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Narra la película la historia de Pilar y Antonio, un joven matrimonio de Toledo con un hijo de unos nueve años. Las relaciones familiares son una fiel reproducción de la división que opera en la sociedad. El tema que mueve la cinta es la situación

Narra la película la historia de Pilar y Antonio, un joven matrimonio de Toledo con un hijo de unos nueve años. Las relaciones familiares son una fiel reproducción de la división que opera en la sociedad.

El tema que mueve la cinta es la situación de malos tratos en el hogar y se puede decir que toca la mayoría de los aspectos y vivencias de la mujer maltratada con bastante acierto. La inutilidad de presentar denuncias, la responsabilidad no compartida de la educación de los hijos, la progresiva pérdida de la autoconfianza y del sentido crítico y, por lo tanto, de identidad y sobre todo el peso de la tradición católica. Se echa en falta un poco más de profundidad sobre este punto, el papel que la religión juega en la situación social de la mujer donde el paradigma femenino que se impone es la virgen María... siempre afligida, siempre llorando, transmitiendo el mensaje de que cuanto más se sufre, más santa se es. Hasta los nombres de pila más celebrados por la Iglesia hacen referencia al sufrimiento: Angustias, Dolores, Consuelo, Soledad, Purificación...

Volviendo a la película, Pilar es una mujer que ha crecido soñando con el día de su boda, reuniendo el ajuar, imaginando un hogar idílico y cada vez más aislada socialmente y apartada del mundo laboral; en estas circunstancias el peso de las tradiciones es tan grande como una losa que la impide comprender su situación. Uno de los muchos méritos que tiene la película es que el espectador llega a comprender por qué quiere a su marido: porque no ha conocido otra cosa, porque no tiene otra cosa y porque percibe que es un ser como ella, obligado a llevar una existencia que no le llena y que le anula.

Se retrata de una manera muy sobria y contenida la atmósfera presidida por el miedo. Vemos una mujer siempre temerosa de molestar al marido, nunca sabe qué es lo que puede ponerle de mal humor: la ropa que lleva puesta, el libro que está leyendo, dónde ha comido o si no lleva el móvil conectado, cualquier cosa puede hacer saltar la chispa.

Por otro lado, el tratamiento que Icíar Bollaín da a los personajes es todo un ejemplo de buen hacer; no se ceba sobre el maltratador, lo que hubiera sido muy fácil y muy eficaz desde el punto de vista cinematográfico, sino que lo muestra como un ser que está sometido a una similar opresión, miedo, desesperanza y falta de horizontes, utilizando la violencia para reprimir su propio miedo. Su principal temor es que ella trabaje fuera de casa, que se relacione con otros trabajadores y trabajadoras, que su vida laboral despierte otras inquietudes que abran otros horizontes y la alejen de la rutina de las tareas de la casa... En este punto es muy interesante la reflexión sobre la desigualdad social entre el trabajo productivo y el trabajo doméstico; el primero es el que satisface las necesidades básicas, que lo son todo, para una familia obrera, de modo que el segundo pierde relevancia, así como quien lo realiza.

Antonio se somete a sesiones de terapia para intentar superar su ira y su frustración y sigue aplicadamente las instrucciones de su terapeuta para controlarse, pero constantemente sus buenos propósitos chocan con la sordidez y pequeñez de su vida cotidiana, la misma que viven cientos de miles de trabajadores. Las escenas del grupo de terapia de Antonio son muy reveladoras; todos los que acuden son hombres machacados por una vida de trabajo sin sentido, de alcohol, de tradiciones machistas, que conforman todo su patrimonio cultural.

La directora trata con gran inteligencia y delicadeza las rutinas familiares, los momentos más críticos, los gritos, el miedo, así como los momentos felices, de paz y compenetración entre la pareja, que también los hay. Y tiene el detalle de racanear con las escenas morbosas de palizas que a pesar de no verse en toda su crudeza, se perciben de forma incuestionable. El trabajo de los actores es inmenso, tanto los protagonistas, Luis Tosar y Laia Marull, como Candela Peña y Rosa Mª Sardá. Todos están muy a la altura de los personajes que recrean con tanto mimo. La cinta tiene sus limitaciones pero es muy honesta y respetuosa en la forma de acercarse a los personajes, a sus motivaciones y miedos y sobre todo es un valiente intento de comprender, de ponerse en su piel. No abarca todo, pero lo que abarca lo hace con honestidad y valentía. Es una obra muy lograda, merecedora de todos los premios que ha conseguido.

Con unas pocas más como ésta se solucionaba la crisis del cine español.