Corriente Marxista Internacional

El 18 de mayo Colombia se paralizó. Ni el represivo gobierno de Álvaro Uribe, ni el amedrentamiento militar, ni los paramilitares, han podido acabar con las ansias de lucha de la clase obrera colombiana. El 18 de mayo Colombia se paralizó. Ni el represivo gobierno de Álvaro Uribe, ni el amedrentamiento militar, ni los paramilitares, han podido acabar con las ansias de lucha de la clase obrera colombiana. 60.000 manifestantes marcharon a Bogotá y 15.000 a Cartagena. Hubo también una marcha a la ciudad petrolera de Barrancabermeja (a donde fueron a solidarizarse decenas de sindicalistas venezolanos) y manifestaciones en Cali, Popayán y Bucaramanga. En Cartagena la manifestación fue reprimida y en Pasto los manifestantes resistieron a la policía. Mientras, la Universidad Nacional en Bogotá fue tomada con tanquetas de la policía militarizada, convirtiéndose en campo de batalla. Los tres sindicatos convocantes exigen la no reelección de Uribe; la no firma del TLC (Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos), que significa abrir totalmente la economía a las transnacionales USA), y la solidaridad con la lucha de Ecopetrol, la Empresa Colombiana de Petróleos.

El país andino vive momentos de lucha. Los sectores judicial, sanitario y docente están en conflicto. Pero la movilización más importante es la de los petroleros. Llevan aproximadamente un mes de huelga, en contra de la privatización de esta empresa, emblema de la industria del país, y en contra del despido de 250 trabajadores. Ni la ilegalización de la huelga, ni la toma militar de la refinería de Barrancabermeja, ni el despido de 50 huelguistas, han parado la lucha. Al contrario, el apoyo social a la huelga es enorme, hasta el obispo de Barrancabermeja y la Asociación de Directivos, Profesionales y Técnicos se han posicionado a favor.

No sólo se dirime el futuro de la economía colombiana, que está siendo desmantelada por Uribe en beneficio de la oligarquía local y las transnacionales. El imperialismo intenta utilizar Colombia como plataforma para el derrocamiento de la revolución venezolana, como hemos visto en el reciente caso de la infiltración terrorista de paramilitares colombianos. Sólo los trabajadores tienen la fuerza suficiente, liderando a otros sectores explotados, de segarles la hierba bajo sus pies, derrotando al reaccionario gobierno de Uribe con nuestra arma más poderosa, la lucha de clases.


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