre la familia Bush y los directivos de multinacionales estadounidenses como Unocal, Enron o Halliburton, con la familia Bin Laden, tanto antes como después del 11-S. También llevaron a cabo negociaciones con el gobierno talibán, sin preocuparse entonces por los derechos humanos en su régimen, con el objetivo de lograr la concesión de un oleoducto que atravesara Afganistán.

Sin embargo, Moore se centra demasiado en la figura de Bush como responsable personal de todos los problemas de la sociedad americana, sin entender que es el representante de una clase social, la burguesía. El propio Bush lo resume en una cena con empresarios americanos: “Aquí estáis, los ricos y los más ricos. Para algunos sois la élite; para mí, sois mi base”.

No obstante, a pesar de esto y de la falta de una alternativa global por parte de Moore, películas como ésta son un soplo de aire fresco en el panorama cinematográfico actual.