Corriente Marxista Internacional

La idea de "La cuadrilla", la última película de Ken Loach, surgió cuando el director de cine británico recibió un guión firmado por Rob Dawber. Éste había trabajado 18 años en los ferrocarriles británicos, en la oficina de señalizaciones y telecom La idea de "La cuadrilla", la última película de Ken Loach, surgió cuando el director de cine británico recibió un guión firmado por Rob Dawber. Éste había trabajado 18 años en los ferrocarriles británicos, en la oficina de señalizaciones y telecomunicaciones de Sheffield, Yorkshire. Era un sindicalista que había vivido el proceso de privatización de British Rail y sus consecuencias.Murió en febrero de 2001, poco después de que se acabara de montar la película, por un cáncer contraído por el contacto con el amianto mientras trabajaba en los ferrocarriles, ya que se consideraba muy caro retirarlo.

En "La cuadrilla" se refleja la vida de un grupo de trabajadores del mantenimiento de los ferrocarriles a los que un día se les anuncia la privatización de la British Rail y se les da la bienvenida a la "flexibilización" y el "mercado libre". A partir de entonces, se encuentran con que desaparece la baja por enfermedad, las vacaciones, las medidas de seguridad, etc. Así mismo, ven cómo las nuevas compañías prefieren contratar trabajadores sin cualificar, más baratos, como ocurrió en la realidad.

Los ferrocarriles británicos, cuando se privatizaron por el gobierno torie, se repartieron entre 100 compañías diferentres. La mayoría de ellas compraron su parte a precios de ganga y después la revendieron mucho más cara, en operaciones puramente especulativas: La línea Poterbrook ROSCO fue privatizada por 527 millones de libras esterlinas en enero de 1996 y fue vendida 7 meses después por 825 millones de libras; Eversholt ROSCO fue privatizada por 580 millones de libras y revendida por 726 un año después, y así una larga lista. Por otro lado, en los 5 primeros años después de la privatización, el número de trabajadores de ferrocarriles cayó de 159.000 a 92.000; el de aquellos que trabajaban en los coches restauranrtes, la limpieza de los vagones, etc, cayó de 31.000 a entre 15.000 y 19.000 durante el mismo periodo.

Y el gobierno laborista de Tony Blair, de acuerdo con su política general en beneficio de los empresarios y no de los trabajadores, ha continuado lo que empezaron los tories. Por ejemplo, una de las actuales compañías privadas de ferrocarriles, Railtrack, ha recibido 5 billones de libras de dinero público desde 1997 y el gobierno ha anunciado que le va a dar 26 billones más durante los próximos 10 años, en un trasvase directo de dinero público a los bolsillos de los empresarios.

Las situaciones dramáticas que vemos en La cuadrilla son extrapolables a otras procesos de privatizaciones y reconversiones, no sólo en Gran Bretaña, sino en todo el mundo.

La película acaba de una forma muy desesperanzadora, con conclusiones del tipo "no se puede hacer nada". Sin embargo, acostumbrados a ver películas en las que sólo se muestran las vidas de ejecutivos, arquitectos de prestigio y gente por el estilo, que viven en un dúplex y cuya única preocupación es elegir el sitio al que se van a ir de vacaciones, películas como ésta, en la que se muestra la vida cotidiana de nuestra clase, resultan un soplo de aire fresco.


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